Areópago

Categoría General => Déjame que te escriba => Mensaje iniciado por: ENNAS en Enero 24, 2009, 10:53:56 p. m.

Título: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Enero 24, 2009, 10:53:56 p. m.
De nibelungos y dragones.

A lo largo de nuestros dí­as es más lo que aprendemos de los demás que lo que les enseñamos. Por timidez, por las prisas, por no resultar pesados, terminamos explicando menos cosas de las que sabemos en realidad.

Así­ las cosas y sin embargo, hay personas que prefieren guardarse de compartir su acervo. Que siguendo el ditirambo de Heráclito "lo que sale a la luz, se entrega a la oscuridad" optan por comportarse como los nibelungos, que tras extraer de las oscuras entrañas de la tierra las más preciadas gemas, se apresuraban a sepultarlas en la oscuridad de sus cámaras acorazadas.

Aún peor, esos nibelungos se transforman en dragones. Y las riquezas de que se rodean a nadie aprovechan. Celosos las vigilan, a quién se acerque ahuyentan, pero ni ellos mismos hacen uso de ese tesoro que queda ahí­, desperdiciado y sin utilidad. Y encima lloran por su suerte. Nadie me entiende, se dicen.

Es por eso que abro este hilo a dos colores, para contaros mi vida en negro (Forlorn) e historias que me invento en azul (Argentí­nea).


El año que perdimos la final de copa.

Yo soy muy cobardica y me daba miedo el servicio militar. Por ese motivo hui de España inscribiéndome para trabajar en un kibbutz. Habiendo surgido como comunas colectivas agrí­colas socialistas y sionistas, para mediados de los ochenta los kibbutzim más prósperos habian diversificado sus recursos hací­a la industria de alta tecnologí­a. Incluso los menos afortunados ofrecí­an ahora programas de intercambio con el extranjero (antes educaban a sus hijos colectivamente) y alojamientos individuales (antes dormí­an en barracones), lo único que quedaba de colectivo era el comedor y los medios de producción. La división de trabajo no era completamente rotativa, habí­a mandos, si bien con el mismo sueldo que todos.

El kibbutz al que fui destinado estaba en la Cuaderna del Este en los disputados Altos del Golam. Agricultura y autodefensa, como en los heroicos tiempos de los pioneros. Socialismo cientí­fico y tierra prometida. Como era el único español, por miedo al que dirán aprendí­ a hacer la instrucción, algo de defensa personal, y a manejar un subfusil Uzi y un fusil Galil; yo, que no querí­a hacer la mili. Ironí­a sobre ironí­a, en una de las cartas que enviaban mis padres, me comunicaron que habí­a salido excedente de cupo en el sorteo de reclutas de ese año. Pero, bueh... mala leche. Allí­ estaba yo, único español en Tierra Santa y tení­a que dar ejemplo. La infanterí­a española nunca pierde una posición.

No obstante, los demás kibbutzniks pronto captaron que el Altí­simo (sea su nombre por siempre bendito y alabado) no me habí­a dotado para el servicio de las armas y me destinaban en puestos de poco riesgo con las mujeres. Fué así­ como conocí­ a la otra persona que hablaba español en nuestra comuna, una judí­a bonaerense de mi edad llamada Karina Bervich.

Como buenos izquierdistas, eramos hinchas de uno de los innumerables equipos llamados Hapoel (trabajadores) que hay en Israel, en concreto del de nuestra región, la Alta Galilea. Ese año, nuestro Hapoel Galil Elyon llegó por primera vez a una final de copa, perdiéndola 95-86 ante el todopoderoso Maccabi de Tel-Aviv, Al año siguiente la ganarí­amos, el primer tí­tulo en la historia. En 1993, conseguirí­amos quebrar la hegemoní­a de los dos grandes de Tel-Aviv y ganar la Legat HaAl, el primer club de fuera de la capital en conseguirlo. Pero eso es otra historia.

La que yo os quiero contar, tiene que ver con el viaje que emprendimos hacia el kibbutz de Kfar Blum, donde el Hapoel Galil Elyon jugaba de local, a ver un partido de liga. Siempre nos obsequiaban unas cincuenta entradas y en esta ocasión, se decidió llevar a los niños kibbutzniks con unos pocos adultos, cuatro chicas y yo, pues el partido era de poco interés y el camino habitualmente seguro. Así­ que montamos en nuestro autobús escolar de chapa (como los de las pelí­culas americanas, pero pintado de caqui) y emprendimos el camino. Nunca llegamos a Kfar Blum.

En el trayecto se nos cruzó una patrulla del ejército sirio de dos jeeps y un camión de transporte de tropas. Uno de los jeep comenzó a dispararnos con su ametralladora fija, y decidimos parar el bus en un bosquecillo de cedros para que los niños puedieran refugiarse en él. Sólo la conductora, las otras dos chicas y yo nos quedamos en el autobús como señuelo. Empezamos a replicar el fuego con nuestros subfusiles -disparos aislados, nada de ráfagas- en lo que pedí­amos ayuda por el radio-transmisor de la cabina. Ante nuestra actitud, los sirios decidieron dar media vueta y eso desencadenó la tragedia.

Yo estaba apostado a cola del autobús. Cuando su camión viró, una bala nuestra o la mala suerte le reventarón la rueda delantera. Iba demasiado deprisa. Desequilibrado, cayó de costado con su parte trasera alineada hacia el portón trasero de nuestro autobús. Los soldados sirios trataban de salir del camión sinestrado mientras yo seguí­a disparando. Salí­an tambaleándose mientras yo incapaz de detenerme, disparaba. Algunos de ellos no recuperaron la verticalidad. Los pocos que lo consiguieron se parapetaron tras los restos de su camión. La infanterí­a española, ya dije, nunca pierde la posición. Para aquél entonces una escuadrilla de cinco helicópteros del ejército israelí­ habí­a llegado hasta nuestras coordenadas. Ellos se encargaron del resto. Nos devolvieron al kibbutz sin más bajas que una de las chicas, herida de poca gravedad en la pantorrila por una esquirla.

Esa noche en el comedor comunal , ellas hicieron un relato a decir verdad exagerado sobre mi supuesto 'heroismo': Me habí­a enfrentado yo solito a todo un batallón de sirios. Yo me sentí­a curiosamente eufórico, y no culpable, mientras era efusivamente felicitado por los kibbutzniks de más rango. Al salir del comedor, Karina se me acercó y me dió un beso en la mejilla. -"¿Qué... qué tal?" balbucée yo. Se alejó un poco y giró su cabeza para mirarme, volviendo sobre sus pasos, me cogió de la mano y me dijo -"Ven". En su habitación me desabrochó a tirones los botones de la camisa dándome pequeños besos en los labios. Cuando la cogí­ del maxilar para retenerla y acercarla, puso sus manos en mi pecho y me empujó suavemente hacia la cama. Una vez allí­ se deshizo de la hebilla del cinturón y de los botones de mi pantalón. Puse la manos en su cintura, por debajo de su camisa y empezé a subirlas en lo que ella se sentaba encima de mi. Me hubiera hecho gracia, de no ser porque estaba fascinado, verme allí­ desnudo mientras ella seguí­a vestida. Éso duró poco. En seguida se sacó la camisa como si fuera un jersey...
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Enero 25, 2009, 08:16:27 p. m.
La tela de araña que de Madrid surca las entrañas está iluminada por una luz frí­a e hiriente. Al salir de su gruta el gusano aullador gime, herido por la luz de muerte y exhala el último suspiro desventrándose de par en par. Decenas de seres diminutos salen entonces correteando, buscando como los insectos resquicios junto a paredes y esquinas, apurados por salir de este reino subterráneo. Pero hasta en el inframundo, hay lugar para la esperanza y la alegrí­a.

Habí­a sido una mañana de perros, frí­a, lluviosa y con mucho trabajo. La vieja furgoneta rompió el bloque motor sobre la carretera de Valencia en la M-40, Nunca más volvió a andar. Tuve que calarla en seco, con el motor desbocado y levantando una humareda densa y azul de aceite quemado. Por suerte sólo me llevé por delante los pilotes plásticos verdiblancos de una incorporación, el coche que me seguí­a a duras penas me esquivó. Con ayuda de una  pareja de la Jefatura de Tráfico, conseguimos mover la furgoneta que habí­a puesto perdido el suelo de aceite y anticongelante. Los trámites como siempre lentos, en tu oficina los jefes te dicen que te las apañes solo, la mutua tarda un rato considerable en atenderte, tu ves como la baterí­a del móvil se va agotando, la grúa no llegará antes de una hora… en fin, lo de siempre en estos casos.

Dejamos la furgoneta en la puerta del garaje a mediodí­a por lo que tuve que esperar a que volvieran de comer. Con el dí­a ya perdido, como mi humor; sin afeitar, con el pelo despeinado, sucio de grasa, e incomprensiblemente sudado, cogí­ el subte para ir a la oficina. Hice el trasbordo en la estación de Pací­fico; caminaba rezongando por un pasillo cuando se cruzó conmigo una señora de rasgos aindiados. Desde mi espalda me gritó: –“Señor, señor. No abandone. Hay esperaní§a. Dios lo ama, señor.” Entregándome un pasquí­n, añadió: -“Vaxa a la Iglesia Evanhélica de Vaxecas, Dios lo ama.” Le di sinceramente las gracias mientras pensaba en la pinta que debí­a llevar para que la buena mujer me viera tan deseperado.

Y a cuenta de pensar en ello, me estuve riendo el resto de la tarde. Cuando llegué a la oficina, se asombraron de mi buen humor: -“Macho, tu todo te lo tomas bien.” Y yo más risas. Si ellos supieran.


Mesopotamia.

Bismallahi rahmani rahim.

En el nombre de Alá, el clemente, el misericordioso. Es nuestra azora de adoración, lástima que los ulemas sólo la pronuncien de palabra y nunca con el corazón,. Podrí­an meditar sobre por qué razón Él escogió,de entre Sus noventa y nueve nombres (http://es.wikipedia.org/wiki/99_Nombres_de_Dios), precisamente esos dos para que le adoráramos.

Nosotros tuvimos que huir de Edesa por ello. Los drusos somos una rama gnóstica del Islam, que creemos que Pitágoras y Platón figuran entre nuestros Profetas (sean benditos). Nunca habí­amos tenido problemas de convivencia hasta que el nacionalismo panarabista empezó a vernos con malos ojos a nosotros por herejes, a los cristianos maronitas y los judí­os mizrahim por infieles, a los turcos por opresores y al resto el mundo porque sí­. Ellos y su maní­a de que todos debemos regirnos por la misma sharia que usaban los camelleros de hace doce siglos.

Por eso nos fuimos al nuevo mundo, a Eldorado concretamente, llevados por las leyendas españolas sobre su nombre. Y acá nos dedicamos a envasar jugos de los mismos cí­tricos que habí­a en nuestra tierra natal. Es como estar de vuelta en Siria. Tenemos por vecinos amén de a los criollos, a gentes de toda Europa, de toda clase y condición. Es tal la diversidad que es como ir a La Meca. Pero carentes de las opresivas tradiciones del Viejo Mundo, reza cada cuál a quién quiere, sin coacciones. Esto es el paraí­so.

Tras recorrer medio mundo, tenemos la sensación de estar en nuestra verdadera casa. ¿sabeí­s como llaman los argentinos a esta región de su patria?: La llaman Mesopotamia.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Febrero 01, 2009, 11:59:22 a. m.
Así­ no hay manera de hacer la revolución.

En el año ochenta y ocho asistí­ a varios conciábulos del Partido Comunista de España (reconstruido). Habí­a conocido a algunos de sus miembros en los cursillos de formación de empleo a los que acudí­an para hacer cupo y llevarse la subvención; al parecer habí­anse planteado quejas de que alguno de esos cursillos no se daba y los no-organizadores cobraban el dinero igual así­ que, para desmontar la difamación de esos esquiroles, allá que acudí­an a los cursos los miembros de los cómites; alguno de ellos tení­a trabajo, otras eran amas de casa que se inscribí­an en el INEM para demostrar las contradicciones internas del sistema, supongo: -"¿Qué me tengo que apuntar al INEM para hacer estos cursos? Pues me apunto; nada, un parado más, el gobierno verá. Ahora que se jodan y me pagen un subsidio".

En aquellos tiempos me parecí­a bonito la perfecta unión intelectual de todos los asistentes a las asambleas. "La gente es tonta y no sabe lo que quiere", "el capitalismo va a caer de un momento a otro" y "la culpa de todo la tienen los americanos", eran los argumentos estrella de nuestra dialéctica inspirada por el camarada Arenas que habí­a aprendido el maoí­smo de labios del mismí­simo Abimael Guzmán, el lí­der de Sendero Luminoso. Él nos instruí­a sobre tácticas de guerrilla urbana: Pegar pasquines por las paredes (no los peguéis en paredes de ladrillo son fáciles de arrancar, ni en vallas de hormigón con tanto cartel junto en el vuestro ni se fijan, buscad escaparates y portales que es donde destacan más), quemar papeleras y contenedores, preparar cócteles Molotov y desplegarnos en las manifestaciones convocadas por otros para reventarlas provocando una confrontación con la Policí­a. Sé que habí­a una explicación teórica para esto último, pero ahora no me acuerdo bien, me parece que lo hací­amos para que los medios de comunicación al servicio del capitalismo nos sacaran en portada por los disturbios, pero también nos quejábamos si los antedichos sólo daban noticia de los destrozos.

Dí­as antes de la manifestación, estudiábamos el campo de batalla, escogí­amos lugares estratégicos para apostarnos y trazábamos un plan de acción; en cristiano, el camarada Arenas nos decí­a lo que tení­amos que hacer y los demás asentí­amos sin rechistar imbuidos por nuestro espí­ritu crí­tico con el capitalismo. La parte peor era cuando asignaban los puestos de combate, como era joven y corpulento siempre me tocaba situarme en los alrededores de los antidisturbios -procurábamos cercarlos- para arrojarles rodamientos con los mataelefantes. Eran éstos unos tirachinas que se vendí­an en los puestos de golosinas compuestos por una bocana de plástico rí­gido unida a una bolsa de goma como la de los globos pero muchí­simo más gruesa y resistente, los rodamientos por su parte eran canicas macizas de metal o cristal de los que puedes encontrar en muchas obras.

Como todos los cobardes intentaba hacerme el valiente, aceptaba el puesto de tirador. Y como todos los cobardes a la hora de la verdad me arrugaba, nunca usaba el mataelefantes, me daba pena hacerles daño a los descastados siervos del capitalismo opresor; mientras me deshací­a de la munición de canicas en cualquier alcantarilla, me decí­a a mi mismo que es justamente de cobardes atacar por la espalda a álguien que no te ha hecho nada. Bonita racionalización. Como era de esperar tarde o temprano serí­a descubierto. Ocurrió durante las fiestas de Bilbao, en uno de los ya tradicionales pifostios con las banderas del Ayuntamiento. Los camaradas abertzales nos habí­an situado al otro lado de la rí­a, en el barrio de Abando donde se montan la txornas. Estaba yo escaqueándome cuando me topé con un policí­a aislado y conmocionado, ocasión propicia para demostrar mi valor y compromiso con la causa. No se me ocurrió cosa mejor que ayudarle a recuperarse; claro, en cuanto el hombre me vió con mi pegatina de 'Presoak Kalera', me ordenó amenazante -"cúbrete la cabeza" y me tundió los lomos. En el fondo se portó bien, me dejó irme. Tras decirme -"Larga, laaarga... y que no te vuelva a ver", debí­ batir el récord de España de los cuatrocientos metros libres, lástima que no hubiera nadie para cronometralo.

Pero si hubo alguién que debió verme y ya de vuelta en Madrid, en asamblea extraordinaria, me montaron un juico por desafecto. Los cargos eran irrebatibles, pero al parecer la escenificación exigí­a que fuera yo el que me autoinculpara. Y en ese punto terminé de liarla: aturrullado y sin defensa posible empezé la alocución con un "Camarada Eloy Arenas...", un coro de risas contenidas y abiertas inundó el salón (que ya les vale también a los queridos camaradas, en vez de estar viendo pelí­culas de Tarkovsky y Passolini mientras ojean el Libro Rojo de Mao para repasarlo, hete acá que se tragaban los concursos de Chicho Ibáñez Serrador y las galas de José Luis Moreno). Por supuesto el camarada Arenas -cuyo verdadero nombre es Manuel Pérez Martí­nez- me dijó de todo menos comunista y me expulsó del PCE-(r).



Height (H8): La gran conspiración.

Fue en mi juventud, de la manera más inesperada, tomando cervezas en un bar con los compañeros de un cursillo de ofimática. Escuchaba sin mucha atención una disertación trufada de materialismo histórico-dialéctico: una maestrita cuarentona -ya sabeis, bajita con gafas de concha y peliteñida de rubio grisáceo- aseveraba que si en su portal, sito en la calle Vinateros Moratalaz, no se instalaba la antena colectiva era por culpa, fí­jate bien lo que te digo, de los americanos. Entonces me llegó la revelación.

Sólo fue un instante pero me parecieron minutos de ensimismamiento. En un búnker subterráneo un salón tenuemente iluminado muestra una gran mesa oval de frí­o metal, apenas se ven los extremos de la mesa. En un de ellos un general cubierto de condecoraciones está tratando de pinchar una banderita en un panel iluminado desde atrás por fluorescentes. Ocupa el fondo de la pared y más que un atlas parece un acerico. Celebra el enésimo triunfo yanqui contra el comunismo, en esta ocasión en la calle Vinateros, Moratalaz. De la emoción al sudoroso general le tiembla la papada, mira untuosa y servilmente al otro extremo del salón, al sillón donde se sienta el cuadragésimo presidente de los EE.UU., Ronald Reagan, que con mirada proterva y carcajada diabólica se frota las manos. Sólo años después reordenando estos recuerdos en mi cabeza, me di cuenta de que a su vez el presidente estadounidense (¡el cuadragésimo!) miraba de soslayo al gran espejo que cubrí­a parte de un lateral del salón, como si temiese algo, como un niño esperando aprobación.

Pero eso ya dije, sucedió años después. En ese instante, en el bar, impactado por la visión, apenas acerté a levantarme tambaleante y balbucear está preclara sentencia que grabaréis en vuestros corazones: "Jo'é, que cabdrones los ameddicanos".

(continuará...)
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Febrero 01, 2009, 10:00:57 p. m.
El silencio

Algunas veces se me viene la casa encima. Paseo inquieto y azorado por sus habitaciones notando como el silencio cobra vida, el estruendoso silencio. Y es un silencio preñado de malignidad, que ennegrece mis pensamientos y me hunde el ánimo. Suelo encender la tv para hacerme la ilusión de oí­r conversaciones humanas.

- "No me apetece seguir discutiendo, Adri, por favor." Le supliqué dolido. Pasamos el resto de la cena concentrados en nuestros platos la una frente al otro; si levantaba la mirada, la bajaba al ver la mirada suya y viceversa.

Tras la cena ni siquiera encendimos la tele, ni nos sentamos juntos. íquel no parecí­a nuestro salón, ni áquella nuestra casa. Élla se sentó rí­gida en un sofá, yo permanecí­ de pie. Parecí­amos dos extraños en una sala de espera.

- "¿Quieres que lo dejemos?" Le dije.
- "Y tú?"
- "No..."
- "..."
- "... Pero para estar así­"

Es desasosegante el silencio en una casa cuando sois dos. Me hunde en la miseria que una mujer deje de dirigirme la palabra. No se que hacer en tales circunstancias. Ella se levantó a coger un cigarrillo. Ninguno de los dos habló mientras se lo fumaba. Lo hizo de una manera rápida y nerviosa, aplastó la colilla crispada. No pude más.

- "Adriana"
- "..."
- "Yo... yo...(suspiro desesperanzado)"
- "... (me mira fijamente)"
- "Me duele hacerte daño."

Se echó a llorar con rabia, se levantó y me acerqué a ella. Nos abrazamos. Es en esos momentos, al tener a una mujer llorando en tus brazos, cuando le prometes todo: que te buscarás un trabajo mejor, que dejarás de beber... el tiempo se encarga de mostrar tu mentira cruel. Aquella noche nada le dije, fuimos a nuestra dormitorio en silencio. Fue la última noche que nos acostamos juntos; lo hicimos sin hablar, despacito como si temiéramos dañarnos, buscando un consuelo que ya no podí­amos darnos.

Algunas veces se me viene la casa encima. Paseo inquieto y azorado por sus habitaciones notando como el silencio cobra vida, el estruendoso silencio. Y es un silencio preñado de malignidad, que ennegrece mis pensamientos y me hunde el ánimo. Suelo encender la tv para hacerme la ilusión de oí­r conversaciones humanas.



Height (H8): La gran conspiración.

(continuación)

De una lectura atenta de las obras de H.P. Lovecraft y H.G. Wells se infiere que no estamos solos en el Universo, ésa es la clave. Privilegio sólo al alcance de mentes abiertas a la revelación, alejadas del espí­ritu del rebaño propio del materialismo cientí­fico ateo y falaz. También se reí­an de Colón y Galileo. Me siento como un nuevo Da Vinci, como un nuevo Mozart, un adelantado a mi tiempo.

Porque ahora se la Verdad, no estamos solos en la Tierra: Los Morlocks y los Profundos siguen entre nosotros. ¿Cómo no va a ser así­ si hasta en la fábula "the Hitchicker's Guide to the Galaxy" se nos dice que los humanos sólo somos la tercera raza en inteligencia de este planeta? Y las dos primeras son una raza que cava madrigeras bajo tierra (¡los Morlocks!) y otra que vive bajo el agua y de vez en cuando emerge a superficie (¡los Profundos!). Es de una evidencia palmaria.

Largo tiempo ha que se dedican a secuestrar a nuestros niñitos para sacrificarlos en cruentos holocaustos sobre el altar del dios Moloch en la llanura de Armageddon. Pero llegado es el momento de descubrir su impostura pues hay más pruebas, pruebas obtenidas tras una ardua investigación desafiando a los poderes establecidos, fruto de mi heterodoxia que me lleva a alejarme de los caminos trillados y las fórmulas establecidas.

Mucho he sacrificado en el camino del Saber: el descrédito universitario, la pérdida de empleos temporales, vivir en casa de mis padres, ser virgen a perpetuidad... pero no me importa, las vanaglorias del vulgo nada significan para mi. Todo lo he sacrificado por el saber y ahora sé.

¿Creéis incautos que todo se reduce a Lovecraft y Wells? Esos eran el señuelo para las mentes más despiertas. El verdadero conocimiento está en ocho escritores (¡ocho!) que firman con una hache (¡hache!) en su nombre. Cómo no ver la relación entre el número y la octava letra del alfabeto, que coincide que es la hache. Cómo no darse cuenta de su parecido gráfico y fonético. Y si en inglés juntas la letra H a la palabra que designa el número ocho 'eight', te sale la palabra 'Height' ¡que significa altura! Todo cuadra.

Y ahora os mostraré a través de ocho preguntas nobles la verdadera conspiración que he descubierto con la sola fuerza de mi intelecto y la lista de escritores en inglés de la Wikipedia:


¿Por qué  la investigadora H.R. Ellis Davidson (http://es.wikipedia.org/wiki/H._R._Ellis_Davidson) andaba tan interesada en las sagas nórdicas?

¿Por qué el poeta adicto al hachí­s Fitz H. Ludlow (http://es.wikipedia.org/wiki/Fitz_Hugh_Ludlow), ingresó en el Cí­rculo de Gotham? No es nada inocente que Washington Irving renombrara a la ciudad de Nueva York con el nombre de este pueblecito del Nottinghamshire, donde sus habitantes se fingieron locos para que los hombres del rey no puedieran construir una carretera a través de su pueblo. ¿Qué misteriosa arma supersecreta de la más avanzada tecnologí­a aliení­gena ocultan esos aparentemente inocentes paisanos?: ¿La espada de Arturo? ¿El arco de tejo de Robin Hood? No seamos ridí­culos, ha de ser la puerta interestelar que nos comunica con los Vogons.

¿Por qué la poetisa H.D. (http://es.wikipedia.org/wiki/H.D.) tení­a tanto interés en aproximarse desde un punto de vista feminista a la grecia presocrática?

Nada nos contó H. Rider Haggard (http://es.wikipedia.org/wiki/H._Rider_Haggard) en ‘Las minas del rey salomón’, su verdadera revelación surge de la saga ‘Ella’, la faraona inmortal Ayesha que vive oculta con su pueblo en las grutas del ífrica central donde está el fuego de la eterna juventud. ¿No es una muestra de tecnologí­a aliení­egena? ¿Dónde surgio la raza humana?

Por qué se interesa tanto David H. Roshental (http://es.wikipedia.org/wiki/David_H._Rosenthal) en la poesí­a catalana y portuguesa, qué claves encierran estos dos reinos que cobijaron a los templarios en sus ordenes de Montesa y Cristo, por qué surgieron alli tan exceletes cartografos y sabios como Jehuda Cresques o Raimon Llull ¿Quién descubrió América en realidad?

Por qué Jorge Luis Borges apreciaba al cuentista birmano H. H. Munro (http://es.wikipedia.org/wiki/Hector_Hugh_Munro). Pero sobre todo, por qué la hermana de Munro se apresuro a quemar sus papeles una vez muerto. ¿Qué terribles secretos inaccesibles a la humanidad debí­an protegerse?

¿Y que lleva a un escritor de Bombay, de la India espiritual y misteriosa, como T. H. White (http://es.wikipedia.org/wiki/T._H._White) a interesarse por la leyenda del Santo Grial?

Habré de recordaros que hace un siglo D. H. Lawrence (http://es.wikipedia.org/wiki/D._H._Lawrence) nos advertí­a contra “los efectos deshumanizadores de la modernidad y la industrialización,abordando temas relacionados con la salud emocional, la vitalidad, la espontaneidad, la sexualidad humana y el instinto.”


Se que me expongo al contaros estos terribles secretos. Que mi vida está sentenciada. Seguramente en estos momentos una Horda de Hermosas Hembras Hambrientas de Holgorio surca los cielos en sus pteranodontes amaestrados para silenciarme. Pero tení­a que descubriros la Verdad, memos. Ojalá alguna de éllas se parezca a Alejandra Vidal Olmos.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Febrero 24, 2009, 09:21:44 p. m.
La palabra de seguridad es Stradivarius.

Bienvenido como cada lunes a la mazmorra del dolor. Ama Vida te someterá a su antojo como en cualquier otra sesión.

Nota tu cuerpo avejentado al sonar el despertador. Duda, mientras tu cerebro estando en plena ebullición no consigue transmitir las órdenes precisas y te quedas atorado frente al espejo del baño: "¿Lo abro para sacar la afeitadora? ¿Abro el grifo primero?" En la cocina lo mismo: hasta cinco minutos te puede llevar abrir el armario del café. Sal a la calle mal desayunado y nota como te arde el estómago mientras se retrasa el colectivo por el atasco de la hora punta. Llega al trabajo apurado y antes de diez minutos ya te tendrán agobiado, sudoroso, cargando cajas como una bestia en la furgoneta de reparto.

Y ve a surcar rí­os de áspero asfalto. Nota como te crispas por el motivo más infundado. Él que corre, porque corre; quién va despacio, por ir despacio; si te hacen una pirula, por habértela jugado; si se ponen a rebufo, porque te están estresando. ¿Cómo? ¿Qué no insultas, ni gritas, ni pitas, ni das farazos? ¡Muy bien, esclavo! Cuánto autocontrol. ¿Te sirve de algo? ¿No desearí­as vengarte? Veo como tu ira aumenta aunque no la externalices y por no exteriorizarla. Tus movimientos crispados, tu rostro rí­gido. Un dí­a reventarás, reprimido. Mientras tanto, siéntete culpable por haberte descentrado, sumérgete en el desolación viscosa y frí­a que deja en tu cuerpo haber deseado la desgracia ajena. No eres ni serás la buena persona que todos creen ver en tí­. Yo, Ama vida, lo se y se que éso es lo que te hunde en la miseria, por lo que te lo restregaré siempre que pueda.

"Estoy estragado, estragadito, estragadí­simo, stracciatella... Ha, ha; es broma. Lo que hace no para a comer."

¿Aún me desafí­as? Mal haces, la tarde no será mejor que el dí­a. A los nervios súmales el cansacio. Un casancio que más que fí­sico es moral. Tu estómago atenazado, tu cabeza como un bombo y esa sensación... esa horrible sensación de que para tí­ no habrá consuelo, ni esperanza, ni redención. Arrástrate desolado hasta tu casa, nota todos y cada uno de los achaques de un cuerpo prematuramente envejecido. De qué te vale ser amable y cordial con todos -mientras por dentro te llevan los demonios- si cuando llegas a vuelves a quedarte solo, a oscuras con tus oscuros pensamientos. ¿Cuánto hace que no rí­es, tú que siempres has sido algo payaso? ¿Cuánto hace que no sientes la plenitud, qué te encuentras débil y abotargado? Estás viejo y derrotado, de aquí­ al final de tus dí­as todo irá empeorando. Tú sólo te lo buscastes. No eres más que un fracasado.

"Estoy estragado, estragadito, estragadí­simo, Stradivarius"

¿Mañana a la misma hora?

Postpurrí­

(http://tbn0.google.com/images?q=tbn:5hmQxRUagjzg-M:http://www.fcbarcelona.cat/web/thumbnails/199_150/Imatges/club/entrenadors/Van-Gaal.jpg)
Ty siemprge nejatifo

Hay una pequeña pelí­cula, "el circo invisible", que explica porque la estética es preferible a la ética. En su trama secundaria que transcurre durante la revolución del sesenta y ocho, ves pasar a Cameron Dí­az de ser una jovén alegre, vital y libre a suicidarse. ¿Qué ha pasado? Fácil, en su busca de la autenticidad, confunde madurez con seriedad, fanatismo con compromiso. Así­, se va a Europa porque en Estados Unidos la liberación solo es personal y sexual. Europa parece más comprometida polí­ticamente y ella se compromete pese al resquemor con que es recibida por ser una yanquee burguesa. Poco a poco los comprometidos se hacen más sectarios, más violentos, más suspicaces. Notas como el carácter de Cameron Dí­az se va agriando ante las constantes puyas de sus compañeros. Cuanto más trata de demostrar su militancia de izquierdas, más se asquea de si misma. Termina colaborando en uno de esos atentados de grupos terroristas de izquierdas tan habituales en la década de los setenta. Hay muertos. Éso termina de romperla del todo, ya no tiene nada, ni compromiso, ni autenticidad, ni lo que es peor para ella, alegrí­a. Pero lo peor está por llegar, pornto descubrirá que ni tan siquiera le queda la libertad y no por culpa de las fuerzas del orden capitalistas, sino por el odio de sus ex-compañeros hacia la renegada.

(http://tbn3.google.com/images?q=tbn:xmA_wXm2pQ8kGM:http://bp2.blogger.com/_bc6qV1Uloa8/SH898mo3SWI/AAAAAAAAAsM/v-aCdMhkk84/s400/homer_simpson31.jpg)
De mayor quiero ser como él

Pero esa situación funciona porque es Cameron Dí­az. A ser una linda blonda californiana simpatizas con ella, y te duele ver su ruina personal, como por entregarse generosamente a los demás y a la causa termina hundida y abandonada. Si fuera un tipo feo, no empatizarias tanto con el personaje.

(http://tbn0.google.com/images?q=tbn:5hmQxRUagjzg-M:http://www.fcbarcelona.cat/web/thumbnails/199_150/Imatges/club/entrenadors/Van-Gaal.jpg)
Ty siemprge nejatifo

Puede, pero lo esencial es fijarse en que los sistemas nunca son buenos, deberí­an servirnos tan solo de marco -ni tan siquiera de referencia, digamos que simple papel pautado- para nuestras interpretaciones propias e individuales. Otro ejemplo meramente artí­stico : el soneto V de Garcilaso de la Vega (el español):

      Escrito’stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

     En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí­ cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

     Yo no nací­ sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

     cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací­, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero

No nos conformemos con la árida y a menudo estéril crí­tica literaria. Incorporémoslo a nuestra vivencia y atrevámonos a cambiarlo a nuestro antojo

(http://tbn3.google.com/images?q=tbn:xmA_wXm2pQ8kGM:http://bp2.blogger.com/_bc6qV1Uloa8/SH898mo3SWI/AAAAAAAAAsM/v-aCdMhkk84/s400/homer_simpson31.jpg)
De mayor quiero ser como él

Así­ también juego yo. Adaptando las obras de otros... Pero, ea, lo intento. A ver si no lo estropeo mucho:

Escrito’stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes;¿yo? Lo leo tan sólo. Yo lo leo,
tan solo... que aun de vos me guardo en esto.

     En esto estoy y estaré siempre puesto,presto
que aunque no cabe en mí­ cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

http://www.goear.com/listen.php?v=2077742 (http://www.goear.com/listen.php?v=2077742)

(http://tbn0.google.com/images?q=tbn:5hmQxRUagjzg-M:http://www.fcbarcelona.cat/web/thumbnails/199_150/Imatges/club/entrenadors/Van-Gaal.jpg)
Ty siemprge nejatifo

Bueno, la música pase, pero el cantante deberí­a sostener la voz todo el verso al menos. El final deberí­a ser menos elegí­aco y más 'eglógioso' (si tal palabra existe). No es fustración sino alegrí­a lo que Garcilaso expresa.

Con todo está bien tu intento. Las cosas no son para guardarlas en una repisa, ni para divinizarlas y situarlas fuera de nuestra percepción, sino para usarlas para disfrute propio.

(http://tbn3.google.com/images?q=tbn:xmA_wXm2pQ8kGM:http://bp2.blogger.com/_bc6qV1Uloa8/SH898mo3SWI/AAAAAAAAAsM/v-aCdMhkk84/s400/homer_simpson31.jpg)
De mayor quiero ser como él

Si, creo que lo entiendo. Es como ese esquema que pusiste, ¡es una caracola marina!:

(http://www.spiraldynamics.net/wp-content/uploads/2008/12/balloon-215x300.jpg)

Lo que quiere decir el tipo es que el animal él que al crecer, va construyendo su caracola. El molusco sin su caracola muere, pero la caracola sin el animal no pasa de ser un objeto de adorno sin utilidad. Es una metáfora de nuestra inteligencia. Es eso, ¿no?
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: Dolordebarriga en Febrero 25, 2009, 01:37:49 p. m.
Yo te leo con devoción y una sonrisa en los labios, así­ que, aunque sea por darle un poco de felicidad a un necio, deberí­as continuar esta absurda saga.

Tú, gracias;

Dolordebarriga
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Marzo 19, 2009, 11:53:41 a. m.
Sueño recurrente

Estoy en las calles peatonales de un ciudad que debe ser vieja y del norte por sus casas porticadas pegadas unas a otras con puntales vigas y ventanas de madera. Estoy con mis amigos de la adolescencia, esos que no he vuelto a ver desde que dejé el instituto. En una plazoleta hace chaflán del que parten dos callejas un edificio ocre dorado. Entramos en él.

Un gigantesco vestí­bulo de lí­mites imprecisos, ilumunado por una mezcla de luz solar y fluorescentes, no consigo ver su elevado techo, apenas mobiliario, personas aisladas yendo y viniendo, ¿la sala de espera de un aeréopuerto?. Un diminuto ascensor y una advertencia de mis amigos: -"No pares en la tercera planta".

El ascensor es un cuadrado diminuto, apenas entramos cuatro personas, oprimimos los cinco botones, el edificio tiene cuatro plantas, el botón de la tercera no se enciende. Cada vez que el ascensor se detiene, las luces de los botones se apagan, hay que volver a pulsarlos, en ninguna ocasión funciona el de la tercera. La gente del ascensor va cambiando sin que yo me de cuenta, mis amigos ya no están conmigo, a veces bajo en alguna de las plantas, amplios espacios de paredes blancas iluminadas por fluorescentes, pero me vuelvo al ascensor enseguida. Hasta que el ascensor para en una planta enmoquetada en ocre dorado, con plantas de interior y un logotipo en plata dorada del tercer canal de televisión. Es un espacio recogido, pequeño y perturbador. Vuelvo a oí­r la advertencia -"No bajes en la tercera planta". Ninguna luz parpadea en el tablero del ascensor.Inquieto y desasosegado bajo.

Estoy en un loft de techo alto, paredes blancas pintadas al gotelé. Bajo tres escalones de oscuro parquet hacia el salón. Muebles de caoba y sofás de skay negro. Allí­ no hay nadie salvo un árbol en una maceta. Veo una máquina recreativa que semeja una cabina de pilotaje. Me subo al óvalo y me acomodo en el asiento.

Inmediatamente en la pantalla aparece alguien disfrazado de chino mandarí­n: coleta, uñas largas, bigotillo cuyas guí­as caen hasta el pecho, y una túnica roja con motivos bordados en oro los colores de la bandera china. Me plantea un juego de preguntas casi una encuesta. Yo sólo respondo si o no. No me cuesta trabajo advertir que muchas de las preguntas están relacionadas con sistemas de pensamiento orientales, budismo y confucianismo, el zen y Lao-Tsé. Intento agradar a la máquina contestándole lo que creo que el chino quiere oí­r. Pero poco a poco voy empatizando con las respuestas que doy, me voy empapando en esos valores como si fueran el agua templada de una bañera, me siento flotar y siento la plenitud en mi interior. En ese lí­quido amniótico en el que floto, alcanzo a escuchar la pregunta: -"¿Evitarí­as el asesinato de otra persona?"

Toda la entrevista ha sido una afirmación de la vida, empecé por aburrimiento, contesté por cortesí­a, seguí­ por convencimiento y al llegar a esta pregunta todo es divertimiento. -"¿Evitarí­as el asesinato de otra persona?" -"Si", contesto sin pensármelo mucho. El lí­quido tibio que me rodea, pasa a ser metálico y frí­o como el mercurio y me golpea. De repente estoy cayendo al vací­o en un espacio negro. Durante la caí­da me doy cuenta de que he fallado en la respuesta. He sido expulsado. Y me encuentro de nuevo en la plazoleta con mis amigos del instituto. Avergonzado, huyo.

Subo manejando un auto por una sinuosa carretera en obras en un monte roturado y torturado por nuestros engendros mecánicos. Voy demasiado deprisa, como toda la fila de coches. Una curva de ciento ochenta grados me saca a un paseo marí­timo. A la derecha un palacio fortaleza con inmensas escalinatas, a la izquierda un mar calmo como el mediterráneo. Amplias calzadas donde se encienden las primeras farolas de luz de gas, blanca, amarrillenta, verde y azulada. Voy conduciendo solo por la amplia avenida y veo a una compañera de trabajo corriendo por la acera. Nunca es la misma compañera de trabajo, pero es que yo trabajo rodeado de mujeres, un pequeño prí­ncipe. Me ofrezco a llevarla, ella me lo agradece mientras se desviste, pero me dice que no me preocupe, que está esperando a su marido (o novio). Tras quitarse la ropa de calle, ha quedado con un microvestido llamativo que debí­a tener puesto por debajo. Me extraña. A poco de seguir, cuando aún la distingo por el retrovisor derecho, caigo en la cuenta de que su marido (o novio) no se llama Fernando.

Me despierto con resaca.


Acróstico para un acrónimo

Ellas han sido sin duda
las mujeres a las que he amado,
el gozo de la vez primera
nunca mejor revelado
a fuer de risas y caricias.

No pensaba encontrar en Irlanda
otra mujer que me amara;
recién en el mismo viaje
me encontré lo que no esperaba
a un nuevo amor 'eterno', allá en la isla esmeralda.

Numinosa Barcelona, la de las mil maravillas,
ojeando por tus bares, di con una mujer bendita,
encantadora y encantada;
la amé con todas mis fuerzas, pero la crisis malvada
interrumpió nuestro idilio de manera descarnada;
apesadumbrado volví­ a la capital de España.

Abandonado y hundido, cuando menos lo merecí­a,
de nuevo la vida me sorpendió
rescatándome para el amor;
imaginad una antigua estrella de los tiempos del destape
adorando a un fracasado como yo;
no supe estar a su altura, la ruptura nos llegó;
a mi mismo me dijé entonces, "no eres apto para ésto".

Sin embargo una vez postrera
inflamó mi corazón una mujer;
la conocí­ en el trabajo, mi compañera
venida de Argentina tras la quiebra,
adorable me parecia su presencia
no quise forzarla a nada
ahora lamento su ausencia.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Marzo 30, 2009, 12:12:53 a. m.
Antes de que pierda la cabeza.

Nuestra inteligencia ni siquiera la podemos considerar nuestra. Las ideas nos advienen como pródigo rí­o caudaloso que cae en formidable cascada lamiendo los bordes del farallón en el que está edificada nuestra conciencia. Es este islote en el borde mismo de la inmensidad de la cascada nuestro verdadero dominio. En el edificamos recogiendo los restos cercanos que vagan al al deriva arrastrados por el tumultuoso caudal. Advertimos con la melancólica nostalgia del que pierde lo que nunca ha tenido el vuelo libre de la cascada, su estruendoso bramido, sus irisados colores, sus gotas que desafiando toda lógica se elevan en el aire y flotan hasta empaparnos. Admiramos su potencia y lamentamos la pérdida de tamaño bien, que cae en la nada con la misma inevitabilidad con que llegó.

Somos el castellán que guarda la fortaleza. Fortaleza de conocimientos que nos ampara y es a la vez molino que recoge las aguas del rio y turbina que las propulsa hacia el exterior. Guardémonos del negro pájaro-reptil que surgiendo de las aguas con su estremecedor chillido llega a silenciar la caida del agua, con el ácido calor que desprende sofoca y ahoga nuestra entereza. Vuelve a desaparecer entre las aguas sin conquistar su objetivo, pero nunca descansa, siempre vuelve con la malévola intención de perdernos para siempre. Ese pájaro-reptil es la ira que ennegrece y amarga, que crece dí­a a dí­a hasta domeñar nuestra voluntad y acibarar nuestra existencia.

De nada sirve la legión que hemos formado en defensa del molino. Como todo ejército estabulado muestran con sordina desprecio por su capitán, en nada ayudan frente al ataque de la criatura, antes bien sus sarcasmos socarrones se unen a los temibles rugidos de la bestia. Impotente contemplas como los que creaste para tu auxilio se muestran renuentes con el enemigo, conniventes incluso con él. Como todos los soldados que en el mundo son y han sido, la legí­ón del "y-si-hubiera" solo es temible para con aquellos que la sostienen, mucho más que para con nuestras amenazas, reales o ficticias.

En ese abismo sinfí­n estamos, al frente de tropas levantiscas, frente a un rival formidable. Intentando levantar y sostener un edificio útil para el resto. Condenados a ser derrotados, a trabajar sin esperanza de recompensa. Y sin embargo...

Es mejor pasar el trance ayudando a otros castillos de guardia. Rehuye el autismo de que hací­as gala en tu juventud: -"Yo contra el resto del mundo (y os doy cinco goles de ventaja)". Aborrece al adulto que con estúpida suficiencia se dice -"Negocio con la realidad". Haz de este moto tu blasón y emblema: Yo soy uno con el mundo.

El gaucho y el cowboy.

Es factible ponderar como los europeos trasladamos nuestras obsesiones e ideas preconcebidas al Nuevo Mundo. Ver como el mito de las amazonas se adueñó de las praderas del medio oeste, donde tribus de jinetes medio desnudos, pintarrajeados y chillones atacaban nuestros pertrechos desde la distancia, sin atreverse a pelear como hombres, ni siquiera cerraban el puño para golpear, daban manotazos como las chicas.

Surge como contrapartida el Hércules de la historia, el valiente pistolero, el bueno, el que desafí­a ora a las amazonas, ora al gigante que acapara las tierras y ahoga a los humanos, ora a la cuadrilla de bestias que se adueña de los bienes ajenos. El héroe civilizador, que en su brutal libertad precede a la ley y el orden, que él no reconoce ni respeta, para beneficio de las buenas gentes. Libertad si... pero para ponerse al servicio del bien.

No ocurre así­ en Argentina donde el gaucho es libre por sobre todas las cosas, a nada y a nadie respeta. Vive violentando todas las normas. A nada se atiene salvo a sus efí­meras pulsiones.

¿Es posible que los mitos nacionales construyan nuestra identidad? A dí­a de hoy ni los estadounidenses urbanitas se reconocerí­an en un cowboy, ni los porteños en un 'cabecita negra', pero los norteamericanos tras su soflamas de libertad defienden la ley y el orden y los sudamericanos con hispánico amor propio se jactan de salir adelante en la vida a costa de lo que sea.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Abril 25, 2009, 01:36:03 a. m.
Ditirambos al amor perdido.

Hice todo lo que pude y no pude hacer nada
Porque
No hay peor tonto que el que va de listo
Y
No hay mayor mentiroso que el que se engaña a si mismo
Ya que
La bondad engendra rencor
Pues
Los fuertes defienden a lo que quieren, los débiles lo desprecian
dado que
La cultura embrutece
Y
La filosofí­a se aprende pero no se enseña
En suma
la vida es para vivirla no para leerla


¿Patria de quién?

La Ciudad Encantada de la Patagonia.

Relación de la expedición que partir ha de Nuestra Señora de los Buenos Aires en busca de Elelí­n, la Ciudad de los Césares, en el año de gracia de Nuestro Señor de MLCIV.

Durante muchos años hubimos noticias de la existencia de un fabuloso reino al sur de los dominios de Su Majestad Católica. Fue en tiempos de la Adelantada doña Mencia Calderón cuando se tuvieron las primeras noticias ciertas de la existencia de aquesta ciudad de Elelí­n por testimonio de cristianos viejos que decí­an haber sido acogidos por los naturales de la Ciudad de los Césares. Desde entonces, en el plazo de dos generaciones, más españoles cuya suerte se creí­a perdida, supervivientes de distintas expediciones enviadas al sur del Rí­o de la Plata a construir fuertes que vigilaran las costas de los ataques de los corsarios ingleses que tan gran daño hacen a nuestros reinos, han llegado hasta nuestra Gobernación relatando los mismos hechos.

De la pesquisición hecha entre tantos testimonios de tan distinta procedencia se colige que la dicha Ciudad Encantada hállase en el interior de un lago en una í­nsula unida a tierra firme por un brazo. Es ciudad de planta cuadrada como es propio de cristianos, construida en sólidas piedras techadas de teja y forradas sus paredes con oro y plata, metales que también utilizan para construir aperos y enseres tal es la abundancia que tienen de ellos. Sus gentes son blancas de piel y rubias de ojos claros y no padecen enfermedad alguna ni envejecen, algunos dicen que son los propios fundadores de la ciudad pues serí­an inmortales, pero yo a esto no doy crédito.

La Ciudad Encantada está protegida por un sortilegio que la hace invisible a los viajeros y merodeadores y que parecerí­a cosa de nigromancia sino fuera porque solo al atardecer del Viernes Santo se hacen visibles sus cúpulas de oro, lo que parece indicar que nos hallamos ante gentes que siguen la recta fe cristiana. Otra defensa tiene que causa maravilla y espanto pues todo el lago está rodeado de un a modo de hielo que quema, deja la piel lí­vida y tumefacta entre grande sensación de calor como si les hubieren aplicado tizones y al cabo de dí­as se pierde el uso de la zona quemada, generalmente brazos y piernas y también el rostro, cosa de lo que doy fe pues yo mismo he visto algunos supervivientes con muñones ennegrecidos y quebradizos como el carbón de leña.

Por todo ello nuestro Gobernador, Don Hernandarias de Saavedra pacificada la villa de contrabandistas, y dejándola fortificada frente a los corsarios ha decidido incursionarse hacia el meridiano llevando recuas y yuntas de pertrechos y utillerí­a, asi como fuerte presencia de arcabucerí­a por temor de los mapuches y patagones que celosos de su independencia y belicosos en grado sumo, tan gran quebranto causan en los fuertes meridionales de la Gobernación. Es propósito del Gobernador Hernandarias, requerirlos bien de grado o por la fuerza a someterse al Rey Nuestro Señor Felipe II, así­ como trabar contacto con los naturales de la Ciudad Encantada, por proveer la posibilidad de hacer buen comercio y asegurarse de la rectitud de su fe católica...

Temporada de lluvias.

El señor Mortimer estaba de un pésimo humor cuando descabalgó frente a la hacienda de su suegro.
-¿Mal dí­a hoy? –intuyó el anciano.
- La gauchada- masculló Mortimer- tan pronto serviles como ladrones. Para lo único que valen es para cabalgar.
-Bueno –dijo el suegro conciliador- También sirven para emborracharse y propiciar pendencias en las tabernas.
Mortimer rió de buena gana. Mientras el viejo cebaba el mate le contó: -Se están produciendo una serie de robos en las haciendas y estancias de las cercaní­as de Trelew, siempre pequeñas cosas, nada importante, pero no cejan y cada dí­a es mayor su audacia. Seguro que es obra de una partida de gauchos.
-Mirá, no hace ni unos años te hubiera dicho lo mismo, pero ¿sentiste hablar de Ryan y Place?
-No, ¿quién son?
-Unos gringos que se asentaron no lejos de acá, en el Valle Cholila, pero no galeses como la mayorí­a de nosotros, sino estadounidenses. Ryan era soltero, Place casado, pero se establecieron juntos en una hacienda criaban animales, cultivaban… la verdad no se les veí­a muy duchos, pero nunca les faltaba el dinero, eran hospitalarios y muy queridos por sus vecinos. Recibieron la visita del gobernador y eran í­ntimos del alguacil Humphreys, que al parecer estaba secretamente enamoriscado de la señora Place… Pues bien, empezaron a sucederse por aquella época una serie de asaltos a trenes y banco todo a lo largo del Rí­o Gallegos, sin que nadie sospechara quién eran los autores. ¿Me seguí­s?
-Aha. –respondió Mortimer mientras apilaba ramitas para encender una fogata.
-Bueno, pues ahora viene lo mejor. A la Capital, a Buenos Aires llegaron hombres de la agencia de detectives Pinkerton siguiendo el rastro de dos bandidos estadounidenses: Butch Cassidy y The Sundance Kid…
-No me digas que Ryan y Place…-se sorprendió Mortimer.
-Exacto –corroboró su suegro.
-¿Y qué ocurrió entonces?
-Avisaron al gobernador Lezana, que dicto orden al alguacil Humphreys. Justo entonces empezó a llover. ¿Te acuerdas de la gran inundación?
-¡Cómo no iba a acordarme! Llovió como nunca ha llovido, los rí­os se desbordaron, los campos se anegaron, los animales no tuvieron que comer y reventaron de tanto buscar comida entre las aguas. Llovió no de modo furioso y masculino, que todo lo azota y arrasa, pero tampoco era una lluvia femenina suave como una caricia y que empapa hasta la médula. No, era una cortina de agua durante dí­as y noches, durante semanas, era algo completamente inhumano, inmisericorde, lóbrego y descorazonador. No habí­a más paisaje que lluvia ni tierra sobre las aguas.
-Justo. Así­ fue –convino el anciano – eso justamente fue lo que retuvo a los hombres de Pinkerton y dio tiempo a los forajidos. ¿Se acuerda que le dije ya que Humphreys estaba enamorado de la señora Place? El alguacil les puso sobre aviso de que los hombres de Pinkerton vení­an en su busca y ellos emprendieron la huida a Bariloche.
-Es buena historia –se sonrió Mortimer – pero ¿por qué me la cuenta?
-¿Y quién sabe?. Pero como ve, no son solo los gauchos los que roban.

Bajo el sangriento sol de Avellaneda.

Arriba los pobres del mundo en pie los esclavos sin pan.
Al puerto de La Boca llegaban buques que descargaban a diario el principal artí­culo de importación de la Argentina: Seres humanos. Venidos de las orillas del mar antiguo, tení­an el color y la  textura del adobe de sus yermos. Silenciosos y desconcertados, los más por no saber el idioma, pero incluso a los españoles se les distinguí­a por su parquedad de habla y sus modales corteses. Esto bastó para cumplimentar el tópico, considerábamos que los españoles eran orgullosos,  pero un trato más directo te permití­a ver que, como los demás mediterráneos, parecí­an cargar consigo el peso de su historia varias veces milenaria. Te miraban con una mezcla de asombro y bondad, como si un ermitaño que hubiera pasado toda su vida en solitario se topara de repente con un grupo de niños alborotando. ¿Cómo nos iban a considerar un paí­s? Para éllos éramos una ficción: el Nuevo Mundo, la tierra de las oportunidades. ¿Cómo no iban a creer en las utopí­as del proletariado? Si la misma Buenos Aires era muestra evidente de la internacionalidad.

El dí­a que el triunfo alcancemos ni pobres ni esclavos habrá.
Ya me gustarí­a a mi saber quién fue el maestro del humor negro que escribió esta estrofa. En aquel tiempo Avellaneda era un poblacho de factorí­as  y galpones bajo el mando del caudillo Alberto Barceló y sus secuaces y matones. Recurrí­a a cualquier método, mejor dicho recurrí­a a la violencia, para modernizar sus dominios. El presidente Yrigoyen lo detestaba, pues Barceló era un conserva, eso sí­ un conserva peculiar, regentaba todos los garitos, prostí­bulos y cabarets de Avellaneda, esos que tanto frecuentaba Carlitos Gardel, con quién Barceló se hacia fotos; Gardel que tras el golpe de estado de 1930 se apresuró a grabar el tango ‘¡Viva la Patria!’ exaltando al dictador Uriburu. Esa patria es la que nos quieren vender los patronos, la de Borges y Gardel, a falta de ética, estética. Pero hay otra patria…

Agrupémonos todos en la lucha final.
La patria de Severino di Giovanni, que vino de Italia huyendo del fascismo, lindo como un actor de cine y valiente como el protagonista de muchas pelí­culas, se distinguió por sus bombas contra la embajada estadounidense y el centro social italiano en una reunión de fascistas, participó en varios robos, algunos dicen que colaboró con la banda de los españoles Durruti y Ascaso pero es mentira. Sus propios compañeros anarquistas le recriminaban por su violencia. No deja de ser trágico e irónico que justo cuando el capitalismo se hundí­a tras el crack del 29, el sueño anarquista terminara en la Argentina. La dictadura de 1930 se cebó con ellos, algunos huimos  a España y aún vivirí­amos un postrer rayo de esperanza pero los más fueron fusilados, como Di Giovanni, o presos.

Y se alzan los pueblos con valor por La Internacional.
¿Qué queda ahora de todo aquello? Todos recuerdan al prócer Barceló como el hombre que modernizó Avellaneda, nadie pregunta cómo lo hizo. Sin embargo recuerdan a Di Giovanni sólo por sus crí­menes. Nadie contará que el dí­a más feliz de su vida fue aquél en el que pudo abrir su propia imprenta. Los pocos que quedamos de aquella lucha, que vivimos la Semana Trágica en el 19 y la Patagonia Rebelde en el 21, somos ya demasiado viejos y vencidos. Nada salió como esperábamos. Ni en Argentina, ni en España. Hoy sólo nos queda que nos llegue el olvido, que dejemos de ser el espantajo que agita el peronismo bienpensante como execrable modelo de conducta antisocial.

Héroes de las Malvinas.

Aldo Baronchelli cayó en la colina Hermanas Gemelas, con la cara destrozada por una bala trazadora inglesa la noche que empezó el asalto a los cerros que rodeaban Puerto Argentino. Nos batí­amos en retirada. Hasta cierto punto fue afortunado. ¿Y que tiene de afortunado que te maten en una guerra estúpida?

Era voluntario, buzo táctico asignado al submarino ARA Santa Fe, fue uno de los que participó en la toma del Faro San Felipe lo que supuso el inicio de la guerra. Vivió lo mejor de estos tres meses de mierda: la izada de bandera en Puerto Argentino el 3 de abril. Fue lo mas lindo de todo aquello ¿sabe?

Yo no lo vi; era conscripto de la Compañí­a C del 25º Regimiento, no nos desembarcaron en Darwin cerca del aeródromo hasta el dí­a siguiente. El 3 de abril aún estábamos en alta mar en el ARA Isla de los Estados. Recordará como fue aquello. No, ¿no se acuerda?

Pues verá, le cuento. Dábamos por hecho desde el principio que los ingleses se desentenderí­an de la isla Gran Malvina y centrarí­an sus operaciones en donde estábamos nosotros, en Isla Soledad. ¡Pero entraron por el norte del estrecho de San Carlos entre ambas islas y desembarcaron allá para nuestra sorpresa! ¿Se da cuenta?

No atacaron inmediatamente Puerto Argentino como esperábamos, sino que se fueron a la otra punta de la isla por donde aparentemente iban a estar rodeados por nuestras fuerzas en las dos grandes islas para cogernos desprevenidos. Allá en el desembarco de Puerto San Carlos también habí­a soldados de mi regimiento que tuvieron que replegarse a nuestra posición. ¿A que no adivina que pasó luego?

Fuera por decisión táctica previa o por efecto del combate, al perseguir a las tropas del 25º Regimiento fueron a parar a nuestra posición en el sur y atacaron el aeródromo de la Pradera del Ganso. Fue la peor batalla de la guerra y a mí­ me pilló en medio. Pero otro dí­a le cuento ¿si?

Le querí­a explicar por qué Baronchelli fue afortunado. No tuvo que volver a tierra firme. No tuvo que ver contemplar nuestra derrota. Ni tuvo que ver como a la vuelta la gente aprovechaba las manifestaciones patrióticas para pedir el fin de la dictadura. ¡Ojo! Yo no digo que fueran buenos, que no torturaran, pero fí­jese que ante la posibilidad de mantener el orden a costa de un genocidio de miles y miles de gentes y renunciar al cargo para que llegara la democracia eligieron lo segundo. ¿Entiende ahora por qué estamos acá?

Porque somos argentinos, tan argentinos como ustedes, estamos hartos de que nos miren con odio y desconfianza, hartos de juicios. Qué paguen los culpables, si; pero no todos somos culpables. Por eso esta asonada en el cuartel . No queremos mandar nosotros, ni queremos volver a la dictadura. Sólo pedimos un poco de respeto. Es por dignidad. ¿Acaso pedimos tanto?
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Junio 29, 2009, 09:46:11 p. m.
Cartas.

En Requena, a 21 de junio del 2009

Querida Silvana:

Me he puesto en camino hacia Valencia, donde pasaré una semana, y he hecho mi primera parada acá para comer. Decidí­ aprovechar las horas de la siesta para escribir sobre la jornada, como cuando en el colegio nos mandaban una redacción sobre nuestras vacaciones, así­ pues esta es la primera entrega.

Requena tiene un casco viejo amurallado bastante abandonado y plagadito de cuevas que debieron utilizarse como bodegas ya que es tierra de vinos. Cuentan con una gran avenida donde están muchos de sus restaurantes, si bien yo comí­ en el mesón La fortaleza, arroz a banda con ali-oli concretamente.

Es un plato parecido a la paella, pero sin ser tan caldoso ni tener tan marcado el sabor de los tropezones del acompañamiento –si carnes y verdura, verdura; si pescados y mariscos, pescados- en sí­ es más arroz que otra cosa con poco acompañamiento: patata asada, sepia (un pariente pequeño del calamar), gambas… El all-i-oli como su nombre indica es una salsa hecha con ajos machacados y aceite bastante difí­cil de preparar pese a lo que pudiera parecer, de hecho mucha gente prefiere preparar mayonesa que es más fácil de conseguir.

Te paso las dos recetas por si un dí­a quieres hacer experimentos.

Arroz a banda: http://www.sabormediterraneo.com/cocina/receta_arrozabanda.htm
Para microondas: http://www.afuegolento.com/recetas/micro/2835/arroz-a-banda-con-alioli/

Alioli: http://www.directoalpaladar.com/curso-de-cocina/como-hacer-all-i-oli-o-alioli

Según me cuentan, en este pueblo murió mi bisabuela en invierno del 38 huyendo de Madrid y de la guerra. Debí­a hacer frí­o porque su muerte fue de lo más prosaica, se intoxicó por el monóxido de carbono de un brasero, su hijo que huí­a con ella se salvó por poco. Ya ves, cuando creí­an haberse librado del peligro, pues has de saber que Valencia fue lo último en rendirse.

Besos y abrazos,

Jose.

En Valencia, a 22 de junio del 2009
Querida Silvana:

Estoy en unos aparta-hoteles los Plaza Picasso, cerca del puente del Campanar en el viejo cauce del Turia, los escogí­ por ser baratos, 25 € (133,66 pesos) la noche.

Voy a bautizar a la dos veces leal ciudad de Valencia como la capital de los eslavones dada la cantidad de ellos que hay por aquí­ hablando en su bárbara lengua trufada de sonidos silbantes, algo así­ como ‘doboye utro ctos toboi izvini pokah utenia liubyama tiochen krasivaia zelayu pryatno provesti bremia’ o cosa por el estilo.

Acá los antenistas se ganan bien el sueldo, desde mi apartamento veo antenas del mismo tamaño que los edificios, unos quince a veinte metros, muchas ni siquiera son colectivas. Por cierto, en la tele de mi aparta-hotel no se cogen ni la Cuatroº ni la Sexta, ni forma de sintonizarlas; bonito detalle, luego la gestapo mediática hablará de monopolio informativo.

Me pasé la mañana en el Oceanográfico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, es muy lindo pero salvo que te ensimismes viendo peces, en una mañana se ve. Me salí­ fuera a comer porque como ocurre en estas atracciones los restaurantes de su interior son muy caros para la comida que ofrecen. Para comer de rancho mejor me voy al Restaurante Don Pelayo, tras el Palacio de Justicia, donde por 9€ (48,12 pesos) tienes menú del dí­a variado y bastante bueno, mejor los primeros platos y los postres que los segundos.

Te paso un conversor de monedas: http://www.euribor.com.es/conversor-divisas/?gclid=CMmtr9_QrJsCFZ4A4wodlwP7-w

Besos y abrazos,

Jose.

En Valencia, a 23 de junio del 2009
Querida Silvana:

Estuve la tarde deambulando por el casco viejo entre las dos fortificaciones de las Torres del Quart y la Torre de los Serranos. No está tan cuidado como el Barrio Gótico de Barcelona, pero es más antiguo que el Madrid de los Austria, no en balde el Siglo XV –el quattrocento- fue la mejor época de Valencia, cuando desplazó a Barcelona como el gran puerto de la corona de Aragón.

Se nota especialmente en sus edificios ilustres, empero estar calificados como góticos, tienen muchas influencias del Renacimiento italiano y por esa mezcla son lindí­simos mucho más alegres y vivaces que el gótico afrancesado de la Meseta. A todo esto, en la Plaza de los Fueros, junto a la Torre de los Serranos, me encontré un local donde serví­an choripán con chimichurri y otras comidas rápidas llamado La Boca.

Hoy estuve en el Museo de Ciencias, el edificio más viejo del complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Es precioso. Quitando la planta baja donde solo tiene una computadora  IBM de los años cincuenta que ocupa lo que un armario de tres cuerpos.

Ya en la primera planta me ha gustado particularmente el péndulo de Foucault de 34 metros de cuerda. Como sabrás sirvió para probar empí­ricamente la rotación de la Tierra y por extensión la teorí­a heliocéntrica de Galileo. Pero su gran maravilla es un efecto más mental que óptico. Tienes que pensar que es el péndulo lo que está fijo y no se mueve y que eres tú con todo lo que te rodea, con el planeta entero, quién avanza bamboleándose como esas atracciones de suelos movedizos, todos rotáis alrededor del péndulo.

Dos exposiciones en esa primera planta: una sobre la historia de los estudios ecológicos en España en los últimos ciento cincuenta años y otra el Explanarium sobre trucos de óptica, las demás no me llamaron tanto la atención.

Toda la segunda planta dedicada a la vida y estudios de los dos premios Nóbel españoles, Ramón y Cajal por sus experimentos sobre las neuronas y Severo Ochoa por sus estudios sobre el ARN, así­ como del Nóbel francés afincado en España Jean Dausset, que ha legado sus estudios al Museo.  No le conocí­a, pero me han resultado interesantes sus estudios de inmunologí­a y sus trabajos para descifrar el genoma humano. Por todo ello, te cuelgo su enlace en la Wiki: http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Dausset y la noticia de su reciente fallecimiento el pasado dí­a nueve: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Muere/Jean/Dausset/Nobel/Medicina/1980/elpepusoc/20090606elpepusoc_1/Tes.

En la tercera planta estaban montando una exposición sobre la estación espacial que no pude ver. Tení­an otra sobre la visión cientí­fica de las drogas en la que lo único que aprendí­ es su lí­nea de tiempo histórica, que muestra que si se prohí­be un producto por pernicioso la gente se pasa a otro aún más dañino, una ‘carrera armamentí­stica’ que muestra lo estúpido de la represión como forma organizativa de las sociedades humanas y sobre todo como método contraproducente para atajar la drogadicción: lo vamos a seguir haciendo, pero con algo mas perjudicial y más caro.

Pero la más hermosa, aquella en la que te puedes tirar horas es el bosque de cromosomas: 23 stands, en los que uno a uno te van explicando las propiedades asociadas a nuestros veintitrés pares.

Es muy, muy lindo el Museo, da para estarse allá todo el dí­a y al contrario que en el Oceanográfico no te ponen impedimento para salir y volver a entrar (me fui a comer al restaurante susodicho). Intenta mirártelo en una visita virtual http://www.cac.es/museo/, pero sobre todo no olvides lo del péndulo de Foucault. Si tenéis uno en Buenos Aires probadlo (no vale sostener una cadena con un corazoncito delante de los ojos), si lo consigues imaginar es algo impresionante sentir de esa manera al planeta, unirte así­ la inmensidad.

Besos y abrazos,

Jose.

En Xátiva, a 24 de junio del 2009

Querida Silvana:

Hoy es el solsticio de verano (vulgo San Juan) por lo que esta noche se celebró la nit del foc. Me acerqué a la playa de la Malva-rosa pero no pude ni aproximarme a la arena tal era el gentí­o acumulado. Puede que fuera la indefinición de la semioscuridad o el gigantesco espacio descubierto que son las playas de Valencia, pero nunca habí­a visto tantí­simas personas juntas, ni siquiera en la manifestación por los atentados del 11-M.

De algún grupo me invitaron a probar agua de Valencia, que no es la del grifo –ésa sólo la usé para ducharme- sino este cóctel cuya receta te paso porque está muy rico: http://www.mis-recetas.org/recetas/show/984-receta-de-agua-de-valencia.


La Malva-rosa ya la habí­a visto por la tarde, extensí­sima explanada de arena pues las mareas del Mediterráneo son tan exiguas como sus olas que rompen apenas a dos metros de la orilla, al menos para los acostumbrados a los embates del Cantábrico (Atlántico norte), playas tanto más hermosas –a fuer de ser sincero creo que son varias playas, pero yo no las distingo- cuanto que en Valencia se han recatado de construir moles de ladrillo y cemento en primera lí­nea. Vi también su puerto deportivo que conserva los amarraderos de los veleros que participaron en la Copa América, aunque a mí­ me gustaron más las atarazanas que allá se llaman Tinglados, unos preciosos edificios modernistas que sirven de almacenes al puerto. Su lonja por el contrario es pequeñí­sima, señal de que no son puerto pesquero. No obstante atracan ferries de entre tres y cinco cubiertas, auténticas ciudades flotantes, la mayorí­a de los que vi de bandera portuguesa.

Esta mañana decidí­ hacer la ruta de los Borgia, familia de nobles de ascendencia aragonesa que consiguieron la celebridad al dar al mundo dos de los tres Papas españoles de la historia, Calixto III y el malfamado Alejandro VI. Por eso estoy acá, en su ciudad natal y la tarde la pasaré en Gandia, la ciudad que compraron.

Xátiva es calurosí­sima, por suerte las gentes de Valencia inventaron dos refrescos dulces de los que me estoy hinchando: el granizado de limón y la horchata, granizada por supuesto. A los setabenses se les conoce también como ‘los socarrats’ (algo así­ como ‘los requemados’) porque en la Guerra de Sucesión el futuro monarca Felipe V hizo quemar la ciudad, en recuerdo de ello el Ayuntamiento expone un cuadro del primer rey de los Borbones colgado boca abajo, cosa que espero no llegue a oí­dos de la gestapo de Madrid.

Lo más destacable de la ciudad es el castillo de Jaime I, Jaume el Conqueridor para los locales, al que te sube el trenet turí­stico en veinticinco minutos para que te pases allá una hora bajo la solanera y te sientas (y termines) como un socarrat más. No, ya en serio, un emplazamiento impresionante en una serraní­a.

Si bien en la iglesia conservan cuadros de Pinturicchio –donados seguramente por el Papa Borgia- nada tienen de José de Ribera ‘il Spagnoletto’ que nació acá. No diré que fue el mejor pintor del mundo, ni el más original, pero ojo a este cuadro que narra un suceso real ocurrido en Nápoles, un duelo en que se batieron dos mujeres por el amor de un hombre: (http://www4.gvsu.edu/wrightd/Women%20Writers/Riberaduel.jpeg)

Como no me daban buena espina los restaurantes locales, me he comprado una coca y me la he zampado en el parque. Es la coca un plato parecido a la pizza y habitual del nordeste mediterráneo español, las hay dulces y saladas, yo pedí­ esta (creo, porque recetas hay muchas): http://www.mundodietetico.com/coca-de-verduras-y-atun/.

Por cierto, tení­as razón. Si bien el valenciano me resulta más comprensible que el catalán, quizá a causa de ello, cuando un catalán te habla y le respondes en español asume que no le entiendes y cambia a nuestro idioma. Los valencianos en eso son distintos, si les contestas en castellano suponen que les captas y siguen hablando en su lengua. (De esto, por favor, que tampoco se enteren los de la gestapo. No tengo ganas de que les tilden de antiespañoles, rompepatrias, terroristas y amigos de terroristas).

Besos y abrazos,

Jose.

En La Palma, a 25 de junio del 2009
Querida Silvana:

Ya te dije que Xátiva estaba en una sierra. Bajar hasta Gandia me llevó más de media hora por carreteras de montaña. Son colinas de menos de mil metros, no son mis cordilleras del norte, pero lo pasas mal por esas carreteruchas. Gandia es una población costera tí­pica, por desgracia, del mediterráneo español: Playa extensa y bloques de apartamentos gigantescos en primera, segunda tercera, cuarta y hasta quinta lí­nea de playa. Lo mejor, es un decir, es ver que toda la bahí­a está así­, desde Cullera en la punta norte a Denia en la punta sur, solo se salva Oliva (me parece) el único lugar donde las casas parecen pequeñas, ‘apenas’ cuatro o cinco alturas.

Me volví­ rápido para Valencia con el fin de ver un poco más de la ‘Ciutat Vella’ (ciudad vieja) y allá junto a la catedral estaban montando una pantalla para ofrecer en transmisión simultánea el montaje de ‘La Valkiria’ de Richard Wagner, cuya ópera completa ‘El anillo de los Nibelungos’ se escenifica en el Palau de las Arts, dentro del complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Con todo, la versión más impresionante de la cabalgata de las valkirias nos la ofreció Francis Ford Coppola en ‘Apocalypse now’:


A cuenta de ello me perdí­ las semis del Trofeo de la Galleta de Aguilar de Campóo contra Estados Unidos, yo pensé que les ganábamos de fijo y mira.

Hoy por la mañana me recorrí­ mejor el centro histórico de Valencia. Empecé en el Ayuntamiento, donde te dejan visitar su bellí­simo salón de cristales, tan lindo que el copiota del alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón, quiere construirnos uno parecido, tan impresionado quedó por su belleza. Su pequeño Museu de cuatro habitaciones, también alberga tesoros dignos de admiración, todo gratis.

La plaza del ayuntamiento también es magní­fica por sus edificios, excepto de una mole moderna de cristal en la que está ubicado el ABC, esos defensores de la patria, como es uso destrozando todo lo que pueden. También es de reseñar el suelo de mármol de toda la plaza, menos mal que en Valencia llueve poco, porque es propicio para los resbalones y las tampanadas subsiguientes.

Tienen un mercado central precioso, No tan lindo como La Boquerí­a de Barcelona, pero al parecer más grande (según los valencianos el más grande de Europa). Aparte de la funcional belleza arquitectónica, pues es muy luminoso, la distribución de tiendas por género al uso costero (fruterí­as por un lado, carnicerí­as por otro, más allá las pescaderí­as…) le hacen, ya digo, de lo más bonito y útil que he visto. Un auténtico gustazo esa combinación de pragmatismo y arte en un solo edificio, algo ejemplar.

Casi al lado está la vieja Lonja de la Seda, prueba de la pujanza del puerto a finales del siglo XV (cuando se descubrió América). Edificio al que tildan de gótico civil, pero ya tiene trazas renacentistas; a dí­a de hoy solo pasamos por sus apenas cuatro habitaciones los turistas. Es impresionante por tamaño y planta, pero también por sus delicados relieves y artesonados.

Caminando hacia el interior te encuentras una corrala llamada Plaza Redonda, cuajada de andamios y redecillas pues está en proceso de restauración, pero me agradaron sus tiendas de mercerí­a, muy habituales en Valencia, de hecho de lo que más he visto. Y no son franquicias de Zara, Benetton, etc… sino tiendas particulares que viven del género textil.

De allá pase a la Catedral de Valencia http://www.catedraldevalencia.es/  con su hermoso retablo, no pagué por el museo catedralicio, donde se expone el Santo Grial, pero si por subir a su torre, el Micalet, de 53 metros de altura y 207 peldaños en escalera de caracol. Vaya paliza. A tres cuartos de la ascensión estaba sudando y desfondado, con el corazón a todo lo que daba ¡y eso que subí­a andando! Eso si, las vistas de toda la ciudad son impresionantes; yo que aguanto mal el vértigo, lo pasé aun peor cuando las campanas repicaron las once de la mañana, haciendo retemblar todo el suelo del  mirador de la torre.

He comprobado que los valencianos comen mucho, al menos con respecto a mí­ que en los dí­as laborables tiro con el café de la mañana y una lata de refresco hasta la hora de cenar, mi única comida del dí­a, al estilo de los nómadas de las estepas. Ellos paran para hacer el almuerzo y la merienda, ésta última no sé pero en el otro –entre el desayuno y la comida- les he visto llenar bares para comerse no solo bocadillos sino platos enteros con sus zumos y sus cafés a precio económico 4€ (21,39 pesos). La verdad es que se pasan mucho tiempo en la calle, parecen gente muy vital y animada, siempre está todo ocupado, de permanente hora punta.

Cogí­ un colectivo interurbano para ir a La Albufera, lleno hasta la bandera por mor de que los jóvenes recién terminaron el curso y se van a las playas. Tal era así­ que a la altura de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la compañí­a Metrobus puso una lanzadera extra para los que iban a El Saler y aún le dio tiempo a volver para recoger a los que í­bamos a La Palma, allí­ conocí­ a dos chicas una bilbaí­na y otra turinesa.

Es ésta una localidad que vive del turismo, tienen inmensos salones-restaurante que llenan los fines de semana. Yo paré en el Restaurante Maribel, donde probé el plato tí­pico de la zona: el all-i-pebre (si me seguiste, ajo y pimentón) de patatas y anguila (el pez serpentiforme adulto cuyas crí­as son las angulas). Hay alguna barraca tí­pica de la zona, te dan paseos en barca por 20€  (106,93 pesos), 10€ por persona pero nos hicieron precio especial para los tres. Las barcas ya no tienen vela triangular ni van a pértiga, usan motor fuera borda y la zona no es espacio natural protegido, aunque los barqueros te cuentan mil y una anécdotas de la zona durante el trayecto.

Besos y abrazos,

Jose.

En Chinchilla de Monte-Aragón, a 26 de junio del 2009
Querida Silvana:

Prosigo donde lo dejé ayer: Esperábamos a un colectivo a las cuatro y media pero no existí­a y el de las seis y media se apareció a las siete; según la compañí­a a partir de la próxima semana ya entran en horario de verano con viajes cada media hora, pero esta última semana de junio siguen con sus recorridos aleatorios.

Mientras esperábamos tumbados en la hierba y tomando el sol, éllas me contaron que habí­an visto a un helicóptero de la Guardia Civil aterrizar frente a su restaurante, el dueño les dijo que era un loco que siempre va a comer allí­, a despecho de los cables de alta tensión de la zona.

También me dijeron que la coca de la que antes te hable se parece mas a un focacce (los argentinos le decí­s fugazza) que a una pizza, el secreto está en la masa al parecer, pues la pizza es una oblea de pan ácimo, y la focacce una masa horneada de pan con aditamentos varios.

Yo les conté del montaje de ‘La fura dels Bauls’ hablándoles de su actuación en las Olimpiadas de Barcelona, a lo que la vasca me contestó que ni se acordaba pues en aquellos entonces tení­a cuatro años. Me sentí­ viejí­simo, pues en el 92 yo tení­a veinte años más que élla. Es lo que tiene trabajar rodeado de chicas jóvenes, no captas que podrí­an ser tus hijas. Pero bueno allá estuvimos parloteando hasta la llegada del bondi.

Me dejo cerca de la Estación del Norte, a la que llegué tras atravesar calles de tiendas de moda regentadas por africanos. De la estación de tren me agrado más que su arquitectura modernista, el detalle de haber adornado sus falsas almenas con una estrella roja. También aprendí­ algo sobre las infraestructuras del nuevo AVE Madrid-La Mancha-Valencia-Alicante, que exponen en su interior.

De allá me fui a ver el Palacio de Congresos, pero me llamó más la atención el nuevo campo de fútbol aún por construir, así­ como los dos preciosos rascacielos construidos en los aledaños del palacio, mucho más bonitos e impresionantes que éste.

A la mañana salí­ de viaje de retorno y ahora me hallo en ésta localidad, antigua capital albaceteña (de hecho la actual capital Albacete esta 10 km. al noroeste y Fuentealbilla 15 km. al noreste), de ahí­ el aprecio que hay en la zona por el Barí§a, hasta compran el Sport, con eso te digo todo, solo por coleccionar los regalos, que si chancletas, que si mp3; con todo les he visto más remeras con el 10 de Messi que con el 8 de Iniesta.

En Chinchilla están haciendo preparativos para la representación de la jura de los fueros de la villa por los Reyes Católicos. Éstos con buen criterio para formar el reino, querí­an instaurar la Paz del Rey y que nobles y ciudades demolieran sus murallas y dejaran de guerrear entre sí­, los chinchillenses por suerte no se avinieron a razones (acá, de nuevo, que no nos capten los de la gestapo de la prensa madrileña, no se pongan a ladrar) e hicieron jurar a los soberanos que no demolerí­an sus murallas y torres, cosa que nos permite admirarlas a dí­a de hoy. Todo esto me lo contó el dueño del Restaurante Dalia, chaval joven y amante de la zona que nos explico todo lo que habí­a por allá.

Besos y abrazos,

Jose.

En Madrid, a 27 de junio del 2009

Querida Silvana:

No veas lo que era ayer la salida de la capital, tráfico denso en los dos carriles contrarios, pero cuando llegaba al lí­mite de la provincia de Madrid, mucho antes de llegar a de Tarancón dirí­a y hasta la bajada de Perales los coches estaban literalmente parados en dos o tres filas.

Esto me recuerda que no te hablé de los colectivos valencianos, su billete sencillo es 25 céntimos más caro que en Madrid, pero su bono de diez viajes, si bien no sireve para el subte, es 1,40€ más barato.

Con todo lo que más me llamó la atención es lo cuidados que están los vehí­culos. Acostumbrado estoy a las lí­neas 106 y 130 de Madrid, las que uso para ir y volver de la oficina, allá se junta toda la patulea de las temibles tres V: Vicálvaro, Vallecas y Villaverde, para ir a comprar mezcla al poblado de las Rosillas. Soportas su aspecto personal, que destrocen y ensucien todo lo que pueden, que fumen papel de plata en los últimos asientos, que tengan el bus como una cochiquera y que en cuanto te sientas en ‘su zona’ se pongan a berrear flamenco o cosa que lo parece, te parece normal (es un decir).

Yo siempre habí­a oí­do que en Valencia hay mucho malevaje. Sin embargo en los buses que subí­, por si quieres una combinación para la lotto 2-13-17-19-22-35-62-63-95, tení­an el auto impecable, nadie habí­a roto el martillo de emergencias, no habí­a restos de comida y bebida por los suelos y nadie montaba escandaleras o subí­a el volumen del celular a todo lo que daba, ni graffiti ni rayajos en los cristales… Me he quedado impresionado, por el ‘civismo’ de los desheredados de la tierra valencianos.

 Aunque supongo que como siempre que salgo de mi ergástula, todo me parece admirable. Me alegra huir de Madrid, si, ése es el término, huir. Sobre todo para darme cuenta de que en el resto de España, hay gente emprendedora, animada, vitalista (también hay gente que no, pero esa no la reseño) al contrario del estilo poltronero, obsecuente, dejado y funcionarial que gastamos en la Villa y Corte –quizá esto lo diga por lo abandonado y paradito que soy yo mismo-.

 No te me enfades porteña, pero las gentes de capital somos la hez con nuestras í­nfulas, que como toda soberbia no son sino fruto de nuestra profunda ignorancia. Creemos ser inteligentes porque repetimos como chiquilines las consignas de la gestapo periodí­stica: Sabemos leer, pero… ¿pensamos?

Me alegra que te llegara mi regalo, aunque sea 17 dí­as después y con un recargo de 37,40€ (200 pesos), menos mal que lo envié por Postal Express y no con la flota de indias. Ahora te intentaré mandar como unas setenta y seis fotos de mis vacaciones; no muy buenas, ni significativas, pero no sabí­a que tení­a que hacer un safari fotográfico.

Al llegar a casa me enteré de la muerte de una de las personas que más me marcó cuando era chico: Farrah Fawcett. Los setenta se destacaron por el cine porno-blando que por edad no podí­a ver, así­ que la primera mujer de la que me debí­ aficionar fue esta ‘íngel de Charlie’. Pese a ser más de veinte años mayor que yo, aún la llegué a apreciar en las últimos telefilmes que rodó allá en los noventa.

Me parece guapí­sima, no tanto como vos, faltarí­a más, pero acá una foto:

(http://media.photobucket.com/image/farrah%20fawcett/crubens/Farrah_Fawcett.jpg)

También me enteré de que hay legislativas en la Argentina. Cuéntame lo que puedas de allá.

Besos y abrazos,

Jose.


PD: No se si esto me quedó un poco largo.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Junio 29, 2009, 09:53:14 p. m.
Nota: He tenido que publicar estas dos historias partidas porque el servidor me ha comunicado que me excedí­ en el lí­mite de 30.000 caractéres.

Trí­ptico sobre el amor y la vida.

1.- Salida vespertina.


Un fin de semana cualquiera quedas con tus amigos. Cenáis comida rápida en casa de uno de ellos mientras os termináis de arreglar. Vais a locales de marcha donde decides no beber hasta pasada la medianoche. Tampoco bailas pues tienes la opinión de que bailar es de chicas y que tú todo lo más haces el ganso (que éso es de chicos). Así­ que te sientas a ver al personal haciendo la cobra, pues al igual que el ofidio se yergue y aplana su cuello al atacar, hombres y mujeres echan los hombros hacia atrás para impresionar a sus potenciales parejas.

Uno, veterano que colecciona más nóes que sí­es, ya sabe que sus oportunidades en esas primeras horas en que las mujeres aún son selectivas y el criterio de búsqueda es el puramente fí­sico no tiene mucho que hacer. Mejor me espero a que bajen el listón, o a encontrarme a las que solo han salido a tomar unas copas, hablar y divertirse un rato, sin más pretensiones; suelen ser con las que mejor te lo pasas, aunque no haya sexo al final de la jornada. Las mujeres son más divertidas conversando no bien intuyen que no buscas otra cosa. En cuanto se dan cuenta de que no supones un peligro, abandonan su envaramiento, se relajan y se ponen a parlotear.

Muchas de las noches más divertidas suelen pasar entre conversaciones y risas, cuando vas de caza estás más crispado, incluso aunque te cobres la pieza. Al dí­a siguiente presumirás de haberte calzado alguna tí­a. Pero con sexo y todo, y precisamente por el sexo, suelen ser noches más agobiantes, al menos para los que carecemos de espí­ritu competitivo.

Pero volvamos a la pista de baile, que ya se va despejando por mor de las parejas que se van formando y las que ya vení­an formadas que van dejando el sitio libre e incluso abandonan el local. Entre los remanentes gente que va de la barra a la pista y de la pista a la barra, mala táctica para lucir apostura no solo por el ir bebido y sudado, sino porque no se sabe bien dónde estás, lo mejor si quieres ser visto es permanecer fijo en un sitio. De allí­ viene huyendo un amigo con cara de fingido susto, entre risas nos comenta –“Casi me engancha la salida”.

La salida, no conozco ni su nombre, es una treintañera bastante impopular incluso ente los hombres. Es un desdoro que te vean marchar del disco-pub con ella del brazo; al dí­a siguiente te convertirás la comidilla de tus amigos y somos muchos los tipos que anteponemos el ‘qué dirán’ al sexo, aunque las mujeres estén convencidas de lo contrario. La verdad es que da un poco de pena, o la darí­a si no fuera una lianta; ahora mismito está orbitando alrededor de una pareja, qué ya hace falta ser descerebrada, o tener muy mala onda en plan ‘si yo no me divierto, no se divierte nadie’.

Date. Lo que dije. Ya se ha montado, la otra se ha mosqueado, hay chillidos, empujones… Yo me marcho fuera antes de que la cosa se ponga peor. En la calle fumando un cigarro veo como la echan los de seguridad hecha una pena, está llorando. Me acerco a ella como quien pasa por allí­.

-“¿Algún problema?”
-“¿¡A ti qué te importa!?”
-Bueno. Como te veí­a llorando.” -Sigo diciendo con voz suave, ella intenta calmarse mientras me mira de hito en hito.
-“¿Puedo ayudarte en algo?” –Prosigo más por cortesí­a que porque verdaderamente me importe.
-“¿Me acompañas a casa?”.
-“Claro. Cómo no.”

En su casa pasa lo que pasa. Sintiéndonos dos extraños (no tengo más que ver su mirada desenfocada y embrutecida), me pego una ducha y me voy.

Es dolor y no pequeño
ver que en cosas del amor
yo, más que depredador
vengo a ser un carroñero.[/color]

2.- La Reina de la Noche.

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Vuelves al garito a tomar la pénul y ver quien ha quedado de tu grupo. Allá en la barra divisas a una chica joven que incomprensiblemente no tiene emparejamiento. Sólo un pelma de corriente alterna está en sus cercaní­as. Este espécimen de hombre suele ser de lo más aburrido estando sobrio. Bebido no mejora mucho. Suelta frases aisladas que pretenden ser ingeniosas y luego, al no conseguir captar el interés de la gente, vuelve a encastillarse en su mutismo. Es de ver, conforme pasan el tiempo y los tragos, como su mirada estólida va crispándose al no ser el centro de atención hasta parecer un loco furioso y mudo.

Pues bien, ahí­ está el brasas actuando como una farola fundida: se va calentando, se va calentando y dando un paso adelante suelta una frase tras la cual se repliega a ver que efecto produce; como la chavala le ignora con cara de abatimiento, el tí­o se retrae en principio, sigue bebiendo, se va calentando, se va calentando y vuelta a empezar. Pobre chica, voy a echarla un capote.

–“Hola. ¿estás con alguien o puedo acompañarte?”.
Mirada desconfiada –“He venido con unas amigas”-titubea.
-“Mmm. ¿Entonces las esperamos juntos o te dejo con tu ‘guardaespaldas’? –muevo la cabeza señalando al aludido. Ella se rí­e y me confiesa que sus amigas le han ido enviado SMS diciendo que no volverán. A mi no me apetece beber más. –“Salgamos a la pista” –propongo. Ahí­ se queda, el poste de la luz fundido. Pero en la pista hay un maromo bailando reaggetón furiosamente, cosa que no serí­a digna de señalar salvo por el detalle de que están poniendo música lenta. Camiseta sin mangas, pantalones anchos, poses sugerentes. Debe llevar un rato largo, cada vez que levanta los brazos exuda unos efluvios no precisamente balsámicos que tiran de espaldas. Menudo gañán.

–“Desde luego a algunas horas no hay más que babosos”-comento alegremente.
-“Uy, de ésos, así­â€ dice ella juntando sus dedos con la palma de la mano hacia arriba. Nos echamos a reí­r. –“¿Y si nos vamos?- propone ella.
-“Afuera hace buena noche. Podemos dar un paseo”-convengo yo. Salimos del antro.
-“¿Tienes coche?”-pregunta.
-“Si. Pero hoy le dado el dí­a libre al chofer”-Ante su cara de pasmo, admito-“Es broma.”-Se rí­e con esa risa cantarina tan linda que tiene.
-“La verdad es que en dí­as de fiesta, como voy a beber, no lo llevo. Prefiero volver en taxi.”-miento yo, la verdad es que no tengo coche.-“¿Pedimos uno? Por cierto, me llamo Jose(sic)”.
-“Bea. No, todaví­a no. Demos una vuelta.”

Mientras paseamos por la avenida charlamos animados, ella me va hablando de sus cosas, así­ me doy cuenta de lo joven que es: que si ha terminado el insti, que si va a empezar la facul, -“¿qué miras?”-pregunta más alegre que desafiante.

-“N-nada. Que podrí­a ser tu padre. Tengo casi cuarenta.”
-“A mi me van los tí­os mayores.” –Burlona me coge por la cintura con su zurda mientras yo le pongo mi mano diestra en su hombro derecho
-“Haces mal” –bromeo yo, ¿bromeo o escurro el bulto?-“Hay mayores que no tienen ni idea. No siempre la experiencia es un grado. Aparte de que ya no tenemos fuelle. No nos da el fí­sico. Una chica con un cuerpazo como el tuyo nos deja doblados.”
-“Probemos.”-Me desafí­a con voz ronca, mientras pega su costado izquierdo al derecho mí­o.

Y heme aquí­, suso mi cabeza el cielo (yuso mi ombligo la gloria) y a manderecha los esplendorosos dieci…muchos de Bea, la izquierda está abriendo el portal de mi casa.

Las chicas de hoy te la chupan sin que se lo pidas. Menos mal que la he parado a tiempo, temeroso de perder la poca potencia que me pueda quedar. Estaba ya arrodillada desabrochándome el pantalón cuando la he levantado del suelo diciéndole –“No hace falta”. Ha puesto tal cara de felicidad que me ha emocionado.

3.- Oh, Diosa bajo cuya advocación está el lucero del alba.

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Acá sigue tumbada a mi lado y sobre mi. Quizá sea esto lo que nos atrae a los maduros de las jovencitas. No buscan una sesión de sexo y luego te echan con cajas destempladas como sus maleadas hermanas mayores. Siguen necesitando el afecto ¿de un padre? Por nuestra parte los cuarentones ya no buscamos sexo contí­nuo y preferimos también la comodidad del simple roce o puede que solo pretendamos rememorar nuestro tiempo de adolescentes. Quién sabe. Él caso es que te sientes más seguro con ellas.

-“¿Qué haces?”-inquiere intrigada.
-“Nada. Bajaba a comértelo”-respondo mientras me detengo.
-“No” –gime-“Quédate aquí­. Abrázame.” –Me pasa los brazos sobre el cuello; mientras  mi í­ndice y anular izquierdos le acarician las vértebras de su columna nos damos besitos cortos y rápidos.

Nos duchamos juntos. Para que no se enfrí­e la espalda la sujeto casi en vilo, en realidad ella me ayuda aferrándose con las manos a la mampara de la ducha que trepida con nuestro movimiento. Cumplo a duras penas. Ya no estoy para estos trotes.

Desayunamos mientras esperamos a su taxi.
-“¿Quieres que nos volvamos a ver?”-le pregunto.
-“En realidad… tengo novio.”-dice contrita.
-“Un tí­o con suerte”-replico con reflejos y cierta picardí­a a pesar del mazazo.
-“Ssiiiii.”-exclama ella radiante.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Julio 12, 2009, 05:41:42 p. m.
Mañana lo dejo.

Con las pocas neuronas que sigueron a flote en el naufragio en óceanos de alcohol recuerdo que perdí­ mi juventud intentando dejar de beber.

Un par de copas con el café del desayuno y entre cinco y siete combinados al terminar la jornada, eso en dí­as laborables; los fines de semana, tras las copas del desayuno, me metí­a varios tercios de cerveza hasta la hora de comer; en la comida su buenos tres vasos de vino; en la sobremesa más copas hasta la hora de salir en donde me volví­a a hinchar de combinados. Llegó un momento en el que yo mismo me daba cuenta del desastre, en el que me decí­a "el lunes dejo de beber definitivamente". Y si, el lunes lo lograba, pero el martes ya estaba de nuevo en el abrevadero y así­, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta el punto de perder no ya la juventud, sino incluso la noción de lo ocurrido entre los noventa y el principio de este siglo.

En un tiempo que parecí­a eterno, cí­clico, repetitivo y aberrante, yo me prometí­a dejar de beber y yo me faltaba al respeto incumpiendo mi promesa; y el bochorno por mi dejadez me invitaba a beber aún con más desmesura, sin limitaciones ni amor propio, es más, intentando avergonzarme a mi mismo con mi degradación.

En eso, allá por el 2003, conocí­ a Silvana. Una compañera de trabajo venida de Buenos Aires. De entre lo primero que la recuerdo fue comentar que llamó a sus padres diciéndoles -"Papá, acá no hay más que bares. El tuxo es un paí­s de borraxuí§os." Me hizo gracia y me pareció una gran verdad, el alcohol es el soporte y evasión del cristianismo. Me explicó que sus padres eran catalanes huí­dos durante la guerra porque algún abuelo trabajó para el gobierno de Companys. Más tarde me contó cosas peores, como que se habí­a pegado con un tipo que iba completamente borracho en un bar y le habí­a dejado la cara marcada de un botellazo por cargarle en un Madrid-Barí§a (élla, como no, es culé); llorando más de nervios que de rabia por la multa de la demanda, renegaba de todos los bebedores.

Y yo, por ella, decidí­ que ésta vez si dejarí­a de beber. Y acontecieron hechos extraordinarios, siendo el menor él que perdí­ dieciocho quilos en un mes tan hinchado estaba, me vení­a grande toda la ropa que tení­a e incluso me bailaba el reloj en la muñeca y tuve que quitarle eslabones a su cadena. Pero hubo más, la escuchaba su deje porteño con la fanática devoción de quién escucha a la pitia del Oráculo de Delfos, creyendo que cada una de sus palabras estaba dirigida exclusivamente a mí­ y encerraba la clave para entender si no el universo, al menos el sentido de la existencia. La veí­a en todas partes, cualquier chica alta y morena me parecí­a élla, aún sabiendo racionalmente que no podí­a ser élla por hallarse a quilómetros de mi avistamiento. No dormí­a pensándola. Espiaba cada gesto, cada coqueterí­a cuando hablamos de temas laborales, cada comida que hací­amos juntos. Me poní­a malo cada vez que me dirigí­a la palabra. ¿Me poní­a malo? En esos momentos era el tí­o más feliz del mundo aunque no acertaba más que a balbucear.

Yo intenté quitarle importancia al hecho, ser ponderado y objetivo, no dejarme llevar por las emociones, mostrar una frí­a y elegante ironí­a, parecer estiloso, un tipo con mundo, de vuelta en la vida: En suma, me comporte como un perfecto gilipollas mediocre. Me decí­a a mi mismo "Por Dios, Jose(sic), que no eres un quinceañero. Que tienes treinta y seis años. ¿Dónde vas, ridí­culo de tí­?" No hubo manera. Entonces comprendí­ que la Universidad de la Vida me habí­a suspendido en todas las asignaturas. Fruto de este desorden la mañana del 31 de julio de 2004 estuve a punto de colapsarme. Lo que en principio parecí­a una taquicardia, se me traslado a las venas del cuello, donde notaba cada latido y de ahí­ al hemisferio derecho del cerebro donde cada latido parecí­a un tampanazo en la cabeza. Así­ durante horas. Los médicos me dijeron que estaba bien y que sólo padecí­a anemia. Les creo.

No voy a decir que conseguí­ dejar de beber. Los fines de semana, si me pongo un gí¼isqui, termino cepillándome la botella entera. Es lo que tiene ser un alcohólico. Pero ya solo pasa una vez por semana, algo es algo. Quién me lo iba a decir en aquellas informes e indefinibles eras en que me emborrachaba a diario.


Cuatro fábulas.

1.- La araña y la mariposa.

Enamorada de su belleza, cuando la araña atrapó en sus redes a la mariposa la adormeció con el veneno de su pico. La envolvió a todo lujo y sin reparar en esfuerzo en sedas para que se sintiera protegida yla visitó con regularidad para beber de su madurez y su hermosura. Grande fue su asombro cuando comprobó que la mariposa, lejos de volverse aún más radiante en su cobertor de seda, iba perdiendo el color y la vida con cada una de sus apariciones. La araña deseperaba, ¿cómo era posible que aquélla que le habí­a cautivado en libertad por su gracil independencia se hubiera transformado en un ser inerte y sin chispa?, ¿por qué no agradecí­a sus desvelos?, ¿Qué habí­a hecho para merecer esa mirada hastiada y mortecina?

Un buen dí­a la araña, harta de la situación, soltó a la mariposa que cayó con un sonido seco sobre el suelo. Preguntada por sus vecinas, la araña afirmó -"¿Sabéis lo que os digo? Son todas unas desagradecidas. Te desvives por ellas y ¿cómo te lo pagan? Abandonándose. Hice bien en librarme de élla; no era más que una carga."

2.- El cementerio de elefantes.

La vieja hembra condujo a la manada hacia la charca más próxima. Un camino largo pero soportable que habí­a recorrido cientos de veces durante sus muchos años. Por su experiencia era la lí­der, la que conocí­a todos los pastos y abrevaderos. Pero esta vez algo parecí­a haber cambiado. Ya deberí­an haber llegado y sin embargo atravesaban yermos de tierra fragmentada por la sequí­a. No deberí­a ser posible en esta época. Si algo le habí­a enseñado la experiencia es la cí­clica cotidaneidad de la existencia. Pero no conseguí­a dar con la charca. Poco a poco fueron muriendo los más jóvenes y débiles de la manada, incluí­da la propia vieja hembra lí­der. Los supervivientes, perplejos y sin guí­a no supieron adoptar más decisión que seguir junto a sus compañeros muertos. Total, la experiencia les decí­a que habí­a una charca en la zona. ¿Cómo iban a saber que los impredecibles simios-sin-pelo la habí­an desecado? Allá cayeron todos, incapaces de entender que las experiencias vividas no garantizan la sabidurí­a.

3.- El primer rebaño.

Preocupadas por los ataques del lobo, las ovejas se reunieron y decidieron que juntas se defenderí­an mejor del lobo. El proyecto no era malo, pero como todos los proyectos no se cumplió. A la hora de la verdad, cuando atacaba el lobo, las ovejas no presentaban un frente común: salí­an huyendo, así­ el lobo se hací­a con las rezagadas. En esos momentos la ví­ctima balaba -"¿Por qué a mí­, qué he hecho? ¿Es qué nadie va a ayudarme?" El lobo ni se dignaba en contestarla. Las demás ovejas contemplaban horrorizadas la escena -"Qué vergí¼enza. Ésto no puede seguir así­. ¿Por qué nadie hace algo?" clamaban ante el grupo, pero en su fuero interno se decí­an -"Mejor esa otra que yo. Que se hubiera cuidado como yo lo hago. ¿Yo qué culpa tengo? Bastante tengo con lo mí­o como para ayudar a las demás."

Paso el tiempo y el rebaño que ya seguí­a junto más por costumbre que por afinidad, conoció a los enemigos del lobo: los simios-sin-pelo. Éstos le ofrecieron cuidarles y defenderles del lobo y a fe que lo cumplieron. Tan feliz era el rebaño con esta asociación que cuando los simios-sin-pelo, para su seguridad, les propusieron trasladarse a un prado cercado por una empalizada de maderas, el rebaño aceptó sin darse cuenta de que nunca podrí­an salir de ellas. Pero lo peor vino después, cuando los simios-sin-pelo les dijeron a las ovejas que no podí­an estar todo el dí­a pendientes de éllas, pero que habí­an negociado un acuerdo con sus antiguos enemigos. En suma, que a partir de ese dí­a serí­an los lobos los que velarí­an por su seguridad.

4.- El conejo que alcanzó la libertad.

"Es indignante la prepotencia de los simios-sin-pelo. Todo lo vallan, todo lo cercan. Acaparan las tierras más feraces y nos arrinconan en montes pelados. ¿Hasta cuándo vais a aguantar ésto?" -Los conejos se miraron medrosos.

"¿Pero aún dudáis? ¿No veis como han cortado nuestra zona de paso para cultivar esa franja negra? ¿Os quedaréis parados o cavaréis un túnel conmigo?" -Todos miraron silenciosos y asustados a su congénere, pero ninguno le secundó.

"Cobardes. Yo seré libre." -Y el conejo cavó y cavó bajo la alambrada hasta acceder al territorio cercado por los humanos.

Era el más hermoso de los atardeceres y el conejo gritó al mortecino sol rojo, mientras corrí­a hacia la cinta negra -"Soy libre... libre. Veo la luz." Noto un fuerte golpe que lo aturdí­a.

"Mierda" -dijo el conductor del camión. -"No he podido esquivar al bicho".
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Septiembre 20, 2009, 10:20:23 p. m.
Baile ítha Cliath.

Nos conocimos en el vuelo de Madrid a Dublí­n. Tu vení­as de de pasar unos dí­as en la costa mediterránea según dijiste "dizzing and ducking" (por drinking and dancing). No entendí­ el chiste, sobre todo por esa costumbre vuestra de los isleños de no reí­ros tras soltar una gracieta. Te durmiste sobre mi hombro agotada como estabas. Entonces me enamoré de tus ojos gris plomizo como el cielo del Cantábrico, de tu pelo 'matutano' rubio oscuro y ondulado.

De cara a los demás eras fria y distante conmigo, incluso me hací­as caminar unos pasitos por detrás de ti como si aún existiera el apartheid. Pero cuando estábamos a solas en la casa que alquilamos te desatabas, llegabas a ser brutal. Y eso me poní­a. En principio creí­a que te hací­a daño, no serás la primera que me dice que la tengo un poco ancha y que le duele, luego ví­ que te gustaba hacerlo así­ y -vanidad masculina- me dije que no me iba a echar atrás: qué te va la marcha, pues vale, yo no me arrugo.

No te bastaba con afixiarme cuando acabábamos, no. Un buen dia mientras te agitabas encima mí­a me reventaste la nariz de un guantazo, empecé a sangrar y vi tu mirada desafiante y asustada, perplejo me incorporé, toqué la zona de mi bigote y bufé de risa; tu emitiste una risa liberadora de sonido siniestro. Me mojé los dedos con mi sangre y pinté con ella tus pezones. Te volviste loca de gusto.

Isla Desolación.

Anotación en el cuaderno de bitácora del 2 de octubre de 2009: Rompí­ el spinnaker al entrar en el Estrecho de Magallanes. Eso desetabilizó el palo mayor y hube de navegar a media vela entre la tormenta. A duras penas he conseguido anclar en un fondeadero en Bahí­a Inútil.

Anotación en el cuaderno de bitácora del 5 de octubre de 2009: No consigo salir de la bahí­a. No se que me pasa. El mar es oscuro y contra toda lógica se me antoja profundo y hostil. Mi ánimo me impide montar los aparejos.

Anotación en el cuaderno de bitácora del 10 de octubre de 2009: Me resulta doloroso describir como he llegado a Puerto Misericordia. Horas y dí­as sufriendo contra la subida de nivel ente el Pací­fico y el Atlántico, oyendo al el sombrí­o chapoteo de las aguas, viendo los amenazantes muros de Tierra de Fuego dispuestos a cerrar sus fauces sobre mi velero. Tengo miedo. Un miedo irracional, no quiero volver a la mar pero no se explicar por qué. Las autoridades chilenas me trasladarán al continente en helicóptero.

El Mercurio Digital, 20 de octubre de 2009.

Ha sido hallado en Monte Harte Dyke, Región de Magallanes y Antártica, el cadáver del navegante español J***. El occiso no presentaba signos de violencia si bien las investigaciones policiales en base a su diario de a bordo ofrecen indicios para pensar que su muerte no fue accidental.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Septiembre 28, 2009, 11:01:40 p. m.
Seré bueno. Seré digno. Seré noble.

 José dejame guardar el recuerdo de que vos sos lo mejor que me pasó allá en España.

Vaya. Es para sentirse halagado, lástima que me lo digas a diez mil quilómetros de distancia.
-"No quiero ser tu mantenida" -Me decí­as cuando hací­a de paño de lágrimas tuyo.
-"NO SOS mi mantenida," -te respondí­a yo - "lo hago porque me importas, sólo por eso; no me gusta verte pasarlo mal, de ahí­ que te ayude en lo que pueda."
-"Xa, pero xo nunca podré pagarte todo esto"
-"No me debes nada, ni tienes que hacer nada por mí­, ¿vale? Somos amigos, punto. Es más, soy yo el que está en deuda contigo, eres una muj..., mmm, persona... mujer maravillosa. Te debo mucho, créeme.
Te debo más de lo que alguna vez tendré el valor a explicarte. Gracias a ti descubrí­ que mi brillante armadura estaba hecha de cristal: sólo reflejaba la brillantez ajena. Cuando se hizo añicos, me senti ridí­culo.


Para mi siempre fuiste un buen amigo, nunca pretendí­ darte pie a que pensaras otra cosa.

Sin embargo yo recuerdo cierto dí­a en la cafeterí­a del trabajo, en que estando yo repanchingado en una silla como nos corresponde a los osos te acercaste sonriente a hablar conmigo. Estabamos solos los dos, nadie podí­a vernos. Mientras me hablabas te situaste tan cerca de mi que tuve que abrir las piernas para no tocar las tuyas. Ahí­ estaba yo confuso, con la bragueta de tus vaqueros a la altura de mis ojos, intentando no pensar o mejor dicho controlar el impulso de colocarte las manos en las caderas. Después de todo, trabajo en un entorno femenino, ya me he acostumbrado a ir con la cabeza gacha, a no levantar la voz ni a hacer gestos bruscos, se que os asusta la impredicibilidad masculina.

Así­ que reprimiendo mis malas ideas di en mirarte a la cara, cosa que rara vez suelo hacer con las personas. Y lo primero con lo que topó mi vista fue con tus pequeños pechos marcándose en la remera que llevabas, tení­as los brazos echados hacia atrás. Cuando te miré a los ojos vi algo parecido a una expresión burlona, esa sonrisa de superioridad que me dedicabas... Se me subió la sangre a la cabeza, digo la de arriba, me ardí­a toda la cara hasta las orejas y me eché a reí­r como niño al que han pillado en falta. Lo sabí­as ¿verdad? ¿Sabí­as lo mucho que me gustabas y estabas jugando con mis nervios? Mira que os encanta aturullarnos y tenernos ahí­, amansados. El saco de músculos éste, helo acá indefenso, comiendo de vuestra mano. Que gracia. Ni siquiera recuerdo de que hablabas en ese rato.

Espero que encuentres una mujer que te haga bien. Yo no me porté muy bien contigo.

Tampoco te sientas culpable. No hice nada que no quisiera hacer. Y ya sabí­a lo que me esperaba a cambio. En fin, ya soy mayorcito para tomar mis propias equivocaciones.
-"Seguro que me odias" -me dijiste en el aeropuerto de Barajas antes de embarcar en el vuelo de Aerolí­neas Argentinas que te llevarí­a definitivamente a tu paí­s.
-"Nooo" -respondí­ con total confianza.
-"Nunca olvidaré todo lo que has hexo por mi."
-"Yo tampoco te olvidaré nunca. Te escribiré todos los meses".
-"Si, xa. Éso decí­s ahora".
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Noviembre 01, 2009, 12:08:50 p. m.
El (siniestro) doctor López Ibor.

Tomaba la segunda copa en la esquina de la barra cuando se me acercó un tipo huesudo y con gafas y se puso a recitarme su mantra vital.

-"No hay que mirar por nadie, me lo ha dicho mi psiquiatra. Hay que pensar en uno mismo, sino los demás se aprovechan de ti".
-"Mmjm".
-"Mira sino las mujeres. A mi me han echo mucho daño. Porque son todas unas egoí­stas que solo piensan en éllas mismas. Menos mal que mi psiquiatra me ha dicho que no piense en los demás, que se busquen la vida.
-"Ya."
-"Y es que encima ahora no se las puede hacer nada. Ni a éllas ni a las serpientes. Las mujeres y las serpientes están protegidas."
-"¿Quieres algo?" -Pregunto ambiguo al charlatán malencarado viendo su vaso vací­o.
-"No, gracias. Te voy a decir una cosa: Yo he ido al psiquiatra pero no por culpa mí­a. No pienses que soy un loco."
-"No lo pienso, es que te han tratado mal."
-"Exacto y los peores han sido los Salesianos."
-"¿Y éso?"
-"¿Tu no sabes que tienen una base de misiles debajo del patio del colegio? No lo sabe nadie, pero yo capto el ruido ultrasónico y por éso he tenido que ir al psiquiatra..."
-"Ah."
-"...y por éso me ha dicho que no mire por nadie. ¿Tú no sabes que los ruidos ultrasónicos te vuelven loco? Lo dijo el doctor López Ibor. Pero yo no estoy loco, es que se aprovechan de mí­, pero yo desde ahora no voy a hacer nada por nadie. Bueno, me tengo que ir."
-"¿Sabes que tu amigo se ha ido sin pagar?" -Me pregunta el camarero.
-"Me lo creo, su psiquiatra le ha dicho que no mire por nadie. ¿Te pago yo lo suyo?"
-"No déjalo; la próxima que se corte un pelo ¿no?"

De regreso a casa me cruzo con la vecina del piso de abajo, una señora solitaria y rara. Sin embargo la mujer es afable y habladora:

-"¿Le ayudo, señora ***?
-"Ay, si, gracias majo. ¿Oye quí­en eres que te creo conocer?"
-"El vecino de arriba."
-"Ay, es verdad. Mira es que como no salgo mucho, ni siquiera para ver a la familia, vienen éllos a verme a mi. Mis hermanos son unos linces para los negocios. Les iba bien en el Paí­s Vasco, pero se tuvieron que ir por el odio. ¿Cómo puede haber tanto odio? Aquí­ se establecieron en Getafe y tienen una empresa que vende piscinas y les va de maravilla."
-"Mira qué bien."
-"Y es que ahora hay mucho odio, no entiendo porque la gente es así­."
-"Ni yo."
-"Sin ir más lejos aquí­ ponen música durante la noche, yo ya se lo comento a otros vecinos pero no se puede hacer nada."
-"Bueno, son los estudiantes del piso alquilado, o los emigrantes trabajadores que viven en el piso de la empresa de limpiezas."
-"No, no solo ésos. Alguien pone un ruido bajo y constante. Ése ruido contí­nuo te puede volver loco. Lo dijo el doctor López Ibor, ¿le conoces?"
-"Me suena a nombre de ministro, serí­a un pariente."
-"A lo mejor si. Pues bueno a lo que iba, el doctor López Ibor era muy sabio, estudiaba cosas de la mente y descubrió que si pones un ruido constate y bajo a las personas, se vuelven locas. Claro, le prohibieron hacer estos experimentos. Figúrate, volví­a loca a la gente. Y dicen que alguien lo mató por eso."
-"¡Aah!"
-"Pero bueno te estoy entreteniendo. Dirás 'qué anciana que no para de hablar'..."
-"Noo, qué va."
-"...Bueno pues gracias. No te molesto más."

Dale la vuelta al nombre.

Mientras se ataba las grebas a los tobillos, Zerep Ajrob pensó que en el fondo era un hombre afortunado.

No sólo habí­a nacido en la capital del imperio sino que además, habí­a tenido la fortuna de ser admitido en la escuela de cadetes de la Guardia Imperial. Cuando le cambiaron de destino tan solo le hicieron ir a la prefectura de los villorios del sur de la capital, donde se hacinaban servidores y esclavos, a mantener el orden.

"Fue ahí­" -pensó Ajrob- "donde se decidió mi destino. En un dí­a como el de hoy, en el que la Guardia Imperial realiza maniobras en el sur de la capital." íquel infausto dí­a de antaño Zerep y su cohorte -en su mayorí­a coloniales de ultramar- salieron con todo el entusiasmo del mundo ante las disimuladas burlas de los imperiales. Y ese entusiasmo dió sus réditos, no solo reconquistaron la cota sino que obligaron a la Guardia Imperial a recular hací­a su campamento. A la final, los imperiales recuperaron el terreno y llegaron al campamento del las tropas locales, pero ya no se reí­an, antes bien les recriminaban

íquel fue el dí­a más feliz de Zerep Ajrob, pensó que su despliegue y valor en aquellas maniobras le abrirí­an las puertas de la Guardia Imperial. En lugar de éso se encontró con un traslado al Regimiento del Norte, en la antigua capital. Fuera la decepción o el rudo clima, Zerep no guarda buen recuerdo de aquellos tres años de reclutamiento, dedicados principalmente a cocinar, limpiar y barrer, ni siquiera participaba en las maniobras del regimiento.

Fue su peor época, pero a él le seguí­a gustando la milicia. Era consciente de que nunca entrarí­a en la Guardia Imperial, pero aquello que no era más que su sueño de niño, ahora, ya adulto, trocose en la posibilidad real de ganarse el puesto en cualquier guarnición. Fue así­ como acepto enrolarse en los guardacostas del Mar Antiguo: poco trabajo y la playa al lado.

"Ah. Ahi llega la Guardia Imperial" -Se dice Ajrob. Fastuosa y soberbia, como siempre; los mejores soldados venidos de todos los rincones del Imperio. Ahí­ están, felicitándose mutuamente por los nuevos carruajes obsequio del mismí­simo Emperador. Ajrob no conoce a ninguno de éllos personalmente; a decir verdad, de sus compañeros de la escuela de cadetes de la capital ninguno llegó a formar parte de la Guardia Imperial, todos provienen de otros regimientos excepto sus veteranos y famosos capitanes Luar y Utig tan diferentes como la noche y el dí­a.

Tampoco tení­a conocidos suyos hace un par de años, cuando la Guardia Imperial realizó maniobras navales contando con los guardacostas del Mar Antiguo. Ése dí­a también Zerep se destacó por su capacidad combativa, salieron derrotados como no, pero al contrario que hace seis años, nadie se acordó de él.

Ajrob pidió el traslado a la capital y le han vuelto a encomendar en la prefectura de los villorios del sur. Bueno, al menos le queda cerca de casa. Hoy toca maniobras contra la Guardia Imperial. La cohorte de Zerep Ajrob está lista, los imperiales sin embargo parecen molestos por estar allí­ perdiendo el tiempo...

Ajrob sabe que han hecho todo lo posible tal y como lo tení­an planeado. Una táctica antigua como la guerra misma: atacar los flancos del enemigo, envolverle en una pinza. Y aún así­ ni él ni sus compañeros, todos exultantes, dan crédito a lo ocurrido; han conseguido forzar la huí­da en desbandada de la Guardia Imperial. Él, como los demás, es incapaz de precisar sus sentimientos en estos momentos, una especie de avergonzada satisfacción, una incrédula exaltación. ¿Qué ha pasado? Lo sabe porque lo ha vivido, ha sido una de las piezas fundamentales de la cohorte de la Prefectura Sur de la capital. ¿Cómo ha podido pasar? Ni idea. Pero los imperiales han sido destrozados. "¿Es la gloria, lo que he alcanzado?" -se prejunta Ajrob Zerep. "¿Por unas maniobras?" -se contesta irónico.

No es momento ni lugar para las reflexiones, sus camaradas le arrastran a celebrar el triunfo.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Noviembre 22, 2009, 12:16:21 p. m.
Durmiendo.

A veces sueño que estoy despierto dando vueltas en la cama sin poder dormir. Se me dirá que quizá lo que estoy es despierto. Yo convendrí­a en que ésto es así­ si no fuera porque cuando me levanto para ir al baño me encuentro al encender la luz con que estoy en la oficina vestido en pijama, cosa rara pues no suelo dormir con pijama; o si lo que voy es a la cocina a beber agua, al abrir la nevera me veo en la calle, pero acá no llevo pijama, llevo echado el edredón por encima a modo de capa chubasquera.

Para compensar, cuando mi subconsciente está contado un cuento al niño de mi consciente, éste le interrumpe en ocasiones por alguna rareza del relato. Este desvelo por la crí­tica cinematográfica no llega a despertarme y mi subconsciente, paciente, continúa el relato donde lo dejó, como se muestra en este ejemplo.

Camino por la calzada que hay entre los bloques de pisos que conducen a la casa en que viví­a cuando era niño, un poco por delante de mi va mi familia o eso creo ya que son un hombre, una mujer, una niña y un niño que siempre están de espaldas a mi yo estoy rezagado porque intento que un perro al que llamo Max no ande curioseando por ahí­, nunca hemos tenido perro ni se me pasa por la cabeza atarle con una cadena. Llegando al descampado de la parte trasera del edificio, de la acequia del lateral de la calzada, de una especie de madriguera salta un gatito pequeño, espero que Max no lo haya visto pero por si acaso le agarro de la correa del cuello. A pesar de su estado de alerta, Max se tranquiliza y se tumba, en esta posición se pone a orinar ¿? con tan mala suerte que salpica a un huskie con el mismo pelaje que el gatito. Éste se tumba y en represalia le cubre de orines a Max; no se si estoy aliviado o decepcionado porque mi perro no hace nada y aguanta el chaparrón sin protestar.

Mientras tanto mi familia está doblando la esquina del edificio y entra en el portal 93 yo me quedo extrañado pues esa calle solo está numerada hasta el 47 curiosamente no me llama la atención que no hayan entrado en nuestro portal el 45, sino en el anterior. Entro apurado y mientras subo las escaleras compruebo que el descansillo orientado al sur entre piso y piso tiene las ventanas tapiadas con cemento pese a lo cual entra la luz del dí­a. Al llegar a nuestro piso, el cuarto, mi familia sigue subiendo y yo me encuentro con un grupo de niños apoyados en la barandilla o la pared que son de la misma altura que yo. En el descansillo del cuarto al quinto sale hacia la calle una escalera, miro hacia el quinto y los dos puertas están tapiadas, miro hacia el cuarto y lo mismo, los niños ya no están.

Al bajar las escaleras que salen desde el quinto hacia la calle compruebo que estoy en la estructura de hormigón de un edificio, subo unas escaleras y desde allí­ veo a mi familia ya muy alejada irse hacia mi izquierda; tras bajar de mi posición y ascender giro yo también a la izquierda donde tras bajar y subir dos veces la escaleras me encuentro en una acera que hacia el sur termina en un andén, a duras penas veo a mis padres doblar la esquina. Cuando llego al andén veo una marquesina de autobuses y unas escaleras mecánicas largas por las que está subiendo mi familia. Me detengo a leer el poste y veo que tiene el emblema del metro de Londres y el nombre de la estación "Nube Blanca". Oigo un ¡vamos! y voy hacia las escaleras pero me detengo al ver a mi vecina...

Conviene aclarar que es mi vecina y no lo es. Cuando yo era pequeño, en la puerta de mi derecha viví­a Mari Carmen una chica dos años mayor que yo, en el portal de mi izquierda en la terraza contigua viví­a Azucena una año mayor que yo y en el portal de mi derecha terraza contigua a la de Mari Carmen, viví­a Paloma también un año mayor que yo.

Mi vecina tiene el pelo largo azabache y liso de Azucena y la cara de muñequita de Mari Carmen, pero la boca en vez de ser pequeñita es carnosa y sensual como la de Azucena. Se aparta el pelo con la mano derecha mientras con los ojos entornados parece mirar algo que hay en su regazo, con el pelo cayéndole como una toca, la frente despejada, parece la Virgen Marí­a. Cuando miro hacia las escaleras estás son muchí­simo más largas hay gentes con polos a rayas horizontales subiendo por ellas. Ya no veo a mi familia. Al volverme hacia la vecina veo que nos separan las mamparas de metal y cristal de la estación de menos de un metro de altas. Pienso en saltarlas. Pero entonces me despierto.

La plataforma 215.


La verdad es que estaba abochornado de prestarme al juego del predicador. Le habí­a visto por primera vez en St. Stephen's Green y me habí­a parecido ridí­culo con su cara enrojecida y congestionada gesticulando y gritando "repent, repent, repent, 'cause God Almighty...". Me eche a reí­r casi sin querer y me puse a hacer el payaso a su alrededor. Sorprendentemente los dublineses empezaron a echarnos peniques. El predicador lo vio codicioso y pasándome el brazo por el cuello me dijo "Muchacho, tu y yo haremos negocios juntos".

Y allá me llevaba por la calle peatonal Grafton hasta casi el Trinity College buscando una cruce donde no hubiera ya otros pedigí¼eños: una sonriente madre que recaudaba mientras su hijo, un chiquilí­n que no tendrí­a ni diez años, tocaba asombrosamente el violí­n, alcohólicas que empujándote con el hombro te pedí­an un cigarrillo o nubes de niños rubios vestidos de gris que te perseguí­an chillando “Gotta pea? Gotta pea?”.

El reverendo mentí­a de un modo increí­ble, con toda naturalidad me presentaba como un salvaje de la Patagonia, o un zí­ngaro huido del otro lado del Telón de Acero, como un paria perseguido por los malvados sectarios Kriss o como un tuareg maldecido por un caid egipcio. Yo reí­a y hací­a reverencias a la gente como un mono de feria mientras aparentaba no saber una palabra de inglés. A la hora de repartir los magros ingresos el pastor se quedaba con la mayorí­a, pero a mi me daba para comida y alojamiento con mi parte.


Me enteré por un amigo dublinés que en el puerto de Dun Laoghaire ofrecí­an un trabajo de suplencia temporal en las plataformas petrolí­feras del Mar del Norte, pagaban 1.000 libras esterlinas (unas de 1.200 libras irlandesas) por un mes de trabajo. Éramos pocos los voluntarios, supuse que por lo corto del contrato y yo fui seleccionado dentro para formar parte de la brigada de catering crew (comidas, limpieza, etc…)

Allá que partí­ con los otros trabajadores hacia el puerto de Glasgow y de ahí­ en tren hacia el puerto petrolero de Aberdeen. Ya en la plataforma pude entender porque habí­a tan pocas personas dispuestas a trabajar allá por muy bien que pagaran. Eran un trabajo durí­simo ya sólo las labores de mantenimiento. Pese a ser una mole, la plataforma daba la impresión de ser una construcción de palillos ante el permanentemente picado océano. Gruí­stas, mecánicos y operarios se llevaban la peor parte del tambaleante trabajo.

Yo debí­a recoger sus monos y llevarlos a la lavanderí­a para que estuvieran listos al siguiente turno y obviamente fregar toda la suciedad que quedaba acumulada por los estrechos pasillos de la mini-plataforma de los barracones, también me tocó repintar sus paredes suspendido en el vací­o sobre un andamio, a mis pies el oscuro y rumoroso mar del que en ocasiones esperaba ver salir al kraken.

Todo era barro y grasa, humedad y salitre que se pegaba a tus ropas y tu cuerpo y no parecí­a que hubiera manera de sacarla. Incluso cuando estabas limpio el olor a puerto parecí­a perseguirte. El único rato divertido era durante la sobremesa de la comida de mi turno, cuando a los demás animados por el grog, les daba por berrear a coro patrióticas canciones irlandesas y escocesas. Aprendí­ un montón de ellas.


Pero aunque sólo fuera por el dinero, mereció la pena pasar aquel mes. Ya de vuelta a tierra firme, allá en Aberdeen me sentí­ torpe andando en tierra firme, mis compañeros veteranos se rieron de mi y me dijeron que ese mareo se curaba echando el ancla entre las piernas de alguna mujer.

Así­ que después de ingresar la mayor parte del dinero en el Barclays Bank, nos fuimos de pintas por varios pub. Yo me fije en una chavala regordeta de pelo y ojos castaños llamada Ashley no solo porque coincidiéramos en dos pubs sino porque no paraba de mirarme. Era más o menos de mi edad y tení­a una voz bonita y una risa cantarina.

Fuimos a un motel, que se empeñó en pagar ella, quizá para demostrarme que no buscaba mi dinero. Ni siquiera me pidió que la llamara, le habí­a contado que yo viví­a en Dublí­n y allí­ sólo estaba de paso, para no engañarla y ella lo habí­a aceptado: “aún así­â€ –me dijo- “vamos a un motel”.

Volví­ a mi isla contento y feliz pero sobre todo muy, muy cansado.
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Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Enero 24, 2010, 08:40:03 p. m.
El ermitaño desencantado

Tras muchos años de vida recogida, modales distantes aunque educados y actitudes cooperativas, Anessen Valdaglerion se habí­a labrado fama de ser un buen hombre. Y eso reconcomí­a su corazón pues se consideraba indigno de tal consideración.

Así­ que un buen dí­a empezó a componer un discurso en su cabeza, una de esas exposiciones largas que Anessen no tendrí­a el valor de decir, ni sus conocidos la paciencia de escuchar:

Cuando de chico dejaba comida en el plato me decí­an mis padres "ya vendrá la guerra y comerás de todo". En aquel mundo, se nos aseguraba que antes de llegar al nuevo mileno se habrí­a agotado el aceite de roca cuyo uso como todos los lujos se nos atojaba ya imprescidible. Según crecí­ la gran amenaza eran las armas forjadas con piedras de disformidad que causarí­an a no tardar nuestra aniquilación. He sobrevivido a tantos Apocalipsis.

De joven asistí­ al regocijo que causo el hundimiento del Imperio Oscuro que los analistas, con la ceguera propia de quien se sabe sabio, imaginaban petrificado e inmutable. De entre sus fiestas y fastos destaco que acá en los Viejos Reinos Decrépitos forzaron la creación de una moneda única que los nostálgicos del Imperio Oscuro querí­an equiparable a la moneda del Imperio Nuevo. Esto suscito burlas sangrantes de aquellos sobre los que la piedad aconsejarí­a silenciar sus nombres, pero que la verdad impone recitarlos: Pedro J. Ramí­rez, Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero, Antonio Burgos, Raúl del Pozo o Francisco Umbral reí­an a mandí­bula batiente y afirmaban tajantes que jamás la moneda única llegarí­a a valer tanto como la del Imperio Nuevo.

Fue mi juventud desdichada búsqueda de estabilidad en un mundo que de repente perdió su solidaridad paternalista. Agresividad, competitividad y éxito a cualquier precio se convirtieron en la Sagrada Trinidad del Nuevo Paradigma, era el fin de la historia conocida:



Cómo seguir el discurso, se planteaba Anessen Valdaglerion, contando mis penas o exponiendo sus consecuencias. Pensémoslo. Hablaré quizá de como perdi la dignidad, la salud y la autoestima buscando trabajo o bien seguiré ficcionando un metarrelato:

Antes de caer el viejo gobierno de la segunda restauración la gente sensata afirmaba que el paí­s estaba endeudado, curiosamente lo mismo que dicen hoy en dí­a "un paí­s puede quebrar, un paí­s puede quebrar" -repetí­an como monos aulladores- "y este gobierno nos lleva a la ruina." Con la alternancia en el gobierno los monos aulladores se amansaron, ni cien dí­as llevaban gobernando y "el Paí­s de los Conejos va bien" nos decí­an. (Pero yo he visto al Pais de Mi Sueños entrar en default).

El dí­a terrible que inauguró el milenio fue aquel en que dos torres de cristal se desplomaron como un alud. En el puerto de la Tres Veces Milenaria habí­a un destacamento especial de la Guardia del Marqués de Peñaflorida, ellos también estaban preocupados, pero no estaban allí­ por el atroz atentado sino protegiendo el enví­o de la moneda única desde nuestra pení­nsula hacia el Archipiélago de los Perros.

Decí­ase entonces de la sobrepoblación que arrasarí­a con los recursos del planeta, parece ser que la población humana se ha estabilizado, eso los sabios una vez más no lo anunciaron. He sobrevivido a tantos Apocalipsis.


Y entre tanto me he hecho viejo renunciando a vivir, pensó Anessen, como una vez al dí­a, trabajo a destajo, no tengo vida, ni intención de lograrla, ni posibilidad de tenerla. ¿Y para qué?

Así­ os digo a quienes escuchéis: Nunca vivais con miedo. Hacedlo vosotros que yo ya no puedo. Toda mi vida ha sido una triste renuncia, una engañifa asustado por los agoreros, ¿y para qué? Para verme solo y vencido por el paso del tiempo.

Así­ hablaba Anessen Valdaglerion.

Cuento tal y como fue enviado.

Saludos Silvana:

Bueno, esta vez llego el último pero felicidades a los dos. Acá se nos juntó todo, el San Valentí­n, los carnavales y el Año Nuevo chino, así­ que acotaron la Plaza de España (la que está al final de la Gran Ví­a, la de la estatua ecuestre de El Quijote) para celebrarlo con sus dragones de mil pies y sus tenderetes.

Ya vi vuestras fotos veraniegas en Facebook, qué envidia dais; mientras en Madrid con asombrosa precisión nos nieva todos los lunes. Te veo más rotunda y esa costumbre de mirar a cámara como si quisieras darle un mamporro al fotógrafo, hacen que te parezcas a Angelina Jolie. Me da que en España no es que fueras más joven -que también- es que estabas flaquí­sima.

Tenemos un nuevo trabajo en el que tengo que llevar escolta, tendrí­as que verlos, parece que me persiguen los Blues Brothers en un BMW.


Algo tengo que regalaros, así­ que os paso un enlace a uno de mis episodios favoritos de The Simpsons, en inglés que es más difí­cil de pillar (sobre todo Marge), pero con muy buenos chistes visuales.

A Streetcar named Marge (http://www.watchcartoononline.com/the-simpsons-episode-402-a-streetcar-named-marge)

También le he escrito a vuestra hámster si sigue por ahí­. En cuanto pueda os paso otros dos cuentitos sobre fútbol.

Un abrazo a los dos. Muchos besos.


(http://www.maniacworld.com/Hamster-Video-Game-Maze.jpg)

Cuando salí­ de la tienda de mascotas de la calle ívalos 1558, tuve que enfrentarme al Gran Infinito, caótico y espeluznante lugar lleno de difusos objetos de monstruoso tamaño y estrepitosos ruidos que los humanos conocen como Avenida Corrientes. Qué mal lo pasé hasta llegar al barrio de la Balvanera a la torre donde tengo mi madriguera en la calle *** primer piso, ascensor... bueno cuando funciona, lo cual sucede con menos frecuencia de la que desearí­an los inquilinos del bloque.

Hola, soy una hámster y me llamo Lis, sobreviví­ no solo a aquella experiencia traumática del mundo exterior sino también a la impericia de mis nuevos dueños.


Tengo para mi que los humanos son el eslabón perdido entre aves y roedores, pues tienen una cara chata y grandes ojos como las rapaces nocturnas, pero en lugar de pico tienen dientes como nosotros que suelen mostrar mientras hacen movimientos con el cuello -como los buhos- y emiten unos sonidos agudos en stacatto con los que parecen expresar felicidad mientras me ven. Otro detalle que avala mi tesis es el de que pese a poseer manos de cuatro dedos como nosotros, del talón de las mismas les sale un espolón como a las aves.

Nada me falta pues los humanos son serviciales y parecen tener un sentido especial para detectar cuando necesito más alimento, que se me limpie la madriguera o se me cambie el bebedero. También les gusta sobremanera observarme, cosa que -como a todas las hembras desde que el mundo es mundo- al principio me avergonzaba, pero ahora que ya tenemos confianza, nada me gusta más que exhibirme como una estrella sabiéndome el centro de su atenciones y su cariño.

Por desgracia son animales diurnos y no me dejan descansar a gusto, no paran de meter ruido, se conoce que el oí­do es su principal sentido y necesitan oí­rse constantemente; de hecho, hasta tienen aparatos que hablan por ellos permanentemente conectados. Por la noche, en vez de estar alertas, se sumen en el silencio, se conoce que no temen a posibles depredadores.

De vez en cuando me sacan de mi jaula a la suya, es un lugar con muchos escondites, pero por lo general, me mantienen en mi madriguera. Por si acaso en su ausencia han dispuesto para mi una rueda que giro y giro a modo de caleidoscopio, por las curiosas formas y colores que se forman entre sus barrotes. A veces le imprimo toda la velocidad posible para, aprovechando el efecto óptico, creerme con la facultad de levitar sobre la tierra. Luego me tumbo en el interior hasta que la rueda cesa su vertiginoso ciclo. Es una experiencia alucinante, un auténtico subidón.[/i][/color]

Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: Simpar en Enero 26, 2010, 06:42:33 p. m.
A mi me dices luminiscuente inarmónico y no te hablo más.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Febrero 21, 2010, 06:24:56 p. m.
Salud, Simpar.

Arreglado queda el desaguisado, gracias. No lo he mejorado mucho porque se me vino el tiempo encima y he desgraciado mi ordenador, actualmente lo tengo bajo mí­nimos; lo siento, otra vez será.

Gracias por colaborar.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Abril 03, 2010, 11:07:59 p. m.
La beba.

- "¿Dí­game?"
- "Soy yo, el tato. ¿Qué tal la peque?"
- "Bien. Aquí­ está tan tranquila. La he dado el bibe y le he cambiado los pañales."
- "Bueno. ¿Se porta bien?"
- "Si. Es un cielo. Le encanta mirarse en el espejo, debe ser que es chica. Y no le gusta salir a la calle, cada vez que intento ponerle el abriguito protesta."
- "Si, éso nos hace a nosotros."
- "¿No será que le queda pequeño?"
- "No, no creo, sólo tiene cuatro meses, y lo 'heredó' de los sobrinos de uno o dos años, pero si es verdad que se siente incómoda, quizá sea por lo crudo del invierno."
- "También tararea ya, yo que la veí­a muy calladita como suelen ser los negros"
- "No te creas, entre ellos hablan como cotorras, pero delante de un blanco si es verdad que se quedan mudos."
- "¿Será por aquello de la lengua materna?"
- "Qué va. Si sus abuelos no pisan la Guinea desde la independencia allá por 1968, formaban parte del ejército colonial y les ofrecieron incorporarse a las nuevas fuerzas armadas de Guinea Ecuatorial o seguir en el Ejército Español y eligieron ésto último."
- "¿Desde el sesenta y ocho? O sea, que llevan en España desde que yo nací­."
- "Mmm... no. De ahí­ les trasladaron al Sáhara, al Polisario y las pasaron putas ante la actitud de los militares locales, que eran los responsables de todos los levantamientos y revueltas porque querí­an ser marroquí­s."
- "Buah. Y ahora ahí­ les tienes, diciendo que los españoles somos culpables y que vayamos a ayudarles."
- "Si, ¿no?. Nos hicieron la vida imposible hasta echarnos y ahora la culpa es nuestra por no volver y dejarles en manos del Rey de Marruecos al que tanto querí­an y deseaban. Hace falta tener jeta."
- "No, si... de verdad... A veces da mucha vergí¼enza oí­r a los famosetes de izquierdas. Pero a lo que í­bamos, entonces élla no oye más que español."
- "Si. Ten en cuenta que su madre será negra, pero nació en Vicálvaro."
- "¿Y no sabe guineano?"
- "Pero si no hay guineano; con todo lo pequeñito que es el pais, apenas veintiocho mil quilómetros cuadrados y un millón de personas -como quién dice Zaragoza y Teruel juntas- tienen nueve lenguas distintas. Y la abuela, que es la Obama, no conoce ninguna de ellas, así­ que la madre menos, sólo habla español."
- "Bueno, como yo veo a la bebita ahí­, vocalizando... Entona unas parrafadas de vocales inconexas mientras agita los bracitos y patalea, como si fuera un derviche turco salmodiando a un dios de la alegrí­a."
- "Siiii. ¿Pero a que lo hace cuando tu no la ves?"
- "Pues si. Cuando estás delante está callada y con los ojos abiertos como platos mirando mientras la hablas."
- "Lo hace para que no te despistes. En cuanto no ve donde estás, canturrea para llamarte."
- "Aah, qué cuca."
- "Bueno, me paso por allí­ cuando salga de trabajar, a eso de las dos."
- "De acuerdo. Si quieres quédate a comer acá."
- "Vale, a las dos más o menos estoy allí­."

Las cosas que nos perdimos.

Ésta que acá véis es la Torre Espacial.

(http://4.bp.blogspot.com/_I3_lImpLzU8/SxAyi35SJ6I/AAAAAAAAA0A/RbSgfnQ6Pxo/s1600/aguasdanzantesnoche.jpg)

Al sur de la ciudad de Buenos Aires, fueron surgiendo villas construidas para los nuevos y pobre emigrantes, españoles e italianos principalmente. En una de ellas, Villa Soldati -llamada así­ en honor de su filantrópico fundador- se pensó, siguiendo la moda arquitectónica ochentera, construir un complejo para atraer el turismo y el negocio en una zona depauperada. Ése fue el Parque Interama, de capital suizo (actual Parque de la Ciudad). Como otros recintos modernos construí­dos en zona pobre lleva tras de sí­ su propio fracaso económico. A los porteños se les hací­a cuesta arriba viajar al peligroso sur de la ciudad con sus pequeños y aducí­an que el parque era muy extenso y con las atracciones desperdigadas, al estilo de un parque temático actual, muy distinto de los parques de atracciones de entonces con sus juegos pegados unos a otros.

El recinto y sus escasas atracciones fueron tirando hasta el default del 2001. Dos años después se cerró. Con todo, la Torre Espacial habí­a cerrado mucho antes. Nunca pudo hacer que sus miradores-restaurantes fueran rotatorios, aunque hay quien dice que éso ni siquiera estaba en el proyecto. Uno de sus seis cabestrantes está flojo, y la torre al menos en su altura, oscila; como puede comprobarse viendo el agua filtrada entre su doble cristalera de ventanales. Quizá sea porque a pesar de sus cuarenta metros de cimientos fue construí­da sobre un antiguo vertedero. De sus cuatro ascensores programados, sólo llegaron a funcionar dos; a dí­a de hoy obviamente ni éso y hay que chuparse casi una hora de subir escaleras herrumbrosas a oscuras para llegar al primer mirador.

Porque la Torre Espacial es el edificio más alto del subcontinete. Tiene 228 metros de altura y se la llama con ternura 'Excalibur' porque parece una espada incrustada en la tierra. Dos de sus miradores están situados en la cazoleta de la espada a más de ciento ochenta metros, y hay un tercero en el pomo a doscientos veinte metros.

Ved parte de un reportaje de Telefe sobre el actual estado de la torre:


Si encontrara tomas desde el mirador enfocando al Oeste, me encontrarí­a con el estadio de Nueva España:

(http://invasionfunebrera09.files.wordpress.com/2009/06/estadio_espana_2007.jpg)(http://img526.imageshack.us/img526/1633/espaolge4.jpg)

Construí­do a finales de los ochenta para ser el hogar del, en áquel entonces, pujante Deportivo Español. Un equipo de poco mérito, incluso en su mejor época con dos terceros puestos en la liga argentina, no pasaban de ser un Real Valladolid. Pero habida cuenta la gran cantidad de españoles que habí­a en la capital argentina, se acometió la construcción de un recinto para 38.500 personas. Era un proyecto excesivo, muy por encima de la capacidad real del club que se descapitalizó en el intento hasta terminar quebrando.

Obra en su descargo, ya dije, el gran número de españoles que llegaron en la segunda mitad del siglo XX, no penséis en términos polí­ticos (Argentina era una dictadura desde mediados de los setenta), sino económicos. Buenos Aires era una ciudad moderna y cosmopolita, muy distinta de las atrasadas y pueblerinas Madrid y Barcelona. Lo qué cambian los tiempos. En parte por el default encubierto de la dictadura en 1981. Pero ya se sabe, si de algo presumen los 'intelectuales' de derechas es del buen ejercicio económico de estas dictaduras, sea la argentina o la española (qué gracia éso de que éramos la décima potencia mundial cuando al primer año después de Franco tení­amos que reconocer una inflación del 275%).

Con todo sabed que las fotos del estadio son antiguas, que en 2009 se concedió al Deportivo Español, popularmente los gaxegos, la explotación del recinto y sus socios se movilizaron para pintarlo y adecentarlo. A dí­a de hoy 'los rojillos' pululan en la Primera Nacional B -la segunda B argentina-, con bastante mal balance de resultados, otra temporada así­ y descienden (allá se calcula por peor promedio a lo largo de tres temporadas).

Si desde el estadio remontaráis hacia el estuario por la autopista Veinticinco de Mayo, irí­ais a dar al puerto de La Boca. A su norte, en la base de isla formada artificialmente que a dí­a de hoy es una reserva ecológica, se encuentran los astilleros de la Marina "Domecq Garcí­a" actualmente gerenciados por Tandanor. Eran fruto de un proyecto de colaboración con la empresa alemana Thyssen Nordseewerke, también a principios de los ochenta. Los germanos construyeron dos submarinos de la clase TR-1700, que remolonearon en entregar a los argentinos hasta pasada la Guerra de las Malvinas; además, proporcionaron las piezas para que en los astilleros porteños montaran dos nuevos submarinos que nunca llegaron a ser completados:

(http://www.defesanet.com.br/imagens/argentina/jb/1_domecq_garcia.jpg)(http://i88.servimg.com/u/f88/11/98/11/59/dsc03210.jpg)

El astillero cuenta con una plataforma anfibia que permite alzar los buques desde la orilla a tierra firme como mayor orgullo técnico. A nivel económico, el default le benefició pues la bajada brutal de los salarios le permitió ser competitivos de nuevo. Su mayor logro es haber conseguido el contrato para reparar algunos naví­os de las Armadas chilena y peruana, de lo que esperan conseguir que su homónima argentina les conceda la reparación de los suyos, al menos los submarinos que al dí­a de hoy enví­an a revisar al Brasil. Argentina sólo cuenta con tres submarinos en su flota y los dos 'más modernos' son los TR-1700 con veinticinco años de servicio.

Siguiendo por el canal que separa la isla artificial del continente, en donde se ubica la supermoderna y ultrafashion Puerto Madero, nos podemos encontrar con el Casino de Buenos Aires. Dado que en la ciudad está prohibido el juego, a álguien se le ocurrió montar un garito flotante imitando a las barcazas de fondo plano que surcaban el Mississippi.

(http://lh4.ggpht.com/_gfe2thiOw88/SdPGz7FVybI/AAAAAAAADlw/w34u5zzYayA/Casino+Flotante-12.jpg)(http://www.badenoche.com/fotos/1417F2.jpg)

Al final del canal se encuentra la Dársena Norte, de donde parten los hermosos barcos de la compañí­a Buquebus. Surgida en principio como una lí­nea de ferries entre Buenos Aires, Colonia de Sacramento (la ciudad uruguaya que está frente por frente con la capital argentina), Montevideo y Punta del Este -localidad de verano de la gente bien-, se distinguieron por la incorporación de catamaranes, muchos de ellos de los astilleros de la célebre compañí­a australiana Incat, constructora de los barcos más rápidos del mundo.

Tal es así­ que uno de sus buques, el 'Catalonia' con capacidad para novecientas personas, tiene el récord de velocidad en travesí­a transatlántica conseguido al cubrir la ruta entre Manhattan y Tarifa en tres dias, nueve horas y cincuenta y cinco minutos, a unos cuarenta y cinco nudos por hora (83 km/h).

(http://www.marinelog.com/IMAGES/buq.jpeg)

¿Y qué hací­a por allí­? Pues veréis, Buquebus también tuvo que clausurar sus servicios, no tanto por el default como por la avaricia de sus nuevos socios españoles que querí­an patrocinar un puente aéreo entre Buenos Aires y Montevideo y no querí­an a la flota rápida local haciéndoles la competencia. Con todo y por no desaprovechar tan modernos y eficientes barcos, Transmediterránea los trasladó a España a cubrir trayectos propios, a alguno de ellos aún se les puede ver en el puerto de Algeciras, sirviendo en la ruta del Estrecho, o al propio 'Catalonia' efenctuando la ruta entre Barcelona y Mallorca.

Aún así­ a mi me gustan más los catamaranes pequeños como el 'Juan Patricio' de doscientas cincuenta personas y con poca capacidad de carga:

(http://3.bp.blogspot.com/_0YZ9bpIaPck/ScGcZYv-zJI/AAAAAAAAACM/s8nlZcAgVck/s400/juan+patricio+nuevo+logo.jpg)

Una visita virtual que te ofrece la propia compañí­a Buquebus:

http://www.buquebus.com/bqbPaseoVirtual/juanpatricio/juanpatricio.html (http://www.buquebus.com/bqbPaseoVirtual/juanpatricio/juanpatricio.html)

Concluyo hablando del subte, que a los usuarios porteños tiene a mal traer por lo elevado de sus tarifas y el mal servicio que presta. Siendo así­ que cuando acá en Madrid intentas coger el Metro con algún conocido argentino, este empieza azorado a proponer soluciones alternativas, que si vayamos en bus, que si en taxi, ¿no podemos ir andando?. Cualquier cosa menos el transporte subterráneo, casi hay que llevarles a rastras. Asombrados se quedan cuando ven, no ya el plano y sus transbordos, sino que los convoys llegan antes de los diez minutos de espera.

Y es que el plano del subte de Buenos Aires parece un manojo de puerros atado puesto en perpendicular al estuario. Apenas hay conexiones entre lineas, salvo en las cercaní­as de la costa. Con todo la lí­nea A tiene su magia especial, de hecho la cuidan para los turistas. Es fama que fue una de las primeras del mundo, construida en 1913, y que aún conserva con las debidas reparaciones los vagones originales comprados en Bélgica, con su delicioso estilo de hace un siglo.

(http://www.pattyce.com.ar/img/10/519-1.jpg)

Otro si, sus estaciones son por el estilo, con puntales metálicos remachados y paredes de azulejo, por no hablar de sus estaciones fantasma:

(http://3.bp.blogspot.com/_a2IE148tCVY/SGsjeJbxtTI/AAAAAAAAANo/1ex2WUOii7g/s400/subte+fantasma.jpg)

Es lástima que yo nunca haya estado en Buenos Aires, porque todo esto me gustarí­a verlo.[/color]
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Abril 25, 2010, 05:55:57 p. m.
Mentiras y gordas.

Crónicas del otro mundo.
J.A.I. Benarés 25/04/05

Nuestro entevistado, el escritor Horacio López Usera (Montevideo, 1961), es un gigante una o dos cabezas más alto que los demás. Se acerca con su atuendo de turista occidental en la cuna del Buda, chanclas, bermudas y chaleco del Coronel Tapioca. Dimos con él por casualidad, mejor dicho dió el con nosotros mientras filmabamos el reportaje de la ONG Namaskar, se nos acercó imponente hablando español con el peculiar acento del Rí­o de la Plata. Hechas las presentaciones, accedió a concedernos una entrevista.

P. ¿Cómo un uruguayo en tan lejanos parajes?
R. Bueno, yo podrí­a preguntarles como tantos españoles por acá. Estoy por turismo, nada espiritual ni cosas de esas, simplemente observar culturas distinas. Hice plata en mi juventud y me puedo permitir estos viajes sabáticos.

P. ¿En su juventud ya era tan alto?
R. Y bien, siempre fui más alto que los demás. Recuerdo que mientras los demás pibes querí­an ser como los delanteros del Peñarol, como Cubilla, Rocha o el anglo-ecuatoriano Spencer, yo querí­a ser arquero, mi í­dolo era Ladislao Mazurkiewicz, que fue declarado mejor arquero del Mundial del 70, fí­jese por delante de Yashin, Banks, Maier o Zoff. No vea lo que lloré cuando Peñarol lo traspasó al Granada español. Luego crecí­ aún más y recién ahí­ se concluyó mi sueño de ser futbolista.

P. ¿Y entonces probó el baloncesto?
R. Qué remedio. La cosa estuvo en que parecí­a ser bueno, me hicieron una prueba por Bohemios y me quedé.

P. Bohemios, un nombre premonitorio.
R. Si (risas). Quién me lo iba a decir entonces. Aunque podí­a sospecharlo, debuté muy joven y ya a los quince años era internacional con la absoluta uruguaya de básquetbol. De eso se siguió que me becaran para los campus de verano de las universidades estadounidenses.

P. ¿Cómo le resultó abandonar su pais tan joven?
R. Y bueno, bien. Aprendí­ muchí­simo allá, eran hiperprofesionales y cuidaban todo al detalle, la nutrición, los entrenos, la preparación psicológica, la motivación, e incluso la prevención contra el dopaje y las dependencias.

P. ¿Se quedó en Estados Unidos?
R. No, pasé algunos años pero regresé a Uruguay, era fijo en las convocatorias de la selección. Visto con perspectiva...(dudas) ...no vale la pena arrepentirse, pero a mi vuelta me fue mal. Estábamos en plena dictadura y al parecer mi pelo largo y mis ideas resultaban molestas, así­ que me recluyeron por posesión de estupefacientes.

P. ¿Estuvo preso mucho tiempo?
R. No. Me soltaron pronto, era más un escarmiento, un 'andate con ojo', que otra cosa. Además me necesitaban para el preolí­mpico.

P. ¿Era Vd. la estrella del equipo?
R. Y si, pero no solo por mi talento, sino por mi actitud, digamos que yo era un profesional rodeado de aficionados. Yo creí­a que habí­a que superarse a diario, los demás que habí­a que hacer lo menos posible, eso me ganó fama de conflictivo. Tení­amos buen plantel, ahí­ estaban Perdomo o Báez, dos ametralladoras, estaba Peinado, lo único es que eramos bajitos; yo con mis dos metros ejercí­a de rebotero y goleador. Jugaba más cerca del aro sólo por ser uno de los más altos.

P. ¿Y la competición?
R. Fue durí­sima pese a no estar EE. UU., ya clasificada como organizadora de las Olimpiadas. Pero estaban el Brasil de Óscar Schmidt, la Argentina de Campana y Milanesio, el Panamá de Frazer, Puerto Rico con Mincy y Piculí­n Ortiz, Cuba o el Canadá de Reutins y Wiltjer. No eramos ni de lejos los favoritos pero conseguimos clasificarnos.

P. Y en aquellas olimpiadas de Los íngeles'84 ¿cómo les fué?
R. Empezamos bien dando la sorpresa al derrotar a Francia y perdimos contra la España de Epi y Fernando Martí­n, más por culpa de los árbitros que porque ustedes fueran superiores. Curiosamente nos veí­amos capaces de todo, pero terminamos cuartos tras EE.UU., España y Canadá, lo cual selló nuestra suerte; en cuartos nos cruzamos con Yugoslavia y terminamos sextos en la competencia general. Sin embargo...

P. ¿Si?
R. (sonrí­e tí­mido) No está bien que yo lo diga pero terminé de máximo goleador del campeonato, por delante de Michael Jordan y Drazen Petrovic, aquello me abrió las puertas de Europa.

P. ¿Por qué no la NBA?
R. En aquellos tiempos incluso en EE.UU. la NBA era una coto lejano e inaccesible, era más fácil jugar en un equipo español o italiano. Yo, junto con el brasileño Schmidt tuve la suerte de ir a JuveCaserta que tení­a muy buenos jugadores italianos, Dell'Agnello, Exposito, Gentile. Fuimos un gran equipo y llegamos a jugar por el tí­tulo; por desgracia eramos el único equipo del sur (Caserta está un poco al norte de Nápoles) así­ que los equipos lombardos nos hací­an cuantas perrerí­as podí­an.

P. ¿Qué más recuerda de su estancia en Europa?
R. Poco más, la verdad es que solo estuve dos años, luego me volví­ a sudamérica, a jugar la liga argentina con Ferro Carril Oeste y después la brasileña con el Franí§a. Con ambos me proclamé campeón de Sudamérica, como ya lo habí­a hecho con los albimarrones de Bohemios en mi juventud.

P. ¿Hubiera querido jugar en España?
R. Y si, el Real Madrid era un coloso del básquetbol europeo. Pero la única oferta me llegó en mi juventud; era del Barcelona, o más exactamente del empresario catalán que negociaba el pase de Maradona al club español, justo coincidió con mi detención por la dictadura. Pero jugué en España, en el Mundobasket con la selección. No nos fue muy bien.

P. Y desde entonces...
R. ¿Desde que dejé el baloncesto? pues acá me tiene viajando y escribiendo. Tengo la suerte de que en mi familia eran todos periodistas, crecí­ ente artí­culos, crónicas e imprentas y eso me facilita la adaptación. digamos que ahora sigo la tradición familiar.

Grandes verdades sobre el Diseño inteligente

1.- Las cinco razas fundamentales.

     No hubo un principio, Dharma-brahmán siempre ha estado ahí­ y siempre estará. Es el todo y todas y cada una de las partí­culas elementales, es la raza primigenia y a la vez está presente en todas las razas. Un sólo defecto se le puede señalar a Dharma-brahmán, es inconstante, heracliteano, siempre en contí­nuo cambio y movimiento, rara vez ofrece formas estables. Sin embargo el creó los primeros organismos autorreproductores, éso que llamamos vida.

     Sin embargo, esta vida generó unos desechos que Dharma-brahmán aprovechó para crear la segunda raza inmortal Ura-Panthalassa. Tal es el nivel de indigencia de la inteligencia humana que saben que los mares son agua salada y sus neuronas básicamente agua salada y aún no han visto la relación entre una cosa y otra. Ura-Panthalassa decidió a su vez informar de inteligencia a algún ser vivo.

     Fue así­ como surgió la tercera raza fundamental Ennoia-Hydrozoa, responsable de todos los organismos complejos pluricelulares del universo. Ennoia-Hydrozoa vive en Ura-Panthalassa, en todos los cuerpos celestiales donde ésta está presente y ambas forman parte de Dharma-brahmán.

     Entre todas decidieron poblar los espacios secos con algo más que micro-organismos y crearon a la cuarta y quinta raza Ent-polen y Ur-ctónica, encargadas de hacer surgir, entre otras cosas, los primeros organismos mortales inteligentes.

     Pero para poder hablar del surgimiento de la raza humana, antes debemos pasar por Tlí¶n, un planeta que orbita en torno a Vega, con una raza mortal inteligente, los tlí¶n.

2.- Excerpto no incluí­do finalmente en la Segunda Enciclopedia de Tlí¶n.

     Sucedió en aquel siglo XLVIII que hubo intensa disputa entre los filólogos del hemisferio boreal y los del austral sobre la primací­a de las palabras. Los sustantivos, clamaban los septentrionales; los adjetivos, sostení­an los meridionales. Y en siendo así­ que las enconada discusiones entre filólogos pueden terminar incluso a espadazos por un dativo, el Consejo Supremo del Planeta decidió montar un experimento en un planeta habitable exterior para zanjar tan encendida polémica.

    A algunos pársec de distancia se encuentra la estrella doble Sol-Némesis, el primero es una estrella amarilla que sustenta vida en varios de sus planetas o en los satélites de los mismos, si bien sólo ha alcanzado niveles desarrollados en el tercer planeta, Gaia. Por desgracia su desarrollo se ve lastrado cada sesenta y dos millones de años gaiainos por el perihelio de Némesis que desestabiliza los cuerpos que orbitan en la nube de Oort enviándolos al centro del sistema solar y causando cataclismos en el pequeño planeta. Fruto de la maligna actuación de la enana marrón, Faetón fue destruí­do dejando tras de sí­ tan solo un cinturon de asteroides o la Luna abandonó su orbita originaria entre Sedna y Xena para pasar a ser el satélite de Gaia.

    Sin embargo, precisamente esta sentencia de muerte que cada millones de años cae sobre la vida en el planeta Gaia, fue lo que convenció a los cientí­ficos y técnicos de Tlí¶n a realizar allí­ su experimento, la creación de una raza artificial1 inteligente y su posterior estudio del desarrollo del lenguaje. Para ello y a modo de campo de pruebas experimental, habilitaron la vida en la cara vista de Marte y llevaron allá a especí­menes gaianos, tanto terrestres como acuáticos, animales o vegetales. A uno de esos especí­menes, el Homo Habilis, le manipularon genéticamente hasta construir la raza artificial Homo Sapiens, a la que dejaron en aquel paraí­so terrenal marciano desarrollándose y desenvolviéndose. Así­ pues la raza humana que se se llama a si mismo terrí­cola es en realidad marciana.

    Los Tlí¶n evolucionaban entre los humanos sin hablarles, esperando a ver como esta raza hí­brida de tlí¶n y homo desarrollaba sus propias pautas de lenguaje. Procedentes de un planeta de baja gravedad eran notablemente más altos que sus creaciones, miden entre tres y cinco metros. Pronto se dieron cuenta de que en el controlado y restringido ámbito vital marciano no iban a poder observar a sus criaturas al natural. Éso sumado a los enormes gastos de mantenimiento que planteaba mantener ocupada la cara vista de Marte, les indujo a trasplantar a los Homo Sapiens al planeta Gaia y abandonar a su suerte al resto del hábitat terrí­cola recreado en Marte.

    Les urgí­a también las prisas por obtener el resultado, así­ que a despecho de que la evolución natural2 de Gaia ya hubiera creado por si misma una raza inteligente, los Hombres de Neardenthal, decidieron desdeñarles y reubicar a su raza artificial. Pues en el fondo, heracliteanos como eran, consideraban que la pugna entre las dos razas llevarí­a -cuando menos- a la mejora de una de éllas y si acaso llegaran a un entendimiento de convivencia separada, ambas razas junto con otras muchas estaban sentenciadas por Némesis en apenas cien mil años gaianos.

    Los Tlí¶n asentaron su base gaiana con sumo esmero en las costas de una isla de la que sabí­an, por sus simulaciones, que en parte por los deshielos en parte por la erupción de uno de los volcanes que la rodeaban, quedarí­a cubierta en sus dos terceras partes por las aguas; es la isla que los humanos llaman Creta. Y pusieron a su creación inserta en el entonces vergel norteafricano que hoy es el desierto del Sáhara.

     ¿Y el experimento lingí¼í­stico? Sorprendente en un principio: La raza artificial consideró que el sintagma en torno al cual modular el lenguaje no era ni los sustantivos ni los adjetivos, sino los verbos. Ésto dejó la querella de los filologos de Tlí¶n en tablas. Durante un tiempo, no obstante los tlí¶n permanecieron entre nosostros, siempre más altos y siempre callados, a veces adornadas sus escafandras con motivos de animales terrestres, admirando la flexibilidad y complejidad de los idiomas humanos.

     Pero descubrieron consternados que los humanos, en su afán de comunicarse, en vez de hacer cada vez más complejos sus lenguajes para adoptar las nuevas voces, los simplificaban. Ahí­ fué, hace aproximadamente dos mil años, cuando decidieron abandonar el planeta sin avisar a su creación de la próxima llegada de Némesis y su hálito destructor.

    Algo que sólo demasiado tarde los humanos estamos empezando a sopechar y entender. Nuestra suerte está echada.

1 Artificial porque no es fruto de ninguna de las Cinco Razas Fundamentales todas ellas inmortales, sino de una raza mortal inteligente.
2  Evolución natural que como recordaremos es el fruto de la interacción de las Cinco Razas Fundamentales.


Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Mayo 02, 2010, 10:03:18 p. m.
El quincho.

Mis últimas vacaciones las pasé en el pueblo intentando reformar la antigua corte de las ovejas. Era un viejo e irregular edificio; planta baja más una entreplanta en su parte más alta, de tejado agrio1. Hubo que tirar todo el tejado y el entramado de maderas podridas que lo sustentaban, así­ como remover vigas y puntales. Lo peor empezó cuan hubo que sacar las losas del suelo. Entonces comprobamos que no eran losas sino piedras de más de doscientos quilos que hubieran debido servir de cimiento o sillar para otra casa que nunca se construyó, pues la nuestra es la que está más al oeste del pueblo.

Tras este trabajo muchas las recolocamos con ayuda de una pinza romana2. Revocamos la pared y cortamos las planchas que harí­an de superficie para la teja. Justo entonces, aquella noche, llovió de una manera brutal, la cuadra quedó inundada; el agua que llegaba por los tobillos, no daba abasto a salir de élla. En plena noche y en bañador y zapatillas de deporte tuve que salir para abrir nuevos desaguaderos. Terminé completamente calado. Al dí­a siguiente el arroyo Valberzoso habí­a crecido un metro y sus aguas eran de color arcilla.

Curiosamente, con sólo las planchas de madera, no habí­a entrado agua en la corte. Proseguimos el retejado tan deprisa como pudimos pues el edificio, hecho a ojo, forma dos prismas irregulares; dependiendo de en que pared estés y si es interior o exterior, cambian las medidas. Ya antes tuvimos que recortar o clavar varias planchas con la ayuda de un calibre láser3 pero, animados por el éxito de su aguante a la galerna, cortamos y recortamos tejas hasta completar el trabajo.

Suelo decirme que trabajo más en mi pueblo que en la capital. Pero también es cierto que allá como tres veces al dí­a de manera desaforada y bebo lo que no está en los escritos, frente a mi habitual abstinencia capitalina y hasta se me despierta el deseo por las no muy descocadas mujeres de la zona, al menos comparadas con las de Madrid. En fin, que me siento fuerte y vivo.

1 Agrio: de pendiente pronunciada e irregular.
2 Aparato parecido a una tenaza gigante que se ajusta o afloja por medio de un sólido cable metálico para coger la piedra, mientras que el gancho del otro extremo se ajusta a una grúa o polipasto para alzarlo o descenderlo con facilidad.
3 (http://www.ferrovicmar.com/imagen/herramientas-medicion/nivel-laser-SPK.jpg)
Éste no le tení­an los romanos.

27 de abril de 2018.

Hoy cumplo medio siglo y el mundo ha cambiado mucho y no parece que para mejor. Todo se desató cuando los estadounidenses celebraban el Dí­a de la Independencia hace ahora seis años. Los chinos habí­an estado trabajando en el proyecto ShÄ« Shí¬ shí­ shÄ« shǐ.Teóricamente consistí­a en la puesta en órbita de un satélite meteorológico geoestacionario. En la práctica, a dí­a de hoy nos seguimos preguntando como ningún sistema de espionaje o de alertas advirtió de lo que se avecinaba.

El caso es que aquel 4 de julio de 2012 el cohete chino en un aparente accidente estalló a trescientos quilómetros de altura, cuando sobrevolaba norteamérica, apenas cuarto de hora después de haber sido lanzado. Una sola bomba atómica estalló en la ionosfera causando un pulso electromagnético que paralizó toda el subcontinente norteamericano desde el Cí­rculo Polar írtico hasta el Trópico de Cáncer.

Sólo el norte de Alaska, el territorio Nunavut y Groenlandia se salvaron; al sur, los estados limí­trofes mexicanos en la frontera con Estados Unidos también cayeron, el resto de México se salvó, como se salvó Cuba, más por su retraso tecnológico que por otra cosa, muchos paraí­sos fiscales del norte del Caribe -Bahamas, Bermudas, Caimán- también quedaron aislados con el consiguiente batacazo financiero.

Innúmeras fueron las personas que tuvieron por sepulcro un ascensor o un avión comercial. La maquinaria y los sistemas informáticos de todas las empresas quedaron parcial o completamente inutilizadas. No hubo comunicaciones de ningún tipo con el exterior durante un semestre. Pero lo peor fue la total desarticulación de los sistemas de misiles, aviación, marina y blindados terrestres estadounidenses. Pese a la premura con la que las tropas yanquees desplegadas en Europa, Oriente Medio y Corea organizaron su regreso a la patria, el Ejército Chino ya estaba allí­. Y se habí­a hecho cargo del paí­s.

Tras remolonear hablando de un accidente infortunado, el Gobierno Chino se sacó la careta pasado el verano. Allí­ el mundo entero pudo comprobar, gracias a una retransmisión mundial posibilitada por la importación de material desde China, como el cruel mariscal de campo del Ejército Popular Tsan-Chan, obligaba al presidente Barack Obama a firmar un ignominioso tratado reconociendo A) la deuda de billones de dólares contraí­da por Estados Unidos con China y B) regodeándose con el recuerdo del célebre general Grant, la rendición incondicional de los Estados Unidos.

Se dice que el contingente de Tsan-Chan en norteamérica sigue siendo de millones de soldados, lo que alivia la presión demográfica china. Y que su prioridad ha sido trasladar todas las ojivas nucleares a territorio chino. Ante esto poco pueden hacer los paí­ses vecinos.

Porque aún hay vecinos, Canadá se recupera poco a poco ante el desinterés asiático. Y en los viejos estados sureños, al amparo de los restos del otrora dominante ejército estadounidense ha surgido una Confederación de los Estados Unidos, que incluso utilizan el viejo emblema de la bandera de Georgia, presidido por una mujer, Tribecca Williams. La antigua frontera entre EE. UU. y México es una tierra de nadie envuelta en sangrientas disputas de todo tipo, raciales o religiosas. De vez en cuando se impone alguna facción (hubo una República Libertaria en Dallas y otra en Fresno, o Repúblicas Cristianas en Albuquerque, Ciudad Juárez, Laredo y Phoenix; una República Negra en el dowtown de Los íngeles, o un Imperio Latino entre Durango, Monterrey y Tampico) todas éllas se proclaman dueñas de todo el territorio, muchas veces simultáneamente, con las consecuencias previsibles: lo normal es que sea una zona de violencia endémica donde los señores de la guerra se financian con el escaso petróleo y el abundante narcotráfico, algo parecido a Afghanistán el más próspero hoy en dí­a de los paí­ses islámicos, precisamente por el narcotráfico, quién lo iba a decir.

Pues la droga es legal en los tres protectorados chinos del norte de América. Señal de que la aquiescencia de los conquistados se fundamenta en su embrutecimiento. La pequeña Nueva Inglaterra es el nexo de comercio con el atlántico; todo el antiguo Midwest y la costa del Pací­fico -excepto la desventurada California- han sido transformados en el inmenso granero arrocero y porcino de Nueva China; en el medio está el Protectorado del Rust Belt, dedicado como antiguamente a la industria pesada.

En Europa, la llegada masiva de inmigrantes estadounidenses nos ha procurado un aumento de población, que ha mejorado nuestros servicios terciarios pues son gente comerciante y emprendedora; así­ mismo ante la amenaza de otra Bomba del Arco Iris, los expertos militares americanos han diseñado un plan de defensa aparentemente fiable para el Ejército Unificado Europeo e implementado Planes de Emergencia Transnacional. También hemos recibido con afecto la llegada de los ciudadanos del desaparecido Estado de Israel, que huí­an del asolado Oriente Medio, al que se le han agotado las reservas de petróleo.

China, India -tras la anexión de Pakistán, Bangladesh y Ceilán- y Rusia -que ha recuperado todo su antiguo territorio soviético-zarista- son superpotencias. Europa y América del Sur zonas libres. ífrica y Oriente Medio auténticas pesadillas. El Lejano Oriente entre el índico y el Pací­fico mira con aprensión pero se somete a sus poderosos vecinos.

El Mariscal Tsan-Chan insiste en que este es el orden natural de las cosas, que el predominio europeo es un error de la historia, que históricamente lo normal es que Asia sea la dueña del mundo. Muchos le dan la razón. Pero el mundo está peor ahora. Y ésto lo dice uno tantos bobos que se refocilaron de la caí­da del imperio estadounidense.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Mayo 09, 2010, 01:57:28 p. m.
El baile de debutantes.

Elena vaciaba los cajones de las tragaperras mientras yo barrí­a y limpiaba las papeleras por hacer algo mientras terminaba el cubata. No es que fuera mi trabajo, yo en realidad era un cliente, el último que se quedaba de entre los habituales.

Me habí­a aficionado a beber y fumar poco antes, para parecer mayor, como sustitutivo de mis inexistentes relaciones con las mujeres. Todas las que conocí­a, incluida Elena, eran amigas y no sabí­a como entrarles. A mis compañeros del colegio les mentí­a a conciencia con falsas historias de conquistas sexuales, habí­a que disimular pues era el principal tema de conversación no se hablaba de otra cosa en los pasillos, en el patio, de camino al cole, a todas horas.

Elena era una de las propietarias de una cervecerí­a de tamaño considerable para la zona, ocupaba todo un lateral en los bajos comerciales de un bloque de pisos, cuando lo normal era que los locales de los bares no pasaran de ser un angosto pasillo. Llegaba a la hora de las comidas y seguí­a hasta el cierre a eso de las once de la noche.

Un buen dí­a me pidió que la ayudara a recoger, pues tení­a prisa y como hay confianza, se convirtió en costumbre que yo repusisera las neveras, y limpiara el local, baños incluidos, y echara los cierres, mientras ella cuadraba las cuentas del dí­a. Como la zona no era muy segura, se llevaba la recaudación tanto de la caja registradora, como de las tragaperras y la máquina del tabaco, pues ya habí­an asaltado el bar algunas veces.

Ése era mi premio, me dejaba acompañarle hasta su casa, apenas dos bloques más abajo y a veces  salí­amos de nuevo a tomar algo.

-”¿Me esperás? Tomo una ducha rápida y salimos ¿si?” -me dijo. Yo accedí­ pues me sentí­a cómodo a su lado, y esperé en la sala. Al cabo de un rato se abrió la puerta del baño -”Hose ¿podés ayudarme? Se me caxó un arete en la pileta.”

Cuando entré el baño estaba humedecido y cálido y Elena completamente desnuda, hice intención de salir, pero ella me cogió del brazo -”No. Pará. Esperá que me pongo algo.” Y se puso una toalla enrollada alrededor de la cabeza.

Tratando de no mirarla, me dirigí­ al plato de la ducha, la rejilla del desague era demasiado tupida como para que allí­ se hubiera colado nada, pero por vergí¼enza seguí­ hurgando para no tener que levantar la vista. Elena pasó junto a mi y se puso en la pared con las piernas abiertas apoyadas en los bordes del plato -“¿Ves algo?”.

“Mmnnn, nada” -Respondí­ yo todo sofocado. Entonces me cogió con sus manos por debajo del maxilar y me puso en pie. Sonreí­a divertida, tení­a una cara preciosa cuando sonreí­a. Me besó, cuando intentó meterme la lengua entre los labios me asusté.

Ella me miro curiosa -“¿Nunca habés estado con una muher?”
-“Eeehm” -vacilé- “No” -dije sinceramente..
-”Me alegro. Me alegro muxo” -me dijo mientras me acariciaba la cabeza. Me volvió a besar, con lengua, esta vez reaccione un poco mejor, al separarnos me pidió que me sacara la ropa. Apenas me quité la camisa de manga corta y desabroché los pantalones noté, con cierto apuro, que la entrepierna me hormigueaba y crecí­a. Me encogí­ un poco y la miré asustado por el desacato de mi pito. Elena sonreí­a guasona, se pegó a mi para bajarme los boxer y subir las manos acariciándome la espalda, mientras yo me apartaba todo el burruño de ropa y zapatillas a un lado.

Recuerdo que no sabí­a que hacer con las manos, así­ que decidí­ imitar sus movimientos. Se debió dar cuenta de la jugada porque se separó de mi y empezó a acariciarme el pecho. Yo me quede clavado, con los brazos en alto pensando -”¿La tengo que tocar ahí­?” Me cogió por las muñecas y me puso las manos justo ahí­. Eran dos masas suaves, dúctiles y agradables al tacto; con la vista fija en ellas, trataba de no apretujárselas pues parecí­an delicadas, pero las sobaba y sobaba viendo como cambiaban de forma cada una por su lado como si tuvieran vida propia. Su propietaria, siguió jugueteando por su cuenta con mi cuerpo y casi cogiéndome por el rabo que parecí­a a punto de reventarse me susurró enronquecida-”Vení­ que te haga hombre”.

Me llevó a su habitación que parecí­a frí­a en comparación con el baño, me empujó suavemente para sentarme en la cama y se arrodilló sobre mis piernas. Se lo introdujo y empezó a restregar sus nalgas contra mi entrepierna, cosa que hizo que el resto de mi cuerpo se pusiera tan rí­gido y tenso como el propio aparato. A saber por qué, se me ocurrió empezar a besarla y dado que estaba más alta que yo, la fuí­ cubriendo de besos el cuello y el torso hasta llegar al su pezón izquierdo al que cogí­ entre los dos labios y aspiré. Ella gimió. Levanté la vista y tení­a los ojos cerrados mientras seguí­a bailando sobre mi -”Seguí­â€ -me dijo. Y repetí­ la operación en el otro pecho mientras ella me poní­a de espaldas en la cama.

Intenté levantarme pero me puso las manos en los hombros, así­ que yo cogí­ de nuevo sus pechos que vistos desde abajo parecí­an aún más grandes, cuando se los sostení­a por debajo, daban botecitos, de tal modo que parecí­a los surcaban pequeñas olas. Pero para entonces, mi problema era otro.

Con tanto ajetreo mi cosita, que ya antes de que desapareciera de mi vista me parecí­a sorprendentemente gruesa, estaba empezando a latir y bombear como si quisiera descargarse, sin saber que decir ante tal imprevisto, decidí­ intentar aguantar todo lo que se pudiera hasta que le pasaran las ganas, mientras abrazaba con mis manos sus caderas en un vano intento de conseguir que no se movieran mucho.

Me incorporé cuando ya no podí­a más y Elena aprovecho para entrelazar sus piernas por detrás de mi espalda y dejar caer su cabeza sobre mis hombros mientras jadeaba a ritmo. El cambio de posición me hizo resistir un poco más pero acabé cerrando los ojos y exhalando aire en un gruñido gutural cuando no pude aguantar más y empecé a descargar en oleadas de chorros en el interior de ella, para cuando abrí­ los ojos la vi con la cabeza mirando al techo y la boca abierta y muda como si le faltara aire y  se ahogara. Seguí­a meneándose cada vez más lentamente bajando el ritmo a medida que parecí­a vaciarme.

Permanecimos así­ sentados y abrazados un rato, tení­a un olor acre y dulzón a la vez, una piel suave, yo veí­a su espalda y jugueteaba con las vértebras de su columna cuando, para mi pasmo, noté que me volví­a a crecer. La miré. Me sonreí­a, tení­a unos ojos brillantes y cantarines. Ésta vez la besé yo, me parecí­a caliente, acogedora, hermosí­sima con su carita soflamada...

Pero evidentemente el debut ya habí­a sucedido así­ que fin del comunicado.

La adelantada.

Yo, Doña Mencia Calderón, natural en Medellí­n, Extrema Dura, y desposada y viuda del hidalgo Dom. Juan de Sanabria, también extremeño, al que dí­ un hijo y tres hijas cristianamente educados, resolví­ ejecutar el adelantazgo  que la Corona proveyó a mi marido en el año de mil y quinientos y cuarenta y siete.

Tras tres años e habiendo empeñado mi hacienda en cumplir con las capitulaciones exigidas de fletar tres naos con doscientos y cincuenta hombres de guerra, cien familias de hidalgos para poblar la gobernación y ochenta donzellas casaderas de probada piedad christiana para atajar los muchos vicios en que incurren los españoles en Nuestra Señora de la Asunción, de los cuales hemos tenido nuevas por las declaraciones del anterior Adelantado Dom. Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que nos han llenado de aflicción viendo como se pierden tantas almas christianas.

Fuime obligada, amén de por la christiana piedad por la insolencia de los portugueses que habí­an despachado una flota hacia el Rí­o de la Plata, a hacerme a la mar con premura con tan grande infortunio que un pirata normando, a quién el demonio lleve, apresó nuestra expedición y llevose todo objeto de valor a modo de rescate. Cuando proseguimos la derrota era empezado el mal tiempo y mucho hobimos de sufrir entre tormentas antes de arribar a la isla de Santa Catalina, yo misma perdí­ a la mayor de mis hijas.

Ocho meses después de haber zarpado de San Lúcar de la Barrameda, cumpliendo las estipulaciones fundé en la isla la ciudad de San Francisco, pero los salvajes antropófagos que se hacen llamar tupí­es acosaban la expedición e hobimos de pedir ayuda a los christianos más cercanos que resultaron ser portugueses de la Capitaní­a de San Vicente. Éstos infames nos retuvieron encerradas durante un año en el plazo del cual tuve nuevas de que la segunda parte de la expedición al mando de mi hijo el Adenlantado habí­ase naufragado y mi hijo era muerto.

Maguer haber sido despojada mi familia del adelantazgo, resolví­ en cuanto los portugueses nos liberaron por ser personas de ningún valor, adentrarme en la selva que dicen de Guayrá junto con las muxeres casaderas entre ellas mis dos hijas. A tal fin construí­mos un bergantí­n en Tierra Firme, con objeto de remontar desde Mbiazá el rí­o de la Plata hasta Asunción, mientras las mujeres nos dispusimos a seguir la ruta terrestre que usan los indios de Pearibú saliendo del rí­o Ipocotu.

Non tengo palabras para iluminar el mucho sofrimiento que supuso la marcha infestadas de mosquitos, fieras salvajes e indios desconocidos bajo un calor de humedal que no sofocaban los gigantescos árboles. Solo contamos con la ayuda de los indios buenos guaraní­es, enconados enemigos de los tupí­es. Éllos fueron los primeros en hablarme de la Ciudad Encantada de la Patagonia.

Cuatro años desde que abandonamos las costas del Brasil, nos costó arribar a Asunción, donde nadie esperaba vernos ya con vida, pero en el año de gracia de Nuestro Señor de mil y quinientos y cincuenta y seis, cuarenta mujeres hambrientas, malvestidas y por demás demacradas fuimos recibidas entre aclamaciones en la capital de la Gobernación.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Julio 25, 2010, 10:19:32 p. m.
Sala Canciller.

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En tiempos de feliz memoria, cuando aún no tení­a más responsabilidades que pasar de curso y pensaba que la amistad era eterna, muchos de mis conocidos eran heavies de manual, con sus pantalones de pitillo, sus muñequeras de cuero tachonado, sus barrocas camisetas con carátulas de AC/DC, Iron Maiden e incluso Barón Rojo y unas melenas que en mi opinión les serví­an para pegar hebra con las chicas sobre si era mejor usar champú de huevo o a la cerveza, o con cuanta frecuencia se cepillaban el pelo o iban al peluquero porque se les abrí­an las puntas. Conversaciones todas ellas a las que asistí­a con cara de pasmo.

Sin féminas de por medio, épicas eran las discusiones sobre el heavy-rock estadounidense, bandas de desustanciados desertores de la Única Verdad Jamás Habida en Materia Musical, que osaban incluir sintetizadores en sus actuaciones para escándalo de los puristas. Y que decir de los grupos pop, y demás patulea mercantilista habitual del Top 40 Principales. Ni de lejos se podí­an comparar con la independencia y rebeldí­a de mis jevis, que compraban la misma ropa, iban a las mismas tiendas de discos, e incluso viajaban a Londres para hacerse con las últimas novedades.

¡Viva la revolución! Sobre todo si está bien surtida, por mucho dinero que nos cueste.

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La sala Canciller está situada al otro lado de Las Ventas con respecto a la M-30, estación de subte de El Carmen en la lí­nea 5, Avenida Donostiarra, Capital de los Restos del Imperio Español. Era un local de cine -rara vez de estreno, pero sin programa doble- con discoteca en el subsuelo como era habitual en mucho barrios obreros matritenses. Con el tiempo el cine cerrarí­a pero la disco subsistió, con precios no precisamente módicos pero populares gracias a su selección especializada de música heavy.

Allá acudí­a yo con aspecto poco propicio: de mi peinado infantil con raya a la izquierda sobresalí­a un abundoso tupé que prácticamente se me caí­a sobre los ojos, cosa que recuerdo conmovido por la embriagadora emoción de la nostalgia en estos tiempos en que gasto frontispicio partenopeo y tonsura monacal. A ello se añadí­an unas generosas patillas Luis Candelas king size luxury dignas de pelí­cula de blaxplotation, o de episodio de "Curro Jiménez". Y poblado mostacho cosaco a lo Taras Bulba. Por no hablar del tono tostado de mi piel y el efecto que hací­a cuando lo combinaba con una camisa amarillo-maiz tostado con -según me dijo un fuma'o- unas ochocientas quince rosas rojas con su correspondiente tallo verde estampadas (apenas medí­an 2,5 cm. de largo por 5 mm. de alto).

Vamos que parecí­a yo el prí­ncipe de los gitanos. No se ni cómo me permití­an entrar en el antro.

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Por no hablar de como, envalentonado por el alcohol, me permití­a afirmar que a mi me gustaba (y me gusta) Bruce Springsteen, o alababa a la reciente sensación de la música comercial, el LP de unos irlandesitos "The Joshua Tree". Los heavies del garito impetraban al cielo paciencia o me volví­an la espalda con mansedumbre de corazón, creí­a yo que por buenrrollismo (no consintamos que un provocador nos agí¼e la fiesta) pero también pudiera ser por mi aspecto calorro-neardenthalense.

Justamente fue ésto... ¿Mi aspecto? No, hombre. Las mujeres. ¿Las mujeres? Si, espera y lee.

Justamente fue ésto, decí­a, lo que me llevó a cambiar radicalmente. No habí­a muchas ¿jevisas? y las amigas que tení­a eran bastas y zafias como éllas solas. No era solo el continente -si bien no habí­a ningún bellezón- era el contenido: el hablar a gritos, el que siempre tuvieran en la boca la expresión "me suda el culo". En fin, para que seguir.

En aquellos tiempos yo iba a academias del centro de Madrid, como formación complementaria, a aprender idiomas (inglés y francés), a tocar la guitarra, a informática -que en aquel entonces significaba algo de MS-Dos, Basic y sobre todo Cobol-. Ello me dió oportunidad de conocer a un género nuevo: las chicas-bien, más popularmente conocidas entre los ibéricos como pijas, para gran risa o desconcierto de los argentinos.

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Y yo las adoré, por su pelo Matutano, rubio y ondulado, sus tonos pastel en boca y ojos, su cuidado del cuerpo con el aerobic, su gusto por la ropa cara. Lo malo es que fui correspondido.

Siempre digo yo que lo peor no es que una tí­a te diga que no, que eso es lo habitual, que los hombres a éso es a lo que más estamos habituados (fuera de los por desgracia impresentables zampanones desubicados). Los problemas empiezan de veras cuando te dicen que si, que adelante. Ahí­ es donde te pierdes intentando complacerlas.

Me afeitaron patillas y bigote, me cambiaron a un peinado de erizo, me compraron colonias y relojes, amén de camisas color salmón o lila aduciendo que me iban con el tono de piel. ¿Y yo que las daba a cambio? Pues que tení­a coche, creí­a entonces, un Ford Fiesta de segunda mano.

Pero también es posible que mis hombros anchos, mis espaldas cargadas e incluso mi pecholobo (las gustaba juguetear con la mata de pelo pectoral) o mi sincera declaración de que trabajaba de obrero de la construcción -¡Uy, chicas, un obrero! ¿Un obrero?... decí­an como quien ve un astronauta. Es superfuerte, o sea-. Es posible, digo, que todo ello influyera en la sensación de que serí­an 'salvajemente tratadas'. Cosa que no dista mucho de mi habitual estilo entregado y voluntarioso en terreno erótico.

Cuando me da el bajón pienso en que los traicioné a todos. Que no estuve ni acá ni allá. Pero bien mirado...

Pero para nada (o sea).

Valentina Tereshkova, Europa. 1*

Phuong Anh Thanh se metió una pizca de bayas de goji en la boca y las bajó con un trago de yogur Gran Khan (el único cien por cien leche de búfala). Apenas tení­a más para desayunar, salvo envases plásticos de precocinados de la señora Wu (sus rollitos de primavera como recién hechos en casa). A ver si encontraba tiempo (y ganas) para hacer la compra. Se sonrí­o a si misma. Parecí­a mentira que fuese mujer siendo tan dejada y perezosa.

Puso la ventosa-interfaz de la compañí­a en su nuca y se dispuso a empezar la jornada. Las instrucciones del dí­a no invitaban al optimismo: seguir con la rutina de deshelar los pilares sobre los que se sustentaba la cúpula de la ciudad Valentina Tereshkova.

Labor tan vital como efí­mera pues las temperaturas del satélite galileano 'garantizaban' que la inmensa costra de hielo que encerraba al océano interior volverí­a a cerrarse antes de finalizar el turno. Con todo, acá de lo que se trataba era de aliviar la presión del hielo sobre los cimientos de la ciudad.

Anh Thanh manipuló mentalmente su Vehí­culo de Exploración Externa (VEE), semejante a un batiscafo terrestre para sacarlo del muelle de mantenimiento a la superficie de la luna. Como siempre echó un vistazo a los alrededores del exterior. El Sol era un puntito de luz lánguida que no transmití­a ningún calor, por suerte esta vez no estaba oculto por la imponente, cercana y amenazadora presencia del gigantesco planeta gaseoso Júpiter, a cuyo derredor orbitaban.

La labor es tan rutinaria, tan alejada de los sueños y expectativas que Anh Thanh se habí­a creado en Marte cuando aceptó el trabajo, que se permitió pensar en Dey.

La Valentina Tereshkova era uno de los más ambiciosos y avanzados proyectos de la humanidad. Una ciudad-factorí­a artificial con capacidad para 20.000 personas creada por la Compañí­a de Prospecciones Oceánicas, con sede en la Tierra, para la explotación de los recursos acuí­feros de la luna de Júpiter, Europa, con destino a todas las colonias humanas extraterrestres. En un puesto de avanzada -si exceptuamos la estación espacial Saturno I, bueno y las sondas enviadas más allá de la Nube de Oort, pero algunas de éllas datan de la época del pionerismo espacial- lo más admirable del conocimiento humano

Dicho así­ sonaba imponente. Y cuando oí­a a Dey, responsable de la logí­stica, de los embarques de agua hacia los planetas interiores o Saturno I, o de la recepción de las naves de pertrechos y ví­veres procedentes de la estación orbital Júpiter III, verdadero nudo de comunicaciones con Marte y la Tierra... Cuando oí­a a Dey, con su entusiasmo y su alegrí­a... cuando oí­a a Dey, casi se sentí­a feliz de haberse formado para la División de Mantenimiento Interno de Valentina Tereshkova.

Ahn Thanh sabí­a de los inmensos problemas técnicos que habí­a acarreado la instalación de la ciudad. La imposibilidad de llegar al oculto océano mediante perforaciones. La existencia de mareas que desplazaban la corteza de hielo y con ella la ciudad. La necesidad cada dos años jupiterinos de desenterrar la ciudad de entre los hielos para evitar que se hundiera por falta de tensión en la superficie, por causa de la propia explotación, y su difí­cil traslado como un gigantesco y torpe insecto hacia otro punto sin explotar del satélite. Todo eso estaba a punto de suceder y Ahn Thanh lo esperaba con ansia de demostrar su valí­a.

Dey también le habí­a hablado de los problemas ecológicos que se encontró la Compañí­a de Prospecciones Oceánicas. Al parecer, el hielo que a diario absorbí­an las mangas perforadoras contení­an microorganismos, bacterias autóctonas de Europa, cuya interacción con otros vivientes aún estaba en estudio, motivo por el cual el hielo se fundí­a y depuraba -al parecer sin daños evidentes para las bacterias europeas- para ser transportado como agua lí­quida pura al ser más fácil su almacenamiento.

Justamente el hielo era el mayor de los peligros y la base del trabajo de su división, pensaba Ahn Thanh mientras el VEE aplicaba radiaciones láser a uno de los setecientos cincuenta pilares de la Valentina Tereshkova. Sus fallas provocaban seí­smos, producto de la diferencia de temperatura entre el 'cálido' hielo interior y la superficie de apenas entre 50 a 100 grados Kelvin (en Europa es más alentador medir la temperatura en grados Kelvin que en Celsius, impresiona menos).

Dey le habí­a hablado...

Dey por acá, Dey por allá... ¿Pero quién es Dey? Dey, por nombre completo Deyanira Bohórquez, era su pareja. No tení­a muchas expectativas, Dey le habí­a confesado que querí­a ser "reina", es decir tener un hijo, con algún "zángano", alguno de los pocos hombres existentes. Totalmente prescindibles en un mundo tecnificado, si no fuera por la necesidad de aportar variación genética a una población mayoritariamente femenina en razón de 33 a 1. Ahn Thanh no tení­a intención de dejar de ser "obrera".

Cuando todaví­a no se habí­a colonizado siquiera el satélite terrestre, cuando la era espacial estaba en mantillas, con apenas dos estaciones espaciales y unos pocos vuelos tripulados a la Luna, la superpoblada Humanidad descubrió la merma en la calidad de los espermatozoides masculinos y tras mucho elucubrarlo dilucidó que la especie se autorregulaba en base a una compleja ecuación no lineal cuyos parámetros principales eran las necesidades humanas y las capacidades del planeta.

Dada esta ecuación se convino en la supérflua intrascendencia de muchos de los hombres. De hecho entre aquellos tiempos ya abundaban los que hací­an voto de castidad o se volví­an homosexuales, sí­ntoma -revelado por la ecuación- de su comprensión interna de la inutilidad de su función reproductora. Un nuevo y más feliz mundo se construyó sobre la base de la selección del sexo de los zigotos, dando lugar a un espectacular aumento de recién nacidas, en lo que jocosamente se dió en llamar "el exterminio del macho". Alguno quedó, eh. Los más competentes y capaces de transmitir sus genes (los más musculosos y atractivos, vaya) por aquello de la variabilidad.


1* Por temor a sobrepasar los 30.000 caracteres permitidos por mensaje, ésta historia la dejo acá, comprometiéndome a continuarla cuando buenamente se pueda.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Agosto 01, 2010, 09:04:09 p. m.
Subiendo a la Mala Vuelta.

Decidimos hacer algo de cicloturismo en las vacaciones de julio y qué mejor que ir a los Pirineos franceses a ver el Tour. Nos alojamos en el chalet de dos plantas de nuestros parientes de Pau y fuimos hasta Tarbes, famosa por sus festivales de danza, para nuestra suerte nos tocó el especial de cine con música de regetón; aunque la verdad, Darth Vader impresiona menos cuando habla en francés.

(http://www.ladepeche.fr/content/photo/biz/2010/06/26/201006261345_zoom.jpg)

De allá subimos a Lourdes, el antepuerto del Parque Nacional de los Pirineos donde empieza lo duro. En el ascenso hasta Luz Saint-Sauveur dejamos atrás los caminos hacia Hautacam y Cauterets. Luz Saint-Sauveur es el pie de puerto para las estaciones de esquí­ de Luz Ardiden y el Tourmalet.

Por estas fechas la gente se desvive por el Tour. Pierden el estilo habitual de los franceses, que en cuanto te oyen destrozando el idioma, los jóvenes adoptan una pose burlona y los mayores te responden a gritos y gesticulando como piensan que hacemos los italianos y los españoles.

Durante el Tour es distinto. Son superamables cuando les preguntas algo, si te descuidas te invitan a comer con éllos, montan una auténtica romerí­a de autocaravanas -les chiflan semejantes armatostes e ir de cámping en cámping-. No tan amables, me dice un compi, no nos han ofrecido a sus hijas para que nos la chupen. Oye, los milagros, a Lourdes.

Las pasamos de todos los colores hasta ascender a Barí¨ges, el cámping del fin del mundo, de hecho hubo tramos enteros que los hací­amos a pie, no por estar derrengados sino por la incapacidad hasta con el desarrollo más corto de seguir dando pedales sin bambolearnos de lado a lado de la carretera. Peligrosa operación con tanto tráfico como hay, dado que con motivo de la carrera, se cortan todos los caminos el dí­a antes a primera hora.

Queda mucho para la cima, no estamos cerca ni de lejos, pero ahí­ termina el bosque, a partir de ese momento todo es pura hierbajos sobre roca. Los mapas en relieve te atemorizan. Muestran unas inmensas depresiones en ambas laderas de la ruta, en el norte no es una depresión, es un barranco, una inmensa cuchillada, como si álguien le hubiera dado un inmenso bocado al planeta. Por suerte, durante toda nuestra estancia estuvo nublado, pese a la caní­cula veraniega.

Allí­ entre la bruma seguimos haciendo amigos de todas partes, cicloturistas que subí­an con nosotros, caravaneros, grupos de extranjeros -como nosotros- arrejuntados. Visto el frí­o y la niebla no nos atrevimos a subir más. Si topamos con un grupo de gente enfiestada que hablaban español, hacia allá nos dirigimos pretendiendo unirnos al holgorio, pero no hubo lugar. Nos dijeron que aquello 'era' Euskal Herria (como unas veinte veces). Pese a ofrecernos a escotar los gastos, no nos dejaron pasar.

Bueno en la Feria de Abril pasa lo mismo, si no vas recomendado no entras en ninguna caseta. Ya, tí­o, pero es que nosotros estábamos dispuestos a pagar. A éllos no les interesa el dinero, son abertzales. Son gilipollas; además ¿cómo lo sabes? Recuerdas el puesto de la gendarmerie que vimos, el que estaba lleno de pancartas decomisadas de presoak kalera e independentzia, fijo que se las han quitado a éstos.

Ya, pero qué más les da dejarnos pasar. Verás, como soy el más viejo recuerdo cuando presumí­an de su militancia y se les miraba con comprensión. Recuerdo también que iban a aprender comunismo práctico a los Balcanes, pero no a la Yugoslavia de Tito, o la Rumania de Ceaucescu, sino a la Albania de Enver Hoxha. ¿Y? Su alternativa socialista es el maoismo, como Albania o Corea del Norte o Sendero Luminoso en el Perú; para éllos lo importante no es la independencia, éso es sólo el primer paso, lo importante es conseguir el estado socialista; por eso nunca quieren entregar las armas, las necesitan para meter en vereda al resto de los vascos.

Si, hombre, y los vascos van a comer hierbajos como los coreanos. Tiene su lógica, perversa, pero lógica; el pueblo vasco cerrado en torno a si mismo y completamente de espaldas al resto del mundo. Lo dicho, son gilipollas; ¿y de que piensan vivir? Pues de lo mismo que los albanokosovares, supongo (risas), aunque lo llamarán extender la revolución (más risas).

Los ciclistas ascendieron entre el gentí­o y la niebla. Nosotros lejos de las orillas de la calzada unos cinco quilómetros más arriba de Barí¨ges, en un promontorio sobre el lado izquierdo de la ruta en una pequeña curva esperamos hasta ver pasar al pelotón de sprinters. Esta vez no iba Freire escapado como hace dos años.

(http://cache4.asset-cache.net/xc/81928406.jpg?v=1&c=IWSAsset&k=2&d=77BFBA49EF8789215ABF3343C02EA5482BCC128403479CD8208605BAD6C06FC2ADC222FD4237708FE30A760B0D811297)

Bajar fue otra cosa, la gendarmerie no nos lo consintió hasta prácticamente el dí­a siguiente, tal era la muchedumbre acumulada. Hicimos ruta andando junto a otro grupo de cicloturistas holandeses con los que nos entendí­amos en inglés. Tipos majos que nos hablaban de Fraiahr (Freire) dado que su Rabobank es poco menos que la selección de Holanda e incluso de Ijniajstah (por contexto, puesto que hablábamos de fútbol debe ser Iniesta), claro que nosotros les mentábamos a "Cruiv" (Kroijf, según ellos).

 Intercambiamos cervezas y fotos arrejuntados -si Felipe II lo viera- antes de llegar a sus autocaravanas desde donde tení­an previsto anticiparse al la llegadas del Tour.

Hacia el sur.

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Salto, Uruguay. 1901.

Zé Inácio, el negro Andrade, está sentado delante de su mucama embarazada, vigilando su respiración agitada, su dormitar sudoroso, su inmensa panza que bajo la sábana semeja una montaña. El es un preto velho huí­do del Brasil, hace tiempo que se gana la vida con sus conjuros y curaciones. Así­ ha obtenido lo poco que posée, sus mayores bienes están el la memoria. Entre otras cosas, la corte de seguidoras fieles que siempre ha tenido, entre éllas esta joven argentina de apenas veinticinco años, ahora encinta de un hijo cuya paternidad nadie duda.

Pero le causa asombro volver a ser padre a su avanzada edad. ¿Cuántos años tendrá? Ni se sabe. Casi un centenar. Sus primeros recuerdos son de cuando le desembarcaron en el puerto de Pernambuco y le llevaron al mercado de esclavos, o sea que posiblemente ni siquiera es americano. El capellán del puerto llevó a cabo su cristianí­sima labor bautizándole como José Inácio. Y fue adquirido por un fazendeiro llamado Andrade, que le llevó a su plantación en el sertí£o.

El sertí£o, el cruel y maligno desierto del nordeste del Brasil, allí­ donde solo hay alimañas y hierbas venenosas, donde hasta la misma tierra indómita hace saber a diario a los hombres que no se doblegará a sus infecundas labranzas, que permanecerá por siempre agraz. Sólo un olivo creció, estéril como la misma tierra, pero monstruoso en tamaño resquebrajando la pared norte de la hacienda de un Andrade cada dí­a más parecido a sus esclavos, no sólo por los vástagos que dejaban sus acometidas a las esclavas, sino por el aspecto descuidado y harrapiento del propio fazendeiro.

Allí­ aprendió Zé Inácio gran parte de sus artes de curandero. Las bastantes como para que el arruinado Andrade se lo llevara consigo cuando se enroló en el ejército del Reino Unido del Brasil, Portugal y el Algarve para conquistar la provincia cisplatina.

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Desdichada empresa fue aquella pues tras el triunfo inicial frente a los desorganizados secesionistas de las Provincias Unidas del Rí­o de la Plata, éstos se revolvieron primero por mar, donde el almirante Guillermo Brown, al frente de su goleta "Veinticinco de mayo" con un sólo cañón en proa, fue capaz de tener en jaque y hacer retroceder a toda la Armada Real Brasileña. En una de esas escaramuzas, cuando el hado de la guerra habí­a ya cambiado, el propio Brown le perdonó la vida al mercenario italiano Giuseppe Garibaldi -que formaba parte de las fuerzas brasileñas-, por su valentí­a.

Privados del mar, todo iban de mal en peor en tierra por el alzamiento de los Treinta y Tres Orientales. Zé Inácio tuvo la suerte de que su amo le prestara para auxiliar al herido Garibaldi. Más tarde sabrí­a que Andrade habrí­a sido dado por muerto en la batalla de Tacuarembó.

Oficialmente sin amo, pero aún esclavo, entró al servicio del militar italiano durante la desastrosa retirada. Cuando llegó, Brasil era un imperio.

Pronto comprendió que Garibaldi era un personaje especial, miembro de los masones y simpatizante del Partido Liberal, participó en la sublevación que llevó a la guerra de los farrapos contra el gobierno imperial de Brasil, dando origen a la República de Rio Grande do Sul que apenas duró dos años.

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No cejó por ello Garibaldi, que atravesó las fronteras para unirse a las fuerzas de los unitarios del partido colorado en su lucha contra los federales del partido blanco en la llamada Guerra Grande. Estaban apoyados por tres imperios, el brasileño, el francés y el británico. Amén de los mercenarios italianos también habí­a españoles. Pese a ello, el caudillo colorado Manuel Oribe, con el sólo apoyo del dictador unitario argentino Juan Manuel de Rosas, fue capaz de mantener la situación en una situación de empate.

Garibaldi se hizo cargo de la armada colorada, pero para su desgracia, enfrente estaba la flota de su viejo enemigo Guillermo Brown. Muchas fueron las batallas y variada la suerte. Como todo en esta guerra absurda e interminable, el enfrentamiento terminó en tablas. Mientras tanto, el italiano se habí­a casado con su gran amor la valerosa Anita Garibaldi, por nombre verdadero Ana Maria de Jesus Ribeiro da Silva.

Precisamente Zé Inácio pudo sentir la nostalgia del héroe por su patria, su hartazgo por una guerra empantanada. Allá le habló el libertador de sus temas de siempre, la república y la abolición de la esclavitud, pero lo hizo en todo momento refiriéndose a Italia. Le comentó cosas sobre la sublevación de 1831 contra los austrí­acos liderada por el patriota Ciro Menotti, en cuyo honor habí­a decidido dar a su hijo -si es que nací­a varón- el nombre de Domenico Menotti Garibaldi.

Dí­as después Garibaldi le presentó al caudillo unitario argentino Juan Galo de Lavalle. Héroe de la independencia del subcontinente, pese a ser descendiente directo de Hernán Cortés, le dijo. Ha luchado en Chile, el Perú y el Ecuador contra los españoles, siguió. Abreviemos la perorata, quiero que pases a su servicio, él como yo repudia la esclavitud... y necesita un curandero.

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Y allá se fue Zé Inácio por devoción hacia Garibaldi, en el ejército del general Lavalle que intentó arrancar el puerto de Buenos Aires de las garras del infame De Rosas. Pero nada era como le habí­an contado. El gran héroe libertador, el General José de San Martí­n, antiguo superior de Lavalle, rehusaba tener tratos con él. Lavalle destacaba por su crueldad y su deseperación, hasta el punto de que las gentes de Buenos Aires, si bien unitarias, le dieron la espalda cuando entró en la ciudad.

Lavalle hizo ejecutar al gobernador Dorrego, ganándose con ello la enemistad eterna del caudillo oriental Oribe y lo que es peor el desprecio de su adorado San Martí­n que al respecto escribió:

"Serí­a un loco si me mezclase con estos calaveras. Entre ellos hay alguno, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuanto estaban a mis órdenes en Chile y en Perú…son muchachos sin juicio, hombres desalmados..."


Deprimido, confuso, desesperanzado, Lavalle emprendió una cabalgata de muerte hacia a ninguna parte. De derrota en derrota por el interior del paí­s rumbo a la cordillera andina, aún le darí­a tiempo a escribir a su esposa:

"Esta carta te va a hacer derramar lágrimas. No he encontrado sino hordas de esclavos, tan envilecidos como cobardes y muy contentos con sus cadenas. Es preciso que sepas que la situación de este ejército es muy crí­tica. En medio de territorios sublevados e indiferentes, sin base, sin punto de apoyo, la moral empieza a resentirse, y es el enemigo que más tengo que combatir. Es preciso que tengas un gran disimulo, principalmente con los franceses, pues todaví­a tengo esperanzas.

Tú no concibes muchas esperanzas porque el hecho es que los triunfos de este ejército no hacen conquistas sino entre la gente que habla: la que no habla y pelea nos es contraria, y nos hostiliza como puede. Este es el secreto origen de tantas y tantas engañosas ilusiones sobre el poder de Rosas, que nadie conoce hoy como yo.
"


Pero no hubo caso, todos sus planes se desvanecieron como aire. Acosado pretendió llegar a Bolivia, pero era el caso que en la columna de Lavalle viajaba una sola mujer, su amante, que además era hija y hermana de dos hombres a los que el propio general habí­a hecho fusilar. Élla fue quien le descerrajó el pecho de un tiro en Jujuy terminando con su vida. Sus menguados fieles encomendaron al negro Zé Inácio descarnar el cadáver del general para preservar su cabeza, su corazón y el esqueleto.

Zé Inácio regresó al Brasil y vivió oculto practicando sus artes hasta que el buen emperador Pedro II abolió la esclavitud. Nunca lo hubiera hecho, fazendeiros y coloneles se sublevaron y lo obligaron a abdicar. Fue entonces cuando el negro Andrade volvió a Uruguay y desde entonces hasta ahora, sólo buscó envejecer en paz.

Hasta ahora, que tiene frente a él a la joven argentina embarazada de su hijo. ¿Durante cuanto tiempo podrá verle crecer?
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Septiembre 05, 2010, 06:08:50 p. m.
Todo el poder y la gloria. 1*

Nuestra empresa de grabación contrata gente en dos turnos, si bien se pueden echar horas, e incluso doblar turno, todo ello queda en manos del jefe de tarde, que obviamente reparte el puesto entre su tropa al tiempo que les hace ver lo estupendo que él es por darles más trabajo. Pero todo tiene su contraparte, cuando echas horas en la nómina te suben las retenciones del IRPF hasta el 20% para seguir pagándote alrededor de los mil euros netos (si no haces horas o son muy pocas la retención está en torno al 5%)

Así­mismo, solo se permite coger vacaciones partidas en dos turnos de quince dí­as, las únicas excepciones se hace con el personal sudamericano, al que se permite coger el mes completo por aquello de los viajes al otro continente.

Ambas cosas generan la habitual maledicencia entre empleadas. Las del turno de mañana se quejan de que vengan las del turno de tarde a echar horas. ¿Quieren hacer horas éllas? La verdad es que no, que muchas de éllas escogen ese turno para poder estar con sus peques cuando salgan del cole, pero la cosa es protestar. Como también se refunfuña por las "privilegiadas" sudacas que tienen un mes segido de vacaciones en vez de dos semanas.

Aquí­ empieza nuestra historia, Silvana lo tení­a todo para ser colocada en el grupo de las privilegiadas. Argentina, trabajadora del turno de tarde que doblaba turno por las mañanas, la salvaba de cara a las demás ser una chica sociable y desenvuelta; de cara a las demás, excepto como es obvio, a las amargadas de siempre que nada les viene bien.

Y justamente fue el asunto de las retenciones en la nómina lo que desencadenó esta historia que ahora leéis. Silvana opinaba que puesto que a élla lo que le interesaba era acumular dinero para volverse a Argentina, qué necesidad tení­a de cotizar tanto si no pensaba jubilarse en España; de modo que fue a negociar el tema con la jefa de Recursos Humanos, que se limitó poner excusas y darle largas. Aprovechando que estaba en la zona noble, vió que se hallaba el director y propietario de la empresa en su despacho y allí­ se coló a exponerle sus cuitas.

El jefe la atendió con afable educación, según contaba élla misma orgullosa de su gestión, e incluso le pidió amablemente que llamara a la jefa de recursos humanos y al superior de Silvana, el jefe del turno de tarde. Algo menos amable debió de mostrarse el gran jefe con los dos cargos intermedios, porque salieron pálidos de la reunión, esto lo se yo que estaba allí­ y oí­ al jefe de tarde susurrar a la de recursos humanos: "Lo que pasa es que esta tí­a es una lista. Pero tranquila, que a ésta la pongo yo en su sitio. A partir de ahora, no le paso ni una." Era marzo del 2005.

En los siguientes dí­as, Silvana empezó por perder el nombre y pasar a ser "tú" en el mejor de los casos, a espaldas suyas el jefe se referí­a a élla como "la gallega" o "la primita" delante de los demás empleados. Junto a los otros jefes de sala comentaba el bajo rendimiento que daba por sus excesivos fallos producidos por las muchas horas de dejarse las pestañas frente a la pantalla del ordenador y los dedos en los teclados. Cuando llegaba a solicitar una nueva remesa de trabajo, el jefe con expresión de hastí­o cojí­a el fajo de documentos y literalmente se lo tiraba sobre la mesa. Ante cualquier duda que élla tuviera, empezaba por no responderla y si insistí­a, le pedí­a que le repitiera la pregunta porque no la habí­a entendido, finalmente y a la tercera le respondí­a con un "tú sabrás" que al parecer valí­a para todo, pero que en puridad lo único que conseguí­a era poner a Silvana de los nervios.

Al cabo de un mes, los demás jefes de sala se habí­an unido a la cacerí­a. Contabilizaban cada uno de sus errores, o cronometraban -es un decir- el tiempo que se pasaba fumando, a una de las jefas llegué a oí­rle decir "luego se mete en el lavabo y se pasa ahí­ media hora llorando". Era la comidilla del puesto de mando al punto que el encargado general, harto de la cantinela, le dijo al jefe de tarde que si no le gustaba su trabajo que no la llamase para hacer horas y asunto resuelto.

Esto motivo un cambio en el jefe de tarde. Evidentemente se dió cuenta de que tiraba piedras contra su porpio tejado, el privilegio de decidir quién viene a echar horas y quién no. Así­ que de mayo de 2005 en adelante, iba soltando a quién quisiera escucharle una frasecita envenenada que llegó a hacerse célebre: "lo que pasa es que soy un buenazo y esta tí­a se ha aprovechado de mí­".

Por increí­ble que parezca, este soniquete fue entendido de la peor manera posible. Increí­ble porque Silvana estaba en la oficina de ocho de la mañana a diez de la noche, su vida se reducí­a a ir desde su casa en Villaverde al trabajo en Arganzuela y del trabajo a casa. Pero la gente entendió (o quiso entender) por la bragueta y dió por supuesto que Silvana era la querida del jefe del turno de tarde, casado, dos hijas pequeñas.

No ayudaba desde luego, que el jefe cada vez que se juntaba con los pocos empleados de la oficina fuera ponderando las bonitas piernas y mejor culo de "la gallega" y haciéndonos saber que "a la primita le gustan mucho los hombres". Delante de las empleadas, las hací­a notar cada vez que Silvana se paraba a hablar con alguno de los chicos. En una ocasión en que una empleada trajo a su recién nacido -costumbre esta que tienen en mi empresa las jóvenes mamás, de pasarse por la oficina durante la baja por maternidad a presentarnos a sus peques- el jefe de tarde viendo a Silvana entre el corrillo de chicas arremolinadas entorno al bebé la soltó un "ten cuidado con lo que haces, no vayas a volverte a Argentina con uno de éstos."

Era julio del 2005 y aquella fué la única vez que protesté. Y tampoco fue mucho. "ya vale ¿no?" dije a la sonrisa perdonavidas del jefe. Ya vale ¿no?, seguro que fue así­ como Leónidas paró a los persas en las Termópilas. O como Alejandro Magno se adentró en Asia, con un ya vale ¿no?.


1* Continuará...


Valentina Tereshkova, Europa. 2*

Dey miraba con curiosidad desconfiada las bandejas de comida liofilizada, finalmente se decidió por una que parecí­a una caja de bombones abierta, con pequeños compartimentos en los que habí­a cubos de distintos colores. Comida japonesa. Gyoza, 4 nori maki, 8 sushi (4 niguiri y 4 maki) Ebi tempura y Moriawase de shusimi variado. Para beber cogió un envase congelado de te verde. Se fue a la cola formada frente a los aparatos hidratador y descongelador, introdujo la tarjeta de pago y se fue con su comida a la mesa donde ya le esperaba su ayudante Roswitha Stenmark.

Stenmark ya era ayudante de la anterior jefa de logí­stica portuaria, Arundhati Kallanagowdar, destituida a raiz de la Crisis de la Tribecca Williams. Dey debí­a su ascenso a un descubrimiento casi casual que llevó a cabo con la ayuda de su amante Anh Thanh, procedente de Marte y por lo tanto versada en la más larga guerra en que jamás se hubiera visto envuelta la Humanidad.

Así­ que hasta cierto punto podí­a decirse que Dey habí­a pasado por encima de Stenmark en el escalafón por una cuestión de suerte. Sus relaciones eran cordiales y fructí­feras, pero Dey sentí­a la necesidad de reforzar esa cooperación y entendimiento con su segunda, no fuera Roswitha a jugársela como todas opinaban que la controladora de seguridad Bohórquez -élla misma- se la habí­a jugado a Kallanagowdar cuando una nave procedente de Júpiter I infectada con algas criptófitas marcianas fue puesta en cuarentena por cuenta y riesgo de Dey sin avisar a su superiora.

Pero Dey habí­a obrado bien, pese a las crí­ticas por saltarse la cadena de transmisión. Conocí­a por Ahn Thanh como las primeras mundociudades marcianas trataron de terraformizar el Valle Marineris con lí­quenes y cianobacterias que de consuno con el albelo marciano deberí­an empezar a fijar la radiación solar sobre la superficie de Marte y permitir la condesación de vapor de agua. Se conocí­a de antiguo la existencia de nanobios y bacterias anaeróbicas y extremófilas en el planeta rojo, surpervivientes de cuando Marte poseí­a un océano boreal tan extenso como la sudamérica terrestre. Lo que no se sospechaba era que el albelo del Valle Marineris era, en realidad, esporas de algas unicelulares, que al recuperar el contacto con el agua, atacaron virulentamente no sólo a los microorganismos terrestres, sino que llegaron a introducirse en los circuitos de refrigeración de las mundociudades marcianas obligando a las humanas a abandonarlas.

Llegó un punto en que sólo las cúpulas construidas sobre los cráteres apagados de los dos grandes colosos de la zona volcánica de Tharsis -Alba Patera y Monte Olympus- pudieron sobrevivir a la Gran Plaga Ficótica. Desde entonces, las humanas se habí­a expandido por los casquetes polares marcianos, pero Valle Marineris -que ocupa prácticamente todo el ecuador del planeta- seguí­a desarrolando vida por su cuenta refractario a la presencia humana. Los intentos de recuperar mundociudades en la zona se saldaban con fracasos frente a la resistencia y diversidad de las algas unicelulares marcianas, aparentemente inmunes a todo organismo vivo, natural o genéticamente alterado, o a todo componente quí­mico usado por las humanas para combatirlas.

Y así­ llevaban siglos, porque con organismos unicelulares es imposible llegar a pactos, treguas, armisticios o acuerdos. La zona más apta para la vida en Marte, que de hecho contaba ya con rí­os propios, no estaba en manos humanas... hasta ahora. Por que lo que Dey habí­a descubierto el la Crisis de la Tribecca Williams -una nave carguero que llevaba el nombre de la presidenta estadounidense que reconquistó su paí­s de la invasión china en el siglo II de la Era espacial- al intentar aislar a las algas marcianas en un contenedor de hielo recién extraí­do de Europa, era que los microorganismos europeos presentes en el hielo habí­an atacado a las algas marcianas, destruyéndose mutuamente en el proceso, al menos esa impresión daba.

La rápida y sorprendente solución de la crisis le habí­a valido el ascenso a Deyanira Bohórquez, pero también su exposición ante las grandes corporaciones. Se habí­a convenido en recoger otro cargamento de algas marcianas y transportarles a Europa para probar la eficiencia de los microorganismos europeos; de funcionar, la Valentina Tereshkova exportarí­a no solo agua congelada, sino también el nuevo arma definitiva para terminar de una vez por todas con la larguí­sima Guerra Ficótica en Marte.


2* Continuará...
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Septiembre 29, 2010, 02:04:06 p. m.
Todo el poder y la gloria. 2*

No se puede decir que el jefe de turno hiciera nada particularmente grave. No la insultaba ni la agredí­a. Solo insinuaba cosas a espaldas de élla, la poní­a motes o la ignoraba cuando Silvana le hablaba. Nada especialmente llamativo, salvo que te fijaras en que lo hací­a de contí­nuo.

A medida que llegó el otoño supongo que la situación nos afectó a todos en mayor o menor medida. Las que únicamente eran compañeras de trabajo creí­an lo que decí­a el jefe, cuando el rí­o suena, ya se sabe. Qué fácil es ponerse de parte del que manda. Y qué difí­cil preguntar a tu compañera, por si te estás metiendo donde no te llaman, o por si élla no se ha enterado o en habiéndose dado cuenta prefiere no tocar el tema. En fin, los cobardes tenemos mil excusas.

Más raro fué que sus amigas y amigos dieran pábulo a la maledicencia y barruntaran que algo podrí­a haber. "También tú, cómo eres". Eso fue lo que dejó más tocada a Silvana. No pareció darse cuenta de dónde procedí­a el mal rollito. O mejor dicho, algo supo pero creyó que con hablar se arreglarí­an las cosas. Pilló en un aparte al jefe de personal y le dijo "oxe, a ver que vas diciendo, que la gente se crée que me acuesto contigo". Ignoro si él respondió. Pero hablar en este caso, no sirvió de mucho. La situación continuó.

Porque Silvana, como es obvio, era a estas alturas la más afectada. De ser la tí­pica chica a la que le encanta hablar de si misma y sólo está esperando a que le preguntes, pasó a ser suspicaz y desconfiada. Cada vez qué le hací­as una pregunta, se tensaba, poní­a una mirada asesina y te espetaba de malas maneras o bien un "¿qué querés decir?", o bien un "¿por qué preguntás éso?" Y como es normal, con esas formas, tuvo encontronazos con otras trabajadoras.

Y bueno, los pocos hombres de la oficina, que usamos de tontear, gastar bromitas y ser superamables con nuestras compañeritas, pasamos a mostrarnos lacónicos e indiferentes cada vez que Silvana intentaba hablar con nosotros. Y si élla no daba el primer paso, la ignorábamos como  fuera invisible o bien la rehuhí­amos como si tuviera alguna enfermedad contagiosa. Y qué decir cuando, a la vista de todas y a voz en grito, nos burlábamos de élla para hacer reir a las demás chicas. "Eh, uruguaya". Risas.

Qué valientes somos los tí­os para cebarnos con quién ha caí­do en desgracia. No los tenemos tan bien puestos cuando hay que plantar cara a un superior, ahí­ nos quedamos con un hilillo de voz y nos arrugamos.

Yo me convertí­ en su paño de lágrimas. Más que nada porque intuyó que soy de los que no suelta prenda. Así­ que conmigo tras su habitual tono seco y cortante cuando la empezabas a hablar se relajaba y procedí­a a contarme todas sus penas. Sabí­a que no las utilizarí­a para hacer burla de élla a sus espaldas como si hicieron incluso sus mejores amigas -y eso era lo que más le dolí­a, más incluso que la constancia de que el jefe iba a machacarla-.

Pero fue justa, siempre procuró reconciliarse con sus amigas y siempre supo incluso a dí­a de hoy de que su ya ex-jefe es un cabrón. Bien está que tengas claro quién es tu enemigo aunque te lleves mal con todos.

El mismo sentido de la omertá por el que no hablaba mal de Silvana a sus espaldas, me llevaba a ocultarle todo lo que hasta acá habéis leido. Le ofrecí­ palabras de consuelo y poco más. Nada hice por aliviarla salvo escucharla. Ni me encaré con el jefe al que sabí­a responsable, ni conversé con los compañeros para explicarles la situación.

Me equivoqué, no afronté el problema, supuse o más bien preferí­ suponer que las cosas se arreglarí­an por si mismas.

Nada se arregló.

2* Continuará.

Merry England. 1*

Zacharias Conrad von Uffenbach, hombre adinerado y desocupado y por ende viajero inquieto, llegosé a Londres en la segunda década del Siglo de las Luces, con el ánimo de recabar para su voluminosa biblioteca los más novedosos libros de la erudición en las islas. Pero también, hombre de mundo, para pulsar las cuerdas necesarias para captar en su alma el espí­ritu de la inquieta nación británica.

Siendo así­ que conoció a James Figg, conocido promotor de "prizefights", peleas y subsiguientes apuestas que si bien se consideran antecesoras del actual boxeo, distaban mucho de estar tan reglamentadas. Grande fue el interés del gentilhombre de Francfort del Main por esta brutal actividad, mayor si cabe cuando supo, al principio con el lógico espanto que cabe esperar de una persona educada, pero después también con una intriga nada inocente y casi dirí­amos que secreta lascivia, que en dichos combates también participaban mujeres.

Contábale Mr. Figg que él no reclutaba gente, le bastaba con pasearse por los barrios bajos y aprovechando pendencias ya existentes entre la gente humilde, convencer a dos individuos para que aceptaran pelearse a cambio de una participación en las apuestas. Tan desdichada era la condición de la servidumbre inglesa, que a veces ese magro porcentaje de los beneficios, les suponí­a una auténtica fortuna. Que se gastaban en fí­sicos, porque solí­an terminar horriblemente desfigurados.

Solicitó Herr Uffenbach, poder asistir a uno de esos espectáculos. Y cómo no, precisamente tengo preparado un evento entre dos mozos de cuerda del puerto, uno de éllos irlandés, dijo Mr. Figg con gesto cómplice. Al ver la cara interrogativa del alemán, Mr. Figg le aclaró que no habí­a peleas más polulares que las que involucraban a un inglés contra un irlandés. Que esa rivalidad calentaba a la  audiencia. Aún dubitativo, Her Uffenbach hizó una discreta confidencia acerca del tipo de combate que querí­a presenciar, lo que hizo sonreí­r no precisamente para sus adentros al inglés. Y no se preocupe, precisamente esta noche iba a concertar uno, y no hemos de tomar un carruaje, pues vamos a los bajos fondos, allá he de provocarlo y por éllo ha de contemplarse in situ.

Ninguno de éstos incovenientes, pareció molestar al alemán, máxime cuando supo que fácilemente podí­an ir andando desde el coqueto palacete en el West End donde residí­a hasta el justamente malfamado y cercano barrio de Saint Gilles. Mientras hací­an camino seguidos por tres fornidos bigardos, peligrosa jaurí­a que no obstante mostraban con los dos caballeros una docilidad y una mansedumbre propia de perros bien entrenados, el promotor le contó la historia de Mary Patricia, una robusta mujer de seis pies de estatura que se ganaba la vida vendiendo la clandestina y mortal bebida holandesa que era, bien lo decí­an los puritanos, el único alimento de las clases bajas: Lady Ginebra. Le explicó que era madre de seis arrapiezos asilvestrados y malvestidos, si bien sorprendentemente todos parecí­an hijos del mismo padre, más sorprendente aún, dicho padre era el esposo de Mary Patricia, Wilbur Blacksmith, un porteador de mercado que se sacaba un sobresueldo como prizefighter. Justamente el no haberse recuperado de su último combate y la acuciante necesidad de dinero de la humilde familia, habí­an llevado al matrimonio Blacksmith a solicitar la ayuda de Mr. Figg. No era ajena la mujer a este tipo de luchas, tení­a varias en su haber y el ladino entreperneur la convenció para fuera por los locales de despacho de bebidas, amén de para hacer entrega del prohibido licor, para provocar pendencia con alguna prostituta, las mujeres que más fácilmente aceptaban intervenir en una prizefight.

Pero la fama de Mary Patricia o bien su imponente presencia, su frí­os ojos azules enmarcadas por una cabellera negra como el carbón y unos pómulos marcados, su boca permanentemente cerrada con las mandí­bulas apretadas (rictus que poní­a porque la avergonzaba que la gente supiera que estaba medio desdentada), hací­an que muchas de las increpadas huyeran atemorizadas.

Pero es posible que la situación cambie una de estas noches, informaba con pí­cara mirada Mr. Figg a su acompañante, puede que esta, quién sabe. Hay una linda joven que se desempeña en los muelles, puede Vd. imaginar en qué; se llama Molly no-sé-qué, pero todos la llaman "Bonita", es una palabra española o italiana, un nom-de-guerre que le colocaron los marineros agradecidos por sus servicios. Son muchas las mujerzuelas que están hartas de las insolencias de nuestra Mary Patricia, pero por lo que me ha contado Wilbur, sólo está ramera no se ha cohibido ante élla y se ha atrevido a plantarle cara. Al parecer también es bastante alta y ya le digo que las chicas del gremio la azuzan pues temen que nuestra campeona les siga espantando la clientela.

Hoy podemos ver un hermoso espectáculo, concluyó jovial Mr. Figg, captando el azoramiento de su interlocutor.

1* Continuará.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Octubre 17, 2010, 09:01:46 p. m.
Las sombras del héroe del pueblo.


Treinta y tres años ha que en la localidad de Ensenada vino al mundo Adrián Quinteros.

Adriancito, de joven, desarrolló intensa pasión por el equipo de fútbol de su pueblo, el Defensores de Cambaceres, equipo chico, club modesto de las divisiones inferiores de la Argentina. Con el tiempo su afición creció y se hizo un seguidor de rompe y rasga, de esos que intercambian trozos de graderí­a con la afición rival en cruentas pedreas, o se dedica a jugar al juego de la bandera, consistente en quitarle los trapos a los seguidores del otro equipo y procurar que no te quiten los tuyos. Todas esas actividades recreativas de dí­a de partido que hacen de los argentinos dignos herederos del Imperio Romano, cuyas trifulcas en los alrededores de coliseos y anfiteatros aún hoy ponen los pelos como escarpias.

Si bien los sinsustancia de guardia le tildan de barrabrava, forzoso es precisar que Adrián no era un patotero cualquiera, era el lí­der de la barra de Defensores de Cambaceres, una de las más activas y malfamadas de toda la Argentina y eso, queridos lectores, es mucho decir, habida cuenta la modestia del equipo y la brutalidad innerente a estás agrupaciones, que se dedican no solo a propiciar pendencia con aficiones rivales sino también al célebre apriete, palabra con la que designan a las extorsiones a jugadores, técnicos y directivos de su propio club, a costa del cual viven en la mayorí­a de los casos.

Pero llegó un momento en que nuestro homenajeado pensó que ya iba siendo hora de asentar la cabeza. Tal inspiración le advino hace cuatro años, durante el traslado del cadáver del General Juan Domingo Perón a su antigua quinta de recreo y actual mausoleo familiar de San Vicente. Allá en medio del numeroso cortejo que acompaño los restos del admirado prócer, suscitáronse encontronazos entre el sindicato de camioneros dirigido por Hugo Moyano mandamás de la CGT y el sindicato de obreros de la construcción de su acérrimo rival Juan Pablo Medina, para el que nuestro Adrián Quinteros y su barra de Defensores de Cambaceres actuaron de fuerzas de choque auxiliares. Increible pedrea, tremendo quilombo, el inadaptado de siempre abriendo fuego con una pistola, carreras y demás montaron entre camioneros y albañiles a las puertas del recinto al paso del ataud con el occiso Padre de la Patria, mientras que los destacamentos asignados de la federal para cubrir la seguridad del evento se decí­an "Uh, el proletariado en armas. No se rí­an muy fuerte, no sea que la emprendan con nosotros." Un veterano senador de la República, con un discurso tan ajado como él mismo declamaba "acá está el pueblo de Perón, el pueblo, sólo el pueblo" y el pueblo mientras tanto a pedradas.

Lindo, lindí­simo. Y edificante. Si a eso le añades las locas aventuras superdivertidas del cadáver de Evita (http://www.portalplanetasedna.com.ar/eva_peron1.htm), que vió más mundo muerta que en vida, se entenderá porque en Argentina hay tantos psicólogos. Falta les hace.

Nuestro Adrianzote decidió abandonar su antigua vida de correrí­as y luchas para apoyar una candidatura a la presidencia del humilde Defensores de Cambaceres a cambio de una vicepresidencia. No es preciso ser muy espabilado para intuir por qué la terna que le incluí­a ganó dichas elecciones. Algo más extraño, pero visto lo visto entendible, fue que el presidente y su vicepresidente primero pidieran la excedencia y dejaran a Adrián Quinteros a los mandos de la nave. Y su gestión en primer año, a fuer de ser sincero, fue ejemplar, en la junta de exposición del balance de cuentas presentaron superávit. Su-per-á-vit, palabro que la mayorí­a de los dirigentes del ruinoso fútbol argentino hubo de ir deprisa y corriendo a buscar en el diccionario para saber qué significa.

Pero -ay- abundosa es la mezquindad y mucha la suspicacia, siendo así­ que la Justicia Federal no creyéndose ni por pienso tales proezas contables empezó una investigación contra el buenazo de Adrián. Y -ayayayayay- halló que el novato dirigente financiaba al club de sus amores vendiendo electrodomésticos a bajo precio, tanto más baratos cuanto que los obtení­a en atracos a mano armada. Fue detenido y acusado de robo agravado por el uso de arma en forma reiterada (http://www.ole.com.ar/fuera-de-juego/afano-suspendanlo_0_344365630.html). Impresionante. Lo nunca visto en muchí­simos años. Un dirigente del fútbol argentino que en vez de robar a su equipo, roba para su club. Dí­gase lo que se diga, un héroe.



Valentina Tereshkova, Europa. 3*

-"Buen partido, Phuong."

La jefa de planificación, sonriose Anh Thanh, siempre tan envarada aunque estemos todas en bolas en las duchas.

-"Señoras"- continuó ésta- "les recuerdo que tras la hora de esparcimiento intelectual hemos sido convocadas por el Consejo Administrador de la Valentina Tereshkova en el restaurante de la cúpula para una cena informal. No fallen. Se tratarán temas de interés."

-"¿El traslado de la ciudad?"- Preguntó ilusionada Anh Thanh.

-"No puedo adelantar nada, pero..." -Una inusual expresión de alegrí­a asomó al rostro de la veterana jefa de planificación- "...creo que sí­. Se han hallado géisers de hielo cálido en la zona de exploración designada y se necesitan perforaciones previas para evaluar la potencial amenaza antes del traslado."

-"¿Vamos hacia la región de Conamara Chaos? ¿Afecta el campo magnético? ¿Tiene que ver con el oxí­geno de la atmosfera?" Las preguntas se agolpaban entre las inquietas tripulantes de V.E.E.

"Señoras, señoras" -imploraba la jefa- "No piensen en ello, relájense, ocupen sus mentes con otras actividades, y lleguen frescas y puntuales al restaurante de la cúpula. Allá recibiremos todas cumplida respuesta."

Va a ser difí­cil, pensó para si la piloto Phuong, pero se dirigió a la biblioteca virtual a continuar su lectura de "Historia antigua de la región terráquea de Indochina". Habí­a solicitado esa actividad por curiosidad, recordando que sus padres le habí­an comentado que su familia procedí­a de ésa zona del planeta origen de la humanidad.

Anh Thanh descendió de su aereodeslizador y penetró en el edificio. Solicitó una hora para una de las cámaras de representación tridimensional. Introdujo su tarjeta de pago. "Saludos, señorita Phuong" -dijo la máquina- "su última lectura fue Historia de Indochina, 1.900 años antes de la Era Espacial. ¿Desea continuar esta lectura? ¿Quiere un resumen de lo leí­do?" "Continuar."

La pantalla se abrió y la voz locutora fue explicando en imágenes la rebelión de las hermanas Tru´ng:

Aproximadamente mil novecientos años antes del lanzamiento del Sputnik, en occidente Roma conquistaba la isla de Britania y era ejecutado el fundador de la desaparecida creencia llamada Cristianismo. Las hermanas Tru´ng Trac y Tru´ng Nhi, hijas de un pequeño dirigente local, acaudillaron una rebelión contra los administradores chinos. La hermana mayor, Tru`ng Trac, ante el asesinato de su marido por las fuerzas de ocupación chinas, se rebeló contra el dignatario imperial y con ayuda de su hermana menor, lo expulsaron de su aldea natal.

No se contentaron con expulsarlos de su aldea y formaron un ejército compuesto exclusivamente por mujeres, derrotarando a los invasores del norte y retomando una a una sesenta y cinco ciudadelas en poder del ejército chino. Tru´ng Trac se hizo proclamar reina del Nam Viet.

El Celeste Imperio no podí­a tolerar tamaña insolencia y preparó un expedición punitiva que superaba en mucho el número y pertrechos del ejército de mujeres de las hermanas Tru´ng. Ambas fuerzas chocaron el la decisiva batalla del Rí­o Day, un afluente del Rí­o Rojo.

Pese a ser conscientes las mujeres desde los primeros compases de la batalla de su más que previsible derrota, siguieron combatiendo sin retroceder hasta ser totalmente aniquiladas, sus dos comandantes Tru´ng Trac y Tru´ng Nhi, ante las últimas supervivientes de la masacre decidieron suicidarse para evitar el deshonor.



3* Continuará.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Octubre 24, 2010, 07:17:38 p. m.
Todo el poder y la gloria. y 3.

Para noviembre de 2005, Silvana pidió la baja por depresión en la empresa. No llegó a abandonarse del todo, fuera de un primer momento en el que apenas salí­a de la habitación de su piso de alquiler compartido. Yo la llamaba a diario e incluso, cuando podí­a, iba a visitarla. Todo por que no se hundiera. La hablaba de salir -no querí­a-, de hacer deporte -fumadora como es, no se veí­a-, de aunque sólo fuera ponerse a bailar élla sola sin que nadie la viera en la habitación -risas dolidas, pero lo hizo-.

No se si acertadamente nos propusimos buscarla otro trabajo, visto el mal ambiente existente; algo encontramos, tan mal pagado como suelen ser los trabajos de grabadores de datos y encima sin el beneficio de la antigí¼edad en la empresa. Todo por rehuir el conflicto, pienso ahora. ¿Hubiera sido mejor, sino tirar de la manta, llegar a un acuerdo de convivencia en mi empresa? ¿Hubiera sido posible?

Preguntas sin respuesta. Silvana volvió en invierno sólo para pedir la cuenta al cabo de medio año de aislamiento, incomprensiones y más peleas con sus compañeras. Tení­a otro trabajo de machaca, una birria, de hecho se vió obligada a cambiar de piso compartido en alquiler a otro más modesto, casi un piso-patera para inmigrantes.

Concluí­mos en que lo mejor era que regresara a Buenos Aires. No fue alegre, ni fácil, ni dichoso, pero nos llevábamos bien, en medio del sentimiento de derrota. Casi hablaba yo más que élla, cosa sorprendente. La animaba diciendo que la crisis económica en España era inminentenota y que para estar así­, mejor volverse.

En septiembre de 2006nota conseguí­ reservarle pasaje a Buenos Aires con Aerolí­neas Argentinas. Solo ida, 532 €. Una minucia, dirán algunos; más de medio mes de sueldo, un imposible, responderéles yo.

La extraño.

La extraño mucho.


Nota: He alterado las fechas. Lo que cuento sucedió casi dos años después, en 2007.

Merry England. 2*

"La Taberna del Culpable" acogió, no sin asombro, a los dos gentilhombres y a su pequeña cohorte. Ninguno hizo honores a los licores del lugar, contentándose con dejar caer su vista por sobre encima de la patulea que lo poblaba. Ah, dijo Mr. Figg, ahí­ tenéis a Mary Patricia. Véis, Mr. Von Uffenbach, al otro lado de la cristalera, en la calle, a aquella larguirucha de pelo rubio, ojos azules y labios carnosos, preguntó Mr. Figg y sin esperar respuesta añadió, ésa es Bonita; quizá convendrí­a que la invitáramos a una ginebra. ¿No es ilegal? Solo si te descubren. ¿Querrá entrar? Y cómo iba a rechazar esa desgraciada la oportunidad de obtener dinero de unos gentilhombres.

Satisfecho Mr. Figg, llamó al tabernero y pidióle seis pintas. ¿Ale para vos? No, por favor, me agrada la stout. Seis pintas de stout, pues y añadid una frasca de ginebra por cuenta de nuestro invitado para el matrimonio Blacksmith; precisádselo. Al punto envio a un lacayo con una guinea para atraer a nuestra ví­ctima, si por un casual otras perdidas se interpusieran, no dudes en invitarlas también, pues somos varios y no conviene que élla desconfí­e de una encerrona. Disculpe si le hago partí­cipe de los gastos, es dinero bien invertido, créame, si se entabla la reyerta, nuestras ganancias en las apuestas, simplemente como tenientes del monto, pueden llegar a ser del veinte por uno con respecto al gasto que precisemos hacer en bebida para embrutecer a las contendientes.

No se sienta obligado a disculparse, colaboraré gustoso pues ha tenido a bien prepararme este espectáculo; entonces, ¿no hemos de apostar nosotros? Yo desde luego, no lo haré pues seré el fiador de las apuestas; Mr. Blacksmith, que está al tanto, colaborará con nuestros lacayos en ser árbitro. Mas si deséais apostar por vuestra cuenta, cosa que no os recomiendo, no sabrí­a deciros; Mary Patricia, quizá, por ser de mi confianza, pero algunas de mis pesquisiciones me hacen sospechar que Bonita no va a ser una pieza fácil de cobrar, apostar por élla os puede traer jugosas dividendos...

Éntrose el lacayo de vuelta con cuatro mujerzuelas, Bonita entre éllas, Mrs. Blacksmith se tensó, apuró de un trago el vaso e hizo una seña afirmativa a los caballeros. Desplegaron vanamente sus encantos las mujeres de la calle, si exceptuamos la frasca de ginebra que se aprestaron a consumir con alborozo.

En medio del bullicio de "La Taberna del Culpable", un vozarrón femenino empezó a clamar contra la presencia de prostitutas en el establecimiento. Qué vergí¼enza, tronaba Mary Patricia, dónde vamos a llegar. Acalláronse las voces barruntando la tormenta, nada dijeron las aludidas intentando evitar el conflicto en ciernes. Mary Patricia seguí­a despotricando cuan activista del Ejército de Salvación. ¿Consentiréis ésto? preguntó maliciosamente, metido en su papel, Herr Conrad a Bonita viéndola con sus ojos azules fijos en su vaso de ginebra y los labios apretados. Es una indecencia que se tolere la presencia de rameras, continuaba su arenga Mary Patricia. Lo que es una indecencia, chilló con más fuerza otra voz femenina, es que halla aquí­ madres emborrachándose mientras sus hijos se mueren de hambre en casa.

Durante un breve instante, un tiempo precioso, lo más parecido a un silencio espeso cubrió "La Taberna del Culpable", tintineo de vasos, respiraciones agitadas, ahogadas exclamaciones. ¿Qué has dicho, perra?, masculló amenazante Mary Patricia, rompiendo el instante, que no el silencio de los comensales. Que se preocupe de sus hijos, en vez de estar aquí­, borrachuza; respondióle a puro grito Bonita.

2* Continuará.

Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Noviembre 28, 2010, 10:41:53 p. m.
Los cantares del Prí­ncipe Proscrito. 1*

La editorial Stafeto, de Kaliningrado, está especializada en publicar textos en esperanto. No hay muchos esperantistas por el mundo, apenas el Número de los Justos que serán Salvos, 144.000, así­ que, no es mucha su demanda y por ende siempre trabajan de encargo previo pago. Es por esto que muchos de los libros clásicos de la literatura que publican, lo hacen en modestas cantidades y a pedido del consumidor.

Sin embargo, fue esta humilde editorial la que escogió el catedrático Morton B. Money-Coutts III, para publicar su ya descatalogado libro, en esperanto por descontado, "La kantorj el la Proskrititon Principon", cuya traducción aún siéndome difucultosa en extremo os ofrezco:

0 Prólogo

Hippies, postmodernos y guerreros de las tinieblas.

En 1967 se celebró en la Unión Soviética el Primer Congreso Mundial de Parapsicologí­a. Miles de personas de todo el mundo, en su mayorí­a estadounidenses (yo entre éllos), acudimos a Moscú. Allá presenciamos hechos extraordiarios[...]

Durante dos semanas pudimos ir a todas partes, hablar con quien quisiéramos, las autoridades soviéticas no nos poní­an trabas, ni impedimentos. ¿Qué era ésto? [...] Una gran fiesta[...]

Los convocantes mostraron sus avances en telepatí­a, telekinesia, psicotrónica, bilocación, mesmerismo, chamanismo, espiritismo...  Estábamos maravillados. Volvimos a nuestros paí­ses con una idea fija. ¡Despertad! Era tiempo de abrise a una nueva conciencia cósmica, de abandonar los prejuicios formados por la rí­gida y arcaizante metodologí­a cientí­fica, abramos nuestras mentes a lo esotérico y lo exotérico.

No por casualidad apenas un año después estalló la Revolución de Mayo del 68[...]

Todo fue una farsa.

Los experimentos mostrados por la URSS, simples trucos de prestidigitación. Pero occidente se habí­a tragado el anzuelo hasta las entrañas[...] Tan solo buscaban desestabilizar al capitalismo a través del triunfo de la magia y la supercherí­a[...] Porque esta reacción acientí­fica y antiintelectual obedecí­a a un plan ominoso[...]

Capí­tulo 1

Operación Morgenrí¶te.

El RR Prinzen Vogelfrei es, como su propio acrónimo indica -Reichliche Raumschiff-, el primer naví­o tripulado que la humanidad envió al espacio. Sucedió el primero de mayo de 1941, y fue su primer cosmonauta el piloto de pruebas de la Luftwaffe, capitán Torsten Buchwald[...]

El Prinzen Vogelfrei cumplimentó con éxito sus cometidos. No sólo probó la posibilidad de enviar naves al espacio exterior, el capitán Buchwald aterrizó con fotos de la cara oculta de la Luna ¡cuando según los aparatos de medición no habí­a abandonado el cielo antártico! ¿Cómo era éso posible?[...]

Capí­tulo 1

Fundamentos cientí­ficos del vuelo estelar.

El RR Prinzen Vogelfrei era por así­ decirlo un helicóptero puesto del revés, la cabina arriba y las paletas abajo; pero no tres, cuatro u ocho paletas de propulsión, sino cerca de un centenar, hasta cubrir casi toda la base del vehí­culo[...]

Mediante la rotación se conseguí­a la ionización de las partí­culas gaseosas formando un plasma que alimentaba la propulsión de la nave[...] Era esta hidromagnética una fuente de energí­a potencialmente ilimitada[...]

Pese al éxodo de afamados cientí­ficos, los que permanecieron al servicio del III Reich dedujeron el postulado teórico de que se podí­a superar la velocidad de la luz sin violar la Teorí­a General de la Relatividad. ¡Y lo hicieron sesenta años antes de que lo descubriera la Universidad de Princeton!

Justamente éso fue lo que probó el capitán Torsten Buchwald al volver con fotos de la cara oculta de nuesto satélite. Por asombroso que nos pueda parecer, el Prinzen Vogelfrei voló desde la ionosfera hasta la Luna y regresó ¡antes! de que los radioscopios tuvieran constacia de su no-presencia sobre el cielo antártico[...]

1* Continuará.

Para saber más:

http://www.atp.com.ar/post/Info/173154/La_guerra_secreta_de_los_magufos.html (http://www.atp.com.ar/post/Info/173154/La_guerra_secreta_de_los_magufos.html)
http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:gRmWzLo33ewJ:www.iaea.org/Publications/Magazines/Bulletin/Bull096/Spanish/09601102227_es.pdf+hidromagnetica&cd=6&hl=es&ct=clnk&gl=es (http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:gRmWzLo33ewJ:www.iaea.org/Publications/Magazines/Bulletin/Bull096/Spanish/09601102227_es.pdf+hidromagnetica&cd=6&hl=es&ct=clnk&gl=es)
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/EINSTEIN/_ALBERT/rayo/supera/310/veces/velocidad/luz/experimento/EE/UU/elpepisoc/20000720elpepisoc_16/Tes (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/EINSTEIN/_ALBERT/rayo/supera/310/veces/velocidad/luz/experimento/EE/UU/elpepisoc/20000720elpepisoc_16/Tes)
http://www.malaciencia.info/2005/09/superar-la-velocidad-de-la-luz.html (http://www.malaciencia.info/2005/09/superar-la-velocidad-de-la-luz.html)




Merry England 3*


(http://www.fscclub.com/history/images/knuckle12.jpg)
(http://www.serieadictos.com/imagenes_noticias/260.jpg)(http://www.cinedica.com.br/fotos/Peta%20Wilson.jpg)

Yo, Zacharias Conrad von Uffenbach, fui en Londres testigo de una brutal reyerta acaecida a las puertas de una expendidurí­a de licores llamada "La Taberna del Culpable", sita en el barrio de Saint-Gilles.

Quiera el lector avisado disculpar las atrocidades que presencié y sepa que tan solo el afán de dar testimonio ví­vido de lo acaecido me mueve a escribir tan escabroso relato; cosa que anticipo para poner sobre guardia a las almas sensibles.

Aconteció que dos mujeronas enardecidas por el alcohol de la ginebra, que pese a las prohibiciones los británicos consumen en grados inauditos, entablaron pendencia por unos dichos entre éllas. Aunque en primera instacia pudo parecer que los parroquianos intentaban sofocar la disputa, la últimisima y verdadera intención de los presentes era conducirlas a salir a la calle a dirimir sus diferencias fí­sicamente.

Lejos de apaciguar el odio manifiesto que las litigantes se profesaban, los hombres presentes exacerbaron sus ánimos proponiéndoles no ya unas reglas de combate sino incluso una golosa retribución en metálico de cinco guineas para la ganadora, insólita cantidad de dinero para estas féminas de baja condición. Fue así­ que encorajinadas por su enfrentamiento, motivadas por el dinero, encendidas por las sendas botellas de gin que los parroquianos pusieron a su disposición; dejaron de lado toda vergí¼enza y decoro y salieron a Drury Lane, para solventar su pendencia bajo el encapotado cielo de una desapacible noche otoñal.

Por recomendacion de los varones, ambas mujeres se desvistieron hasta la cintura, so capa de evitar que las posibles heridas que se inflingieran se les infestaran con jirones de sus ropajes. Era un espectáculo tan sórdido como chabacano contemplar las miradas lascivas y los comentarios rijosos de los presentes ante la vista de los atributos de femeinidad de las combatientes. Éstas, por su parte, lejos de sentir el natural pudor que la desnudez pública provoca en toda mujer, completamente enrojecidas, tanto por la ira como por el alcohol, sólo parecí­an tener ojos la una para con la otra sin preocuparse de los circunstantes.

Su baja extracción las llevaba a vituperarse, cosa que excitaba el ánimo de la muchedumbre reunida en su rededor. Sumándose al empeño de los bigardos en abrir un cí­rculo para el combate, la prostituta rubia increpó a su rival -"Abran paso, si, abran paso; para que esta cerda irlandesa pueda ir arrastrándose desangrada hasta su pocilga". "Ahorra aliento," -respondiole con proterva sonrisa su morena antagonista- "lo vas a necesitar para escupir tus dientes".

Aturdidas, sofocadas, con sus desnudos y pesados pechos bamboleantes agitándose con dificultad, pluga al Altí­simo saber como se enteraron de las instrucciones de la lucha. Ambas debí­an portar media corona en su puño derecho y la primera que perdiera la moneda serí­a la perdedora.
 
Un último instante de raciocinio pareció recorrer sus embotadas inteligencias, cuando con las normas establecidas y los árbitros dispuestos, las apuestas realizadas y los espectadores -como es propio de su condición y la propia palabra indica- espectantes, ambas mujeres parecieron tomar conciencia de su rí­dicula posición y se limitaron a medirse en la distancia sin entablar combate.

Miedo, sensatez. Quién sabe. Más la chusma no estaba dispuesta a privarse de un espectáculo aún mayor del ya ofrecido. "¿Habéis salido a bailar o a pegaros?"- Les increparon. La suerte de ambas desdichadas estaba echada. El enojo mutuo que se habí­an manifestado, la embriaguez, la humillación de su semidesnudez, y los maliciosos gritos de aliento, borraron cualquier minúsculo resto cordura que pudieran tener para parlamentar una salida honrosa y las llevaron a enzarzarse en la brutal lucha que describo a continuación.


3* Continuará.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Abril 10, 2011, 09:03:49 p. m.
Bloqueado.

-"¿Me ayudas? -dí­jome el chaval del 7º D, un preadolescente de doce años.
-"Claro" -respondí­ saliendo de la porterí­a- "¿Qué ha pasado?"
-"Es que se me ha quedado las llaves atascadas en el ascensor."
-"A ver. Veamos".

Vamos a uno de los cuatro ascensores del bloque de diez pisos, más el bajo y dos plantas de garaje a las que se accede desde los ascensores por medio de llavines. Ahí­ está el llavero colgando de uno de los interruptores del garaje.

-"Mmm. Ésto no es la llave del garaje."
-"No, es la del buzón. Es que estaba jugando."
-"Bueno, no pasa nada" -Tiro de la llave pero no sale.
-"¿Podrás sacarla?"
-"Espero que sí­. Voy a por el 3-en-uno."
-"Por favor, que no se entre mi madre."
-"Vale. No te preocupes."
 
Su madre. Cualquiera que le oiga. Su madre no me parece un sargento, es más bien alegre, sociable y desenvuelta. La inmensa mayorí­a de los vecinos me trata como un sirviente, élla es de los pocos que no.

Claro que vete tú a saber. Es actriz, o lo era; a sus cuarentaypocos ya no puede andar interpretando a jovencitas descocadas como hací­a en las pelis de destape. Y pese a tener un hijo, no da aspecto de madre cinematrográfica, amable matrona redondeada y asexuada; por el contrario, sigue teniendo un cuerpazo. Y una carita muy dulce, así­ que tampoco le da para hacer de malvada madrastra sacacuartos.

En todo ello pensaba mientras le aspergí­a aceite a la llave, tiraba de la misma con unos alicates, desmontaba el tablero de mando para ver si podí­a sacarla desde atrás, cosa imposible pues el bombí­n iba encapsulado en una funda de plástico duro que hací­a las veces de casquillo conductor de la corriente.

Debí­ estarme un rato largo hasta que élla apareció.

Élla, con sus largas piernas, su bikini amarillo chillón, su olor a piscina. Y yo acalorado por llevar buzo en verano, pero sobre todo, porque no tení­a idea de cómo extraer el llaví­n.

-"¿Cómo vas? ¿Puedes sacarla? Mi hijo me lo ha contado."
Honesto muchacho. -"Qué va. Por detrás del tablero no se puede, ya lo he desmontado; y así­ temo romper la llave y serí­a peor."
-"No te preocupes, que pienso castigarle por ésto."
-"Mujer, no hace falta. Es solo una chiquillada sin importancia."
-"No. Se va a creer que por no tener un padre puede hacer lo que le venga en gana."
-"A mi me parece un chaval muy sensato. El que más de entre su grupito de vecinos."

Se queda mirándome desde sus ojos castaño oscuro a la altura de los mí­os. Yo sigo haciendo que hago, sudando ya (mierda). Pienso que ahí­ parada con el cuerpo húmedo va a coger frí­o. -"Le estás educando bien"- Le sonrí­o ¿derrotado? Qué favor me harí­as, maldita llave, si salieras.

-"Pero aún así­, mira lo que ha hecho."
-"Bueno. No hace tanto nosotros también fuimos adolescentes. Alguna liarí­amos a nuestros padres."- Quedarí­a como dios si sacara la llave; pero, bueh, se conoce que estás cosas sólo pasan en las pelí­culas.
-"Aún así­. No quiero que me echen nada en cara los vecinos. Ya les conoces."
-"Si, eso, si."- Doy los últimos tirones haciendo tambalearse al ascensor.
-"¿Puedes?"

Es fustrante, es fustrante, es fustrante, hacer el ridí­culo de esta manera delante de una chica que te gusta. Derrotado por una llave de apenas cuatro centí­metros.

-"Lo siento."

Lo siento. De millones de veces en que lo dije en mi vida, nunca fui más sincero que en esta ocasión. -"Voy a taparla con cinta, para que nadie la toque y mañana lunes llamo al técnico."

-"Es que soy un torpe."- Rí­o nervioso.
Mirándola a los ojos, hundido, le digo -"perdona."
-"No, oye. Perdona tú. Siento haberte causado este problema."

Me acaricia el hombro izquierdo y decimos a la vez -"gracias."

La veo salir al jardí­n hacia la piscina del edificio. Su melena oscura, su espalda erguida, la parte inferior del bikini amarillo, sus piernas. Mierda; mierda, mierda, mierda y mierda. Y más mierda.

-"¿La has sacado?"- Pregunta el crí­o que ha llegado de no se sabe dónde a todo correr.
-"Qué va. No he podido."
-"¿Estaba muy enfadada?"
-"No. No me lo ha parecido."

No cunda el desánimo en tí­ que me lées. Pues has de saber, amante de los finales felices, que poco tiempo después Élla y yo comenzamos a salir juntos.


Merry England. 4*

(http://www.fscclub.com/history/images/draka-market1.jpg)

Cuarenta minutos.

Cuarenta fueron los minutos que transcurrieron en el húmedo atardecer de Drury Lane, malhadado barrio de Saint Giles, Burgo de Candem, Londres, antes de que apareciera la Policí­a, ya entrada la noche, a separar (y llevar presas) a las dos harpí­as. En tanto, fascinado y horripilado por igual, asistí­ a un sangriento combate.

La joven rubia largirucha abalanzóse, casi de cabeza, contra la mujerona morena; ésta trató de alejarla de sí­, más siendo ambas de parecida estatura, lo único que consiguió intentándolo fue recibir un severo castigo. Retrocedí­a desesperada la morena ante los embates de su rival cuando dió en cambiar de táctica, halarla de los blondos cabellos con su siniestra, atraerla hacia sí­ y propinarla toda suerte de golpes, certeros a fuerza de la falta de espacio, con el puño derecho cerrado en el que custodiaba su media corona.

No arredró su acción a la meretriz, que, copiando la estrategia de la irlandesa, procedió a asegurar una presa en los negros cabellos de su antagonista con la izquierda y usar el otro puño que enfundaba su media corona, para descargar con fiereza todo tipo de golpes en la cara y los pechos de su rival.

Impreciso es el tiempo en que estuvieron así­, encorvadas mientras sus espaldas se cubrí­an de gotas de agua, producto quién sabe tanto de la condesación del aire como del sudor, entre el griterí­o del público, hasta que el mutuo castigo que se infligí­an las forzó a separarse. Visibles eran las contusiones en cara y cuerpo que ambas se habí­an propinado, más éllo no restó un ápice a su determinación. Antes bien al contrario, enardecidas por el dolor, se abalanzaron rabiosas la una contra la otra.

(http://www.gutenberg.org/files/20484/20484-h/images/page298.jpg)

Tras un primer choque inicial de sus dos cuerpos semidesnudos, separadas por el brutal impacto frontal, procedieron a propinarse patadas, que apenas alcanzaban a dañar las piernas de la oponente, en una suerte de baile demente y deseperado; agarrándose cada cual sus respectivos faldones para aumentar la eficiencia de sus punterazos a las piernas de su rival, enajenaban a la muchedumbre ante su casi completa desnudez; admiraban los brutos los espásticos bamboleos de sus pechos, pero ambas, concentradas y crispadas, dudosamente hubieran entendido los halagos y requiebros que se les ofertaban.

Inicióse una nueva escalada de la violencia cuando a puño cerrado, a una distancia menor que sus largos brazos, ambas intentaron golpearse, pero en ese intercambio hubo por mor de los golpes errados, oportunidad para que ambas terminaran abrazadas.

Exhaustas por igual, sin signos de prevalencia en su lucha, la prostituta rubia aún tuvo arrestos para arrastrar a la morena matrona contra el poste de un tenderete, mas ésta cerró sus brazos en torno de su joven competidora intentando paralizar a su oponente. En el fragor de tan insensual abrazo, la captiva destrozaba la espalda de su rival contra el poste, mientras que esta hací­a alzar al cielo la cara por el dolor causado por sus respectivas presas para con su enemiga.

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Interesánte espectáculo, comenté yo ahito por el despliege de brutalidad y ¿por qué no decirlo?, vergonzante sensualidad, a Mr. Figg; a lo que éste respondióme que el asunto distaba mucho de estar zanjado, en lo que hací­a una seña a Wilbur, el marido de la morena.

Éste encorajinó a su cónyuge, instándola a salir del estancamiento; a su vez, las compañeras de profesión de la rubia, animaban a su campeona a finalizar la disputa. Dolidas, ensangrentas, llorosas y magulladas se desligaron de su antinatural abrazo.

Más a los sanguinarios partí­cipes, no se compadecieron de su dolido estado fí­sico y espiritual. Y literalmente empujaron la una contra la otra a ambas mujeres. Al contacto, como de común acuerdo, agarraron por el cuello a su rival, esta vez ambas con el brazo derecho en el que todaví­a conservaban el blasón de su futura victoria.

Las respectivas manos izquierdas, libres de traba, engarfiadas de uñas, procedieron a causar una sanguinolenta carnicerí­a de arañazos complementados por mordiscos y cabezazos. Lloraban entrambas en una mezcolanza de dolor y rabia mientras se destrozaban entre sí­.

La noche ya habí­a caí­do, arrodilladas sobre el pisoteado suelo, enzarzadas en su combate sin vencedora, ambas vencidas por los terribles daños que se habí­an propinado, oí­mos los silbatos de la Policí­a. Allá fué ver salir a la multitud corriendo. Nosostros los gentilhombres apartándonos discretamente, para dejar hacer a la Autoridad. Las dos gladiadoras, que digo, amazonas, trabadas en indecisa contienda.

Tal fue el abrupto fin de tan singular experiencia, tan desagradable como enervante. Aunque no el fin de esta historia que tú, lector, podrás disfrutar en la próxima entrega.

* Continuará.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Mayo 20, 2011, 10:08:50 p. m.
Las veladas en Benicarló.

Lunes 9 de mayo.

Me voy de vacaciones con mis padres. Verdean los campos todaví­a. No paramos hasta llegar a Burriana. Buscando donde comer encontramos pizzerias, dí¶ner kebab, chinos, frankfurts, hamburgueserí­as... ni un restaurante normal; cosas de la multiculturalidad. La plaza, eso sí­, es deliciosamente decimonónica, amén de Ayuntamiento e Iglesia, cuenta con una Cooperativa Agrí­cola San José y hasta una Sociedad Filarmónica de Cazadores.

Pronto descubriré que entre eslavos en el sector servicios y magrebí­es en faenas agrí­colas, el Bajo Maestrazgo parece haber sido reconquistado por la Taifa de Saracusta, que con los Ben Hud, yemení­es éllos, supieron ampliar su mandato hasta la costa durante el siglo XI. Si El Cid y El Conqueridor levantaran la cabeza... Los moriscos han regresado, quizá nunca debieron salir.

Cruzamos la capital, Castellón, en vez de circunvalarla. Ésto último es posible porque como tantos otros pueblos de la costa mediterránea fue construida tierra adentro alejada del puerto por temor a los ataques desde la mar. Atravesarla nos permite ver que en sus glorietas dan en poner colosales y horribles esculturas metálicas a modo de ninots, lástima que no puedan quemarse. Los profesores salesianos me enseñaron que cuando el arte tiende al colosalismo es que la civilización está a punto de colapsar. Si lo sabrán los dinosaurios.

Entramos en Oropesa de Mar a ver el edificio en obras en el que compró una vivienda un vecino nuestro y pasado el balneario nos encontramos con Horrorpesa; no sólo el mal gusto de las moles metálicas de las glorietas, a cual peor. También bloques y bloques y más bloques de edificios de apartamentos hasta tapar la luz del Sol. No me lo esperaba, pensé que habiendo invitado a todo un presidente del Gobierno a veranear, allá habrí­an campos de golf y chalets unifamiliares, algo elegante para gente pudiente. Qué va. El horror de los horrores. Ni con las hordas de Atila llenarí­as tanto piso cerrado. Pero a su manera la inhóspita Horrorpesa es sí­ntoma de lo que fue el milagro español: “construye que ya se venderá” era el lema. Luego decimos del criticado desarrollismo franquista, ésto fué peor aún.

Llegamos al fin a nuestro campamento base en Benicarló. Encontramos todo cerrado pues, según nos comenta el casero, están en fiestas por San Gregorio; añade que por suerte no hay tanto alboroto como durante las Fallas (al parecer antes no se hací­an). Nuestro apartamento está junto al Parador Nacional, uno de los más antiguos de la red pues se proyectó en 1929 y se inauguró hacia 1933. Es de construcción moderna y anodina, y no destaca mucho con sus apenas dos pisos de altura. Al parecer las dos alas hacia la playa son un añadido posterior que ahora estorba al plan urbaní­stico de hacer un paseo marí­timo entre Peñí­scola y su otrora dependencia de Benicarló.

Fue en este parador donde se sitúa el diálogo de Manuel Azaña, cuyo tí­tulo he plagiado vilmente, “La velada en Benicarló”; apenas unas ochenta páginas, que pueden descargarse para leer acá: http://www.4shared.com/file/68YV1Y4N/0074_AZAA_MANUEL_-_LA_VELADA_E.html (http://www.4shared.com/file/68YV1Y4N/0074_AZAA_MANUEL_-_LA_VELADA_E.html)






Martes 10 de mayo.

לֹא לָנוּ יְהוָה לֹא לָנוּ כִּי־לְשִׁמְךָ תֵּן כָּבֹוד עַל־חַסְדְּךָ עַל־אֲמִתֶּךָ׃

Non nobis, Domine, non nobis,
sed nomini tuo da gloriam
super misericordia tua et veritate tua.

Salmos, 115, 1.

Nublada la mañana nos dirigimos a Peñí­scola por la costa. Hay un autobús a la puerta de nuestro apartamento que une las tres localidades de Peñí­scola, Benicarló y Vinaroz.

Al parecer la zona buena de Benicarló está en el camino a Peñí­scola, con sus chalets y sus urbanizaciones que llegan a unir las dos localidades. Aparcamos a la vera de un pequeño marjal, que tiene un paseí­to bastante degradado por los que no leen los letreros trilingí¼es castellano-élfico-inglés de no arrojar basura, habrá que escribirlos en árabe y rumano. No obstante, pueden verse los manantiales subacuáticos y pequeñas aves zancudas. De los peces endémicos autóctonos la verdad por ser tan pequeñitos no se aprecian, en cambio abundan gran cantidad de lisas un pez de tamaño considerable y morro grueso que habita en desembocaduras limpiando las aguas.

Bien está que las gentes hablen español del este, acepto que digan que su lengua élfica no es alto sindarin, pero de ahí­ al despiporre ortográfico que se traen... He visto escrito “arroz setjat” “arroz seyat” “arroz sechat” y “arroz seixat” en varios restaurantes del paseo; todo para hablar del arroz a banda de toda la vida (seguro que alguno lo escribirí­a haroz ha vanda). Si a eso sumas que hay casas con dos y hasta tres números distintos, dura profesión la de cartero en estas tierras.

(http://www.provincia.fc.it/cultura/antonelli/immaginiantonelli/immaginibig/spagnanordafrica/valencia/Peniscola2.jpg)

La pení­nsula-fortaleza es impresionante de ver y visitar, tiene un recorrido turí­stico, contrario a las agujas del reloj por el interior de las murallas hasta el castillo plagado de tiendas de recuerdos. Dicen los comerciantes que el negocio ha bajado mucho, pero lo achacan a la poca presencia de turistas extanjeros a los que echan en falta y eso que las revueltas árabes nos iban a beneficiar. El castillo, mil veces reconstruido, lo único que tiene son las vistas y una pequeña exposición permanente sobre los Templarios en las antiguas mazmorras (hay que tener mala uva).

Es más una visión general de la Orden que presta más atención a sus actividades en el Reino de Ultramar –tienen todo un expositor dedicado a la desastrosa Batalla de los Cuernos de Hattin- que a su papel en la fundación y expansión del Reino de Aragón.

Baste recordar que en los albores de la Primera Cruzada, castellanos y leoneses ya habí­an atravesado el Tajo mientras que navarros, aragoneses y catalanes no habí­an conseguido llegar al Ebro. Animados por el espí­ritu de la cruzada, los orientales trataron de doblegar a la poderosa Taifa de Saracusta y así­ el rey navarro-aragonés Alfonso I el Batallador, que legarí­a Aragón y Navarra a los Caballeros del Hospital y del Temple, y los condes de Barcelona Ramón Berenguer III y IV, que se harí­an ordenar Templarios, consiguieron sobrepasar el Ebro.

No terminan acá las relaciones entre aragoneses y las órdenes de monjes-guerreros, y en fechas tan tempranas como 1180-84 tenemos como noveno gran Maestre de los Templarios al veterano noble aragonés Arnaldo de Torroja (Arnaud de Toroge, en las listas francesas); por desgracia su labor diplomática la echó por tierra su sucesor, un cabeza de chorlito que a base de tocarle las narices a Saladino consiguió perder Jerusalén.

Poco después entre 1194 y 1200 tenemos al decimosegundo gran Maestre, un tal Gilbert Hérail, que en realidad serí­a otro aragonés llamado Ginés de Eril, que como su paisano prefirió respetar los acuerdos de paz en Tierra Santa y centrar sus esfuerzos en revertir el dominio de los musulmanes de Al-índalus.

En años posteriores, amén de arrimar el hombro para quebrar el Imperio Almorávide en la Batalla de las Navas de Tolosa, los Templarios hicieron cuanto pudieron por recuperar la Provenza, en aquellos entonces territorio vasallo del rey aragonés, de la herejí­a cátara albigense. Urdieron el matrimonio y posterior divorcio del rey Pedro II con la señora de Montpellier y se quedaron con la tutela de su único hijo, el futuro Jaime I el Conqueridor.

A su vez, éste utilizó el castillo templario de Monzón donde fué criado, como plaza neutral para convocar las Cortes Aragonesas. Y fiel al estilo de sus maestros, y aprovechando que su coetáneo el rey castellano-leonés Fernando III el Santo habí­a conquistado el valle del Guadalquivir, consiguió que el único reino islámico que quedara en la pení­nsula fuera el de Granada, que para eso el malik granadino habí­a colaborado con los castellanos en la derrota de Córdoba y Sevilla, pasándose la umma y la solidaridad islámica por donde os podéis imaginar.

Contemporáneo de entrambos grandes reyes peninsulares fue también el decimoquinto Gran Maestre del Temple (1218-1232), otro aragonés llamado Pedro de Montagut (Pierre de Montaigú) de renombradas hazañas en Tierra Santa, si bien se negó a participar en la Quinta Cruzada en la que el tres veces excomulgado Kaiser Federico II, stupor mundi que le decí­an los religiosos, recuperó doplomáticamente Jerusalén. Por un curioso caso de homonimia, su colega el decimocuarto Gran Maestre de los Hospitalarios se llamaba Pierre Guerin de Montaigú; hay quién dice que eran parientes, pero también se cuenta la intrigante historia de que siendo ambos principales invitados a la boda del Kaiser Federico, nunca nadie los vió juntos.

Volviendo a la Corona de Aragón, Pedro III el Grande aprovechó su matrimonio con la última Hofhenstaufen descendiente directa del Kaiser Durmiente para reclamar la isla de Sicilia para sí­. Éso le valió la excomunión. El Rey de Francia se aprestó con la venia del Papa a hacerse con los territorios aragoneses. Pero los Templarios aragoneses, que no habí­an movido un dedo para ayudar a su abuelo en contra de la Cruzada albigense, ni al propio rey para conquistar Sicilia, decidieron ayudar a Pedro III a conservar sus tierras; de lo cual tomaron buena nota tanto el Papa como el Rey de Francia. Ni veinte años más durarí­a la orden.

El vigésimo segundo y último Gran Maestre de los Templarios fue Jacques de Molay (1291-viernes 13 de octubre de 1307). No, este no era aragonés, pero guarda mucha relación con el reino. Veréis por ahí­ listas donde le consideran el vigésimo tercero, éllo se debe al error de considerar que el Senescal –segundo rango en la orden- Richard de Bures llegó a ser Gran Maestre, lo que no es cierto.

Pues bien. Jacques de Molay, pintado siempre como un aristócrata indolente y pusilánime, fue en realidad un heroí­co guerrero. Nombrado durante la pérdida del puerto de San Juan de Acre, última gran posesión de la cristiandad en Tierra Santa, tuvo el suficiente aplomo para conquistar el islote de Arwad (Ruad) frente a la costa libanesa, al que convirtió en fortaleza y base desde la que no cejó de hostigar a los mamelucos. Trabó una alianza con los mongoles, pero la Horda de los descendientes de Hí¼lagí¼ Khan, estaba en proceso de convertirse al islamismo. Así­ que casi que le tocó pechar el sólo con sus pocas decenas de hermanos caballeros y los centenares de turcópilos de a pié contra las miriadas de musulmanes. Perdieron, es obvio, pero lo hicieron atacando, cosa que merece ser recordada, creo yo. ¿Me entiendes, fan de Mourinho?

Cosa menor le debió parecer al Maestre expulsar del Temple a un oscuro plebeyo alemán -hermano sargento según la terminologí­a de la orden- llamado Rutger Blume, por rapiñar las riquezas de los cristianos durante la huida de Acre. Este ex-templario, pasarí­a al servicio de la Corona de Aragón con el nombre de Roger de Flor, futuro lí­der de las compañí­as almogávares contratadas por el Basileus Andrónico V para combatir al turco. Pero como la cabra tira al monte (y los catalanes son como son) Roger de Flor se ganó la inquina de los bizantinos por saquear tanto a turcos como a griegos sin hacer distinción.

Más aprecio pareció mostrar De Molay por el sabio mallorquí­n Ramón Llull, cuyos escritos leí­a y valoraba, si bien no siempre coincidí­an. Pero el detalle curioso está en que el malhadado sicofante Esquieu de Floyran, el tipo que proporcionó el material para encausar a los Templarios, dirigióse primero al Rey Jaime II de Aragón con sus mentiras, según decí­a confesadas por un ex-templario arrepentido mientras ambos estaban presos en Carcassona. Pese a estar el soberano aragonés en malos términos con el Temple, no prestó atención a las difamaciones del rastrero, que halló oí­dos más complacientes en la corte del Rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, primo hermano del propio Jaime II.

Desaparecidos los Templarios abochornados por los infames, los reyes de Francia se sintieron lo bastante fuertes como para humillar al Papa y trasladar la Santa Sede a Aviñón, provocando el Gran Cisma de Occidente. Pero uno de los antipapas aviñonenses resultó ser menos devoto de Francia de lo que hubieran querido. Trátase del aragonés Pedro Martí­nez de Luna, como pontí­fice Benedicto XIII, y popularmente el Papa Luna. Que huyó de Francia para instalarse, fí­jate tú lo que son las cosas, en la pení­nsula-fortaleza que los Templarios tuvieron en Peñí­scola. Mucho tuvo que ver Benedicto XIII en la actual configuración de España, pues fué pieza clave para resolver el interregno aragonés en el Compromiso de Calpe en favor de la dinastí­a castellana de los Trastámara en la persona de Fernando I de Antequera. Amén su encabezonamiento –mañico tení­a que ser- en no renunciar a su papado llevo al vulgo a acuñar la expresión “seguir en sus trece” en alusión al ordinal de su nombre pontificio.


Sigamos con mis vacaciones: de entre las miriadas de restaurantes terminamos eligiendo uno a las faldas del castillo llamado Calabuch, mi madre dice que es porque la simpática pelí­cula del mismo nombre se rodó acá. De hecho vimos descargar camiones de material luminotécnico para rodar vaya usted a saber qué pelí­cula o serie.

Encontramos una franquicia de yogures helados, que se sirven como los fresisuis de los Simpson y luego les puedes añadir sabores (yo, dulce de leche). Un poco agrios, pero están ricos, decí­a el chaval que pese a su chinesco nombre, en realidad son de Denia, pero se han extendido por la costa mediterránea y crée que es posible que haya alguno en Madrid. Ah, se llaman Llaollao.

A la tarde nos fuimos a Vinaroz, donde en su Casa Membrillera ofrecí­an una exposición de variopintos objetos de los años treinta y cuarenta. He visto un libro –no sé el tí­tulo- del año 1952 –creo- con un planisferio celeste a doble página con guí­as metálicas rotables en forma de medialunas para distinguir los cielos ¡qué cosa más linda! Hay muchos  más libros escolares, que mis padres, niños de la posguerra, aún recuerdan. También un mapa de la provincia de Castellón señalando por pueblos los internados en el campo de exterminio de Mauthausen (cuesta creer que fueran tantos). Y más libros, en vitrinas, sobre las “glorias” de la cruzada, escritos por los vencedores. Otrosí­ muestran las fichas carcelarias de muchos castellonenses represaliados en la posguerra.

Al volver a Benicarló, ya entrada la noche, nos encontramos con una barahunda de mascletás y bocinazos. Alegria ní£o tem fim ¿Pero la fiesta no era ayer? ¡Ah¡, que es que ha ganado la liga el Barí§a. No digo yo que los benicarlandos sean del desdichado Castellón de Planelles, el mejor jugador que jamás haya conocido Del Bosque. Comprendo que los albinegros ahí­ penan al borde de la quiebra en la segunda B; pero al menos que apoyen al Villarreal, o al Valencia. Pues no, del Barí§a. Unicefato ní£o tem fim.


Extractos selectos de "La velada en Benicarló". Manuel Azaña, 1937. (Primera parte)

MARÓN: "Por mi cuenta hay ya cuatro Españas. Nada menos. En Parí­s se habí­a formado una tercera España, con los designios que usted le oyó a su amigo barcelonés. Pero ha surgido la cuarta España, con soluciones mucho mejores. Ahora falta que entren en guerra civil, dentro de Parí­s, como lo están las dos primeras en la Pení­nsula. En realidad, todos esos miembros pasivos del Comité de No-Intervención, tienen mala suerte. Si la guerra se hubiese acabado en septiembre con la destrucción de la República, siempre habrí­an quedado deslucidos, pero cómodos. "¿Ven ustedes? ¡Todo estaba perdido! ¿Qué í­bamos a hacer allí­?" Prolongarse la guerra indecisamente, tiene que disgustarles aunque no quieran, porque los deja en mala postura sin disculpa posible. Aunque se callen (no todos se callan), su sola presencia daña. Y cuando hablan... lo más inocente es justificarse arbitrando planes polí­ticos para personas superiores y finas.

PASTRANA: Que son finos, superiores a nosotros, verdaderos cafres que aguantamos los bombardeos, se les nota cuando por accidente vienen a España. Uno estuvo en Valencia cuatro dí­as. Muy enojado porque el Gobierno no se apresura a editarle su obra sobre Recesvinto... ¡Ya ven ustedes, Recesvinto! Me habló del Foreing Office, del Quai d'Orsay, del Gentlemens agreement, del Covenant, de la seguridad colectiva, del asentamiento de campesinos asirios, de la Conferencia de los Nueve, del Comité de los Veintitrés... Precaviéndose contra un reproche que nunca pensé hacerle, afectaba una distinción lánguida. Leí­a en sus ojos cierta protección distante, compasiva. Aquella noche sufrimos un ataque aéreo. Mucho ruido. Algunos muertos. El hombre se presentó en mi casa a pedirme que obtuviese de Prieto un permiso para salir en el primer avión. No le di de bofetadas. Ha repasado los Pirineos. Mis carcajadas lo acompañan."




"LLUCH: Siempre en el Alto Aragón. Me sacaron de Barcelona para utilizar mis servicios, y de paso, protegerme. Me vino bien, porque me libré de los enredos de la Universidad. Se habí­a transformado en Universidad de Cataluña. Así­ lo reza un letrero en la fachada. Ahora somos más nacionalistas que nunca. Funcionó un comité de bedeles y empleados subalternos bajo la presidencia nominal del rector, encargados de depurar el profesorado. Me desagradaba meterme en eso. Perdieron su plaza algunos catedráticos desafectos al régimen, quedaron otros desafectos a la ciencia. La plantilla de subalternos y administrativos de la Universidad, que por añadidura está cerrada, ha crecido hasta ciento treinta funcionarios. Muchos más que catedráticos. Bueno. El caso es que me zafé de aquellos enredos. Por cierto que ahora resucitan. La primera depuración no era perfecta, hay que depurar más, quieren nombrarme a mí­ para entender en ello. Denuncias: don fulano dijo esto o lo otro, el bedel mengano se guardó unas propinas, tení­a en su casa un retrato...
¡Se estaba mejor en el frente! Organicé unos hospitalitos de campaña, trabajé en ellos una temporada. Después me trasladaron a otro, más a retaguardia, en una ciudad pequeña, fea y bárbara, asolada por la guerra y la revolución. Lo menos lastimoso, la sala del hospital. ¡Qué extraña experiencia!

GARCÉS: ¿Funcionaba el comunismo libertario?

LLUCH: Mientras yo estuve allí­, no, señor. Hubiese sido bueno que funcionase algo. Mucha gente habí­a desaparecido, el dinero totalmente. Los ví­veres se repartí­an con desigualdad tradicional, pero ahora estaban en turno otras personas. Gran confusión, voluntad excelente, miedo avasallador. Donde antes habí­a una persona para desempeñar un servicio medianamente, cuando no mal, encontré siete, doce o veinte, convencidas de hacerlo todo muy bien a fuerza de discusiones. Quienes no tení­an aún motivos para asustarse, parecí­an petulantes, autoritarios, ufanos como chicos con zapatos nuevos. Por ensalmo habí­an puesto la mano en el ápice del mundo y se disponí­an a cambiar su ruta. La población exhibí­a la uniformidad nueva del desaliño, la suciedad y el harapo. La raza parecí­a más morena, porque los jóvenes guerreros se dejaban la barba, casi siempre negra, y los rostros se ensombrecí­an. Largas melenas, pechos velludos descotados, fusiles en bandolera, reminiscencias de un siglo atrás, locuras románticas, barricadas revolucionarias. Mucha gente incurrí­a en la uniformidad del andrajo por miedo de parecer acomodada, sobre todo si lo era aún o lo habí­a sido. Ningún sombrero, boina cuando más. Cuello en la camisa, nunca. La corbata habrí­a sido un reto insolente. Conservar mi vestimenta de siempre, parecí­a un rasgo de valor. "Estas modas se implantan aquí­ con más entusiasmo que en Barcelona", pensé, recordando el aspecto de las Ramblas desde el dí­a en que la capital se encasquetó la boina y pareció toda ella vestida en almacén. Los soldados del antiguo ejército conservaban alguna prenda reglamentaria descabalada. Los oficiales, ahorcado el uniforme, lucí­an prendas de cuero, cierres de cremallera, cadenillas y preseas de fantasí­a, en lo que apuntaban ya el lujo, la elegancia... Difí­cil situación la de los oficiales, más penosa cuanto más probada su lealtad. Hallé un hospital junto a una cuadra de animales. En largos coloquios con los mandones del lugar, obtuve un caserón para albergar heridos, inmediato al cementerio. "Será por la escasez de transportes", me dije, cediendo al mal humor. El hospital nuevo funcionó pronto. Casi todas las noches a las altas horas, sonaban en el cementerio descargas de fusilerí­a. La primera vez pregunté: "¿Qué disparos son esos?" Tres sujetos estaban conmigo. El uno, muy ceñudo, no contestó. Otro, sonriéndome con sonrisa de connivencia, repuso: "¿Qué ha de ser?", sin más. El tercero me dijo: "Fusilan en el cementerio", como podí­a haber dicho: "Está lloviendo". Una noche, a fines de agosto, mientras de codos en la ventana de mi cuarto tomaba el fresco, sonaron en el cementerio tres descargas. Después, silencio. ¿Qué pasaba por mí­? ¡No sé! Me parecí­a ver la escena, como si el cementerio, rodeado de tiniebla, se hubiese iluminado. No podí­a quitarme de la ventana. De allí­ a poco, se oyó un gemido. Escuché. El gemido se repitió, más recio, creció hasta ser alarido, intermitente, desgarrador... Aquella oscuridad, el silencio... Nadie respondí­a. El casi muerto, en el montón de los ya muertos, gritaba de espanto, devuelto a un poco de vida, más horrible que su muerte frustrada. El grito vení­a en derechura disparado contra mí­. Traje a la ventana a unos empleados del hospital. "¡Vamos a buscarlo, quizá se salve!" Rehusaron, porfié, me lo prohibieron. ¡Quién se mezcla en tales asuntos! Todo lo más, enviar un recado a la alcaldí­a. Se envió el recado. Pasó tiempo. ¡Tac, tac! Dos tiros en el cementerio. Dejó de oí­rse el gemido."




"MARÓN: ¡Ah! ¡Usted ha estado en Málaga!

UN  CAPITíN: Hasta cuatro dí­as antes de perderse la ciudad. Me tocó un chinazo. Nada, quince dí­as de hospital... Por suerte, me evacuaron. Allí­ tuvimos hasta hace poco un comandante militar extraordinario: "Yo no hago fortificaciones -decí­a-. Yo siembro revolución. Si entran los facciosos, la revolución se los tragará". Con esta moral se pretendí­a preparar la resistencia de una ciudad floja y revuelta de por sí­. Asombra que no la tornasen antes. Bocado fácil. Desembarcar en Estepona no les costó nada. ¿Qué í­bamos a oponerles? Revolución solamente. En Málaga disponí­amos de seis piezas y de siete u ocho mil fusiles para cubrir un frente de unos cincuenta kilómetros. Por qué no habí­a más, es otro cuento. Se habla mucho... Seguramente el Gobierno no disponí­a de tropas ni de material. ¡Y Málaga cae tan lejos! Otro botón. Allí­ habí­a depositados muchos miles de toneladas de aceite que valí­an buenos millones. El Gobierno quiso sacarlo. ¿Qué comité, qué responsable, qué gobernador, o qué junta de defensa se negó a obedecer? El aceite cayó en poder de los italianos.

MARÓN: ¿Aquel comandante inverosí­mil era un jefe del ejército?

UN CAPITíN: Lo es todaví­a"




"PAQUITA: ¡Si eso es un contrato!!... ¡Qué remedio! Todos; iguales, a tres duros, el tramoyista y la primera tiple. Teatro lleno, pero tres duros. Es que estamos colectivizados. Recaudan en teatros y cines más de veinte mil duros diarios y a nosotros no nos dan nada. Nadie rechista. Una noche hubo escándalo porque me negué a repetir mi numerito. ¡Que lo repita el tramoyista! ¿No ganamos lo mismo? Pero todos se aguantan. ¿Has visto en un cine del Paseo de San Juan El vagabundo millonario? Es de actualidad.

RIVERA: He visto Vidas en peligro, que no lo es menos,

PAQUITA: Soy muy republicana, pero estas cosas...

BARCALA: ¡Qué has de ser republicana! Eres cosa mejore. Por ti me hago yo... fascista.

PAQUITA: ¡Idiota! Por supuesto, fascista hay que ser para sacar tajada... En Barcelona están la Teresita San Juan y su marido. No trabajan. Andan buscando que la Generalidad los embarque para América y los subvencione. De lo más carca. Nunca han podido ver a la República. Cursis del Blanco y Negro... Ahora hacen la rosca a los que mandan. Como la Soledad Martí­nez. La embarcaron aquí­, después de darle dinero y cuanto quiso. ¿Qué ha dicho en la Habana? Horrores. Lo mismo sucederá con la Teresita. No escarmientan. Con ella está Antonia de Gracia... Tú la conoces, Miguel. ¡Hay que oí­rla! ¡Cómo os pone! Parece una marquesa a quien le han quitado el oratorio y los olivares. ¿Por qué no se lo dices al Gobierno?"
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Enero 22, 2012, 10:14:10 p. m.
Evanescente.


That means no
Where i come from
I am cold, out waiting for the day to come

I chew my lips
And i scratch my nose
Feels so good to be a rose

Oh don't
Don't you lift me up
Like i'm that shy no-no-no-no-no, just give it up

See, there are bats all dissolving in a row
Into the wishy-washy dark that can't let go

I cannot let go
So i thank the lord
And i thank his sword
Though it be mincing up the morning, slightly bored

Oh oh oh, morning
Without warning
Like a hole
Oh, and i watch you go

There are some mornings when the sky looks like a road
There are some dragons who were built to have and hold
And some machines are dropped from great heights lovingly
And some great bellies ache with many bumblebees
And they sting so terribly

I do as i please
Now i'm on my knees
Your skin is something that i stir into my tea
And i am watching you
And you are starry, starry, starry

(and you will never
Ever know how
Very sorry you will be
... I am)

And i'm tumbling down
And i check a frown
Well just look around
That's why i love this town
To see me;
Serenaded hourly
Celebrated sourly
Dedicated dourly

Waltzing with the open sea
Clam, crab, cockle, cowrie
Will you just look at me!
Tu padre te enseña feliz sus tesoros,
papeles de cuando eras niño, hace ya unos treinta años.
Las cuartillas amarillentas, la tinta desvaida hasta parecer una marca de agua.
Felicitaciones a mis hermanos, cuentitos, ideas peregrinas;
está orgulloso de lo que hací­a su hijo.
Qué vergí¼enza.
Qué vergí¼enza me doy.

You'd been a permanent source of disappointment for your relatives.
Few were your chances but all of them marred.
What did you do?
Now you're at home remembering the visit at the parents.
And 'till you hatefully glare at the walls and the ceiling
you ask yourself to no answer.
Where did you take this comfortable path to banality?
when did you loose the future?
The rage burns your breath, your brain fades to black.
At anytime you were oblivious, now check your choice.
Admire the results.

"Look at my works, ye mighty..." (sardonic laughter)

Merde, merde, merde, merde.
Merde alors.

Nunca llegarás a Buenos Aires.
Qué tienes salvo tus malas elecciones diez mil quilómetros al norte.
Sombra en movimiento, la nada en vida,
arrastras el peso de la inercia movido por la acedí­a.

Palabras que se desvanecen en hojas gastadas.
Recuerdos que se pierden, ridí­culos que nunca se marchan.

Nada cambiará, nada puede ser ya cambiado.
No te queda ni esperanza ni valor,
para corregir la derrota hacia otro destino.
Seguirás atado a tus rutinas.

Cuándo, cuándo dejé de ser un niño.
¿Cuándo me convertí­ en un adulto de mierda?
¿Puede uno recuperar al niño que fue?

Le debes al mundo más de lo que le has dado.
Piensa como compensar a tus padres en sus últimos años.
No es mala idea, pero ¿y después?
Irte para ser olvidado.
Mas el miedo te pierde.

Seguir para nada, hasta que no te bastes a ti mismo.
Ya no hay futuro, no para tí­.
Terminarás en un asilo, ni el valor de matarte tendrás.
Maldito cobarde.

Mañana es lunes.
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: Dolordebarriga en Enero 24, 2012, 10:24:27 p. m.
Tienes unos domingos jodidí­simos, jefe.

Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Enero 29, 2012, 09:15:34 p. m.

Es que ni soñando, oye.

Me dan las cuatro de la mañana mientras hago una segunda cena para intentar dormir, al dí­a siguiente trabajo. Doy vueltas en la cama, soñoliento y con la panza llena.

Me despierto en Buenos Aires, arrastrando una maleta con ruedas, con una gigantesca bolsa de deportes cruzada y el maletí­n del portátil colgado del otro hombro. El ¿hotel? de amplios ventanales a la derecha más recuerda por las vistas que entreveo a la calle López de Hoyos a la altura de la estación de metro de Alfonso XIII. A la izquierda se adivinan varias habitaciones que parten de un salón de techo altí­simo con cocina americana.

Me digo que tengo que ponerme en contacto con Silvana y éso me lleva a un edificio con poderosos contrafuertes de color del óxido y un interior de empapelado gris marengo, con gruesas puertas de madera del mismo color que ocultaban a modo de parerga pesados cortinones a juego con borlas doradas. Un ujier con chaquetón con hombreras militares en forma de cepillo y botones dorados como mariscal de campo me guí­a, rí­o para mis adentros mientras pienso que como se entere Sil que he ido al Monumental antes de verla a élla le da un soponcio.

Irme a ver a River Plate, cuando es acérrima de Boca Juniors, que uno de sus mejores recuerdos de la infacia fue cuando su papá -que es fanático de la Acadé- pudo permitirse el lujo de llevarla a la popu de la Bombonera.

El ujier requiere mi entrada y yo, incapaz de entender cómo he llegado hasta ahí­, le digo que no creo haberla comprado. Escenario de ladrillo malpegoteado con cemento, luz en penumbra, sólo iluminado por la diáfana luz que entra desde las entradas al terreno de juego, notas el estruendoso murmullo del público, el olor a césped recién regado y linimento. El tipo que me acompaña, camiseta y vaqueros, me dice que no hay problema, que él puede conseguirme la entrada. En guarda, pienso yo, que estos argentinos son unos liantes.

Lo "sabí­a". Me ofrece una tira de pases para cualquier cosa, el precio no es muy alto, de hecho es una bicoca, pero yo todo digno contra el trapicheo, me niego y le digo que quiero comprar la entrada por cauces oficiales. No hay problema me dice alegre como si no se hiciera mala sangre por mi ¿xenófoba? desconfianza, te llevo hasta las taquillas.

Termino frente a un edificio colonial dirí­amos (Ya despierto me dí­ cuenta de que era la fachada del balneario de La Toja en Granada). Cuando abro veo un montón de personas mayores distribuidas alrededor de mesas de tres o cuatro comensales redondas con manteles blancos, amarillos o cremas que llegan hasta el suelo. Me extraño. Salgo, doy la vuelta al edificio y me encuentro a un orondo cincuentón vestido de uniforme, que vagamente me recuerda al jefe-propietario de la agencia de publicidad barcelonesa en la que trabajé durante las Olimpiadas del 92. Está sacando brillo a un gigantesco deportivo, será su chófer. El auto parece un Rover 3000 pero por la estilizada y hermosa pantera que a modo de emblema figura en la parte central del morro del motor deduzco que es un Jaguar.

(http://www.carmild.com/wp-content/uploads/2011/01/News-Jaguar-Crossover-Supposedly-Not-Coming-Until-2013-2014-1.jpg)

Adoro los coches ingleses, yo que siempre conduzco utilitarios y furgones franceses. Mini Cooper, Rover, Jaguar, pero sobre todo el Bentley. Una casi desconocida marca que fabrica por encargo. Nada ostentoso, no son muy llamativas. Pero incluso de lejos no puedes por menos que admirar su elegancia. Lo que darí­a por manejar un Mulsanne. (http://www.bentleymotors.com/models/mulsanne/)

Estoy de nuevo en el ¿hotel?, mientras atravieso el pasillo, de una de las habitaciones en penumbra sale una mujer recién duchada sorprendida por verme. "Silvana" digo desbordado de alegrí­a, la doy un beso en la mejilla porque cuando intento besarle la otra hace un amago de apartarse. Bah, será la sorpresa o que está recién arreglada. Me da una serie de normas, como si en realidad ella fuera la anfitriona y yo estuviera en su casa de visita, ni la escucho atento como estoy a mirarla, se ha hecho la permanente y lleva una capa de maquillaje, cosa que no me agrada (eramos compañeros de trabajo luego rara vez la vi maquillada). Me advierte con cara de disgusto desde la cocina americana que los dí­as que traiga invitados yo me deberé quedar en mi cuarto sin salir.

Vuelvo a la cafeterí­a colonial, por la puerta principal sigo viendo a los abuelitos y abuelitas degustando su merendola, pací­fica imagen que no calma mi ánimo. Busco en la zona trasera al chófer que ahora parece un randa de mi aldea natal cántabra, con su perfil de garduña, con su fama de sacacuartos (y decimos de los argentinos). Le ayudo a empujar el Rover-Jaguar mientras él más por ánimo de hacer sangre que de informar me dice que Silvana no es trigo limpio. No me enfado, ni me disgusto. Siento una pena inmensa, pero de alguna manera me lo esperaba. Le pido que me lo demuestre.

Vamos por la entrada principal, dice el odioso sicofante. No hay vuelta atrás. Lo sabí­a, lo sabí­a, lo sabí­a. Si no me hubiera achantado cuando la conocí­ en España, ahora no estarí­a haciendo ¿qué? en su Buenos Aries natal. Entramos por la puerta principal, todo parece igual, sólo que las mesas las ocupan hombres cincuentones. Se dirige al  mostrador mientras yo rodeo inquieto las mesas atisbando el paisanaje como si no quisiera admitir la certeza que confirma mis sospechas, alcanzo a llegar hasta el maí®tre a tiempo de oí­rle al lacayo preguntarle ¿Puede venir Petunia Clarke?

Suena el despertador. Mierda, mierda y mierda. Si me hubiera dormido antes quizá hubiera podido salvarla. ¿Salvarla de qué? Mientras rememoro el sueño, surge de las profundidades una escena de "Nashville", una chavalita despampanante pero mala cantante quiere ser estrella del country y consigue un contrato. La escena es odiosa de principio a final, sabes que va a fracasar, que en ese bar de hombres que la abuchean -incluso el dueño le agarra con brusquedad mientras le espeta un ¿crées que te pago para cantar?- lo que se espera de élla es otra cosa. Incrédula, humillada, accede. Cuando vuelva del trabajo, lo miro en internet.

Pero no, Petunia Clarke quizá sea la cantante inglesa Petula Clark. (http://es.wikipedia.org/wiki/Petula_Clark) La desasosegante escena de la pelí­cula de Robert Altman la interpreta una tal Gwen Welles, que ganó un Bafta y todo por esa interpretación. No me extraña. Su cara de desconcierto, el aguantarse las ganas de echarse a llorar mientras seguí­a desnudándose frente a la manada de hijos de puta, su salida del escenario a la carrera... Qué mal rollo.

Una versión recortada y ampliamente censurada la podéis ver a partir del minuto uno de éste youtube:



Pareja de tres.

Más o menos me hací­a a la idea de que Norma estaba saliendo conmigo por dar celos a su novio. Pero, mira, mientras dure, es linda, de mi altura, pelo rojizo, ojos grises. No hay nada serio, despegada y altanera como buena habitante de las islas durante el dí­a, de noche se restriega furiosa conmigo pero no contra mí­ en garitos de Howth elegidos por élla.

Un buen dí­a, ejem, una mala noche, me arrinconó contra la barra un bestia parda de casi dos metros, corpulento, pelo rapado al cero. Un hooligan de The Kop, pensé yo. En su mirada proterva capté sus intenciones aviesas y decidí­ por mi bien templar gaitas esperando que se calmara respondiéndole a todo que si. Para cuando quise darme cuenta de que me habí­a preguntado si m-habí­a folla'o a su chati, ya le habí­a soltado que yes, lo que en puridad era mentira.

No reaccionó muy caballerosamente y salvé el primer golpe más que por reflejos por ser cabeza y media más bajo, procedí­a yo a huir a la carrera -táctica poco elegante pero efectiva- cuando la mujer en disputa se le subió a la chepa y empezó a gritar con esos alaridos destrozatí­mpanos que sueltan las féminas en toda clase de broncas nocturnas. Y claro, entenderéis que no la iba a dejar ahí­ vendida.

En fin que tuve que hacerle frente, a distancia a poder ser, a base de interponer mesas y sillas entre él y yo intentando evitar la paliza. Una trifulca indecorosa. Total, que llegó la Garda a poner orden, por llegar llegó hasta una ambulancia mientras los uniformados serios, profesionales y circunspectos me preguntaban algo así­ como si habí­a visto lo que le habí­a hecho al "colega". Me extrañaba la aparente confianza que se tomaban mientras les explicaba que habí­a empezado él y que yo ni le habí­a pegado.

Poco a poco, a base de repetirme la pregunta sin atender a mis explicaciones, fuí­ atando cabos. No me preguntaban en lenguaje coloquial, me inquirí­an oficialmente sobre el daño que le habí­a hecho a su colega. Me quedé helado, muerto de miedo porque estaba en Irlanda de ilegal, les balbucée diciendo que bueno, vale quizá si le habí­a casi tocado pero es que las heridas en la cabeza son muy aparatosas, que yo no querí­a, que vale que tení­a la cara cubierta de sangre pero que yo estaba todaví­a peor.

Vale, vaaale, lo admito, sangraba como un cerdo, él se lo buscó, insisto; yo sólo estaba defendiéndome sin mucho arte y además también tuvieron que atenderme los sanitarios que me dió la paliza de mi vida.

Tendrá noticias nuestras, me dijeron. Norma me acompañaba perniquebrado mientras me preguntaba preocupada si me habí­a hecho daño ese bruto. Yo haciéndome el mártir sin necesidad de fingir mucho. Aquella fué la primera noche que nos acostamos. No iba tan descaminada la respuesta que originó el follón.

Dí­as después en el muelle pesquero en que trabajaba como descargador, se presentó una patrulla de la Garda preguntando por mí­ y de élla bajo la mole. Adiós, pensé, de ésta me echan del paí­s; ahora que habí­a conseguido ser el tipo más solicitado por la colonia española en Dublí­n; bueh, para que engañarnos, ahora que me habí­a encamado con una irlandesita. (Explico lo de la popularidad, por aquel entonces los pesqueros irlandeses arrojaban el marisco de su carga de vuelta al mar por considerarlo incomestible. Yo asombrado ante el despilfarro, les grité que me los dieran, con algo más de entereza les mentí­ diciendo que era para hacer sopa para los muchos pobres; en realidad me los llevaba para venderlos a precio de amigo entre los españoles).

El bestia uniformado todo tranquilo y formal se disculpó a medias, me dijo que si yo no lo denunciaba él a mi tampoco y que por su parte asunto concluido añadió tendiendome la mano. Lo que pasa en Summet Inn, se queda en Summet Inn. Cobardón como soy, yo que sí­ a todo -otra vez- con profusión de gracias. Bueno, no salí­ tan mal librado.

Yo seguí­a con Norma, incluso alquilamos un piso en Dun Laoghaire para vivir juntos, pero inseguro como soy me reconcomí­a la idea de que en realidad élla lo que querí­a era volver con él y que yo suponí­a en principio el testaferro a través del cual darle celos y al final un estorbo para la reconciliación.


Así­ que el dí­a de cumpleaños de élla, me puse en contacto con el tipo (fijáos que ni su nombre recuerdo) le invité por mi cuenta si bien hice que se pasara a final de la fiesta, ya a las tantas de la madrugada. Para mi suerte vení­a ya bebido de casa, me costó poco y nada retenerle mientras se iban los invitados. Norma, sorprendida, me apremiaba a echarle para ir a celebrar su cumple en su cuarto. Con mi sonrisa tonta le dije que él formaba parte de nuestra fiestita de cumpleaños particular. Frunció las cejas divertida como diciendome ¿qué me estás contando? Mi regalito especial.

Es la única vez que he hecho un trí­o con otro hombre. Me sentí­ incomodo en todo momento. Pero Norma fue feliz, no diré mientras le dábamos entre los dos, sino sobre todo después. Me llamó loco con sonrisa de oreja a oreja mientras revoloteba alrededor del desayuno a la isleña que estaba preparándoles. Besuqueándome me dijo que me amaba -sea por siempre bendito Monesvol- yo que lo habí­a hecho por éllos. Para que veáis de lo que sirve ser calculador. Las personas siempre te sorprenden.

Seguí­ con élla hasta que me fuí­ a Barcelona. Cede y triunfarás, wu wei.[/color]
Título: Re: Argentí­nea / Forlorn
Publicado por: ENNAS en Marzo 31, 2013, 06:10:02 p. m.
No puedo entrar en el foro Ph.

Bueno, en realidad podrí­a, me bastarí­a con volver a cambiar la contraseña (una vez más, y van...); se conoce que como entro poco su sistema adopta esta medida por precaución, el resto es vagancia. Y lo que váis a leer acá, hubiera debido ir allá.

Poggio Bracciolini fue un toscano que vivió a caballo entre los siglos XIV y XV, bien formado, secretario de nueve papas, canciller de la Florencia de los Médici... En fin un tipo bien relacionado. No es conocido en nuestros dí­as pero se le puede considerar el gran proveedor del humanismo renacentista. Pues habéis de saber que haciendo uso de su cargo visitó las bibliotecas abaciales del Sacro Imperio y vertió para el mundo en una nueva y fácil caligrafí­a obras clásicas que la Iglesia Católica habí­a hecho desaparecer de la circulación.

A través de la compra o la copia, el descuido, la confiscación o el robo, Poggio Bracciolini devolvió a la humanidad todo lo que las decadentes abadí­as germánicas le ocultaban. A Cicerón, a Vitrubio, a Ennio o a Quintiliano entre otros muchos. Pero su mayor honra era el haber realizado la única copia existente de la opera omnia de Lucrecio "De Rerum Natura". Lógico que este saqueador de bibliotecas no sea muy mencionado, pero quién roba a un ladrón...

Su entrada en la Wiki: http://en.wikipedia.org/wiki/Gian_Francesco_Poggio_Bracciolini
Página donde leer autores en latí­n: http://www.thelatinlibrary.com/index.html

En otoro orden de cosas y para nuestras coforeras, con cariño y tal:

"Amo tus ojos, amiga,
su maravilloso y travieso centelleo
cuando los alzas de pronto, suavemente
y cual relámpago celestial,
lanzas la mirada en rededor…

Pero un encanto hay aún más intenso:
los ojos, entornándose
en los minutos del beso apasionado
y –tras las pestañas caí­das-
fatalmente anegados por el fuego del deseo."


No, ésto no pertenece a los venerables poetas del latí­n, en realidad es ruso y sale al final de la pelí­cula "Stalker". Pero es la entradilla para lo siguiente.

De espejos e í­dolos.1

СЛОВАРЬ

Я ветвь меньшая от ствола России,
Я плоть ее, и до листвы моей
Доходят жилы влажные, стальные,
Льняные, кровяные, костяные,
Прямые продолжения корней.

Есть высоты властительная тяга,
И потому бессмертен я, пока
Течет по жилам - боль моя и благо -
Ключей подземных ледяная влага,
Все эр и эль святого языка.

Я призван к жизни кровью всех рождений
И всех смертей, я жил во времена,
Когда народа безымянный гений
Немую плоть предметов и явлений
Одушевлял, даруя имена.

Его словарь открыт во всю страницу,
От облаков до глубины земной.
- Разумной речи научить синицу
И лист единый заронить в криницу,
Зеленый, рдяный, ржавый, золотой...
Diccionario

Soy la rama menor
del tronco de Rusia,
soy su carne.
Hasta mi follaje
llegan las venas húmedas,
de acero,
de lino,
de hueso,
de sangre,
son continuación
de las raí­ces.

Hay en las alturas
una poderosa tensión,
por eso soy inmortal.
Por mis venas corren
dolor y bondad,
la humedad helada
de las aguas subterráneas,
todas las erres y las eles
de la lengua sagrada.

La sangre de todos los nacimientos
y de todas las muertes
me llama a la vida.
Viví­ en los tiempos cuando
el genio anónimo del pueblo
reviví­a la carne muda
dándole nombre.
Su diccionario está abierto
desde las nubes
hasta la profundidad terrestre.

A la lengua racional - enseñarle el pájaro
y a la hoja que se dice única
sumergirla en la fuente
verde, rojiza, de oro, oxidada...

Este es un poema de Arseni Alexándrovich Tarkovski, traducido por la argentina Natalia Litvinova. Pinchad en la imágen y llegaréis a su blog:

(http://www.teprometoanarquia.com/wp-content/uploads/2012/12/natalia-litvinova-212x300.jpg) (http://casajena.blogspot.com.ar/)

Si queréis más poesí­a rusa, traducida, la encontraréis en "Pregúntale al señor de la noche...": http://animalesenbruto.blogspot.com.es/

Puestos los enlaces, vamos al tema. Durante gran parte de su vida, Arseni cumplió con la sociedad soviética. Nacido en 1907, fue editor de revistas en los primeros tiempos revolucionarios; corresponsal de guerra durante la Gran Guerra Patria, tuvo que cubrir la humillante rendición de Moscú ante los bombardeos de la Luftwaffe en el 41, perdió una pierna en el 43 y ganó a cambio una Estrella Roja.

Relatado su débito con la patria, nos hallamos ante el raro caso de un poeta que no publicaba poesí­as, se le supone autor de un acróstico contra Lenin que casi le vale ser fusilado y no se le conoce ningún panegí­rico a Stalin (no como a Alberti o Bergamí­n). Digamos que Arseni se ganaba la vida como traductor de poesia árabe, armenia, georgiana y turca. Lo que acá en el bárbaro occidente definiriamos como un orientalista.

Ya sabéis, las delicias de Bizancio, las sutilezas asiáticas, ese hedonismo casi táctil por la naturaleza. La luz del sol derramándose como hidromiel a través de la ventana. La espuma del mar flotando tras restallar las olas contra el farallón. El ombligo de una mujer tumbada de lado tensádose cuando le rozas la piel de su cadera desnuda. Esas cosas.

No fué hasta que su célebre hijo, Andréi, obtuvo el éxito con su primer largometraje "La infancia de Iván" cuando se decidió a publicar por primera vez un poemario. Era 1962. La pelí­cula, enésima fabulación soviética en trono a la Gran Guerra Patria, iba por mal camino y a un recién licenciado Andréi Tarkovski le encargaron el muerto de rodarla y hacerla viable con la mitad de presupuesto. Andréi cumplió y satisfizo tanto a las autoridades cinematográficas que le autorizaron los cuantiosos gastos de su siguiente pelí­cula, la superproducción "Andréi Rublev".

Nadie lo ha señalado, pero no cuesta nada ver el paralelismo que Tarkovski pergeñó entre la vida de su padre y la recreación del monje pintor de iconos. Dos hombres que si bien en un primer momento renuncian a expresar su arte viendo la degradación y la violencia que les rodea, terminan racionalizando todo este dolor precisamente recuperando el arte en su forma más perfectible, como dique desde el que enfrentarse al caos y a la desolación.


(http://www.sorvarangerfilmklubb.no/graphics/movies/andrej_rubljev.jpg)
Fotograma de "Andréi Rublev" con la primera esposa de Andréi Tarkovski, Irma Rausch, que se divorció de él tras la pelí­cula.

Grande era la capacidad de Andréi Tarkovski para tomar imágenes que fueran metáforas poéticas como podéis comprobar con sus célebres Polaroid; sea la poca calidad técnica de aquel sistema, sea el arte de Tarkovski, sea la exangí¼e luz solar de todas las Rusias, pedazo de fotos que podéis ver acá:

http://riowang.blogspot.com.es/2010/06/tarkovskys-polaroids.html

Visto que era un esteta, las autoridades cinematográficas le conminaron en 1972 a filmar una pelí­cula de ciencia ficción que fuera la réplica soviética de la brillante "2001, Una odisea en el espacio" estrenada cuatro años antes. Un desastre. Donde Kubrik sacaba una nave de un blanco esplandeciente con trajes espaciales impolutos en amarillos y rojos chillones, Tarkovski mostraba paredes corroí­das por el óxido y enmohecidas, puertas desvencijadas y oscuros pulóver de punto deshilachados. Frente a la gran labor de diseño de naví­os interplanetarios del neoyorkino, el de la rivera del Volga resume el tedio del viaje espacial con diez minutos de metraje viendo al protagonista reflejado en el cristal de la ventanilla de un coche que se desplaza por las autopistas aledañas a Moscú.

Se lo tení­an que haber figurado. En la Unión Soviética que presumí­a de la electrificación, la metalurgia y el hormigón, Andréi Tarkovski -el muy puñetero- siempre filmaba en dachas de madera iluminadas por quinqués de petróleo a las que habí­a que acceder campo a través. Se lo tení­an que haber imaginado, pero vete a pedirle a los sóviet imaginación. Así­ que cuando vieron el resultado de su apuesta se enojaron muchí­simo con el camarada Andréi Arsénievich.

Continuará...

1.- Si, esto también hubiera debido ir al Todaví­apordeterminar. Sobre todo porque ahí­ dónde lo véis, tan farragoso, es simplemente la entradilla para hablaros de la pelí­cula "Espejo" de Andréi Tarkovski, que colgué entera en el otro foro.