Areópago

Categoría General => Pentadáctilo => Mensaje iniciado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 13, 2006, 02:50:35 p. m.

Título: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 13, 2006, 02:50:35 p. m.
En mi blog, plagado de oscuras consignas islamoprogres, me toca ahora tratar (durante unas pocas de entradas peñazo de las mí­as) la espinosa cuestión del multikulturalismo, la superioridad de las culturas y tal. Dado que aquí­ habí­a procrastinado el tema, intentaré ir colocando en este hilo -que por otra parte, puede llenarse de lo que ustedes quieran- las diversas entradas. Me he ido al pentadáctilo, que tiene un tiempo más lento y me facilita no "perder el hilo". Voy a tener dificultades para ver si hay debate en los próximos dí­as (y para participar en él si lo hubiera), pero de todas maneras no hay demasiada polémica, al menos en la primera entrada. Como anunciaba, estoy empezando a situar la cuestión.

Si quieren verlo ví­a blog con la foto de Boas y los hiperví­nculos puestos (y, alternativamente, descubrirme cantando jardrock-islamoprogre en la entrada anterior), pueden seguirlo aquí­: (eso sí­, los eventuales insultos, pónganlos aquí­, puesto que en el blog pretendo que la discusión se ciña a las ideas, no a las personas)

http://tiempos-interesantes.blogspot.com/

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LAS RAíCES DEL "MULTICULTURALISMO"

En este blog no sólo vamos a hablar de migraciones, sino también de "interculturalidad", materia que evidentemente está directamente relacionada con los movimientos migratorios, pero que va mucho más allá de ellos.
Es frecuente que, en el diálogo de besugos en el que habitualmente se convierten los debates sobre migraciones, los más reacios ante los extranjeros (o ante determinados grupos de extranjeros) la emprendan vehementemente contra el "multiculturalismo". Es posible que en cierta medida estén gastando fuerzas en combatir espantapájaros, puesto que seguramente esta expresión y sus connotaciones han sido en gran medida abandonadas por quienes de un modo u otro están más interesados en estas cuestiones, aunque también es cierto que en determinados ámbitos sigue haciéndose uso y abuso del concepto. Los "xenofí­licos", aunque no seamos estrictamente "multiculturales", nos damos por aludidos y seguimos la corriente, cumpliendo perfectamente nuestro rol en un debate perfectamente estéril. Quizás hacemos esto porque nos sentimos en cierto modo herederos del multiculturalismo. Por mi parte, acepto la herencia, pero a beneficio de inventario;
vamos, que aprovecho lo que pueda sacar, pero no respondo de las deudas que no son mí­as.

A salvo de los planteamientos relativistas que existí­an desde la antigí¼edad, podrí­a decirse que la raí­z de la idea-fuerza del multiculturalismo se encuentra en el "héroe cultural"
y "padre fundador"
de la antropologí­a académica norteamericana -un fí­sico alemán-, Franz Boas (1858-1942) y sus "discí­pulos"
(aunque el término en sí­ mismo considerado y su uso como modelo de convivencia es muy posterior). Antes de Boas, prácticamente toda la ciencia social seguí­a con menor o mayor énfasis patrones racistas y etnocentrados (de manera que, por cierto, las acusaciones de racismo para pensadores anteriores tienden a estar descontextualizadas). Raza, lengua y cultura aparecí­an difuminadas y confusas en un totum revolutum fraguado a veces con escasa empatí­a y sin muchas intenciones de penetrar en la lógica interna de las conductas. En definitiva, el etnocentrismo era tan pronunciado que no nos enterábamos de nada.

Como muestra de lo alejado que se estaba en aquel tiempo de un mundo "polí­ticamente correcto", contémplense un par de aseveraciones de William McGee, primer presidente de la American Anthropological Association (citadas por Marvin Harris): en artí­culos de la revista cientí­fica American Anthropologist.

-"Posiblemente la sangre anglosajona es más potente que la de las otras razas;
pero ha de recordarse que el lenguaje anglosajón es el más simple, el más perfecta y simplemente simbólico que el mundo ha visto jamás;
y que gracias a él el anglosajón guarda su vitalidad y energí­a para la conquista en lugar de desperdiciarlas en la Jggernaut de un mecanismo engorroso para la comunicación del pensamiento"
(1895)

-"El salvaje está extremadamente cerca de las especies subhumanas en todos los aspectos de su mentalidad, tanto como en sus hábitos corporales y en su estructura corporal"
(1901).

Desde el punto de vista de la ciencia social, la lucha frente al etnocentrismo (llamada relativismo cultural y que nosotros preferimos denominar relativismo metodológico) supuso una conquista importante. Sólo asumiendo la dignidad de las culturas "salvajes"
se ha podido descubrir la tremenda riqueza expresiva de lenguas supuestamente "bárbaras"
que se creí­an alaridos primarios;
sólo tomando en serio las culturas como sistemas de conocimiento se han advertido complejí­simas taxonomí­as (de hecho, más complejas que las de la Biologí­a standart en lo que refiere a la fauna y flora local) o métodos de orientación de asombrosa precisión como los que utilizan los polinesios para recorrer larguí­simas distancias en canoa. Sólo aproximándose al estudio de la conducta en su contexto socio-cultural, al margen de prejuicios puede verdaderamente acercarse uno a la comprensión del comportamiento humano.

Al margen de la ciencia, desde el punto de vista polí­tico, el revulsivo fue también en general "positivo";
ni que decir tiene que el progresivo reconocimiento de la dignidad de las "culturas"
que podrí­amos llamar simplificadamente "no-occidentales"
cumplió un importante papel instrumental en el reconocimiento de la dignidad de las personas adscritas a estas culturas. Dado que iban encajando con las circunstancias estructurales del momento, las ideas "multiculturales"
-reconocimiento de la "igualdad"
de las distintas "culturas"- no quedaron como cosas de antropólogos, sino que han ido teniendo un cierto éxito social (lo que ha derivado inevitablemente hacia una cierta vulgarización). En el melting pot estadounidense, el "multiculturalismo"
sirvió de necesario contrapunto dialéctico frente a la doctrina o la práctica -muy querida, pero en cierto modo imposible- de la "asimilación"
en lo que referí­a a la integración de los inmigrantes (y el propio Boas lo era). Seguramente también las ideas "multiculturales"
sirvieron de fundamento ideológico para gestionar los procesos de descolonización del llamado "Tercer Mundo". Por último, pudieron suponer algún tipo de asidero ante el horror que conmovió el mundo tras la II Guerra Mundial, al contemplar las consecuencias más extremas de los discursos raciales.

Ahora bien, el hecho de que en su momento fuera una doctrina útil, así­ como la constatación de que todos aquellos que propugnamos la dignidad de los que son diferentes somos en alguna medida tributarios de estas ideas, no debe distraernos de los dos pecados "originales"
que tendencialmente presentan los planteamientos multiculturales: el esencialismo cultural y la apariencia del punto de vista neutro. Esto lo veremos poco a poco en próximas entradas.

[modificada por coherencia con la entrada citada]
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 17, 2006, 10:27:00 a. m.
[Edito para poner el tí­tulo, que se me habí­a olvidado;
aprovecho para repasar: decí­a que el "multiculturalismo", habiendo cumplido funciones útiles en el pasado, tení­a dos "pecados originales", el esencialismo cultural y la apariencia de un punto de vista neutro. Pues ahora dedicaré
unas tres entradas al primero]

EL ESENCIALISMO CULTURAL

Aunque no lo parezca, aquellos que propugnan la superioridad de unas "culturas"
sobre otras y los que, por el contrario, afirman la igualdad radical de todas las "culturas"
tienen algo en común: ambos creen, cerebral o visceralmente, consciente o inconscientemente en las "culturas"
como entidades discretas, objetivas, bien delimitadas, relativamente homogéneas y estables. Casi que podrí­amos decir exactamente cuántas culturas hay en el mundo y quedarnos "tan panchos". ¿Y si la pregunta acerca de si hay culturas superiores o no estuviera mal planteada desde el principio? Dedicaremos algunas entradas a esta cuestión.

Ciertamente, antes de Boas se hablaba de "razas", "pueblos"
y "naciones", a veces como sinónimos. A partir de Boas se empieza a hablar de "culturas"
como categorí­as de la diversidad étnica (aunque antes el término tení­a una dimensión más bien universal);
aunque no eran más que generalizaciones necesarias, inconscientemente se hablaba de las "culturas"
como si fueran entidades vivas, ideas platónicas o seres metafí­sicos. Los antropólogos pusieron de moda este esquema de percepción de la realidad, casi como una necesidad para poder generalizar sobre pueblos tradicionales cuyo modo de vida se iba extinguiendo y la moda se propagó
por doquier hasta el punto de que todo el mundo se lo terminó
creyendo del todo. Como digo, anteriormente se utilizaban vagamente esquemas parecidos y también se interiorizaban hasta el punto de que parecí­an realidad objetiva (como otros productos "culturales"), pero lo cierto es que hoy hemos heredado los esquemas culturales que fraguaron aquellos antropólogos. Sobre todo ahora que las "razas"
han caí­do en la desgracia de lo polí­ticamente incorrecto, los "pueblos"
gozan de mala salud y huelen a "comunismo"
y las "naciones"
están pegando los últimos coletazos.

Sin hablar de "culturas", en cambio, el eminente sociólogo Max Weber ya nos advertí­a frente a la imprecisión de lo étnico "La fuerza universal de la ‘imitaciónÂ’
actúa en general en el sentido de hacer cambiar gradualmente, de un lugar a otro, los usos tradicionales, de la misma manera que cambian los tipos antropológicos en virtud de la mezcla de razas”[...] “Se acabarí­a así­
por arrojar seguramente por la borda el concepto global ‘étnicoÂ’. Pues es un término genérico completamente inoperante para toda investigación rigurosamente exacta."


¿Dónde está
la imprecisión de este esquema? Pues básicamente en tres aspectos sobre los que no me puedo extender mucho hoy:

1) Pretende homogéneo lo que es heterogéneo: minimiza las diferencias individuales y minimiza las diferencias grupales dentro de lo que previamente se ha caracterizado como una "cultura". Para un español tí­pico es lo mismo un turco, un árabe y un pakistaní­
(he oí­do hablar varias veces de una "cultura islámica"), cuando para ellos las diferencias pueden ser brutales (incluso ahora que parece que los medios de comunicación de los paí­ses musulmanes podrí­an estar reforzando una identidad común que siempre ha sido bastante tenue). Como si se tratara de una muñeca rusa podrí­amos entrar en más subdivisiones, y en divisiones de las subdivisiones hasta descubrir que también hay "subculturas"
en todas lassociedades modernas, en las que se acentúa la especialización funcional y la diversidad;
e incluso descubrir que hay cosas "culturales"
más allá
de las subculturas, pero todo esto lo tendré
que aclarar en otro momento.

2) Pretende discreto lo que es continuo: establece unas fronteras ilusorias para demarcar el concepto ignorando que lo que previamente hemos llamado "culturas"
no son compartimentos estancos, sino que operan en un mundo mucho más fluido de intercambio continuo y comunicación cultural entre personas, grupos y redes, en el que, por otra parte, las diversas "culturas"
son manifestaciones diversas de la "unidad psí­quica de la Humanidad", lo que hace que, en realidad, no sean "tan"
diferentes. Un campo de juego muy divertido para ver esto es el estudio del folklore: busca una criatura mitológica que se venda como pura idiosincracia, por ejemplo, de una "nación"
"autonómica"
y empieza a percibir cómo varí­a brutalmente de un valle a otro de la misma Patria y como, por otra parte, en cierto modo es igualita a la de la tribu africana no-se-qué.

3) Pretende estable lo que es dinámico: la "cultura"
-en sentido universal-, como rasgo biológico del ser humano tiene una indudable dimensión adaptativa. Los rasgos culturales están continuamente cambiando, creándose y recreándose, reciclándose desde la basura del pasado, cogiendo lo que ya está
hecho y adaptándolo a las circunstancias (no quiero decir con esto que no puedan subsistir survivals, rasgos que un dí­a tuvieron sentido y que terminarán desapareciendo o reconvirtiéndose). También el proceso continuo de comunicación que mencionaba antes, en el contexto antes citado de heterogeneidad implica una difusión continua de rasgos de un sitio a otro. De hecho, los primeros antropólogos académicos se vieron obligados a "mentir"
al presente para poder registrar la historia, haciendo la foto de un cadáver o de un moribundo;
quiero decir, que, en un principio, y en términos generales, trataron de describir las "culturas"
"salvajes"
en su "pureza", "incontaminada"
del "hombre blanco". Pero esa situación YA no era real en aquella época;
prueba de ello: el propio antropólogo.

Ya veremos más adelante si existe una alternativa epistemológica a esta simplificación -todo esquema cultural lo es- de las "culturas". Me importa resaltar ahora que la interiorización de este esquema cognoscitivo hasta las propias ví­sceras genera algunos problemas éticos en general bastante graves. A ellos me referiré
en la próxima entrada.

Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Kamarasa GregorioSamsa en Octubre 17, 2006, 12:44:21 p. m.
.

[Para leer con tranquilidad]
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Pornosawez en Octubre 18, 2006, 01:00:11 a. m.
Luego te contesto.

Y Boas es alemán...lo que conduce a...
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 18, 2006, 09:45:43 a. m.
Luego te contesto.
Y Boas es alemán...lo que conduce a...

Procrastinación siempre.
Boas era alemán... lo que conduce simplemente a que era un inmigrante en EEUU, y eso pudo influir algo en sus posiciones, por más que fuera un migrante de la hornada europeo-occidental, menos "problemática".
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 23, 2006, 05:57:23 p. m.
[Edito por coherencia con la entrada del blog]

(CAPíTULO III) PROBLEMAS ÉTICOS DEL "ESENCIALISMO CULTURAL"

Hemos quedado en que las "culturas"
no son más que simplificaciones de la realidad, en cierto modo necesarias para hablar de ella;
a grandes rasgos esto es lo que se llama un "esquema cultural": un modelo simplificado que nos han legado nuestros ancestros y se utiliza como herramienta para conseguir conocimiento. Sin embargo, cuando usamos mucho estos esquemas terminamos creyendo que son la "realidad objetiva". En cualquier caso, como adelantaba, esto no sólo deforma nuestro conocimiento, sino que también distorsiona nuestra acción ética y polí­tica. El modelo de las "culturas"
plantea problemas desde la xenofobia (que termina por asumirlo, aunque viniera de los "multiculturales"
antropólogos), pero también desde el llamado "multiculturalismo".

Los problemas desde la xenofobia son los más evidentes. Cuando decimos que nuestra "cultura"
es superior a otra "cultura", casi siempre decimos entre lí­neas -incluso inconscientemente- que somos "superiores"
a las personas que adscribimos a las culturas ajenas. En eso consiste aproximadamente la "Teorí­a de la identidad social"
que se desprende del famoso experimento psicológico de Tajfel y Turner: para obtener una identidad social positiva se perjudica a los miembros del exogrupo. Estas razones simbólicas y otras mucho más materiales confluyen en el fenómeno que conocemos como "discriminación", que consiste básicamente en tratar desfavorablemente a los individuos por razón de una generalización derivada de su adscripción a un grupo. En abstracto, a todos nos parece repugnante, puesto que choca con nuestra cultura "liberal"
que impone que a la gente se la trate por sus propios méritos o deméritos y no por la etiqueta étnica que se les ha puesto. En concreto, la discriminación sólo nos parece repugnante cuando se corresponde con algunas circunstancias que han accedido al reino de lo polí­ticamente correcto, pero no cuando encaja con nuestros propios prejuicios;
por ejemplo, pocos se preguntan por qué
un iberoamericano o un judí­o sefardí­
(por citar una categorí­a puramente étnica o religiosa) obtienen la nacionalidad española en 2 años, mientras que un chino, o incluso un saharahoui (por mencionar una ex-colonia española) tienen que esperar 10 años;
cuando nos lo preguntamos, lo justificamos en razones "históricas, culturales", etc., es decir, en generalizaciones étnicas impuestas a los individuos, sin tomar en consideración sus circunstancias reales. Pero la discriminación para otro dí­a.

El caso es que la interiorización del modelo de las culturas también plantea problemas éticos al pensamiento "multicultural", hasta hacerlo totalmente inútil si se aferra al esencialismo cultural. Cuando los "enemigos del multiculturalismo"
nos lo hacen saber -eso sí­, frecuentemente a grandes voces, con exageraciones y sin matices-;
respondemos a la defensiva aunque seamos conscientes de la verdad que hay tras sus argumentos.

Pongamos un ejemplo mí­tico y exagerado, para que se entienda. Unos indí­genas del Amazonas que apenas han tenido contacto con el "hombre blanco"
están siendo desalojados violentamente de sus tierras ancestrales -e incluso sagradas- debido a determinados intereses económicos. No es lo mismo estar de parte de los indí­genas que estar de parte de "su cultura". Si estás de parte de los indí­genas, los defenderás si puedes contra estas agresiones;
si respetas a los indí­genas, respetarás en principio sus producciones culturales, que forman parte de ellos (la persona sin "cultura"
no existe);
si llegas a apreciar a los indí­genas, también apreciarás en principio sus producciones culturales. Pero ello no implica que creas en un fantasma llamado "cultura indí­gena"
que hay que proteger a toda costa y que se impone a los propios indí­genas. Si lo que quieres es "proteger su cultura", tal y como está
("pura"
e "incontaminada"
del "hombre blanco", claramente delimitada, estática), sabes que no basta con frenar estas agresiones brutales;
sabes que, de manera más sutil, el contacto con la "modernidad"
terminará
por afectar a los indí­genas: el comercio, la migración, la comunicación, terminarán transformando los modos de vida indí­genas de manera radical, de manera que esa "cultura"
abstracta y pura que tanto se querí­a, terminará
por desaparecer ineludiblemente. La única manera de salvarla es creerse con derecho a dictaminar qué
es lo que conviene a los indí­genas, cerrar toda comunicación, mantenerlos en la "ignorancia"
del resto del mundo, impedir el comercio y las migraciones, convertirlos en una "especie protegida", lo quieran o no. Cuestión distinta es que haya que prepararse para el cambio inevitable y preocuparse por los futuros problemas de identidad y por la posible anomia que pueden resular de la transformación (ocurre a veces, por ejemplo, que los indí­genas desplazados a la gran ciudad terminan sucumbiendo al alcoholismo);
pero el centro de la estrategia son los indí­genas, no su "cultura".

De manera menos evidente y radical, el esencialismo cultural presente tendencialmente en la idea primitiva del "multiculturalismo"
puede arrastrarnos a defender formas de segregación mucho más sutiles. Ghettos "progres", en cierto sentido. Si concebimos las "culturas"
como cí­rculos cerrados y estáticos que son "iguales"
en dignidad, entonces seguiremos viéndolas como sistemas parcialmente cerrados y autónomos, rigiéndose por sus propias reglas al margen del resto. Que hagan lo que quieran en su ámbito y no molesten a los demás. Laissez faire colectivo. No es difí­cil encontrar casos extremos de multiculturalismo racista "que hagan lo que quieran en su paí­s, pero aquí­
no", (de manera más radical "que hagan lo que quieran en su ghetto, pero que a mí­
me dejen en paz");
porque uno en el fondo tiene miedo de "contaminarse"
y perder la pureza y la identidad de su propia cultura, así­
que las especies protegidas son ellos y nosotros. Aunque estos son casos exagerados, en la medida en que los modelos de convivencia intercultural sigan lastrados por el esencialismo cultural tenderán a percibir la realidad social como cí­rculos cerrados que interaccionan débilmente. Y, sin darnos cuenta, esa entelequia llamada "cultura"
que habí­amos utilizado sólo para hacer descripciones generales, podrí­a llegar a imponerse a las personas que se adscriben a ella (por encima de ellas, como una apisonadora).

Y por otra parte, terminaremos por ignorar o tratar inadecuadamente disparidades socio-culturales que arbitrariamente hemos dejado fuera del "multiculturalismo"
porque arbitrariamente hemos dejado fuera de las "culturas"
(como leviatanes étnicos). ¿Es que los migrantes llegaron a una sociedad homogénea y perfectamente integrada? ¿Qué
hacer entonces? Seguiremos en próximas entradas.

Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: anantic en Octubre 23, 2006, 10:13:22 p. m.
No habí­a abierto el hilo antes por el tí­tulo. Me gusta. Te me pareces otro usuario que se llamaba "paqué".

Gracias. Miles.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 27, 2006, 10:50:22 a. m.
Bueno, como he tenido un comentario y todo en la entrada de los problemas éticos del esencialismo cultural y contesto con un par de ladrillos mal redactados que mencionan algunos problemas que se tratarán más adelante, me permito poner el ví­nculo, aunque aquí­ sólo iré dejando las entradas (y las relacionadas con la crí­tica del "multiculturalismo".

http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2006/10/problemas-ticos-del-esencialismo.html

No creo que tarde demasiado en poner el siguiente pestiño.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Octubre 30, 2006, 09:19:07 a. m.
DE LAS "CULTURAS"
A LO "SOCIOCULTURAL"

Aunque el daño ya está hecho, creo que hoy la mayorí­a de los antropólogos no duda en considerar que las culturas no son más que artefactos para obtener conocimiento mediante generalizaciones;
desde este punto de vista, la "cultura"
es una "descripción del investigador", que puede situar en un contexto o en otro (un paí­s, una región, un sector de la sociedad), dependiendo de los intereses de la investigación y no una entidad platónica que "exista"
como existe un árbol o una piedra. Lo real no es la "cultura", sino las prácticas y representaciones "culturales"
que observamos o deducimos de los sujetos. Estas prácticas y representaciones casi nunca son meramente "subjetivas", sino que son "sociales", es decir: compartidas y comunicadas en el seno de los grupos humanos;
y habrí­a que añadir en el seno de las redes humanas, ahora que la metáfora de la "red"
(en la que no todos están conectados con todos) puede proporcionar mayor precisión a la variabilidad cultural.

Sucede que el esquema de las "culturas"
se desarrolló en un momento determinado en el que los antropólogos se disponí­an a registrar compulsivamente todo un universo de universos que se les escurrí­a de las manos y estaba a punto de desaparecer, o más bien de transformarse por completo: la mirí­ada de sociedades tradicionales escasamente influidas por la "modernidad"
que "gozaban"
de un cierto aislamiento. Poco a poco, a medida que el objeto de estudio de la Antropologí­a se iba extinguiendo, los antropólogos tuvieron que buscarse el curro y el pan de sus hijos en otra parte. Primero, se fueron al campo, para documentar las formas de vida tradicionales que también estaban en ví­as de transformación;
luego, siguieron a sus "nativos"
a los cinturones de las grandes ciudades, y empezaron a analizar los problemas de los migrantes. Se asomaron poco a poco a sectores de la "sociedad moderna"
que, debido a la marginación social a la que estaban sometidos, se encontraban en una cierta situación de "aislamiento", lo que permití­a la identificación de "subculturas"
diversas (drogodependientes, pandilleros juveniles, homosexuales, etc.) con ciertas divergencias "culturales"
respecto de la sociedad "oficial". Con todo ese bagaje investigador, cuando se dieron de bruces con la sociedad moderna, descubrieron que distaba mucho de ser homogénea y que uno puede encontrar racimos de pautas culturales entre la aristocracia inglesa, los intelectuales y cientí­ficos norteamericanos, los suburbios de la clase media japonesa. En la práctica, la "cultura"
habí­a dejado de ser un sustantivo (las pautas homogéneas de un grupo) para convertirse en un adjetivo: "lo socio-cultural", que se diversifica y se articula en torno a distintas redes y grupos humanos.

Ciertamente, la dispersión geográfica y de comunidad polí­tica influyen enormemente en la diversidad cultural. Pero esta influencia, ni es absoluta ni tiene necesariamente que ser la más importante. Ciertamente, un indio andino que ha vivido toda su vida en la montaña puede sentirse extraño en la Gran Ví­a de Madrid (o al contrario, un madrileño en los Andes), pero también un pandillero de barrio bajo madrileño notarí­a divergencias socioculturales en la recepción de un Embajador en Madrid y un Doctor en Filosofí­a podrí­a tener problemas para comprender los sobreentendidos de los chascarrillos de una juerga gitana, qué sé yo. Si estudiamos la "cultura"
de los profesores de la Universidad española y nos encontramos con un profesor marroquí­ de ideologí­a izquierdosa ¿qué etiqueta será más útil para predecir el comportamiento de esta persona? ¿Su adscripción al grupo de los "profesores de Universidad española", su origen "marroquí­"
o su "progresismo"? Pues dependerá de la persona y de su historia personal, del tipo de conducta que se pretenda predecir y del contexto concreto en el que se plantea ¿Necesariamente la determinación de lo "cultural"
viene marcada por el origen étnico en mayor medida que los demás factores? Pues está claro que no.

Así­, viene a decir Clifford Geertz que la "cultura"
es el contexto (social, simbólico, de significados, de expectativas, etc.) que aporta sentido a una "descripción densa", es decir, a una descripción del comportamiento humano efectuada en términos significativos;
siguiendo más o menos su ejemplo, si alguien guiña un ojo puede que tenga un tic, que esté intentando ligar, que indique complicidad (como para que alguien le siga una broma), que indique complicidad sobre una complicidad falsa (como si guiña el ojo para fingir que está pidiendo a alguien que siga la broma pero que todos vean que es fingido), etc, etc, etc. La "cultura"
es el conjunto de expectativas, de significados compartidos que dan sentido a este comportamiento, que lo provocan o que permiten calificarlo socialmente. Hay pautas culturales para entrar al autobús y en la cola de la carnicerí­a. Todo comportamiento humano es "cultural": significa algo para el que lo lleva a cabo y significa algo para la gente de alrededor.

Este cambio de perspectiva, desde las "metafí­sicas"
y trascendentes "culturas"
hasta los comportamientos y prácticas REALES, empí­ricos nos impide escapar de tratar problemas éticos, valorativos. Cuando uno restringí­a -arbitrariamente- las "culturas"
a las distinciones "culturales"
motivadas por la separación geográfica y los lazos de parentesco, era más fácil escapar a estos dilemas razonando por etiquetas (en la siguiente entrada veremos cómo). Pero ahora, cuando descubrimos que un grupo de skinheads golpeando "salvajemente"
a un inmigrante está realizando una actividad significativa en un contexto determinado (conforme a patrones socio-culturales) ¿podemos seguir diciendo que todos los productos culturales humanos son "iguales"? ¿de lo mismo aplicar brujerí­a que ciencia a tu herida? ¿es lo mismo que un varón golpee a su pareja a que la trate por respeto?, o por poner casos menos extremos ¿da lo mismo el liberalismo que la socialdemocracia? (donde es más fácil que opinemos cosas distintas, pero algo opinaremos). Es decir, renunciar a la crí­tica cultural es renunciar a la crí­tica, a la valoración de los acontecimientos, a tener criterio sobre las cosas. Esta pose -de un relativismo extremo-, niega y a la vez esconde y por tanto deja fuera de la posibilidad de autocontrol, nuestra propia experiencia humana de valoración de las cosas.

Esto nos conduce al segundo "pecado original"
que aparece tendencialmente en el "multiculturalismo";
la apariencia de un punto de vista neutro.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Noviembre 06, 2006, 10:29:34 a. m.
(Sobre este tema ya habí­a adelantado algunas cosas en el Areópago)

LA NEUTRALIDAD APARENTE

Al margen de los problemas derivados del esencialismo cultural, cuando desde el "multiculturalismo" tradicional se determina que todas las "culturas" son "iguales" ¿se está hablando "desde fuera" del mundo moral? ¿más allá del bien y del mal? Como dice el ilustre Zapp Branigan, con el enemigo uno al menos sabe a qué atenerse, pero con los neutrales ¿quién sabe?

Me parece útil sacar a la palestra la distinción entre juicios de hecho y juicios de valor (yo añado un tercer tipo mixto pero no viene al caso). Los sofistas ya advirtieron que, al contrario que los juicios de hecho, los juicios de valor no son verificables empí­ricamente. Si yo digo "El blues mola" o "hace frí­o" no hay manera de comprobar objetivamente si "tengo razón"; todo lo más, se pueden convertir en juicios de hecho verificables "A Antonio le gusta el blues" o "Antonio tiene frí­o", o bien hacerse cálculos estadí­sticos para saber si a mucha gente le gusta ese tipo de música, o se puede medir la temperatura y deducir si mi sensación es anómala en comparación con la que sentirí­an la mayorí­a de las personas. Los relativistas extremos caen en la trampa de creer que, por el mero hecho de que estos juicios no son "objetivos", carecen de sentido (¡como si las personas fuéramos objetos!) y así­, se niegan así­ mismos al negar su propia experiencia de valoración de la realidad. Por ejemplo, salvo que tengamos un dí­a especialmente ingenuo, somos conscientes de que la razón de nuestro cariño por la gente que queremos no estriba en sus especiales cualidades objetivamente mensurables y contrastables, de manera que fueran el resto de las personas del mundo las que hubieran errado en sus preferencias; pero ello no nos impide seguirlos queriendo y disfrutar (o sufrir) esta experiencia.

El relativismo arcaico tendí­a a considerar que los juicios de valor eran completamente "subjetivos", lo que no es del todo cierto, dado que en realidad son "intersubjetivos", es decir, compartidos. En primer lugar, son intersubjetivos debido a la "unidad psí­quica de la humanidad", es decir, al hecho de que todas las personas estamos hechas más o menos de la misma pasta; así­ un chirrido infernal y ensordecedor que dura una hora y hace daño al oí­do no podrá parecerle a nadie una música hermosa, por más vanguardista que sea, nadie tiene "calor" a cincuenta grados bajo cero y tienen que darse circunstancias muy especiales para que un padre no quiera a su hijo. En segundo lugar, son intersubjetivos porque se comunican, se difunden, se propagan, se negocian, se reformulan en distintos contextos sociales y culturales; así­, al margen de teorí­as mí­sticas sobre la música circulando por la "sangre", un "gitano" "español" tiene bastantes probabilidades de disfrutar del flamenco porque esta música haya formado parte de su historia personal; "el roce hace el cariño" e incluso el frí­o puede contagiarse en algún caso. Si el relativismo arcaico cargaba las tintas en el "subjetivismo", el relativismo "multicultural" tiende a magnificar esta influencia de la "cultura" considerada como una "cosa" homogénea que determina casi completamente la conducta del individuo. Así­, lo que hacemos está determinado por nuestra "cultura", de manera que todos los juicios morales son relativos, porque son culturales y todas las "culturas" son iguales en dignidad dado que cualquier comparación que se haga entre ellas será "etnocéntrica".

Este argumento cae en la tí­pica contradicción del relativismo extremo. Parece una opinión objetiva, cientí­fica, impersonal, al margen de todo etnocentrismo. El robot aliení­gena e inhumano "Neutro" con el mundo en sus manos que aparece en la ilustración. No obstante, ahora que nos hemos desembarazado de una visión esencial de las culturas es más fácil ver que los "multiculturales" están también -como todo el mundo- culturalmente condicionados. Boas y sus epí­gonos no surgieron del vací­o de la inexistencia ni del corazón de la selva amazónica, sino de una sociedad concreta: la sociedad norteamericana a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Aunque hay experiencias de relativismo por doquier, el multiculturalismo tal y como lo conocemos sólo puede surgir en una sociedad funcionalmente especializada, "individualista" en el sentido de Berger y Luckman (es decir, la gente está acostumbrada a cambiar de "roles", de manera que estos no se imponen tan automáticamente como en las sociedades menos complejas y puede contemplarse el rol social con cierta distancia). Los multiculturales estaban imbuidos de "cultura occidental" -si es que el término significa algo- y también de "cultura multicultural" en la medida en que en las sociedades modernas conviven diversos patrones ideológicos, que, por supuesto, son también "culturales" en el sentido que utilizábamos en las entradas anteriores.

Así­ pues, la idea de que "todas las 'culturas' son iguales" es un juicio de valor, tan "subjetivo" y al mismo tiempo tan "culturalmente condicionado", es decir, tan "etnocéntrico" como la idea de que "mi 'cultura' es superior a las demás". Como tantos juicios de valor, ambas ideas se imponen a los "nativos" (es decir a las personas que operan en un marco cultural) como si fueran pura realidad objetiva, grabada a fuego en las raí­ces de la existencia humana. Pero no son verificables. El problema especí­fico de la primera es que no puede evitar caer en las contradicciones lógicas del relativismo: "no hay ninguna verdad absoluta y esto es absolutamente cierto"; cualquiera que diga que todos los patrones culturales son iguales en valor debe aceptar que esa misma afirmación sea relativizada y que los nativos de las "culturas" que tú consideras "iguales" estén culturalmente condicionados para creer que esto no es cierto.

Pero entonces si en el debate ético nos ponemos de acuerdo en una serie de valores, de axiomas, de principios "superiores" a otros, ¿podrí­amos entonces argumentar sobre esos axiomas que una "cultura" es "superior" a otra o que, por el contrario, todas las "culturas" son iguales, en base a la densidad de estos principios que hemos considerados "superiores"? Lo veremos en seguida.
Título: Hilo sobre multikulturalismo: etiquetas éticas étnicas
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Noviembre 10, 2006, 06:09:37 p. m.
ETIQUETAS ÉTICAS ÉTNICAS

Aunque les tenga una cierta maní­a personal, seguro que las "etiquetas sociales" sirven para algo; sobre todo si se plantean como instrumento para profundizar reflexivamente sobre nuestra propia identidad. ¿Qué significa para los que así­ se califican ser "musulmán"? ¿Ser "liberal"? ¿Ser "de izquierdas"? ¿ser "español?, ¿ser "mujer"?, etc.

Pero en la discusión ética y polí­tica, las etiquetas son frecuentemente un lastre: en primer lugar, desví­an continuamente la conversación desde los contenidos que se pretendí­an debatir hacia las supuestas caracterí­sticas personales de los interlocutores; en segundo lugar -y es lo que me interesa destacar-, conducen a argumentos circulares en los que tendemos a camuflar nuestros intereses (materiales o simbólicos) situándolos en la etiqueta que nos resulte más oportuna. Casi nadie es partidario de la "Injusticia" y casi todos nos llenamos la boca defendiendo la "Justicia"; si fuera sólo por la etiqueta, estarí­amos todos de acuerdo. Y sin embargo, aquello que metemos en la "caja" de la Justicia diverge de una persona a otra y casi siempre está condicionado por sus intereses. Argumentar a base de etiquetas es muy cómodo: nos permite evadirnos del pronunciamiento sobre contenidos concretos. Y es más cómodo cuanto más amplias, ambiguas y omnicomprensivas son nuestras etiquetas: no hay nada como generalizar acerca de los "musulmanes" -refiriéndonos a unos 1200 millones de personas pertenecientes a grupos étnicos y contextos sociales, económicos y culturales muy diversos-, salvo quizás dedicarnos a hacer grandes declaraciones sobre la presunta "cultura occidental" (a la que dedicaremos otras entradas). De este humus se nutren el "choque" y la "alianza" de civilizaciones: de una concepción "esencialista cultural" que habla de las "civilizaciones" como si fueran cosas tangibles y separadas, que "existen" como existe un árbol o una piedra y no categorí­as construidas socialmente en función de la perspectiva y de los intereses de cada uno.

Es muy fácil argumentar que una "cultura" es "superior" a otra; de la misma manera es sencillo argumentar que "todas" las "culturas" son "iguales"; un buen sofista puede defender ambas cosas, incluso partiendo de unos valores comunes y consensuados. Puesto que las "culturas" son categorí­as artificiales para generar conocimiento, basta con definirlas de la manera que más nos interese.

Por ejemplo, si nos interesa emprenderla contra los "musulmanes" (para justificar determinados intereses materiales o para tener un "Otro" al que oponernos con objeto de obtener identidad social positiva), basta con meter en el saco del Islam todo aquello que realicen personas adscritas a esta religión: ya sea la mutilación genital femenina, el burka, el terrorismo "islámico", o incluso cosas tan alejadas de la religión como los disturbios parisinos (ignorando los importantí­simos factores socioeconómicos). El resultado del razonamiento estaba predeterminado dogmáticamente: nada ni nadie puede hacernos desistir de nuestro prejuicio; cualquier cosa que se salga de nuestra visión interesada podrí­a interpretarse como sutiles mentiras destinadas a propiciar una futura "invasión", incoherencias de los sujetos con la "verdadera esencia" de su religión (siempre aquello que menos nos gusta de ella) o pequeñas liberalidades propias de "falsos" musulmanes o de personas en proceso de dejar de serlo.

Ante estas declaraciones, otros podemos reaccionar "a la defensiva"; es normal que lo hagan los "musulmanes", por ejemplo, si ven "agredida" su identidad (como si a alguien que se considera "de derechas" le dicen que ser "de derechas" implica por narices ser partidario del franquismo y no le parece). Pero muchos que no somos musulmanes salimos a la defensiva, en el mejor de los casos con nuestro "interés" puesto en eliminar esa degradación simbólica de las personas por adscribirlas a una etiqueta (y en el peor de los casos por adscribirnos irreflexivamente a la moda progre de turno). De una manera o de otra, nuestra defensa consiste en sacar de la "etiqueta" todo lo que no nos gusta: y así­ destacar que el burka no está prescrito en el Corán, que la mutilación genital femenina es una práctica cultural ajena al Islam que a veces coincide y a veces no con su ámbito de expansión, que los terroristas "islámicos" están teóricamente cometiendo "pecado" tanto por homicidas como por suicidas o que en 1991 hubo unos disturbios de inmigrantes hispanos en Mount Peasant (Washington) que recuerdan en algo a los de Parí­s en condiciones estructurales de cierta semejanza. En esta defensa se nos olvida que estamos hablando por la identidad de otros y que a este respecto son bastante más autorizadas las opiniones que tengan los musulmanes (unos y otros) que las nuestras; y que, en ciertos casos, algunos musulmanes pueden considerar que estas conductas guardan relación con su religión (ignorar esta conexión, significativa para ellos nos puede dar una visión deformada del asunto). En resumen, no ser conscientes de que simplemente nos estamos adscribiendo a la opinión que más nos interesa y que la apoyarí­amos aunque fuera completa y absolutamente minoritaria.

A esta discusión sobre las "esencias" de la "musulmanidad" habrá que dedicar otras entradas. Ahora es un simple ejemplo de cómo razonando por etiquetas todo vale, vale todo. Y los discursos pueden terminar quedando vací­os de contenido por empeñarse en colgar sambenitos positivos o negativos sobre las personas en lugar de referirse DIRECTAMENTE a dilemas éticos o polí­ticos y enjuiciar comportamientos, no colectivos. Hablemos del burka, de la mutilación genital femenina, etc., la hagan los "musulmanes", los klyprogianos o los Guerreros de la Luz (religiones inventadas sobre la marcha); y no proyectemos automáticamente sobre los Otros todo lo que no queremos, no sea que así­ (y al ignorar por irrelevante todo lo que no se corresponda con nuestro prejuicio) estemos precisamente dando alas a nuestros miedos.

¿Pero entonces, no puede hacerse crí­tica socio-cultural sin caer en la trampa? ¿Puede hablarse de conductas concretas sin utilizar la muletilla de las etiquetas? ¿No puede criticarse el Islam, el cristianismo, el liberalismo, el anarquismo, el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazismo, etc.? Lo importante es dónde está el énfasis, pero dónde está DE VERDAD, no formalmente, porque el razonamiento "por etiquetas" que describo opera casi siempre de manera inconsciente. Cuando el énfasis está en los comportamientos concretos, sabemos e interiorizamos que las etiquetas son sólo "muletillas" para poder englobar conceptos y que pueden tener mayor o menor consistencia estadí­stica, pero que nunca son absolutos; así­, nuestras etiquetas quedan matizadas, estamos dispuestos a dejar que la realidad nos las desmienta, en algún caso o en la mayorí­a. Cuando el énfasis está en los sujetos y LO IMPORTANTE SON LAS ETIQUETAS, entonces estaremos dispuestos a creer lo que haga falta para satisfacer nuestros intereses inmediatos; seremos auténticos cruzados del odio... o del "multiculturalismo"; y todo ese paraí­so artificial, ilusorio, creado para sentirnos cómodos nos mantendrá sedados e incapaces de reaccionar de manera responsable y consciente ante la nueva realidad de los tiempos interesantes que se nos avecinan.

Pero antes de renunciar del todo a la pregunta-trampa de si hay culturas superiores a otras (que en mi opinión nos despista y nos aleja del trabajo intercultural realmente necesario), hay que plantearla de otra manera. ¿Pero... no hay algo en la llamada "cultura occidental" que la hace "superior" a todas las demás debido a su éxito empí­rico?

Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo: salvajes, bárbaros, civilizados
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Noviembre 18, 2006, 07:42:58 p. m.
SALVAJES, BíRBAROS CIVILIZADOS

Hay quien dice que no hay "choque de civilizaciones" sino el viejo conflicto entre civilización y barbarie (o salvajismo), tema mí­tico donde los haya, el dios Ra destruyendo las serpientes del Caos en su paso por el Infierno, el Faraón destruyendo a los pueblos bárbaros. Por supuesto, Civilización siempre somos Nosotros y los bárbaros o salvajes siempre son Ellos, seamos quienes seamos; y si alguna vez entre Nosotros se hace algo que no nos gusta, lo calificaremos como una "barbaridad", como un "acto de barbarie", o como una "salvajada" y apreciamos, por contra, un comportamiento "civilizado".

Antes de que Boas pusiera de moda la noción particularista de "culturas", predominaba entre los pioneros de la Antropologí­a una noción distinta de "cultura" (la definición más famosa es la que propuso Tylor). A partir de una metáfora agraria (la cultura era el fruto de haber "cultivado" el espí­ritu), se empezó a hablar de la "cultura" como un producto general de la actividad humana. Desde esta perspectiva, la "cultura humana" era una sola cosa y se trataba de un proceso de acumulación en la historia de la humanidad que atravesaba diversos estadí­os evolutivos (normalmente llamados "salvajismo", "barbarie" y "civilización"). En cierto modo, en función de su posición en la escala evolutiva, las sociedades podí­an tener más o menos "cultura". Todaví­a hoy seguimos diciendo que una persona "tiene cultura" o "es culto" o es "inculto", lo que concuerda con el origen etimológico ("cultivar" el espí­ritu), pero también con esta noción acumulativa. Lógicamente, esto no tiene nada que ver con las definiciones modernas, que, recordemos, hablaban de la cultura como un contexto que da sentido a la acción humana.
Como decí­amos en otra entrada, antes de Boas prácticamente toda la reflexión social era "irreflexivamente" racista. Así­ que lógicamente los civilizados eran superiores a los bárbaros y los bárbaros a los salvajes. En aquellos tiempos se confundí­a "evolución" con "progreso"; "evolución" es una simple descripción de lo que sucede (como sucede con la evolución de las especies), mientras que "progreso" implica una visión positiva del cambio. Este salto nunca debe ser automático, o se cae en la "falacia naturalista": convertir juicios de hecho en juicios de valor automáticamente, sin pagar peaje. Que algo suceda no implica necesariamente que nos parezca bien.
Ahora bien, la "cultura" tiene una clara dimensión adaptativa (de hecho, los materialistas culturales tienden a considerar las pautas culturales en función de su contribución a la adaptación al medio). Cuando una pauta determinada supone un triunfo del ser humano sobre el medio, una mayor independencia, tiene tendencia a propagarse, a triunfar y a sustituir a las viejas prácticas, menos eficaces. Dada la importancia que la adaptación tiene para los seres humanos, la "eficacia empí­rica" de una práctica, una vez advertida, tiene un valor en cierto modo universal (una vez esta eficacia se demuestra). Aquello que funciona, que tiene éxito, que se corresponde con la realidad, que logra incrementar la producción, etc., tiende a perpetuarse (a base de conquistas, de colonizaciones, de eliminación del enemigo, de difusión, etc.) Esto nos puede parecer bien, mal o regular -y casi siempre nos parecerá bien lo que nos funcione a nosotros mismos-, pero de un modo u otro, es lo que sucede y seguirá sucediendo de manera implacable.
En este sentido, aunque abandonada la noción esencialista y etiquetadora de las "culturas", sí­ que puede decirse que hay prácticas culturales "superiores" a otras desde el punto de vista de los juicios de hecho: aquellas más eficaces para adaptarse a un medio o contexto concreto, o a una diversidad de medios. Ahora bien, esta superioridad "empí­rica" dista mucho de una eventual superioridad "moral", aunque a nivel individual los seres humanos tendamos a quedarnos con lo que nos resulta más eficaz a nosotros si nuestro conocimiento sobre lo que es eficaz es acertado.
El cambio de la "barbarie" a la "civilización", por ejemplo, supone un aumento enorme de la producción, pero al mismo tiempo la introducción de fuertes desigualdades sociales y de la esclavitud; ¿es eso "bueno" o "malo"? Una vez más, los juicios de valor no son verificables, dependen de nuestra experiencia (que a su vez está condicionada, por supuesto, por nuestro contexto cultural). Por más que señalemos que el Holocausto nazi fue un acto de "barbarie", por más que consideremos que los atentados del 11-M o del 11-S eran reductos de un fanatismo medieval, por más que nos parezcan una "salvajada" las bombas de Hirosima y Nagasaki, no podremos cambiar la cruda realidad de que estos hechos sólo tienen sentido en el seno de la "civilización" y no de cualquiera, sino de la "civilización moderna", de la modernidad; y no sólo en los aspectos tecnológicos, sino también en los burocráticos, en los organizativos: en toda la "tecnologí­a social" que implica una mayor eficacia... en este caso letal eficacia dirigida perfectamente a la muerte de otros seres humanos.
La eficacia empí­rica no es un autómata fácil para decirnos lo que tenemos que hacer. Esto pone en su sitio el sentido de la superioridad de la "cultura occidental". A estas alturas, ya somos conscientes de lo inconsistente de este término. Pero quizás podamos seguir profundizando un poco...
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Noviembre 25, 2006, 01:53:33 p. m.
Si hay una expresión ambigua, general, abstracta, casi vací­a de contenido que convenientemente podemos ir rellenando de lo que nos interesa en cada momento, esa es la expresión "cultura occidental". No digo que esté prohibido utilizarlo, pero, si lo hacemos, tenemos que ser conscientes de sus enormes limitaciones.

-Primero: tiene el problema de cualquier definición de una "cultura" dada: el peligro del "esencialismo", que ya hemos tratado en otras ocasiones.

-Segundo: cuanto más amplio sea el grupo del que se predica la "cultura" más inexacto es el término. En este caso, parece que nos referimos a mil o a miles de millones de personas, no muy bien delimitadas.

-Tercero: se define por oposición a un "Oriente" imaginario y simplificado. Un "oriente" que no está en oriente, sino en todas partes. De esta manera, en un discurso autorreferente, se construye la definición de "cultura occidental", por oposición a lo que creemos que son los Otros; y terminamos concibiendo a los "Otros" por oposición a nuestro propio concepto simplificado de la "cultura occidental". Aunque somos capaces de ver las diferencias dentro de los "occidentales", los Otros quedan simplificados en un mismo saco (o en un número muy limitado de sacos) que se presume homogéneo, ignorándose las profundas diferencias culturales en su seno. Esto es lo que se llama en Psicologí­a Social: "percepción de heterogeneidad del endogrupo e ilusión de homogeneidad del exogrupo" y es una tendencia general que se aplica casi a cualquier cosa.

-Cuarto: divide la realidad en función de un principio geográfico, enormemente inexacto. Así­, podemos ser incapaces de ver los rasgos de cultura occidental que puede tener un paí­s africano o un terrorista islámico (sencillamente porque los hemos situado al otro lado del abismo) o los rasgos de tradición premoderna que subsisten en los paí­ses "occidentales" -que se parecen a los rasgos premodernos de muchos otros sitios.

-Quinto: mezcla confusamente lo que es "evolutivo" (y por tanto implica una superioridad fáctica, que no moral) y lo que no lo es. Los antiguos evolucionistas, por ejemplo, describí­an una evolución de las "religiones" (y por supuesto, el "cristianismo" era más "avanzado" que la religiosidad primitiva, aunque algunos propugnaran su desaparición). Ciertamente, distintas estructuras sociales e infraestructuras económicas implican también distintas formas ideológicas o religiosas, pero a veces la conexión se muestra de manera demasiado simple.
El "cristianismo", por ejemplo, se considera habitualmente como uno de los rasgos más básicos de la "cultura occidental" pero ello no significa que sea una forma más "evolucionada" que otras religiones. El éxito en su difusión puede deberse en parte a su vigor simbólico, pero mucho más claramente está determinado por su asociación histórica con sociedades "modernas", que siempre tienen las de ganar. Hay rasgos culturales que han ayudado a Europa a triunfar en el plano de los hechos (no necesariamente en el moral) y quizás podrí­amos englobarlos en otra macro-categorí­a menos imprecisa: la "racionalidad moderna". A base de convivir con ella, el "cristianismo" se ha contagiado en parte de la racionalidad moderna (y sobre todo de sus antecedentes), pero también ha convivido con muchas otras pautas y se ha adaptado a ellas; en muchas ocasiones opera incluso como supervivencia de tradiciones premodernas.
Hablar de "cultura occidental" no tiene mucho sentido ni utilidad en la mayorí­a de los casos. En cambio, hablar de "racionalidad moderna" nos ayuda a entender mucho mejor algunos de los conflictos socio-culturales de nuestro tiempo: el conflicto entre tradición y modernidad que se produce en los paí­ses occidentales y que en cierto modo es la raí­z del pensamiento sociológico, el que se produce actualmente en todos los paí­ses del mundo -pues la implacable modernidad ya lo ha cubierto todo- y el que pudiera producirse como consecuencia de la llegada de inmigrantes, que ya están indudablemente "modernizados", pero en distinto grado. Sigue siendo una simplificación, pero ésta me parece bastante más útil.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Mozart en Noviembre 26, 2006, 10:19:53 p. m.
Sigo este hilo con interés. De otras ocasiones que se ha tratado este tema recuerdo haber encontrado ideas bastante lúcidas acerca de las culturas, el pensamiento monista/relativista/pluralista y otras cuestiones en trabajos de Isaiah Berlí­n.
A ver si rescato algo de este hombre que creo puede aportar algo a lo ya mucho aportado por ti. Gracias por el esfuerzo.

saludos
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Noviembre 26, 2006, 10:35:14 p. m.
Citar
A ver si rescato algo de este hombre que creo puede aportar algo a lo ya mucho aportado por ti. Gracias por el esfuerzo.

Se agradecerá, pues no le he leí­do nada todaví­a. Quede claro que, aunque yo voy siguiendo una especie de lí­nea argumental (la que llevo en el blog del que la entresaco), me agrada que en el hilo haya otras cosas y otras perspectivas sobre el tema, si es que a alguien le apetece.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Mozart en Noviembre 30, 2006, 01:08:52 a. m.
Lamento no haber tenido tiempo para escribir algo de mi puño y letra sobre Isaiah Berlin. Pero creo que  el siguiente link vale la pena para saber más sobre su pensamiento. Son sus propias palabras.

http://www.cs.utexas.edu/users/vl/notes/berlin.html (http://www.cs.utexas.edu/users/vl/notes/berlin.html)

(si te interesa el artí­culo y no te manejas en inglés puedo intentar pasarte una traducción)

Y esta reseña sobre las aparentes contradicciones en el pensamiento de Berlin, me ha parecido bastante certera, y además en castellano mondo y lirondo :)

http://revistas.colmex.mx/revistas/7/art_7_905_6199.pdf (http://revistas.colmex.mx/revistas/7/art_7_905_6199.pdf)
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 03, 2006, 06:54:43 p. m.
Lamento no haber tenido tiempo para escribir algo de mi puño y letra sobre Isaiah Berlin. Pero creo que  el siguiente link vale la pena para saber más sobre su pensamiento. Son sus propias palabras.

Gracias. A ver si me pongo un poco. De momento, con la lengua fuera, sólo puedo añadir una entrada más al blog y al hilo. Por mi parte, no te preocupes por el inglés a la hora de añadir referencias. Aunque parece que no se me da bien la expresión oral en lenguas extranjeras, mi curro me obliga a leer en varios idiomas (y el inglés es el primero que hay que aprender incluso aunque uno se dedique al Labour Law).
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 03, 2006, 06:55:52 p. m.
UNA MÁQUINA ENGRASADA... AL SERVICIO DE LO IRRACIONAL

Sin necesidad de entrar en la cuestión del determinismo, está claro que la "evolución" -no necesariamente el "progreso"- de los patrones "culturales" está fuertemente condicionada por el contexto socioeconómico y tecnológico. El pastoreo primero, la agricultura después, permitieron nuevas formas de sociedad y de ideología; la invención de la escritura abrió paso a nuevas formas de organización social al mismo tiempo que afectaba al lenguaje y seguramente al pensamiento. En un proceso muy largo, que comienza con estos cambios, y continúa con el urbanismo, el desarrollo del comercio y las grandes exploraciones del mundo, es donde se van fraguando los antecedentes de la racionalidad moderna. La sociedad moderna, sin embargo, llega seguramente a una especie de plenitud conceptual con el desarrollo de la industrialización, que introduce cambios verdaderamente revolucionarios.
Los pioneros de la Sociología (Marx, Weber, Tönnies, Durkheim) fueron testigos del parto de estas nuevas formas culturales y dedicaron gran esfuerzo a tratar de entender qué es lo que estaba pasando; la dicotomía significativa no era tanto "oriente" vs. "occidente" (dado que su interés primordial era seguramente lo que sucedía en los países "occidentales"), sino más bien -siguiendo a Tönnies-, el paso de una comunidad a una sociedad. Aunque simple y simplista, este esquema es útil para entender las transformaciones de Europa, las de sus colonias en todo el mundo y los choques interculturales que se plantean entre los grupos que se aproximan más o menos a una de estas polaridades (por ejemplo, la anomia de los campesinos tradicionales o los indígenas emigrados a los suburbios de las grandes ciudades). Siguiendo a Marx, el fundamento económico y productivo de esta nueva forma de racionalidad sería la industrialización (que luego se convertiría en "terciarización"); a grandes rasgos, su forma económica dominante es -hoy por hoy- el capitalismo (ciertamente, el "socialismo real" fue una aplicación fuerte de la racionalidad moderna, pero seguramente, sus procesos económicos se parecen más al capitalismo que a las economías tradicionales). Siguiendo a Durkheim y a Weber, respectivamente, sus formas organizativas principales son la especialización funcional y la burocracia.

El germen de la racionalidad moderna es la "conducta orientada a fines", es decir, la reflexión sobre los medios más adecuados para alcanzar un fin determinado; ciertamente, aunque no siempre los seres humanos actuamos así, esta forma de racionalidad es común a toda la Humanidad; a veces algo nos parece "irracional" sólo porque no compartimos las creencias en las que se basa la actuación: si crees que sacrificando un toro al dios de la lluvia vas a provocar tormenta, es perfectamente racional hacerlo en el marco de una sequía. Sucede sin embargo que en las condiciones antes mencionadas (industrializacion, organización burocrática de los grupos e instituciones, especialización funcional) esta forma de racionalidad se hiperdesarrolla, alcanza una eficacia inusitada y se convierte en el paradigma de la organización social. La ciencia, por ejemplo, se desarrolla como un subsistema social funcionalmente especializado para la adquisición de conocimiento, lo que parece que provoca un ajuste cada vez mayor entre las creencias y la realidad empírica que a su vez puede utilizarse como medio para alcanzar otras cosas. Aunque es imposible valorar "objetivamente" si las sociedades "modernas" son "moralmente" superiores, es indiscutible que son mucho más eficaces en la manipulación del medio que las demás. Al menos si se valora la sociedad en su conjunto, porque sus miembros, funcionalmente especializados, son inútiles considerados individualmente: un europeo aislado tiene muchas menos posibilidades de sobrevivir en la selva que un nativo de la selva aislado; pero, globalmente considerada, Europa puede hacer con la selva lo que quiera, mucho más de lo que los nativos jamás soñaron. Puesto que todos los seres humanos aprecian el éxito empírico para conseguir sobrevivir y alcanzar sus intereses diversos, el avance de la "racionalidad moderna" es imparable. Ya sea mediante procesos de colonización, dominación, difusión pacífica, emigración, exterminio, "plagio", intercambio o lo que sea, las formas culturales de la racionalidad moderna (no necesariamente las de la mal llamada "cultura occidental") están destinadas a propagarse y expandirse por todo el mundo. Hoy por hoy, no contar con ellas -para bien o para mal- es ignorar la realidad social y evadirse a mundos imaginarios.

Ciertamente, la "racionalidad moderna" fomenta, produce o determina determinados rasgos culturales. Así por ejemplo, la especialización funcional, aunque nos haga más interdependientes (como sugería Durkheim) también nos convierte necesariamente en "individualistas", en cierta medida; como describen Berger y Luckhman, cuando la sociedad es más compleja, percibimos una enorme diversidad de roles sociales e incluso cambiamos habitualmente de un rol a otro: así, la realidad social no se nos impone automáticamente como realidad objetiva derivada de la naturaleza de las cosas, sino que nuestro papel en la sociedad es un "traje" que podemos ponernos o no; terminamos por separarnos de nuestras funciones, de nuestros papeles y buscarnos a nosotros mismos, lo que implica reacciones adaptativas al individualismo. No sólo la "solidaridad orgánica" de Durkheim, sino también el colectivismo del fascismo y el "socialismo real" e incluso el análisis antropológico son formas adaptativas que sólo pueden comprenderse en un contexto que hasta cierto punto ya es -irremediablemente- individualista.

Pero lo cierto es que, a pesar de la implacable fuerza expansiva de la racionalidad moderna, ésta no determina todas las formas culturales en ninguna parte ni podrá hacerlo nunca; la "cultura" simplemente continúa su trabajo y se adapta a la nueva situación, creando y recreando nuevas formas, permitiendo subsistir patrones tradicionales en tanto no queden invalidados por la realidad, absorbiendo patrones de otros sitios, etc. Así, la dicotomía "oriente" vs "occidente" nos impide reconocer hasta qué punto la "racionalidad moderna" ha llegado ya a prácticamente todo el mundo (eso sí, en diversos grados). Los migrantes que vienen a Europa están ya perfectamente "contaminados" de este "virus", aunque por otra parte sus países atraviesan transformaciones que pueden leerse en clave de cambio comunidad--> sociedad. También nos impide ver que, aunque la modernidad es mucho más vigorosa en los países "occidentales" donde se originó, no todas las formas culturales europeas están adheridas necesariamente a esta racionalidad moderna y por tanto su difusión no es imparable ni "necesaria".
Al final, estas formas culturales, tecnológicas y organizativas que englobamos en la etiqueta son una máquina poderosa, preparada y engrasada capaz de servir a las órdenes de cualquier general, de cualquier fin compatible con su propia existencia y la de sus presupuestos. Su poder es incuestionable, pero no sabe lo que debe hacer. Esto es porque -a grandes rasgos, porque la cuestión es más complicada y tiene muchos matices-, la "racionalidad" nos aporta los medios, pero no los fines. Los fines derivan de nuestras necesidades e instintos primarios, de nuestras pulsiones, de nuestros intereses, de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, de nuestros valores. En suma, de nuestra irracionalidad. La victoria de la racionalidad es una victoria aparente porque nuestro mundo irracional sencillamente se aleja cada vez más de los medios y se sienta en el asiento del conductor; lo que nos mueve en lo más profundo, lo que nos da sentido, en el fondo no es razón. Por más que nos cueste creerlo, el nazismo y sus desmanes fueron manifestaciones de la racionalidad moderna y también los atentados de los fundamentalistas islámicos.
Así pues, en el mundo intercultural, la "racionalidad moderna", a pesar de su superioridad empírica y de su importancia no es el criterio básico o fundamental para orientarnos. Por un lado es un presupuesto necesario, por otro lado una brújula. Pero la brújula no nos sirve para nada si no sabemos a dónde queremos ir. ¿Qué hacemos entonces?
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 07, 2006, 08:29:13 p. m.
Si sólo aceptamos el legado del "multiculturalismo" clásico a beneficio de inventario, porque no queremos caer ni en el esencialismo cultural ni en el peligro de ocultar las valoraciones propias y ni siquiera la triunfante racionalidad moderna puede erigirse como criterio básico para orientar nuestros fines... ¿Nos resignamos a encerrarnos en valoraciones etnocéntricas? ¿Elegimos bando para un conflicto inevitable? ¿Qué nos queda? ¿La "interculturalidad", entonces?

Los "xenófilos" apenas utilizamos ya la vieja categorí­a de "multiculturalismo" y preferimos utilizar el término de "interculturalidad". ¿Qué es eso, una nueva moda? ¿Hay algún cambio de actitud real en esa nueva etiqueta? Profundizar en ello es uno de los contenidos de este blog, que trabajaremos de vez en cuando. En este momento me interesa simplemente marcar que la expresion puede tener diversos sentidos. Todos pueden ser positivos, pero no es inútil separarlos analí­ticamente para saber de qué se habla en cada caso:

    * La "interculturalidad" como hecho.- La primera dimensión de la interculturalidad es descriptiva. Se limita a enunciar lo que casi todos saben pero no todos asumen como una realidad inescindible de su tiempo. Nuestra sociedad es intercultural, en el sentido de que los sistemas, subsistemas y contextos culturales que dan sentido a las acciones son muy variados y diversos, interaccionan entre sí­: se crean se recrean, se mezclan y se confunden; dí­a a dí­a se cruzan por la calle y conviven personas cuyos "mundos de vida" divergen en distintos grados. Nuestra sociedad ya era intercultural antes de que empezaran a venir inmigrantes, aunque ello pudiera aparentemente ser frenado por ideologí­as homogeneizadoras y aunque ahora se quiera descargar el peso de la interculturalidad exclusivamente sobre los extranjeros para sentirnos seguros creyéndonos uniformes; con la llegada de inmigrantes, es todaví­a más intercultural. Asumir e interiorizar verdaderamente este hecho es indispensable para, a partir de ahí­, elaborar estrategias adaptativas inteligentes.

    * La "interculturalidad" o la "convivencia intercultural" como valor.- La segunda dimensión de la interculturalidad es valorativa y no se desprende automáticamente de la realidad, sino que es un juicio de "valor": la interculturalidad es un factor positivo. Aún siendo una experiencia no verificable, no está del todo desconectada de los hechos: en primer lugar, porque una perspectiva optimista -siempre que no sea ingenua- puede ser una estrategia inteligente para adaptarse a la interculturalidad como hecho; en segundo lugar, porque desde el punto de vista del individualismo y de la racionalidad moderna en los que estamos imbuidos, la diversidad de pautas amplifica nuestras posibilidades de actuación; nos proporciona más instrumentos para elegir, nos proporciona un mayor conocimiento social; nos permite cuestionar nuestros propios valores para reafirmarnos en ellos si funcionan o abandonarlos cuando dejan de tener sentido... Pero, todo esto ¿para qué?. Si la interculturalidad se erige como valor absoluto, entonces empezamos a encontrarnos con problemas éticos similares a los del "relativismo absoluto" y a los del "multiculturalismo". ¿Interculturalidad para qué? ¿Interculturalidad hasta dónde? ¿Interculturalidad hacia donde? No creo que casi nadie esté dispuesto a firmar la interculturalidad como un papel en blanco. Así­ pues, necesitamos algún otro criterio -aunque sea necesariamente abstracto y problemático- para enjuiciar a la propia interculturalidad.

    * La tercera dimensión de la interculturalidad serí­a la convivencia intercultural como mito, como aspiración, como ideal o modelo de sociedad, como experiencia existencial. Todos los mitos son verdaderos, pero nunca de modo empí­rico, sino como formas de expresión de la experiencia humana y como pautas que la experiencia humana continuamente recrea. No sé quién dijo que los ideales son como las estrellas; uno nunca llega a ellas pero sirven de orientación al caminante. El modelo "perfecto" de convivencia intercultural es seguramente irrealizable, pero, de un lado deriva de experiencias concretas -aunque incompletas- que hemos tenido; de otro lado, conforma nuestras experiencias futuras cuando tratamos de recrear el mito desde el "érase una vez" hasta el ahora, siempre limitadamente. Para construir ese mito hay que estar atentos a la experiencia; pero creo que también hay que tener algunas ideas claras. Y para eso tenemos que buscar ese perdido valor de referencia del que hablábamos antes. Algo, aunque sólo sea un concepto abstracto que rellenar en la práctica y que nos aporte sentido hacia el que dirigir nuestro mito. Algo que nos ayude a concretar en cada caso por qué tienen que convivir las "culturas", hasta dónde y de qué manera.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 09, 2006, 12:35:05 p. m.
Lamento no haber tenido tiempo para escribir algo de mi puño y letra sobre Isaiah Berlin. Pero creo que  el siguiente link vale la pena para saber más sobre su pensamiento. Son sus propias palabras.

Muy interesante, ese Berlin. Esos son los liberales que me gustan. Ciertamente, hay que hablar un poco más adelante de la interculturalidad en relación con el pluralismo.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 15, 2006, 02:24:51 p. m.
¿LOS DERECHOS HUMANOS SON UNIVERSALES?

En el confuso laberinto de la interculturalidad, necesitamos un faro que nos guí­e. Sabemos que nuestros valores van a ser distintos de los de otra gente (migrantes o no, ojo) y que las puras exigencias de la convivencia, como mí­nimo, van a hacer exigible un cierto grado de tolerancia, en sentido estricto (estamos hablando de mí­nimos). Ya sabemos que la "racionalidad moderna" nos puede ayudar a andar pero que a grandes rasgos no nos marca la dirección ni el sentido. Sabemos que en la negociación cultural que inevitablemente se sucederá tiene que haber algo innegociable, irrenunciable. Creo que los llamados Derechos Humanos pueden cumplir este papel; primero porque creo en ellos fuertemente, de manera tan intensa que esa creencia está adherida a mi propia identidad, pero en segundo término, porque al mismo tiempo que nos marcan valores irrenunciables, nos indican necesidades de tolerancia (como veremos en otro momento, respecto a la prohibición de discriminación). Por otra parte, parecen provocar consenso en muchas otras personas de culturas e ideologí­as diferentes. Parecen un buen "mí­nimo común denominador" para empezar a andar.

Pero todaví­a, en nuestro ansia por encontrar referencias, podemos sentir la tentación de contemplar los Derechos Humanos como universales éticos, más allá de las diferentes culturas y así­ -supuestamente- "blindarlos" de la crí­tica sociocultural emprendida por sus detractores. ¿Son los Derechos Humanos universales, más allá de toda cultura? Bueno, ¿qué entendemos por "universal"?

Si su "universalidad" tiene que depender de que todas las personas, a lo largo de los tiempos hayan creí­do en ellos, entonces está claro que no lo son. Podemos concebirlos entonces como universales en el sentido que mencionábamos en otras entradas de "progreso" de la cultura como un todo; pero, una vez más tenemos que recordar que es imposible valorar positiva o negativamente la evolución cultural al margen de nuestros propios valores, culturalmente condicionados. Está bien que valoremos, pero siempre lo hacemos desde nuestra posición, nunca somos "neutrales", por encima del Bien y del Mal. Está bien saberlo... y seguir tomando partido. Luego hay otro problema en el que no entraremos de momento: la gente que formalmente cree en los Derechos Humanos también es capaz de vulnerarlos, cual creyente pecador, buscando la excusa apropiada o la definición del cerecho más conveniente; cómo suele suceder con las normas más básicas, su necesaria ambigí¼edad e inconcreción son la clave de su éxito y del consenso que articulan a su alrededor. Esto apunta simplemente una obviedad: estar de acuerdo en los Derechos Humanos no nos resuelve la vida, por más que nos sirva de orientación.

A mí­ me parece claro que los Derechos Humanos, tal y como se han materializado en la práctica, son un producto cultural concreto, condicionado por patrones culturales previos (la herencia de la concepción liberal e ilustrada del Hombre); también son un producto de la mal llamada "cultura occidental", es decir, de la "racionalidad moderna" y de hecho sus concrecciones tienen sentido en sociedades modernas. Lo que pasa es que, aunque a lo mejor no nos habí­amos dado cuenta, las sociedades modernas están ya casi en todas partes.

Repasando rápidamente el texto de la Declaración "Universal": ¿Tiene sentido en todas las sociedades humanas imaginables el derecho al recurso ante los tribunales competentes ante alguna vulneración de sus derechos humanos? ¿qué pasa con el derecho a elegir residencia en el territorio de un Estado si no hay Estados? ¿en qué consiste el derecho a la nacionalidad entre los aborí­genes de la selva? ¿qué pasa con el derecho a la seguridad social entre los beduinos del desierto? ¿en qué consiste el derecho a fundar sindicatos en una sociedad de cazadores-recolectores? ¿como se garantiza la instrucción técnica y profesional? ¿como garantizamos los derechos morales y materiales de autor en el caso de los goliardos medievales? Es evidente que la concreción positiva de los Derechos Humanos está culturalmente condicionada. Esto no es "malo", simplemente es así­.

De hecho, cuando nos vamos a culturas alejadas, incluso puede haber problemas de "traducción". Cuentan que cuando se traducí­a la Declaración "Universal" a la lengua maya tzetzal no habí­a una palabra auctóctona para "Derecho" y utilizaron la palabra 'ich, que por lo visto significa algo así­ como "respeto". Pero ese respeto no necesariamente implica sujetos libres e iguales entre sí­; por ejemplo, parece que se aplicaba a la institución del matrimonio, concebida claramente como desigual.

Estos problemas de traducción no implican imposibilidad de comprensión. Y en ese sentido, los Derechos Humanos Sí son universales culturales; cualquier ser humano es potencialmente capaz de comprenderlos y de asumirlos; sus concreciones son más fáciles de comprender a medida que la racionalidad moderna se expande implacablemente. Pero más importante aún es darse cuenta de que en el fondo, en la raí­z, en la base de los Derechos Humanos, proporcionándoles legitimación (porque podemos interiorizarlos) y justificándolos hay una experiencia que sí­ es común a toda la especie humana, si la planteamos en abstracto: la de la dignidad humana. Esta experiencia de la dignidad humana no siempre es preponderante, en ninguna cultura, no siempre se impone sobre otros valores, experiencias y sensaciones; pero hay datos que nos permiten deducir que, de una manera u otra ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia: como el amor, como la envidia, como el miedo, como el odio, como la rabia. Esa percepción de la dignidad de otro ser humano, la llamemos como la llamemos, viene en el paquete de hardware de la Humanidad.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 20, 2006, 06:46:57 p. m.

(http://la.indymedia.org/uploads/2006/03/dignidad.jpg)

Decimos que los Derechos Humanos son un buen instrumento para orientarse en el laberinto de la interculturalidad; pueden ser el mí­nimo innegociable, el fundamento firme de nuestra intolerancia; y al mismo tiempo la base sobre la que nuestra tolerancia se sustenta, el sustento de la acogida a los "extraños", de la prohibición de discriminaciones. Los Derechos Humanos son una concrección moderna de una experiencia humana que creemos universal. A esta experiencia le llamamos "dignidad humana", pero esta formulación, lógicamente, no es universal. De hecho, en sentido estricto, la palabra "dignidad" se refiere al reconocimiento que merece una persona por su comportamiento o por la posición que ocupa en la estructura social. En cambio, la experiencia de la dignidad humana es la percepción del valor y el reconocimiento que merece cualquier ser humano por el hecho de serlo, al margen de cuál sea su persona, su careta en el teatro del mundo. Deriva de la empatí­a básica que puede desarrollar cualquier persona; de la capacidad de sentirse solidum, parte de una misma cosa; de verse reflejado en el otro; de la experiencia de communitas más allá de la estructura social, de la que hablaremos en la próxima entrada. Aunque la experiencia es universal, sus condiciones pueden variar. Estas son las condiciones de aceptación que propongo:

-La "dignidad humana" corresponde a todos los miembros de la especie humana, con independencia de cuáles sean sus circunstancias personales o sociales.

-La "dignidad humana" no se pierde. No varí­a según el comportamiento. Todos la conservamos hagamos lo que hagamos; nadie pierde sus derechos humanos.

-La "dignidad humana" debe ser el valor superior y no se supedita a ningún otro. Ciertamente, a veces la dignidad de unas personas y otras podrá entrar de algún modo en contradicción y habrá que tomar decisiones. Pero nunca podrá afectarse a la dignidad humana por un valor que no sea ella misma.

Estos tres principios son muy básicos, muy abstractos y no nos resuelven la inmensa mayorí­a de los problemas. Pero son un punto de partida; de hecho, hay mucha gente que no los comparte ni siquiera en abstracto.

El problema más gordo es el de definir y concretar los contenidos de la dignidad humana, porque estas convicciones, siendo importantes, no son contenidos. La experiencia de la dignidad es una especie de chispa que nos pone en funcionamiento; es como una utopí­a, como una estrella, como un Paraí­so Perdido o un Cielo escatológico; tiende a ser absoluta, ilimitada, indefinida, pero luego corre el riesgo de tropezarse contra la realidad como si ésta fuera un muro de piedra negra y frí­a. Una vez encendidos con la llama de la dignidad, hemos de esforzarnos por encarnarla, por darle forma concreta y material. Como el cartel de la imagen, es algo que sólo se atisba, pero nunca se contempla por completo, como un sueño que responde todas las preguntas y apenas se olvida al amanecer.

Los Derechos Humanos son una concreción moderna bastante buena de la dignidad, pero aún son una concreción abstracta, general, simbólica, que sigue habitando en el mundo de las ideas platónicas. Algo con lo que podemos estar de acuerdo en general, pero que luego hay que llevar a (y definir en) la batalla de cada dí­a.

No hay varita mágica que nos resuelva la papeleta, pero las ideas-fuerza siempre nos aportan alguna ayuda. Así­ que vamos a profundizar primero en la contradicción permanente que existe entre dignidad humana y estructura social, para luego pasar a sus concreciones en el fenómeno migratorio, es decir, cómo el derecho humano a migrar se tropieza con el muro de la realidad social.
Título: (el sueño de la igualdad: con felicitación navideña o algo así­ y todo)
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 22, 2006, 11:18:02 p. m.
EL SUEÑO DE LA IGUALDAD

Históricamente, los Derechos Humanos en su configuración moderna, derivan del pensamiento liberal, a su vez heredero en sus patrones simbólicos de la Ilustración y del iusnaturalismo moderno. Los ideales más "espirituales" de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad, siguen resonando fuertemente en nosotros y configurando nuestras ideologí­as; sus significados varí­an pero la experiencia es común. El iusnaturalismo se basaba fundamentalmente en un mito del Paraí­so Perdido, el status naturae de personas libres e iguales que, de uno u otro modo, la sociedad humana alteraba. Como todos los mitos, es inexacto desde un punto de vista empí­rico (los seres humanos han vivido en sociedad desde antes de serlo), pero como todos los mitos, es verdadero porque expresa nuestras experiencias y se encarna continuamente en ellas. Las utopí­as comunistas (anarquistas o socialistas) narraban una historia parecida, pero proyectando el mito hacia un futuro escatológico, también irrealizable en su plenitud pero que al mismo tiempo se experimenta encarnado en la realidad. El liberalismo, el anarquismo, el comunismo, el cristianismo, son capaces o fueron capaces de mover montañas porque sus mitos conectaban con anhelos profundos e innominados de las personas.

¿Esta experiencia sólo existe en el mundo occidental? Que yo sepa, no indica la conexión aunque tal vez la sugiere, el antropólogo Victor Turner, con sus ideas sobre la communitas y la estructura. Al principio se dedicó a examinar ritos de paso (sobre todo de iniciación) africanos, con apoyo de materiales europeos y descubrió cosas interesantes de esas personas en tránsito. Para convertirse en alguien, era preciso morir y nacer de nuevo; uno tení­a que desprenderse previamente de todo lo que tení­a, de todas sus posesiones y de su posicion social y acabar desnudo, como la diosa Inanna, que se iba desprendiendo de su regalia mientras descendí­a a los infiernos. Inmersos en esta pobreza "evangélica", se diluí­an las diferencias estructurales entre los iniciandos, que en ese momento eran todos iguales, pura materia prima humana o tabula rasa que transformar en una "persona" futura. Cuando los seres humanos se reducí­an a pura materia prima, cuando estaban "de paso" se atisbaba que eran todos iguales en lo más profundo. Terminados los ritos, se creaban profundos lazos de solidaridad entre ellos, que Turner comparaba con instituciones "occidentales". En otro trabajo posterior, se zambulle en otro tipo de ritos; primero los que llama de "inversión de status": no sólo las personas se renuevan y vuelven a nacer sino que cada cierto tiempo (normalmente, cí­clicamente, al terminar el año), la sociedad entera (y con ella el universo) vuelve a renovarse, está de "paso" y todo se pone patas arriba: los hombres y las mujeres intercambian papeles, los ricos son pobres y los pobres son ricos; los poderosos son ultrajados por los débiles; esto sucede de una manera u otra en ífrica, en la India, en todas partes; así­ son idealmente las saturnales, el año sabático judí­o y el jubileo: los esclavos son liberados, las deudas se perdonan, las tierras vuelven a sus antiguos poseedores (o los cojos andan, los ciegos ven...) Yo dirí­a que algo de esto subsiste en nuestros excesos navideños, un poco esclerotizados por la estructura: nuestros banquetes gargantuescos nos retrotraen a la Edad de Oro; quizás, nos acordamos por un momento de que somos humanos, fingimos que nos quitamos la careta que llevamos en sociedad y miramos a los de abajo a los ojos (y tal vez a algún pobre le toque el Gordo); eso nos permite un contacto, siquiera superficial con nuestras raí­ces, que nos permite mantener la cordura en el dí­a a dí­a. Turner también nos hablaba de los ritos de "entronización", también presentes por doquier en las más variadas culturas: cuando alguien va a convertirse en Rey, a menudo el Pueblo lo vilipendia y lo agrede, haciéndole recordar que su poder proviene en último término de Ellos, del pueblo amorfo e indefinido de seres iguales, otorgándole fuerzas para gobernar; yo dirí­a que coincide con el cuento del rey mendigo, ese homeless que algún dí­a regresará de las cruzadas, de ítaca o de los páramos de Arnor para derrocar al tirano. Por último, Turner recuerda a todos esas personas y grupos que aparecen en sociedades más complejas y que pretenden vivir permanentemente en el estado de los iniciandos, en un "paso" perpetuo hacia un más allá: los milenaristas, los movimientos de renovación religiosa en oriente y occidente, que frecuentemente cuestionan las bases mismas de estas estructuras sociales: la familia y la propiedad, mediante dos extremos que se tocan: el ascetismo y el desenfreno, que pretenden en cierta medida que su movimiento se extienda a la Humanidad entera.

Con todo este material, Turner elabora una sugerente teorí­a: la sociedad humana es una continua dicotomí­a entre communitas y estructura. La communitas es esa experiencia de una humanidad amorfa de seres iguales en dignidad, al margen del reparto de papeles de la vida: esta es la experiencia universal de la dignidad humana, que aparece sobre todo para la comunidad propia pero que tendencialmente abarca a todos; en ella se basa y se legitima toda sociedad: de ella viene el cambio social y también su mantenimiento. La estructura viene en cambio constituida por las formas de organización social, normalmente derivadas de necesidades adaptativas, que organizan la propiedad, el parentesco, los status y que muestra una realidad empí­rica de personas desiguales pero que en sus discursos legitimadores se remite siempre a la comunidad. Cuando la estructura se vuelve esclerótica y pierde el contacto con esta experiencia, el Rey se convierte en el Tirano y surgen los profetas, los héroes, los milenaristas, los revolucionarios, que ponen el mundo patas arriba en pos de esa igualdad soñada; pero sin estructura no hay sociedad y pronto vuelven a apuntalarse nuevas estructuras sobre estas raí­ces depuradas. La communitas es el cuerpo de Ymir, el cadáver de Tiamat: pura materia prima sobre la que los dioses construyen el mundo.

Estamos condenados a vivir en una permanente contradicción entre esos anhelos de libertad, igualdad, fraternidad, que nos remiten a sociedades mí­ticas, primigenias o futuras y la realidad empí­rica de nuestras sociedades. Ya pasaba desde san Pablo, que alterna sus discursos favorables al sometimiento de las mujeres y los esclavos con el "ya no hay hombre ni mujer, esclavo ni dueño.. todos somos uno..." Esta misma contradicción la vivimos en cierto modo con los Derechos Humanos, nuestro fondo legitimador moderno: en concreto y por ejemplo, la estructura de nuestra realidad social está condenada a enfrentarse con el derecho humano a emigrar.

Pero ya nos ocuparemos de eso en la próxima entrada. De momento me limito a desearles una feliz inmersión en el caos primordial. Con navidad o sin ella, nunca está de más buscar cualquier excusa -festiva o no- para adentrarnos en la communitas y acordarnos que, además de todo lo demás, somos humanos y todo eso.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Diciembre 29, 2006, 11:11:09 a. m.
Siguiendo el hilo del blog, he dejado de tratar de momento el tema de la interculturalidad (o el multikulturalismo) y he empezado a tratar temas de derechos humanos, así­ que dejo de colgar aquí­ las entradas, por el momento. O sea, que pare por un tiempo de poner cosas en este hilo no implica que haya dejado de colgar cosas en el blog, y pueden seguirlo en su sitio en blogger si lo desean.

Más adelante habrá que volver con eso de la interculturalidad: yo que sé, por ejemplo atender a Berlin y a Giovanni Sartori; mirar si hay diferencias entre la interculturalidad y el pluralismo liberal o son lo mismo. En tal caso, seguramente lo siga colgando por aquí­.

Queda el hilo, entretanto, a su disposición para lo que les venga en gana.

Por cierto, una recomendación. He leí­do hace poco dos capí­tulos del libro de Kupper, A, Cultura, la versión de los antropólogos, Piados, Barcelona, 2001: I Guerras de Cultura y II. Cultura, diferencia, identidad. Me ha parecido BUENíSIMO en su tratamiento del multiculturalismo. Punto de vista antropológico, sin desprecios culturales, pero con una crí­tica firme e irónica al multiculturalismo barato y su exaltación de la diferencia. Cosas interesantes sobre los "estudios culturales" que habrí­a puesto en mis entradas si las hubiera sabido. En definitiva, muy recomendable para los interesados en estos asuntos.


Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Ií´ Merí¢ en Enero 06, 2007, 07:06:16 p. m.
Leí­ con atención acerca de lo que ha escrito sobre cultura, civilización y, sobre todo, los ejemplos que utiliza, más que sus eruditas citas. En todos los ejemplos me asombró que siendo español, poco o nada conozca de las culturas mesoamericanas, de sus motivaciones y la obligación de permanecer en el ostracismo zoológico en el que se mantienen y han sido mantenidas por razones meramente económicas. El Multiculturalismo es un sofisma o un "sueño guajiro", ya que la cultura significa cultivar determinados usos y costumbres que permiten a determinado grupo adaptarse a las condiciones especí­ficas de su hábitat, para aprovechar los recursos materiales, humanos y financieros disponibles, pero en la mayorí­a de los casos es para explotarlos, es parte de la teorí­a darwiniana o darwinista de la "supervivencia del más fuerte"; por lo tanto existirán tantas culturas como formas de adaptación existan y se defenderán a capa y espada (literalmente) hasta que dejen de serles útiles. Es evidente, que la principal caracterí­stica de la especie humana es intentar comprender lo que nos rodea, pero esto incluye que si lo comprendemos lo aceptamos y si no, lo destruí­mos. Voy a exponer un ejemplo interesante que me consta como mexicana: En la Sierra Lacandona habita un grupo indí­gena (utilizo la expresión como naturales de la región o aborí­genes) denominado Lacandones; en los años 60 aproximadamente, llegó un antropólogo holandés apellidado Bloom a estudiar los usos y costumbres de este grupo étnico; para los años 70, a principios, este grupo se habí­a convertido en el foco de atención de los eruditos investigadores nacionales e internacionales. Cuando muere el antropólogo, se descubre que no sólo fue a investigar, sino que se afincó como tantos finqueros alemanes que existen en la zona los cuales destruyeron y siguen destruyendo la selva y lo que se les ponga enfrente, que jamás hizo un estudio serio, pero los legendarios lacandones más inteligentes que bonitos, aprovecharon la situación y con una extraordinaria habilidad mostraban a los turistas sus usos y costumbres ancestrales, incluyendo su miseria...lo maravilloso de este caso, es que cuando fui como una de tantas turí­stas antropológicas, el cacique de la zona, llevaba puesto unos magní­ficos lentes oscuros (gafas) Rai Ban...su humilde jacal (chabola) tení­a suelo de cemento...catres como camas...muebles de madera bien tallados, pero viejos...televisión a color...tostador de pan...equipo de sonido...y una magní­fica camioneta último modelo en la entrada de su casita...llevaba una túnica muy blanca y tenis Nike...viajaba en avión, pero jamás en clase turista y sabí­a hablar el inglés mejor que el español. Ante mi admiración me dijo: Mis hijos (varones) están estudiando en la capital...otro está haciendo su maestrí­a en administración en M.A.T..., pero si no tiene quien le ayude en su casa, le enví­o a una de mis hijas, son requetetrabajadoras y su sueldo me lo deposita a esta cuenta...Este tipo de anécdotas se han ido repitiendo en mi vida, en Chiapas, donde se encuentran los Lacandones, Tzotziles, Tzeltales, Chamulas y otros tantos...en la región Otomí­ (Estado de México principalmente), y en algunas zonas Raramuris (Chihuahua). Sin ir tan lejos, para mi, ya que vivo en la Ciudad de México, una de las más pobladas del mundo, coexisten todas las etnias en un grado de miseria impensable para un habitante de Madrid (soy hija de madrileños), pero lo que más les sorprenderí­a es que entre ellos no se ayudan, ni siquiera se mezclan, ni aprenden bien el español, siempre hablan sus diversas lenguas y lo más sorprendente es que no buscan empleos, ya que ganan mucho más de la limosna y muchos de ellos son propietarios de ejidos...VIVA MÉXICO MíS QUE SURREALISTA, DARWINISTA...Pero para que acaben de quedarse con el ojo cuadrado, en México, en todo México, el peor insulto que se dicen entre los indí­genas y mestizos es "INDIO"; el segundo insulto es "NACO", que significa "inculto", bajo, ignorante, corriente, por lo que es aplicable a cualquier sujeto de cualquier posición económica o de cualquier color (aunque preferentemente se les dice a los morenos, ya que son los más discriminados), pero la "RAZA", es la raza y todos somos raza, aunque unos son más que otros. La legislación mexicana prohibe la discriminación, pero México es el paí­s donde todo se discrimina, pero todo va en función de la economí­a...Don sin Din...Naquí­n...con Din, Don. Así­ es el mundo desde que es mundo. Por último, México no es un paí­s Centroamericano ni mucho menos Sudamericano, ya que nos encontramos en el hemisferio norte y los Americanos, no todos son Estadounidenses, ni los mexicanos, centroamericanos y sudamericanos somos todos iberoamericanos aunque seamos mayorí­a, sino latinoamericanos, es más propio y los canadienses, se cuecen aparte. Con toda esta arenga quiero decirle que la lucha de clases, sólo la han disfrazado de lucha étnica; a fin de cuentas es la lucha por la sobrevivencia y más en el caso de los que somos emigrantes o hijos de emigrantes que jamás dejaremos de ser los "invasores" y en el paí­s de nuestros padres los "sudacas", en resumen: "LOS APESTADOS DE LA TIERRA", pero como siempre he dicho: "VIVA LA REVANCHA DEL SUBDESARROLLO", A APESTAR ANTES QUE MUERTOS...Y lo último, último que me gustarí­a decirles a los xenophobicos españoles es que recuerden primero, que somos hijos de cuarenta razas y padres de otras cuarenta, ya que las mayores emigraciones registradas la historia del mundo ha sido de españoles, empezando por Colón y luego por Hernán Cortés con su huí­da a México, lo que provocara la conquista, aunque en realidad la consumasen los enemigos indí­genas de los mexicas, mal llamados aztecas; en el siglo pasado, la gran emigración de españoles que provocó la Guerra Civil y poco más tarde la todaví­a mayor emigración de los años 60 hacia la parte de Europa más desarrollada; aunque en México, particularmente, la emigración de españoles fue constante hasta que España ingresó a la Unión Europea y ahora que son muy civilizados se dan el lujazo de discriminarnos, luego de haberse aprovechado hasta la saciedad de nuestros recursos, pero en fin..."El burro siempre habla de orejas", que aprovechen. Ií´ Merí¢.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Enero 07, 2007, 12:57:03 a. m.
Muchas gracias por sus comentarios, vamos a comentarlos a su vez.

En todos los ejemplos me asombró que siendo español, poco o nada conozca de las culturas mesoamericanas, de sus motivaciones y la obligación de permanecer en el ostracismo zoológico en el que se mantienen y han sido mantenidas por razones meramente económicas.

No sé por qué le sorprende. Nunca deberí­a sorprenderle la ignorancia, y, en cualquier caso, no tengo noticias de que el resto de los españoles acostumbre a conocer de las culturas mesoamericanas, de sus motivaciones y de la obligación de permanecer en el ostracismo, etc, etc., lo que en cualquier caso es una valoración suya que habrá que someter a la prueba del relativismo y considerar una perspectiva de la realidad, antes que la realidad misma, de manera dogmática. Me han dicho tantas veces "no sé como puedes ignorar la CLARíSIMA REALIDAD esta... blabla", de manera contradictoria (para unos es clara una cosa, para otros es clara otra), que prefiero escuchar qué es lo que me tienen que contar para ver qué puedo aprender y no preocuparme de lo imprescindible que era tocar su cacho del elefante (esto va por el cuento de los siete ciegos y el elefante).

De lo que sí­ tengo noticias, también como español, es de los procesos de maximización de las diferencias culturales para crear y recrear identidades polí­ticas, que es de lo que me parece que usted me habla. Ciertamente, es una perspectiva crí­tica del multiculturalismo que hay que abordar y que creo que he tratado, siquiera superficialmente en las entradas, aunque volveré a ella más adelante en el blog con la cuestión de la identidad. Yo soy muy desconfiado con esto de las diferencias creadas frente a las realidades materiales, por ejemplo, recientemente aquí­:
http://weblogs.madrimasd.org/migraciones/

Pero eso no implica que las identidades no valgan nada o no tengan sentido o sean un simple mecanismo de engañabobos sin consistencia ninguna. El reto de un buen materialismo es saber aprehender la importancia de los elementos simbólicos en la vida del ser humano.

Citar
la cultura significa cultivar determinados usos y costumbres que permiten a determinado grupo adaptarse a las condiciones especí­ficas de su hábitat, para aprovechar los recursos materiales, humanos y financieros disponibles, pero en la mayorí­a de los casos es para explotarlos, es parte de la teorí­a darwiniana o darwinista de la "supervivencia del más fuerte";

Su teorí­a sobre la cultura es una de tantas. Comprenderá que después de leerme varias no la tome como una realidad uní­voca.

Citar
Con toda esta arenga quiero decirle que la lucha de clases, sólo la han disfrazado de lucha étnica;

Pero, insistiendo en ese materialismo no ingenuo y simbólico, no hay que menospreciar el poder del sí­mbolo:

http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2006/08/hobsbawm-y-el-pas-de-los-trabajadores.html

Citar
[...]y ahora que son muy civilizados se dan el lujazo de discriminarnos, luego de haberse aprovechado hasta la saciedad de nuestros recursos, pero en fin..."El burro siempre habla de orejas", que aprovechen.

Comprendo que este tipo de argumentos algunas veces calan algo en los xenófobos, porque utilizan sus mismos instrumentos de categorización de la realidad: categorización, construcción social de grupos, asignación de méritos y responsabilidades en función de la pertenencia al grupo. "Los españoles robaron el oro", "los españoles emigraron", "los musulmanes invadieron España" y cosas así­.

Yo tengo que confesarle que prefiero que cada palo arrime su vela y opto por la responsabilidad individual y no grupal. Lo que tenemos que ver es quiénes somos cada uno, qué es lo que queremos y cuáles son las consecuencias de los que queremos. Y las consecuencias de la discriminación son terribles para los discriminados y para la sociedad en su conjunto. Para mí­, eso es lo que importa. Porque aunque los españoles no hubieran emigrado a ningún sitio, seguirí­a siendo de justicia tratar a los extranjeros con dignidad. Aún así­, ya le digo que como poética o mí­tica lo entiendo y tiene su sentido. Es como el libro del Leví­tico, que manda a los judí­os tratar bien a los extranjeros porque "vosotros también fuisteis extranjeros en Egipto".
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Pornosawez en Enero 07, 2007, 06:11:21 a. m.
Vamos a ver, voy a ponerme materialista radical.

Primero, es imposible definir la cultura en estancos. Esto es, ni las definiciones de los lingí¼istas, ni las de los polí­ticos, ni las de los antropólogos son conjuntos cerrados. Todas las culturas viven en un cambio perpetuo, nunca ha existido un estadio original nada más que en la mitologí­a de las gentes asociadas.

La lengua como cultura es una ficción, puesto que no parte de un sistema racionalista de creación. Esto es, es la costumbre la que la forma y con apenas medidas reformuladoras llega a nuestros dí­as. No se puede hablar de una cultura española asociada a la lengua, ya que serí­a visto como un método colonizador de otros paí­ses. Lo mismo en el sentido menor, con las lenguas minoritarias, como el vasco. Una persona puede vivir en su piso de Bilbao rodeado de cultura americana mediante DVD y hablar vasco, y otro individuo en un caserí­o sin conocer el vasco llevar una cultura de un estilo más vasquista. Por otra parte, los lí­mites de las lenguas sólo pueden ser establecidos por los necios, ya que desde el XIX el ser humano tiene unas posibilidades de expansión que aniquilan los viejos estancos con los que fantaseaban los jerarcas nazis. Hay más gente que sabe vasco en Argentina que en ílava.

Los polí­ticos usan la cultura como arma arrojadiza para obtener prebendas tanto individuales como colectivas. No la comprenden, no pretenden entenderla; es sólo un medio para cambiar una infraestructura económica determinada. Esto en el sentido contemporáneo; los polí­ticos mitólogos, los filósofos que llama Espinoza, pueden vivir creyendo el mito y basar su vida en él. No hablarí­amos de polí­tica; religión entonces.

La cultura de los antropólogos, la que se podrí­a llamar cientí­fica, es simplemente una selección de rasgos culturales que se establecen como ficción útil para etiquetar de manera determinada a un grupo. Es una ficción formal, y sólo podrí­a ser válida - y esto, por favor, es esencial entenderlo - en caso de aislamiento del grupo, y con diversos matices más subjetivistas que materialistas (se desechan rasgos para realizar un conjunto cultural completo al gusto del antropólogo; elemento común dada la caradura de muchos de ellos). Hablar de culturas especí­ficas en continentes mundializados como podrí­a ser Europa o el Medio Oriente es simplemente basura. ¿Dónde acaba España y finaliza Francia culturalmente? ¿Y Alemania? ¿Y Polonia? Estos métodos, que podrí­an funcionar en tribus aisladas como he comentado, son imposibles en contextos de contacto constante entre grupos humanos. No sólo en la modernidad, sino también en épocas antiguas (¿Donde empieza lo Minoico y termina lo Micénico?

Aniquilados estos tres puntos de vista, el último, el filosófico, es sólo la comidilla de los Hegelianos radicales que pretender establecer una mixtificación idealista de la cultura para crear una mitologí­a para la nación alemana. Hablar desde el punto de vista idealista de cultura es la esencia del nacismo. No admite otra interpretación ni otro matiz. Aquí­ son representantes fidedignos todo el 98 desde el punto de vista español, unidos a los pater de los nacionalismos, fervientes germanófilos.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Enero 07, 2007, 11:08:36 a. m.
Primero, es imposible definir la cultura en estancos. Esto es, ni las definiciones de los lingí¼istas, ni las de los polí­ticos, ni las de los antropólogos son conjuntos cerrados. Todas las culturas viven en un cambio perpetuo, nunca ha existido un estadio original nada más que en la mitologí­a de las gentes asociadas [...] Por otra parte, los lí­mites de las lenguas sólo pueden ser establecidos por los necios, ya que desde el XIX el ser humano tiene unas posibilidades de expansión que aniquilan los viejos estancos con los que fantaseaban los jerarcas nazis [...] La cultura de los antropólogos, la que se podrí­a llamar cientí­fica, es simplemente una selección de rasgos culturales que se establecen como ficción útil para etiquetar de manera determinada a un grupo.

Pues sí­, estoy bastante de acuerdo. Eso es lo que he intentado explicar en otras entradas, especialmente en la que se titula "el esencialismo cultural".

Por otra parte, también me parece cierto ese uso interesado, con finalidades polí­ticas y económicas de la identidad y de la cultura que señalas; este fenómeno es común, creo yo, a todo el mundo moderno y me parece que en cierto modo es inevitable, aunque tal vez ser conscientes de los mecanismos por los que opera nos puede ayudar a librarnos de sus consecuencias más perniciosas.

Ahora bien, podemos caer en la tentación de explicar la configuración de identidades exclusivamente en clave de "intereses"; así­ tendrí­amos una explicación materialista bastante simple y poco fina. Como intentaba decir antes, una buena explicación materialista no puede obviar el poder de los factores simbólicos en la definición de los intereses. Las identidades colectivas se van construyendo y reconstruyendo sobre la base de procesos reales de interacción (comunicativa, social, económica, polí­tica); a veces esta construcción es fomentada o propulsada desde instancias polí­ticas y esta actividad puede ser muy relevante, aunque difí­cilmente puede construir algo "sobre la nada"; como mí­nimo la identidad nueva tiene que surgir de procesos reales fomentados por las élites, pero que no pueden controlar totalmente. Al final, estas identidades creadas sirven de criterio de definición de los intereses materiales mismos, que no suelen remitirse únicamente al nivel individual, por cuanto las personas no actuamos como meros individuos; así­: los intereses "de España", los intereses "de Cataluña", los intereses "de la Unión Europea", los intereses "de mi familia", los intereses "de mi pueblo", los intereses "de la clase trabajadora", los intereses "de las mujeres" derivan de construcciones ideológicas de la identidad colectiva, que siempre deben implicar alguna forma de mitologí­a grupal.

La mitologí­a, por cierto, no siempre es algo negativo; es un rasgo humano seguramente tan irrenunciable como la cultura, de la que forma parte. Los mitos son la Caja de Pandora: pueden contener todos los males de la tierra o todos los bienes, según la versión.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Ictí­neo en Enero 07, 2007, 02:34:27 p. m.
Yo que he vagado durante meses entre abertzales y entre rusos (en épocas distintas, ejem), que nopodí­an evitar bañarse con la opinión e influencia de otros seres culturales -básicamente griego-judaicos- puedo decir:

Existe una cosmovisión rusa y una cosmovisión boinoetarra. Y son la polla.
Lo siento por Caver, pero las parcelas existen -en el sentido simbólico de Dionisio- y él no debí­a dejarse bañar por el posmodernimo de negarlas.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Pornosawez en Enero 07, 2007, 05:26:07 p. m.
Yo que he vagado durante meses entre abertzales y entre rusos (en épocas distintas, ejem), que nopodí­an evitar bañarse con la opinión e influencia de otros seres culturales -básicamente griego-judaicos- puedo decir:

Existe una cosmovisión rusa y una cosmovisión boinoetarra. Y son la polla.
Lo siento por Caver, pero las parcelas existen -en el sentido simbólico de Dionisio- y él no debí­a dejarse bañar por el posmodernimo de negarlas.

La propia existencia de parcelas es la esencia de la postmodernidad: Los puntos de vista relativos. Para mí­, como girondino, sólo hay una cultura: la humana.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Ií´ Merí¢ en Enero 07, 2007, 06:33:27 p. m.
Las parcelas no son sí­mbolo de la postmodernidad; son las trincheras, primero simbólicas, sustentadas en creencias que por su reiteración útil se transforman en juicios de valor porque sirven para defender no la identidad, porque esta cambia de significado, sino para defenderse de grupos sociales más fuertes; tampoco son postmodernas, sino tan viejas como el feudalismo. Así­ perdió Roma su imperio. Estoy de acuerdo con que la cultura es un fenómeno humano, pero tiene distintas caracterí­sticas de acuerdo con las relaciones sociales de producción en determinado momento histórico. El cambio de actitud hacia la aceptación de grupos "minoritarios" o de emigrantes es individual, pero debe de estar reforzada por una legislación consistente e incluyente, donde se ofrezca las mismas oportunidades y que genere, precisamente, el cambio de actitud social. Por otra parte, no se deben desestimar los choques culturales originados por la explotación, ya que éstos generan entre los explotados la llamada "cultura de la resistencia", en el caso particular de los indí­genas mesoamericanos y en la secuela que esto originó en los mestizos ha influido de manera contundente en el desarrollo de sus procesos históricos, económicos y sociales; asimismo, en contraparte lo que este choque provocó en los explotadores en el mismo caso, ocasionó y lo sigue haciendo una profunda discriminación y la creación, ahora sí­, de mitos siempre peyorativos y el disimulo de la responsabilidad, lo cual también ha influí­do en los mismos procesos y en la perpetuidad del poder por parte de los llamados "criollos" (primero fueron llamados así­ los hijos de padres españoles; los mestizos son los hijos de español e indí­gena; actualmente ya son los descendientes de aquellos criollos, pero siguen actuando de la misma forma) Nada hay nuevo bajo el sol.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Ictí­neo en Enero 07, 2007, 11:07:31 p. m.
Yo que he vagado durante meses entre abertzales y entre rusos (en épocas distintas, ejem), que nopodí­an evitar bañarse con la opinión e influencia de otros seres culturales -básicamente griego-judaicos- puedo decir:

Existe una cosmovisión rusa y una cosmovisión boinoetarra. Y son la polla.
Lo siento por Caver, pero las parcelas existen -en el sentido simbólico de Dionisio- y él no debí­a dejarse bañar por el posmodernimo de negarlas.

La propia existencia de parcelas es la esencia de la postmodernidad: Los puntos de vista relativos. Para mí­, como girondino, sólo hay una cultura: la humana.

"Ser girondino" es adjudicarse una parcela. Eso sí­, muy poco posmoderna.

Por lo demás y como estalinista proclamo que no hay ni una sola cultura digna de apasionarse, solo la civilización lo es (y el capital no es civilizado).
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Enero 08, 2007, 04:44:20 p. m.
La propia existencia de parcelas es la esencia de la postmodernidad: Los puntos de vista relativos. Para mí­, como girondino, sólo hay una cultura: la humana.

Las "parcelas" existen, en primer lugar como representaciones culturales, realidades intersubjetivas, como tantas otras cosas; son creaciones sociales, pero no por ello menos efectivas, pueden desplegar fuertes efectos y creo que esto es lo que remarcaba Ictí­neo del sentido simbólico. Por ejemplo, si en Sudáfrica hacemos unas parcelas que implican distintos derechos pra los blancos, negros y de color, pues las parcelas despliegan significados sociales importantes y afectan claramente a la vida de las personas "existen" como representaciones culturales. Eso no implica que sean consistentes y precisas: por eso definí­an a un blanco como aquella que persona que es obviamente blanca en apariencia y no es generalmente aceptada como una persona de color o bien es generalmente aceptada como blanca y no es obviamente en apariencia no blanca.

En segundo lugar las parcelas son "estereotipos", es decir, generalizaciones que sirven para percibir una realidad compleja. En este sentido, no son la realidad, sino formas de descripción de la realidad. Estas categorí­as pueden ser más o menos precisas, pueden ser cientí­ficas (por ejemplo antropológicas) o categorí­as folk como las clasificaciones raciales, culturales o religiosas que aplicamos en la vida cotidiana, pero nunca son exactas; pueden utilizarse bien como herramientas o pueden utilizarse mal esencializándolas. Como he "esputado" "bastantemente" en el hilo mi opinión al respecto de los problemas del esencialismo cultural (xenófobo o relativista) y de las formas de imprecisión de las categorí­as culturales, callo entonces, remiténdome a máspatrás. Y también evito volver a hablar de la civilización, a la que también he dedicado largos esputos en este hilo.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Mayo 11, 2008, 11:17:26 a. m.
Vuelvo a escribir sobre "multikulturalismo":
http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2008/05/la-identidad-una-verdad-medias-iii.html

Alguna otra vez he dicho por aquí­ que me considero heredero del "multiculturalismo", pero sólo "a beneficio de inventario", esto es, acojo gustoso sus regalos pero no respondo por deudas que no son mí­as. Este "multiculturalismo" ha producido dos logros muy importantes: la asunción del hecho de la diversidad cultural y el respeto a los diferentes; sin embargo, si nos despistamos, también podemos arrastrar con él dos importantes lastres: el esencialismo cultural y un falso relativismo ético. Lo que yo entiendo como "multiculturalismo" es, a grandes rasgos, un proceso de exaltación de la diferencia atribuida a categorí­as grupales relativamente imaginarias, que no sólo afecta a los grupos migrantes, sino también a otras minorí­as subordinadas, e incluso a las mayorí­as, a los propios Estados-nación, a las autonomí­as "históricas" y regiones, etc.

Aparentemente, el "multiculturalismo" es una recuperación del pasado, de lo tradicional, del comunitarismo, de ideales premodernos, o bien una nueva visión "postmoderna" más allá de la modernidad, pero todo esto, una vez más, es una visión algo distorsionada de la realidad. Al igual que el "asimilacionismo", el "multiculturalismo" es un fenómeno netamente moderno, aunque también trabaje sobre materiales del pasado. Eso no sólo es así­ porque normalmente se parte de un grado de relativismo que prácticamente sólo puede desarrollarse en el mundo moderno, sino también porque, en su mayor parte, los propios grupos aparentemente "tradicionales" a los que se remite son en gran parte producto de la modernidad o reciclaje moderno de fragmentos de identidades arcaicas. Ya señalamos en la entrada anterior que gran parte de las "tribus" o "Estados primitivos" que encontraron los antropólogos habí­an evolucionado en interacción con Europa, que, posteriormente, el modo de producción capitalista ha reproducido un gran número de segmentaciones étnicas en función de la división del trabajo y que las propias estrategias personales y grupales de adaptación a los procesos migratorios han producido y reproducido todas estas identificaciones; al mismo tiempo, los medios de comunicación de masas y otros fenómenos estructurales están posibilitando e incentivando la generación de identidades globales transnacionales: por ejemplo, tengo la sospecha de que, por diversas razones, se está generando una cierta "identidad islámica" que anteriormente era mucho más tenue (por más que existiera previamente la noción teológica de umma).

Desde el punto de vista de la identidad, el "multiculturalismo" puede caer también en las tres ilusiones que la configuran: la del yo-aislado, la del yo-ahistórico y la del yo-etiquetado, aunque el peso recaiga sobre este último. Hay que reconocer que parece un poco forzado que se plantee la ilusión del yo-aislado en esta aparente respuesta frente al individualismo moderno; sucede, a mi juicio, que esta ilusión en este caso está muy en el fondo y frecuentemente no se hace explí­cita, dado su carácter claramente contradictorio (pero es que la construcción de nuestra identidad está sometida a contradicciones, como hemos visto); sin embargo, es muy importante tener esta ilusión en cuenta para enterarnos de lo que pasa. El "multiculturalismo" y el "totalitarismo" son ideologí­as totalmente opuestas en cuanto a los contenidos; pero, desde un punto de vista formal tienen una cosa en común: ambas son reacciones frente al individualismo moderno que, aún así­, operan con los patrones del pensamiento moderno, que divide la realidad en categorí­as muy marcadas, de fronteras rí­gidas y espesas (seguimos aquí­ el trabajo de Louis Dumont). El punto de partida es el individuo fragmentado, disociado de la realidad, alienado de los demás y de la naturaleza, que a la hora de buscar conexiones con el mundo bucea en las supuestas profundidades de su "identidad verdadera"; la realidad "externa" se convierte entonces en una proyección del yo-aislado y de su rí­gido sistema de categorí­as cognitivas.

Tal vez esto no suene tan extraño si intentamos concretar un poco más. En el individualista mundo moderno estamos obsesionados por la "identidad social", cuestión que no era tan recurrente para nuestros antepasados. Nos imaginamos al sujeto "descubriendo" su "verdadera identidad" en lo más profundo de su "alma" ("musulmán", "homosexual", "mujer", "afroamericano", "de izquierdas", "vasco"...) , identidad que quizás hasta entonces habí­a estado casi "dormida"; después el sujeto pasarí­a por un proceso de "conversión", en el que se esforzarí­a por emular esa imagen "verdadera" de sí­ mismo. Si esto es así­, cada incumplimiento, cada desviación del modelo, se percibirá como una "traición" a uno mismo y al "grupo" (imagen idealizada que opera como una proyección de la etiqueta que de nosotros mismos habí­amos sacado). Está muy bien que nos preguntemos quiénes somos; pero tenemos que tener cuidado de creernos a pies juntillas y de manera radical la respuesta que nos demos, pues, de lo contrario, podemos encontrarnos, una vez más, viviendo las vidas de otros, es decir, alienados

En gran medida, y a pesar del aroma determinista que destilan las representaciones sobre la "identidad verdadera", todo este proceso de identificación con un grupo imaginario se concibe como un acto cuasi-arbitrario de voluntad individual y "libre". Claro está, nadie se levanta un dí­a por la mañana y a la hora del desayuno decide de golpe y porrazo con arreglo a un proceso consciente y racional su adscripción religiosa o filosófica, su ideologí­a, su género, su nación, su clase social o su orientación sexual. A lo mejor la libertad no es tanto la indeterminación del como sino simplemente que nos dejen ser quienes somos. Y lo que somos es producto de nuestra historia, de todo lo que nos ha ido pasando, lo que por supuesto, también comprende -pero no sólo- nuestras decisiones conscientes. Esto nos lleva a la segunda ilusión, la del yo-ahistórico; esa especie de "alma imaginaria" de "identidad verdadera" se percibe a veces como una especie de espí­ritu intemporal y eterno, alejado del devenir de los tiempos. Es entonces cuando nuestra identidad imaginaria choca con nosotros mismos y con el resto de la realidad, al oponerse a la complejidad que somos y a nuestra situación y posición social real. Así­ es como se reconstruyen, por ejemplo, identidades nacionales que no tienen nada que ver con la vida real en el entorno geográfico o histórico recreado, o identidades religiosas "fundamentalistas" alejadas de la existencia real y sobre las que se proyectan las contradicciones personales y sociales como en un capitel plagado de demonios. Personalmente, las versiones más patológicas de esta identificación son una agresión a nuestra libertad, pues no nos dejamos (o no nos dejan) ser quienes somos; socialmente es una reclusión en las desquiciadas proyecciones de nuestro yo-aislado, que nos aleja de los demás y de la naturaleza. Reclusión que dificulta nuestra adaptación a los problemas reales que se plantean en nuestra vida.

Este proceso funciona a través de un sistema de etiquetas cerradas con las que nos miramos a nosotros mismos y a los demás. Es por eso que en este caso la ilusión más patente en este caso es la del yo-etiquetado que nos puede fracturar de dos maneras diferentes: de un lado, a través de la mencionada alienación consistente en vivir la vida de un personaje imaginario que no se corresponde con nuestra realidad cotidiana; de otro lado, reduciéndonos a una simple etiqueta. Esto último opera de manera muy intensa cuando nos referimos a los "otros", a los que adscribimos un grupo ajeno y minoritario en términos de poder, incluso aunque valoremos la diferencia positivamente. En efecto, los migrantes no son sólo "inmigrantes", o "extranjeros", o "rumanos" o "chinos" o "musulmanes"; también son otras cosas. Son padres o madres o hijos o hermanos o abuelos, son trabajadores o autónomos o empresarios, son aficionados a la música o hinchas de fútbol o amigos del cine; son más bien conservadores o liberales o socialistas o apolí­ticos; son tí­midos o extrovertidos, alegres o melancólicos, rí­gidos o flexibles, ceremoniosos o campechanos, despistados o espabilados, insí­pidos o graciosos, nerviosos o tranquilos; son buenos o malos cocineros o bailarines o fotógrafos o deportistas. Son personas, más allá de todas las etiquetas, estereotipos y simplificaciones, más allá de todos los sambenitos, los uniformes y las marcas de ganado, personas hechas de nuestra propia pasta y que comparten por tanto un fondo común de miedos, grandezas, vilezas y amores en el que siempre terminamos por reconocernos. Intelectualmente, sabemos esto perfectamente, pero a menudo se nos olvida cuando se nos llena la boca de choques de civilizaciones o cuando nos planteamos si es posible el diálogo entre "culturas" o si las "culturas" son incompatibles, como si los entes que dialogaran o entraran en conflicto fueran una especie de ánimas platónicas supraindividuales y no personas de carne y hueso, o si las "culturas" pueden fusionarse o si la "cultura occidental" (sea lo que sea eso) es o no "superior" o si hay que respetar a las "culturas". No hay que respetar a las "culturas". Hay que respetar a las personas, lo que pasa es que éstas no son individuos aislados y ahistóricos, sino seres marcados por su historia, por sus experiencias y por tanto, por su contexto socio-cultural, que es algo mucho más fluido que nuestra imagen monolí­tica de las "culturas". Cuando llegamos a respetar y a apreciar a las personas más allá de las fronteras imaginarias de las "culturas", entonces nos hacemos capaces de respetar y de apreciar el "mundo de vida" que les da sentido, pero esto pone en su sitio al relativismo ético de salón que a veces sacan algunos y que se pone por encima de las personas mismas (lo que resulta convenientemente exagerado para reforzar retóricamente las posiciones xenófobas).

He de reconocer que la configuración "defensiva" de grupos minoritarios o subordinados puede tener algunos efectos socialmente saludables (eso que llaman "empoderamiento"), pero los tiene en tanto en cuanto esta categorización no sea un fin en sí­ mismo, sino un instrumento para restablecer la dignidad de los seres humanos, sea cual sea su pelaje, subordinándose radicalmente a este objetivo. Si se pierde este enfoque, se pierde el norte: entonces el grupo imaginario se concibe implí­cita o explí­citamente como un espacio cerrado y sacralizado de fronteras densas, que no deja espacio a las personas para respirar en su interior. De la misma manera que algunas medidas de acción positiva mal enfocadas pueden terminar cristalizando los estereotipos que mantienen la desigualdad, las definiciones estrechas del grupo social, las que consideran a este grupo como la realidad misma y no como una mera representación que nos hacemos de la realidad, terminan reproduciendo las relaciones de poder y subordinación entre las personas.

Aquí­ es donde se unen el último movimiento del asimilacionismo y el del multiculturalismo; así­, por ejemplo, la ideologí­a del melting pot puede contemplarse como asimilacionista o multicultural, según el matiz que se incorpore. El matiz es la valoración de la diferencia, pero esta valoración superficial no lo es todo en un mundo de relaciones de poder desiguales. No olvidemos que el hipócrita lema sobre el que se sostení­a la segregación racial estadounidense era "separados, pero iguales". No podemos ser iguales (en dignidad) si nos separan, si no compartimos el mismo espacio ni respiramos el mismo aire.

[El contexto de las referencias anteriores sobre la triple ilusión de la identidad es:
http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2008/04/la-identidad-una-verdad-medias-i.html
http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2008/05/la-identidad-una-verdad-medias-ii.html]
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: ENNAS en Febrero 02, 2009, 10:49:59 p. m.
Salud,

Los medios de comunicación son tendenciosos y como lector de El Paí­s, le he visto pasar de una alabanza sin tasa a los extranjeros que acudí­an a España, a la sugerencia de que, no habiendo oportunidades para ellos, quizá debieran volver a sus paí­ses.

Tal era así­ que les recuerdo un reportaje buenrrollista en uno de los últimos domingos del 2007 en el que pretendí­an desmontar tópicos sobre los emigrantes, a saber: qué trabajan por menos dinero, que acaparan los servicios sociales, que se hacinan en viviendas, que aumenta la delincuencia donde se instalan... en fin, lo de siempre en estos casos. El artí­culo era tan malo, que terminaba reconociendo que todos esos tópicos eran ciertos, pero que la culpa no era de los emigrantes, sino de los españoles por no darles trabajo legal con alta en la seguridad social, o alquilarles pisos a precios imposibles.

Y ésa es la primera en la frente, a veces las percepciones a nivel de calle no engañan. Mi barrio obrero de Ciudad Lineal tení­a un pudridero en el antiguo poblado chabolista de Los Focos. Los delitos mayores y menores relacionados con la drogadicción estaban a la orden del dí­a. Reubicados que fueron los del poblado, el barrio prosperó; hasta que la llegada masiva de sudaméricanos nos ha vuelto a situar en el candelero. No hay fin de semana que no se organice alguna reyerta que suelen producirse entre mestizos del altiplano andino y mulatos de las costas del Caribe, que vaya usted a saber porqué, no se tragan. Espero no ser tildado de racista por señalar ésto.

Pero yendo a un plano más genérico y actual, encuentro que en el plazo de dos dí­as consecutivos El Paí­s saca sendos artí­culos con un denominador común, la xenofobia. Uno lo colgó Doppelgí¤nger en ¡Al rico chivo expiatorio!: Condenada a ser condenada. (http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Condenada/ser/condenada/elpepusocdmg/20090201elpdmgrep_1/Tes) El otro lo he visto hoy buscando fotos sobre el hallazgo de los restos del HMS Victory: Huelga xenófoba en Reino Unido. (http://www.elpais.com/articulo/internacional/extienden/huelgas/empleo/extranjeros/Reino/Unido/elpepuint/20090202elpepuint_8/Tes)

En dos situaciones muy distintas es el periodismo el que tira por el camino de las frases hechas. Los sucesos de Nápoles pueden explicarse de otro modo, a la gente le molesta los pedigí¼eños y éstos son tanto más numerosos cuanta más pobreza haya. No digo que no haya populismo en las medidas polí­ticas napolitanas, pero a ver cómo controlamos a un contingente de personas que no vienen a precisamente a trabajar, que no es que quieran quitarte tus tierras o tu trabajo -ninguna de las dos cosas les interesan- sólo quieren vivir de la caridad. En el caso de las centrales nucleares británicas, los trabajadores están pidiendo que no entre capital extranjero ni se contraten emigrantes habiendo trabajadores en paro: llamar a eso xenofobia es excederse un poco, es proteccionismo del de toda la vida, el que ha defendido la izquierda hasta finales del siglo XX.

En resumen creo que en gran parte el racismo y la xenofobia no existen más que en el ojo de quienes los ven. Que quien recurre a esos argumentos lo hace para ahorrarse las explicaciones, para eludir enfrentarse a una realidad más compleja. Mejor tirar de definiciones de manual por muy desfasadas que estén, parece ser su lema. Y esas simplificaciones son las verdaderamente peligrosas, porque no son erratas aisladas que caen en el olvido, se repiten diariamente hasta convencernos de que exite un problema; un problema que en realidad no es tal problema, pero en el cuál se incluyen los sucesos más diversos y distantes, sin nexo en común salvo la etiqueta que les colocamos desde fuera.

"Racismo" y "xenofobia" -entre otras- son una especie de 'agujero negro' mental. Una singularidad que absorbe la realidad que pasa cercana a ella, que altera nuestras perspectivas y nos impide reaccionar con sensatez al colocarnos en permanente estado de emergencia.

Gracias por su atención.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Febrero 04, 2009, 11:00:45 a. m.
Salud,

Los medios de comunicación son tendenciosos y como lector de El Paí­s, le he visto pasar de una alabanza sin tasa a los extranjeros que acudí­an a España, a la sugerencia de que, no habiendo oportunidades para ellos, quizá debieran volver a sus paí­ses.

Tal era así­ que les recuerdo un reportaje buenrrollista en uno de los últimos domingos del 2007 en el que pretendí­an desmontar tópicos sobre los emigrantes, a saber: qué trabajan por menos dinero, que acaparan los servicios sociales, que se hacinan en viviendas, que aumenta la delincuencia donde se instalan... en fin, lo de siempre en estos casos. El artí­culo era tan malo, que terminaba reconociendo que todos esos tópicos eran ciertos, pero que la culpa no era de los emigrantes, sino de los españoles por no darles trabajo legal con alta en la seguridad social, o alquilarles pisos a precios imposibles.

Y ésa es la primera en la frente, a veces las percepciones a nivel de calle no engañan. Mi barrio obrero de Ciudad Lineal tení­a un pudridero en el antiguo poblado chabolista de Los Focos. Los delitos mayores y menores relacionados con la drogadicción estaban a la orden del dí­a. Reubicados que fueron los del poblado, el barrio prosperó; hasta que la llegada masiva de sudaméricanos nos ha vuelto a situar en el candelero. No hay fin de semana que no se organice alguna reyerta que suelen producirse entre mestizos del altiplano andino y mulatos de las costas del Caribe, que vaya usted a saber porqué, no se tragan. Espero no ser tildado de racista por señalar ésto.

Pero yendo a un plano más genérico y actual, encuentro que en el plazo de dos dí­as consecutivos El Paí­s saca sendos artí­culos con un denominador común, la xenofobia. Uno lo colgó Doppelgí¤nger en ¡Al rico chivo expiatorio!: Condenada a ser condenada. (http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Condenada/ser/condenada/elpepusocdmg/20090201elpdmgrep_1/Tes) El otro lo he visto hoy buscando fotos sobre el hallazgo de los restos del HMS Victory: Huelga xenófoba en Reino Unido. (http://www.elpais.com/articulo/internacional/extienden/huelgas/empleo/extranjeros/Reino/Unido/elpepuint/20090202elpepuint_8/Tes)

En dos situaciones muy distintas es el periodismo el que tira por el camino de las frases hechas. Los sucesos de Nápoles pueden explicarse de otro modo, a la gente le molesta los pedigí¼eños y éstos son tanto más numerosos cuanta más pobreza haya. No digo que no haya populismo en las medidas polí­ticas napolitanas, pero a ver cómo controlamos a un contingente de personas que no vienen a precisamente a trabajar, que no es que quieran quitarte tus tierras o tu trabajo -ninguna de las dos cosas les interesan- sólo quieren vivir de la caridad. En el caso de las centrales nucleares británicas, los trabajadores están pidiendo que no entre capital extranjero ni se contraten emigrantes habiendo trabajadores en paro: llamar a eso xenofobia es excederse un poco, es proteccionismo del de toda la vida, el que ha defendido la izquierda hasta finales del siglo XX.

En resumen creo que en gran parte el racismo y la xenofobia no existen más que en el ojo de quienes los ven. Que quien recurre a esos argumentos lo hace para ahorrarse las explicaciones, para eludir enfrentarse a una realidad más compleja. Mejor tirar de definiciones de manual por muy desfasadas que estén, parece ser su lema. Y esas simplificaciones son las verdaderamente peligrosas, porque no son erratas aisladas que caen en el olvido, se repiten diariamente hasta convencernos de que exite un problema; un problema que en realidad no es tal problema, pero en el cuál se incluyen los sucesos más diversos y distantes, sin nexo en común salvo la etiqueta que les colocamos desde fuera.

"Racismo" y "xenofobia" -entre otras- son una especie de 'agujero negro' mental. Una singularidad que absorbe la realidad que pasa cercana a ella, que altera nuestras perspectivas y nos impide reaccionar con sensatez al colocarnos en permanente estado de emergencia.

Gracias por su atención.

Puede ser, pero yo no lo veo exactamente así­. El problema existe y es muy real, lo que hacemos es distorsionarlo. No es raro en el ser humano hacer proyecciones imaginarias donde pintamos visiones deformadas de nuestra realidad donde pretendemos enviar nuestras ansiedades; las batallas que tenemos las proyectamos a ese mundo imaginario y creemos que se libran allí­, donde solemos aparecer más guapos. Igual que se exageran en la "integración" los factores "culturales", se exagera en la discriminación el componente ideológico, una ideologí­a que cosificamos, que llamamos "racismo" o "xenofobia" como si fuera una esencia independiente de nuestra realidad. A partir de esta imagen, conseguimos justificarnos moralmente a nosotros mismos y el sistema de división del trabajo social se ve legitimado en sus aspectos de exclusión y explotación. Me explico como un libro cerrado, vamos a ver.

Para empezar, desde una perspectiva exageradamente individualista tendemos a plantear el racismo o la xenofobia como actitudes personales o individuales; en segundo lugar, demonizamos estas actitudes para convertirlas entonces en defectos de carácter y tiramos rápidamente para eso de la obsesión por la culpa. Los malos siempre son racistas y lo son porque son malos; los buenos nunca somos racistas y eso es porque somos buenas personas. Los racistas siempre son los otros. (http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2006/07/los-racistas-siempre-son-los-otros.html) Para huir de nuestra propia catalogación, de nuestra propia percepción deformada, demonizada y cosificada del racismo y alejar la culpa tendemos a buscar justificaciones que nos permitan legitimar lo que verdaderamente hacemos: "esto no es xenofobia, es proteccionismo", "esto no es xenofobia, es inseguridad ciudadana". Lo que nos importa es la etiqueta, si es o no xenofobia, si es o no racismo, si podemos tener la etiqueta de gente guay o tenemos que tragarnos la estigmatización de ser racistas. Así­, quedamos adormecidos y no nos preguntamos por las relaciones de explotación y exclusión, todo es un tema puramente moral, individual y basado en si Ellos o Nosotros somos malos o buenos. Y yo digo. A mí­ me importa bien poco que una conducta se pueda calificar de racista o de xenófoba o no (más me interesa, desde un punto de vista jurí­dico, si es discriminatoris). Lo que importa son sus causas y sus consecuencias.

Yo prefiero considerar al racismo y a la xenofobia de manera más amplia y con independencia de la valoración moral posterior de cada conducta concreta (no se trata de huir de la moral sino de no ser esclavos de ella en el análisis). De una manera más amplia que nos permita detectar como forman parte de nuestra naturaleza humana: la preferencia por el endogrupo, los sesgos cognitivos con las categorí­as sociales, el miedo a lo extraño, los estereotipos etc. Lo que pasa es que estas aptitudes humanas evolucionadas son muy abstracto y la clave es cómo se manifiestan, de qué maneras y qué consecuencias tienen. Desde la perspeciva moral y jurí­dica, lo que me interesa no es cuándo hay xenofobia sino cuándo sus consecuencias constituyen "discriminación" o cuando esta forma de xenofobia es peligrosa porque puede producir discriminación en el futuro. Desde la perspectiva del análisis, lo que me interesa es detectar cómo estos factores cognitivos toman forma en sociedades humanas concretas al hilo de la división del trabajo social (producción/reproducción/consumo) reproduciendo relaciones sociales de dominación/explotación o de exclusión y cuáles son sus consecuencias.

El "proteccionismo" tiene indudablemente una dimensión de preferencia endogrupal, xenofóbica, etnicista, pero es un elemento de momento inherente a nuestra estructura de estados-nación y de mercados parcialmente separados. La preferencia en la contratación de trabajadores que están ya en un mercado protegido determinado respecto a los que puedan venir de fuera puede ser una especie de discriminación, pero es una discriminación que seguramente es estructural a nuestro sistema y que está admitida por él (y es jurí­dicamente posible). Tal vez dentro de 50 o 70 años la miren con desprecio, como hoy miramos con desprecio la esclavitud, pero hoy por hoy está firmemente asentada. En todo caso, esta forma de preferencia endogrupal (primero los españoles) tiene sus matices porque no vivimos en un mercado imaginario de individuos que quieren ser contratados, sino que los inmigrantes vienen mayormente por procesos estructurales de movilización de la fuerza de trabajo, como los que permitieron la industrialización al expulsar gente del campo a la ciudad y que pueden ser criticables en sí­ mismos en la medida en que ya están reproduciendo determinadas relaciones de dominación.

Ahora bien, la historia esta de UK no era ese proteccionismo que impide la entrada de nueva fuerza de trabajo en el mercado, aunque no estoy seguro porque no he podido estar atento al tema. Parece que más bien que se defendí­a una preferencia de los INGLESES por los trabajadores inmigrados QUE YA ESTABAN ALLí. Eso no es una configuración del mercado nacional sino una consecuencia disfuncional de la reducción del ser humano a fuerza de trabajo abstracta para la máquina. Los procesos de acumulación de capital "llaman" inmigrantes, utilizándolos como fuerza de trabajo bruta con independencia de sus consecuencias sobre las personas objeto de esa movilización, que se sitúan en una posición subordinada en la división de trabajo social Y ESTO ES LO QUE REALMENTE CONFIGURA AL GRUPO ÉTNICO; posteriormente, cuando la máquina se contrae, expulsa fuerza de trabajo sobrante como si se tratara de basura y expulsa primero a los que se encuentran en una posición más subordinada y débil. Y los explotados se convierten en excluidos, en cualquier caso, objeto manipulable, materia prima antes que ser humano. Las identidades étnicas y nacionales que hacen uso de esas tendencias psicológicas a la preferencia endogrupal cumplen la función social de reproducir esta estructura de dominación. Por supuesto que es xenofobia. Pero no importa que sea xenofobia o no. Al mandar el problema a la xenofobia estamos ocultándolo, estamos poniendo una cortina de humo ideológico que esconde la estructura real de relaciones sociales.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Gipsy King en Febrero 06, 2009, 05:52:45 p. m.
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Ahora bien, la historia esta de UK no era ese proteccionismo que impide la entrada de nueva fuerza de trabajo en el mercado, aunque no estoy seguro porque no he podido estar atento al tema. Parece que más bien que se defendí­a una preferencia de los INGLESES por los trabajadores inmigrados QUE YA ESTABAN ALLí. Eso no es una configuración del mercado nacional sino una consecuencia disfuncional de la reducción del ser humano a fuerza de trabajo abstracta para la máquina. Los procesos de acumulación de capital "llaman" inmigrantes, utilizándolos como fuerza de trabajo bruta con independencia de sus consecuencias sobre las personas objeto de esa movilización, que se sitúan en una posición subordinada en la división de trabajo social Y ESTO ES LO QUE REALMENTE CONFIGURA AL GRUPO ÉTNICO; posteriormente, cuando la máquina se contrae, expulsa fuerza de trabajo sobrante como si se tratara de basura y expulsa primero a los que se encuentran en una posición más subordinada y débil. Y los explotados se convierten en excluidos, en cualquier caso, objeto manipulable, materia prima antes que ser humano. Las identidades étnicas y nacionales que hacen uso de esas tendencias psicológicas a la preferencia endogrupal cumplen la función social de reproducir esta estructura de dominación. Por supuesto que es xenofobia. Pero no importa que sea xenofobia o no. Al mandar el problema a la xenofobia estamos ocultándolo, estamos poniendo una cortina de humo ideológico que esconde la estructura real de relaciones sociales.
 
 
 

Hay muchos puntos en tu discurso sobre el racismo/xenofobia que encuentro la mar de oscuros. En este caso creo que ENNAS tiene algunos gramos de razón al separar los discursos xenófobos tradicionales de aquellos que son meramente coyunturales.
Como tú bien dices hay una serie de principios de ingenierí­a social que hacen balance de réditos obtenidos por "la marea inmigrante" y el punto a partir del cual la mano de obra extranjera pasa de escasear a sobrar. En estos momentos - todos esos momentos en los que la situación económica hace que los inmigrantes sean un lastre, no sólamente la crisis económica actual- los que antes eran aceptados con candidez se convierten de repente en enemigos y rivales, pero no podemos reducir todo a un análisis de tipo psicológico o sociologista-posicional en el que haya que rastrear los problemas de base a lo largo de una genealogí­a moral. Yo tampoco me explico.

Cito a ENNAS

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En dos situaciones muy distintas es el periodismo el que tira por el camino de las frases hechas. Los sucesos de Nápoles pueden explicarse de otro modo, a la gente le molesta los pedigí¼eños y éstos son tanto más numerosos cuanta más pobreza haya. No digo que no haya populismo en las medidas polí­ticas napolitanas, pero a ver cómo controlamos a un contingente de personas que no vienen a precisamente a trabajar, que no es que quieran quitarte tus tierras o tu trabajo -ninguna de las dos cosas les interesan- sólo quieren vivir de la caridad. En el caso de las centrales nucleares británicas, los trabajadores están pidiendo que no entre capital extranjero ni se contraten emigrantes habiendo trabajadores en paro: llamar a eso xenofobia es excederse un poco, es proteccionismo del de toda la vida, el que ha defendido la izquierda hasta finales del siglo XX.

En resumen creo que en gran parte el racismo y la xenofobia no existen más que en el ojo de quienes los ven. Que quien recurre a esos argumentos lo hace para ahorrarse las explicaciones, para eludir enfrentarse a una realidad más compleja. Mejor tirar de definiciones de manual por muy desfasadas que estén, parece ser su lema. Y esas simplificaciones son las verdaderamente peligrosas, porque no son erratas aisladas que caen en el olvido, se repiten diariamente hasta convencernos de que exite un problema; un problema que en realidad no es tal problema, pero en el cuál se incluyen los sucesos más diversos y distantes, sin nexo en común salvo la etiqueta que les colocamos desde fuera.


Y es que gran parte del problema es económico y polí­tico. Las situaciones de exclusión y marginación se pueden producir con independencia de la etnia y origen del marginado y excluido. El caso es que el estado no ha hecho los deberes en lo que respecta a polí­tica de integración, y lo que es más grave, ha incurrido en una salvaje negligencia - en realidad ha claudicado bajo la presión de bancos y patronales- a la hora de regular relaciones laborales y salariales. Yo lo veo como un proveedor de servicios que no ha ofrecido un servicio de buena calidad, y lo ha hecho de tres maneras:

-No previendo los efectos de la deflagración de una crisis económica que era casi segura. Toda crisis conlleva movimientos de exlusión y de autoafirmación étnica que pueden darse en base a los matices más absurdos. Podemos verlo, por ejemplo, en la vieja retórica de los nacionalismos ( para los cuales los obreros andaluces son bienvenidos hasta que dejan de serlo, perdón por el patinazo), o en los odios interterritoriales de miembros de culturas que ni tan siquiera se consideran "distintas" como pueda suceder en el caso de estos últimos, sino a diferencias de clase o procedencia dentro de un territorio unificado. Aquí­ podemos pensar en las tremendas migraciones que se produjeron hacia la costa Oeste durante la crisis de los años 30 en EEUU, donde los "inmigrantes" procedentes de regiones del sur profundo (Oklahoma, Arkansas, Nebraska...) eran ví­ctimas del mismo rechazo que los italianos o españoles pueden prodigar hacia gitanos y rumanos. El okie era el equivalente sureño de nuestro "moromierda".

-Al no instaurar mecanismos de absorción de la inmigración adecuados y ajustados a las necesidades económicas del paí­s. Esto viene de la mano de los motivos de la cirsis económica - desmedido afán por la obtención de réditos inmediatos, ausencia de control de la actividad bancaria, falta de restricciones en la subcontratación, ligereza en la contratación en origen- y acaba ensamblándose con lo que acabo de decir: a perro flaco todo son pulgas.



-No asegurando condiciones laborales y salariales que respondiesen a la riqueza y las caracterí­sticas del paí­s. No hay que engañarse, hay un porcentaje de inmigrantes que trabajan bajo mano o por debajo del convenio muy superior al de españoles en las mismas circunstancias. No es racismo, xenofobia ni aplicación de una caracterí­stica individual a un constructo grupal: es la ley de la gravedad tendiendo puentes con la lógica de la economí­a de mercado. Sin posibilidad de recurrir a instancias superiores el trabajador queda desprotegido. Y no hay trabajador más desprotegido que el inmigrante. **Inc- Cabrí­a preguntarse si el odio al inmigrante es un buen pretexto para tirar balones fuera cuando la incompetencia es manifiesta, tal está haciendo mi idolatrado Silvio, aunque también entraña cierto componente paranoico planificador de desastres a la Crixto**



Concluyo: no se pueden solventar los problemas de tipo discriminatorio de manera directa y de una sola vez, ni siquiera a través de un largo proceso de transformación de instituciones educativas y mediáticas, porque ante todo los sentimientos de grupo se elevan y endurecen ante la sensación de amenaza, sea esta justificada o no, acertada o no. Los pueblos más civilizados y cultivados en este sentido pierden las formas y las maneras en periodos de crisis o recesión - no es el caso de España, que nunca ha terminado de construir un sistema de protección social todo lo fuerte que debiera, ni de desarrollar una cultura de la integración adaptada a los tiempos que corren- , de la misma manera que los sentimientos de identidad colectiva aparecen o se refuerzan cuando las relaciones Ego-Alter se ponen tirantes. En el caso que nos ocupa, la única manera que veo de cortar las actitudes racistas-xenófobas es quitándoles fuerza a base de dejarlas sin puntos de apoyo en el plano material y económico. Ojo, esto depende de todos los grupos sociales, tanto del estado de acogida y de sus ciudadanos como de los grupos que se integran, intentan integrarse o se integran a regañadientes.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: ENNAS en Septiembre 20, 2009, 01:20:43 p. m.
The potlacht of the Wild Valdeoleans.

Como cada verano al llegar al pueblo de mis padres, tengo que soportar las puyas motivadas por ser yo de la capital. No soy el único. En realidad mi pueblo solo tiene cinco habitantes en invierno, en verano llegamos los emigrantes hasta juntar más de doscientos. Es entonces cuando los mozos y no tan mozos del lugar aprovechan cualquier circunstancia para quejarse de 'los de fuera que solo vení­s aquí­ unos dí­as y pretendéis mandar en todo'.

No es nuevo, ni es justo. Es en verano cuando estamos todos cuando se sacan adelante obras, proyectos, etc... en base a llamar a concejo a todos los voluntarios posibles. Pero esto los locales no lo ven o no lo quieren ver. Argumentan inconsistentemente que el gobierno no hace nada o que solo estamos allá de turismo, cuando es la acción de Protección Civil, que por falta de personal solicita ayuda voluntaria, la que hace mejorar al pueblo cada verano.

Sucede que de un tiempo a esta parte los jóvenes del municipio (en el caso de los de Cuena, conocidos mí­os) mantienen una estructura cerrada, casi sectaria hacia los de fuera. No es exclusiva de los chavales quiero insistir. Sus mayores, ante todo intento de la Comunidad Autónoma de Cantabria de mejorar y acondicionar el municipio, responden destrozando todo lo que pueden. Obsérvese la incongrí¼encia, se quejan de que no se les hace caso y ante cualquier inversión en la zona reaccionan destruyéndola.

El caso es que los zagales aprovechan cualquier posibilidad de hacerse notar, arrancan los cables de la conexión a internet, rompen los caños de las fuentes y -lo que me llevo a escribir este post- se dedican a arrojar alpacas de paja a las parrillas de barbacoa. Recriminados por su actitud, pues no se pueden encender fuegos en verano, soltaron un 'tu no eres de aquí­, así­ que no me vas a decir lo que tengo que hacer en mi casa'. Así­, como suena. Me pregunto si en su casa hacen lo mismo. Pese a lo dicho, rara vez expresan el desafí­o públicamente, se amparan en la nocturnidad para cometer sus desafueros; con lo cual quizá sea de agradecer que al menos en el caso de este 'potlacht' buscaran la provocación.

Ahora bien, quizá la cuestión sea otra, por estas cosas de la vida me he enterado que también se han metido en problemas fuera del municipio, en fiestas en otros lugares también han tenido broncas. Y allí­ no pueden decir que 'juegan de local', han ido a armarla y lo han conseguido.

Moraleja, moraleja, ¿dónde está la moraleja, ENNAS? Pues no lo se. He puesto una situación en la que siendo todos españoles hay una disfunción. No obstante, si hay un partidismo entre los que se quedaron el el terruño y los que emigramos, mal que nos pese, huyendo de la pobreza local. Lo que no quita para que a nivel personal e individual los del valle y los de fuera nos llevemos bien, colaboremos en tareas comunes, nos invitemos en los bares... Pero siempre sale esa apreciación, hecha en la confianza de las muchas libaciones, de que yo soy de capital y no tengo derecho a opinar. Para trabajar en pro del pueblo si, para participar en las decisiones no.

Quiero sugerir que el problema no es extranjeros si o extranjeros no -en este caso inmigrantes si o inmigrantes no- sino algo que nos impele a cerrar filas en torno a unos conocidos aunque éstos en ocasiones se comporten como unos impresentables, y no abrirnos 'a los de fuera' salvo que sea necesario su concurso.

Gracias por vuestra atención.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Septiembre 20, 2009, 01:59:03 p. m.
Quiero sugerir que el problema no es extranjeros si o extranjeros no -en este caso inmigrantes si o inmigrantes no- sino algo que nos impele a cerrar filas en torno a unos conocidos aunque éstos en ocasiones se comporten como unos impresentables, y no abrirnos 'a los de fuera' salvo que sea necesario su concurso.

Ese "algo" "existe". Pero ese "algo" compele a cerrar filas o a abrirlas, o a cerrar filas en uno u otro sitio y es un algo que tiene explicación. Por aquí­ intento expresarlo:

http://tiempos-interesantes.blogspot.com/2009/07/los-otros-i-solidaridad-excluyente-e.html

La forma concreta que adopta ese "algo" depende del contexto real de las relaciones sociales. Porque no hay ninguna "esencia" que determine "en abstracto" o platónicamente quiénes son "los de dentro" y quiénes son "los de fuera". Depende del contexto. Este contexto es el de la división social del trabajo, entendido trabajo del modo más amplio posible.

Por eso quiero insistir en que el tema de la "xenofobia" no es básicamente una cuestión mental o psicológica o una tendencia biológica. Por supuesto que hay una tendencia biológica y procesos mentales. Pero estos elementos abstractos se hacen carne en una realidad social determinada. Lo que hay por debajo de la xenofobia como representación o sentimiento es una diferencia social. Que, en el caso de los inmigrantes se vincula globalmente a unas relaciones de dominación o exclusión. El Ku Klux Klan y el racismo agresivo contra los negros estadounidenses se generaron con la desaparición de la esclavitud, cuando antes dominaba un racismo paternalista.

El tema que presentas del pueblo es diferente al de los inmigrantes y muy interesante desde un punto de vista antropológico. Pero no se podrí­a responder a él diciendo que "los pueblerinos destrozan las inversiones de la comunidad porque rechazan todo lo que venga de fuera". Esto no es una explicación. Puede que sea verdad en un sentido superficial, pero no es una explicación. ¿Por qué ese modo concreto de mostrar ese rechazo? Porque estoy seguro de que hay montones de pueblos donde se muestran recelosos con los de fuera pero no cometen esos destrozos. Esto es un ejemplo de cómo las falsas explicaciones "mentalistas" o "culturalistas" operan como "cajas negras" que nos impiden ir un poco más hondo.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Gipsy King en Septiembre 21, 2009, 03:25:01 p. m.
Es curioso, porque en el pueblo de mi señora madre, en el Orense profundo, han pasado por una fase de transición del estado del que habla ENNAS al nacionalismo etnocéntrico. La población joven, que en principio ha recibido mayor instrucción que la pléyade de abueletes al borde del ocaso que pueblan la aldea. Hipóstasis del fenómeno particular en categorí­a universal. Del cabreo "contigo" al teorema ideológico. El cí­rculo se cierra. Viva España y todo eso.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: ENNAS en Julio 18, 2010, 05:14:15 p. m.
República Chiuampi.

Son las gentes de las américas ardorosas defensoras de la libertad de equivocarse. Nada detestan más que el gusto ese -tan español- por el papeleo y la burocracia. Laméntanse de que para todo hay que pedir permisos.

Así­ acometen obras en sus moradas tales como la acaecida en cierta finca de Vicálvaro. Un propio, ecuatoriano por más señas, aprovechando que tení­a un bajo, se puso a excavar para hacer más amplio el habitáculo. Un manitas, un tipo apañado. Por desgracia, en su labor tocó uno de los pilares del edificio y hubo que desalojar a los veinticuatro pisos del inmueble por amenaza de derrumbamiento. Una gracia, vamos.

Este caso, si bien grave, no es distinto del de otros muchos que parcelan el patio común como si fuera suyo. Nada les solivianta más que ésa puta maní­a española de pedir permisos y licencias de obra.

Porque a éllos, como buenos americanos, nadie les dice lo que tienen que hacer en su casa, ¡hasta ahí­ podí­amos llegar! Y si quisieren organizar una 'reuniosita' de cumbia metalera hasta altas horas de la madrugada, quién son los vecinos -salvo un hatajo de racistas- para llamar a la Policí­a.

Se apropian de las canchas y parques municipales y pretenden cobrarte por su uso como si las hubieran construido éllos. Una muestra más de iniciativa empresarial de la buena. De aquella con las que pontifica la derechuza mediática.

Si tienes conocidos (yo, muchos), te invitan a hacer botellón con ellos. No lo recomiendo. Compran litronas de cerveza y ofrecen una poca en vasos de plástico para las mujeres. Acto seguido rellenan la botella con alcohol de quemar, del que venden en las farmacias.

Cuando les adviertes de que el alcohol de farmacia es tóxico te dicen que éso es solo para el que no sabe beber. Si les mencionas las intoxicaciones etí­licas, con un fatalismo digno de un ruso, se encogen de hombros y te dicen que también hay accidentes de tráfico y no por eso vamos a prohibir manejar autos. Que el que es torpe, es torpe.

"¿Y no quiere un shorritico ahí­ en su servesa, m-hiho?"
"No, no. Gracias."
"Aaaaaah, maaricón." respóndenme mientras me abrazan con cariño.

No tanta risa, en verdad ninguna, produce escuchar sus cuitas sobre los permisos de trabajo y residencia. Es imposible aclararse con el batiburillo. Incluso los más veteranos, los que más años llevan afincados en España, lo primero que preguntan a los que les solicitan consejo es en que año, e incluso en que mes llegaron.

Pues parece ser que dependiendo del momento de su arribo los requisistos cambian y lo que para unos es válido, no lo es para otros. Un guirigay. Así­ que todos éllos, indefectiblemente, te terminan dirigiendo a su abogado -generalmente un español- para aclarar dudas.

Es este sector, digo el de las gestorí­as, quién más parece haberse beneficiado con la llegada de inmigrantes que tratan de regularizar su situación en España. O al menos mientras están acá. El sueño de muchos de ellos es ahorrar dinerillos para montar una pulquerí­a -una tienda de licores creo entender, pero quizá sea un bar- en su tierra natal.

A mi me caen bien, que remedio son mis vecinos. Más allá de las noticias truculentas que protagonizan. Total mi barrio siempre tuvo mala fama desde que yo recuerde, allá a principios de la transición. Y entonces no habí­a extranjeros, solo quinquis, gitanos y drogadictos patrios.

Y si destaco ese gusto suyo por la libertad individual, la pestes que echan del burocratismo europeo, todo desde su experiencia propia, sin pontificar con autores liberales extranjeros.

Cuanto mejor éso que la empanada de lecturas mal digeridad de los derechistas españoles con los que tantos valores comparten.
Título: Re: Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dee Dee en Julio 19, 2010, 08:56:28 a. m.
He leí­do a Ennas sobre el problema que se da en su pueblo en cuanto a destrozos de los habitantes permanentes de todo aquello que huela a modernidad.

Creo que la cosa es mucho más simple.  Es gamberrismo.  No le busquemos un trasfondo de protesta kultural, cuando lo único que hacen estos grupos de jóvenes es el destrozo por el destrozo en sí­.  Sin objetivos, sin fines, sin reivindicaciones.

Es normal que las personas que viven en la localidad vean como una "amenaza" a los habitantes ocasionales, al entender que, de alguna forma y al ser mayorí­a, les minusvaloran.  Quizás sea cuestión de inmovilismo, de miedo al cambio, de endogamia, de pérdida de control, pero en ningún caso creo que está relacionado con el vandalismo que se da en todas partes, pueblos y ciudades, y que no tiene un fin último más allá del de la trasgresión de la norma.

Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Dionisio Aerofagita en Agosto 16, 2018, 01:19:10 p. m.
Entre los bulos que circulan actualmente sobre inmigrantes y refugiados en este resurgir del racismo que padecemos, me llama la atención un "tópico" o "tema mítico" que podríamos llamar "el rechazo de la ayuda". La narración consiste básicamente en un relato increíble en el que los Otros rechazan la ayuda que se les presta y además lo hacen de un modo especialmente irrespetuoso y violento. Mujeres musulmanas acuden a Cáritas a pedir comida y luego la tiran a la basura sin abrir la caja; refugiados asaltan el hotel en el que se les ha alojado gratuitamente; rescatados en el mar tiran a los contenedores la ropa que les han traído de Cruz Roja, etc.

El relato no es increíble porque los inmigrantes sean santos irreprochables (no son ni santos ni demonios, son seres humanos como nosotros). Es increíble porque la conducta que se les atribuye carece de toda racionalidad, salvo que se añada alguna circunstancia que la explique y que en la narración no se aporta. No tiene ningún sentido que "mujeres musulmanas" hagan cola en Cáritas para recoger comida que tirar inmediatamente a la basura.

Casi invariablemente, el relato increíble se hace creíble a través de un testimonio gráfico, una foto o vídeo que están sacados de otro sitio (por ejemplo, un altercado en Sudáfrica en 2015). La presencia de la Imagen proporciona de manera falaz un valor de verdad a cualquier historia que se cuente sobre ella.

En segundo lugar, el relato se hace creíble porque apela a determinadas emociones no verbalizadas que tenemos guardadas y las alimenta. Si estamos preocupados por la inmigración (ya sea porque aumenta o simplemente, como sucede ahora, porque mediáticamente se crea el acontecimiento sobre algo que ya sucedía desde hace años), podemos esconder sentimientos de odio, rechazo o miedo, que para cimentarse necesitan algún tipo de construcción ideológica verbal. La historia nos cuenta lo que emocionalmente queremos oir y, por lo tanto, no la cuestionamos racionalmente.

En este caso, el rechazo del regalo implica una ruptura violenta de la reciprocidad. Mauss nos habla de cómo las comunidades humanas vivimos con la "obligación de dar", la "obligación de recibir" y la "obligación de devolver". Negarse a estas cosas "equivale a declarar la guerra, pues es necesario el vínculo de alianza y comunión". El rechazo que se atribuye a los inmigrantes es como una declaración de guerra (como si envías emisarios a una tribu vecina con regalos y ellos matan a a los emisarios y destruyen los regalos). La clave es que esta declaración de guerra implica una ruptura de la reciprocidad, que nos exime de la obligación de dar. La historia funciona porque permite justificar el rechazo de la obligación "antropológica" de hospitalidad.

Por último, la historia se hace creíble porque juega con el mecanismo mental de la despersonalización de los Otros (que tiene una base psicológica: sesgo de homogeneidad del exogrupo). Los miembros de la mayoría social podemos vernos a nosotros mismos como individuos diferenciados y diversos. En cambio, los Otros solo pueden ser una masa informe a la que atribuir conductas arquetípicas. La conducta de un inmigrante es la conducta de todos los inmigrantes. Desde el racismo podemos verlos como demonios, desde el buenismo podemos verlos como santos o como receptores pasivos de una ayuda que nos hace superiores. Pero hay que hacer un esfuerzo mental para verlos como personas únicas que no representan a ningún colectivo.
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: PP2000 en Agosto 16, 2018, 02:20:55 p. m.
No obstante algo lleva el agua de Aguas de Sevilla que ha posibilitado un hermano cofrade como aquel general y todas y cada una de las malas experiencias que he tenido con sevillanos (cuando en mi casa es que no conocen al primero)... Dioni como es de Caí puede argumentar que el dicho Sevilla y Jeré la misma mierda é" solo es un vivo ejemplo de lo arriba expuesto.

 ;D
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Gipsy King en Agosto 21, 2018, 03:31:13 p. m.
El mensaje en B que leo yo en esas noticias es el arrancarte el brazo cuando les das la mano. Ofreces un jergón y exigen un colchón viscolastic y una mulata abanicando. Les das arroz y naranjas y piden navajas y vinos de aguja. Un relato que armoniza bien con historias más antiguas como la de los gitanos desmantelando la instalación eléctrica de los pisos de protección oficial para sacar cobre y volverse a la chabola, o el de los inmigrantes que no quieren quedarse en Grecia o Bulgaria y no aceptan nada por debajo de Suecia y Dinamarca. Que no están tan mal allí en sus países de origen, vaya, tienen mucho morro y quieren no sobrevivir sino vivir de putifa (a costa de ---- el braso industrioso del catalán pagando el PER) y todo lo que se haga para facilitar su venida caerá en saco-container roto.
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: javi en Septiembre 04, 2018, 10:23:28 p. m.
Tampoco ayuda, por ejemplo (o sí, dependiendo el bando en que se sitúe cada uno), que se haga público el coste anual de mantener a cada menor no acompañado y salga una cifra con cuatro ceros, que después pasa uno por la carretera de Amore a Durango y se pregunta qué leches hacen ahí una cincuentena de menores magrebíes dando patadas a un balón, más la decena larga que van de paseo por el arcén
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Von Scrott en Septiembre 04, 2018, 11:27:13 p. m.

Pues estarán entrenando para pagar pensiones a las abuelas de los portales de Bilbao.


Spoiler: mostrar
(https://i.imgur.com/Mydlx9Z.gif)
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: javi en Septiembre 05, 2018, 11:26:40 a. m.
No sé en el resto de medios de provincias cómo harán, pero aquí los locales actúan con mucho cuidado al dar las noticias: siempre son "jovenes", nunca "inmigrantes", "ilegales" o  "afectados por los chistes", como bien se encargan de recordar ciertos usuarios en los comentarios.

Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Casio en Septiembre 05, 2018, 02:00:12 p. m.
El movimiento Aufstehen , que se podria traducir por "En Pie" dice inspirarse en partidos como Podemos o la France Insoumise de Melenchon. Pero su posición con respecto a la inmigración se desvia de la habitual en estos partidos de la izquierda: "todos los éxitos en restringir y regular el capitalismo se han logrado dentro de estados individuales, y los estados tienen fronteras ". Su objetivo es recuperar el voto obrero que ahora marcha a la extrema derecha. 

https://www.theguardian.com/world/2018/sep/05/germanys-new-movement-a-leftist-pitch-for-the-left-behind

A ver si convenzo a Pablito de estas cosas, vestrynge está de mi lado.
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: PP2000 en Septiembre 05, 2018, 03:14:32 p. m.
Lo que hay que hacer es invadir Libia de una puta vez, que podemos tener las fronteras tranquilas con el resto de la morisma (en especial Siria ahora que Trump luce chapa No a la Guerra).
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: javi en Septiembre 05, 2018, 05:51:17 p. m.
viendo el hilo propio con las fotos de la revista que traeyonnon, a ningún país europeo se le ocurrirá mandar tropas a ese posible desastre, que si con un par de caídos en accidente se arma la marimorena, como para recibir ataúdes a decenas si las cosas se tuercen
Título: Re:Hilo sobre multikulturalismo
Publicado por: Gipsy King en Septiembre 12, 2018, 05:08:55 p. m.
El movimiento Aufstehen , que se podria traducir por "En Pie" dice inspirarse en partidos como Podemos o la France Insoumise de Melenchon. Pero su posición con respecto a la inmigración se desvia de la habitual en estos partidos de la izquierda: "todos los éxitos en restringir y regular el capitalismo se han logrado dentro de estados individuales, y los estados tienen fronteras ". Su objetivo es recuperar el voto obrero que ahora marcha a la extrema derecha. 

https://www.theguardian.com/world/2018/sep/05/germanys-new-movement-a-leftist-pitch-for-the-left-behind

A ver si convenzo a Pablito de estas cosas, vestrynge está de mi lado.

Lo vi el otro día y es bastante normal, quizir normal tácticamente; en Alemania ahora el discursito es trending topic y parece que el rechazo se va imponiendo como idea, verbigracia, normal. Aquí sospecho que un mínimo de solidaridad es aceptada generalmente. Curiosamente somos tan fachas que no nos ha calado ningún partido xenófobo ni ultra, ni le ha dado a la izquierda por gobernar coaligada a uno neonazi.

Se mezclan themas de todos modos, que diría Pitiminí: inmigración, etnia (gitanada, morisma), presión fronteriza - de hace tiempo- y las oleadas de inmigrantes climáticos y bélicos. Esto último creo que en general no está en primera plana y lo que hay es una regurgitación mezcla de A y B, con los memes sobre la invasión, los úteros colonizantes, Al Andalus y que hay que currar y al que no llora no se la maman o whatever.