El comercio ético es sólo otra forma de mostrar lo rico que eres
Las clases medias se felicitan por sus prácticas 'verdes' (ecológicas), para luego continuar comprando y volando tanto como antesGeorge Monbiot
Tuesday July 24, 2007
The Guardian
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/story/0,,2133120,00.htmlNo se suponía que iba a pasar de esta forma. Los científicos climáticos nos habían advertido de que nuestros inviernos se tornarían más humedos y nuestros veranos más secos. Por lo visto no puedo culpar de estas inundaciones al cambio climático o a razones que sean coherentes con los modelos disponibles. Pero, como el fantasma de las próxima Navidades, estas inundaciones nos ofrecen una pequeña muestra del mundo invernal que habitaremos si no solucionamos las cosas.
Con el nivel del mar en aumento y el incremento de lluvias invernales -y recuerden que cuando los árboles permanecen hibernados y los suelos saturados hay menos lugares hacia donde la lluvia pueda trasladarse - bastará con que coincida una inundación de agua fresca con una marea alta primaveral para obtener la fórmula de una hecatombe sin precedentes. Ahora hemos podido observar cómo inundaciones locales pueden borrar del mapa infraestructuras esenciales y saturar los servicios nacionales de emergencia. Pero los sucesos de este mes en Gran Bretaña tan sólo registran una mínima parte de las predicciones que circulan en la literatura especializada. Nuestra lucha política primaria debe ser dirigida a prevenir el deshielo de las masas polares de Greenland y el Antártico occidental. La única pregunta que actualmente merece la pena hacerse ahora sobre el cambio climático es cómo ocurrirá.
Docenas de nuevas publicaciones parecen proporcionar una respuesta: podemos salvar el mundo si adoptamos "estilos de vida mejores y más verdes". La pasada semana, por ejemplo, the Guardian publicó un extracto de 'A Slice of Organic Life', el libro escrito por Sheherazade Goldsmith -casada con el multimillonario activista medioambiental Zac - en el cual la autora nos enseña 'a vivir dentro de los límites de la naturaleza'. Es fácil. Uno tan sólo tiene que fabricarse su propio pan, mantequilla, queso, mermeladas, salsas y salazones, poseer una vaca lechera, unos cuantos cerdos, cabras, ocas, patos, pollos, panales de abejas, jardines y huertos. Bien, ¿a qué están esperando pues?.
Su libro contiene un montón de útiles consejos y la autora se nos presenta como un ser humano modesto, sincero y bien informado. Pero nada menciona acerca de forzar un cambio político en este tema, ni una sola palabra. Ustedes pueden salvar el planeta desde sus propias cocinas -si tienen, eso sí, todo el tiempo del mundo y muchísimas hectáreas de terreno en propiedad. Cuando estaba leyendo el libro en el tren, otro pasajero me pidió que le dejara echar un vistazo. Ojeó las páginas durante unos segundos y luego resumió el problema en siete palabras: "Esto es para gente que no trabaja".
La obsesión de los medios de comunicación con la belleza, la salud y la fama contagia cada uno de los temas que abordan, pero no menos que su obsesión por las políticas ecológicas. Existe un conflicto inherente entre el periodismo sobre estilos de vida ideales que hace sentir mejor a sus lectores mientras les vende cocinas rústicas y la exigencia central del activismo medioambiental: basado esencialmente en que debemos consumir menos. "Ninguno de estos cambios representa un sacrificio," afirma Goldsmith. "Estar más concienciado no significa renunciar a cosas". Pero esto sólo ocurre si, como ella, uno posee más de una casa cuando otros no poseen ninguna. A pesar de lo incómodo que resulta tanto para los medios de comunicación como para sus anunciantes, renunciar a cosas es un componente esencial para hacerse 'verde' (ecológico). Una sección sobre el comercio ético en el libro de Goldsmith nos aconseja comprar productos orgánicos, de temporada, sostenibles, reciclados. Pero nada dice acerca de comprar menos.
El consumismo 'verde' se está convirtiendo en el sarampión planetario. Si tan sólo se lograse reemplazar los productos dañinos por productos menos dañinos yo personalmente lideraría este movimiento. Pero actualmente se están desarrollando dos mercados paralelos -uno para los productos no-éticos y otro para los productos éticos, y la expansión del segundo hace bastante poco por reducir el crecimiento del primero. Ahora mismo estoy cubierto por una marea de ecobasurillas. En los últimos seis meses, nuestras perchas se han llenado de bolsitas de algodón orgánico, las cuales -rellenas de paquetitos de té de gingseng y sales de baño al aceite de jojoba - son ahora el regalo obligatorio en todos y cada uno de los eventos medioambientales. Poseo suministros suficientes para durarme varias vidas de bolígrafos fabricados con papel reciclado y alrededor de media docena de cargadores solares en miniatura para aparatitos que no poseo.
La pasada semana The Telegraph conminaba a sus lectores a que no abandonasen la lucha para salvar el planeta. "Aún existe esperanza y las clases medias, con sus recicladores y eco-aparatillos, liderarán el camino." Además ofrecía algunas útiles sugerencias, tales como un "coche de carreras de juguete propulsado mediante hidrógeno", el cual, por tan sólo 74.99 libras esterlinas, se vende con un panel solar y una célula de combustible. Sólo Dios sabe qué extraños metales y procesos altamente energéticos deben ser empleados para fabricar semejante cachivache. En nombre de la conciencia medioambiental, simplemente hemos creado nuevas oportunidades para obtener un capital extra del consumidor medio.
El comercio ético está en peligro de convertirse en otro símbolo de estatus social. He conocido a gente que se ha comprado paneles solares y turbinas eólicas antes de haber aislado sus lujosas viviendas, en parte porque adoran los aparatos pero también en parte, sospecho, porque así todo el mundo puede ver lo muy concienciados y ricos que son. Frecuentemente se nos dice que comprando estos productos estamos de esta forma potenciando el pensar más ampliamente acerca de los retos medioambientales, pero es igualmente probable que estemos fomentando así mismo la despolitización en este tema. El consumismo verde es otra forma de atomización (disgregación) - un sustituto de la acción colectiva. No se logra ningún reto político comprando.
Las clases medias cambian las marcas de sus vidas, se felicitan a sí mismas por hacerce 'verdes' y continuan comprando y volando tanto como antes. Es fácil visualizar una situación en la que todo el mundo compre religiosamente productos ecológicos y en el que las emisiones de carbono a la atmósfera continúen incrementándose.
Como argumentan muchos activistas medioambientales, es verdad que la mayoría de la gente encuenta bastante más atractivo un estilo de vida ideal ecológico que un puritanismo austero. Pero también puede resultar alienante. He conocido a muchos trabajadores agrícolas y arrendadores de granja que andan desesperados por iniciar su propia granja pero que han sido excluídos por lo que ellos denominan "horsicultura": pequeñas parcelas de tierra agrícola que están siendo compradas para utilizarlas como pasto para ponis o granjas recreacionales (hobby farms). En lugares como Surrey y New Forest, el terreno agrícola se vende a más de 30.000 libras esterlinas por acre debido debido a los urbanitas deseosos de comprarse estilos de vida orgánicos. Cuando los nuevos propietarios se disfrazan de lecheros y luego cuentan a los excluídos cómo hacen mantequilla, están corriendo el riesgo de convertir el activismo medioambiental en un capricho más de la élite.
Cuestiona el nuevo consumismo verde y entonces te transformas en un paleto y un aguafiestas, el cenizo de la diversión. Contra este nuevo mundo de aspiraciones orgánicas uno se ve forzado a proponer ásperas y aburridas propuestas: restricción del carbono en la industria, contracción y convergencia, regulaciones más estrictas en el sector de la construcción, carriles especiales para transportes colectivos en las autopistas. Ningún suplemento dominical a todo color incluye un artículo sobre estos temas. Ninguna estrella del rock podría vivir confortablemente ajustándose a su ración de carbono.
Pero estas medidas y la larga y dura batalla política necesaria para ponerlas en vigor, son desafortunadamente necesarias para prevenir la catástrofe que las recientes inundaciones presagian -más que meramente jugar a ser verde-. Sólo cuando estas medidas sean aplicadas podrá el consumismo verde llegar a ser un substituto del consumismo actual, más que un suplemento. Son más difíciles de vender, aunque sólo sea porque no pueden ser compradas por catálogo. Difíciles medidas políticas deberán ser elegidas y la élite económica y sus hábitos de consumo deberán ser cuestionados, en lugar de ser fomentados y alabados. Los multimillonarios que ahora han abrazado felizmente la agenda verde podrían de repente descubrir otro causa urgente a la que dedicarse.
[ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS AQUÍ :
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/story/0,,2133120,00.html