Autor Tema: El Islam  (Leído 28480 veces)

JM

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El Islam
« en: Marzo 30, 2010, 08:46:56 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

EURABIA NO ES POSIBLE
Spoiler: mostrar

Redacción Ocio  |  12/02/2010
El alto í­ndice demográfico en Europa de las comunidades musulmanas —con frecuencia organizadas en barrios islamizados—, las continuas amenazas integristas a la libertad de expresión y los salvajes atentados de terrorismo indiscriminado aterrorizan a las sociedades europeas y sitúan el islamismo como problema grave.

La ceguera a la que han sido sometidas las poblaciones por sus clases polí­ticas y por la dictadura de la estupidez polí­ticamente correcta se ha convertido en un caballo de Troya de la pretensión de convertir Europa en Eurabia. Los ciudadanos europeos ya no están dispuestos a seguir las consignas, ni a dejarse atenazar por descalificaciones. Ven el peligro y quieren saber. ¿Encuentran los terroristas sentido a sus terribles atentados en El Corán? La respuesta afirmativa precisa pocos matices. La islámica no es una religión, o en todo caso es una religión de odio, que en su texto canónico hace de continuo apologí­a del crimen y el genocidio. La libertad religiosa no ampara lo que se predica en las mezquitas. Además, la integración de los musulmanes ha resultado un completo fracaso en toda Europa. ¿Es por culpa de la xenofobia de los europeos, como de continuo dicen los polí­ticos y los intelectualoides a sueldo? Es difí­cil concebir una mentalidad más xenófoba y racista que la islámica. Ha llegado la hora de defender la civilización occidental, la única, basada en la libertad y en la dignidad personal de hombres y mujeres, y de hacerlo con la verdad por delante, con argumentos racionales y con información abundante y fidedigna. Para cumplir ese objetivo se publica «Islam, visión crí­tica ». Su lectura le resultará esclarecedora y no le dejará indiferente.

Islam, Visión crí­tica
 Enrique de Diego
Rambla


Alarmante demografí­a
Los datos demográficos europeos resultan, ciertamente, alarmantes respecto a la posibilidad de un cambio poblacional que haga a Europa irreconocible en un futuro próximo. El dirigente libio Gadafi ha afirmado que “hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de cincuenta millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.
    Las previsiones del gobierno alemán apuntan a que los cincuenta y dos millones de musulmanes que habitan en Europa pueden duplicarse en pocas décadas. Francia tiene una tasa de natalidad del 1,8, mientras las familias musulmanas francesas multiplican la tasa hasta llegar al 8,1, En el Sur de Francia, ya hay tantas mezquitas como iglesias católicas. El 30% de los jóvenes menores de 30 años que viven en la zona septentrional de Francia son musulmanes. En ciudades como Niza, Marsella o Parí­s se eleva al 45%. En 2027 uno de cada cinco franceses será musulmán.
   En los últimos treinta años, la población musulmana de Gran Bretaña ha crecido desde los 82.000 a los dos millones y medio de musulmanes. El incremento ha sido de 30 veces el número inicial. En Reino Unido se cuentan más de 1.000 mezquitas.
   En Holanda, el 50% de los recién nacidos son musulmanes y en sólo 15 años la mitad de la población holandesa será musulmana. En Bélgica, el 25% de su población ya es musulmana y el 50% de los recién nacidos. En Rusia hay más de 23 millones de musulmanes lo que significa que uno de cada cinco rusos es musulmán. Con esta progresión, el 40% del ejército ruso será islámico en pocos años.
   Se conjugan, pues, dos fenómenos: el decaimiento demográfico de los cristianos europeos, con el dinamismo de los musulmanes. El primero ha venido marcado por la extensión del hedonismo, por la desestructuración de las familias y por la extensión de la cultura de la muerte, con fuertes incrementos del aborto. Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.
   La exaltación del éxito profesional en detrimento de los valores familiares, la incorporación masiva al mercado de trabajo de las mujeres, sin plasmación de opciones reales de conciliación familiar, han actuado como vectores a favor de la espectacular caí­da de la natalidad.
   El mismo modelo europeo denominado de Estado de bienestar, con alta intervención del Estado en la vida de las personas y fuerte expoliación de las clases medias, conjugado con intensos entramados de cultura de la subvención, ha favorecido los dos fenómeno contrapuestos. el de la caí­da demográfica de los occidentales y el del incremento de la de los islámicos. En el primer caso, el valor hijo se ha disparado exponencialmente, pues, con frecuencia, las familias responsables se ven obligadas a acudir a centros educativos o sanitarios privados, de alto coste, al tiempo que la presión fiscal no ha hecho otra cosa que subir, de modo que esos fondos sirven para financiar, mediante subvenciones, el incremento demográfico de los musulmanes, que entran dentro de los baremos establecidos por las clases polí­ticas para ser beneficiarios de las ayudas estatales. Los europeos, en total contrasentido, están financiando la expansión islámica.
   De hecho, la oferta de sanidad y educación gratuitas es el más poderoso efecto llamada para una inmigración no relacionada con el mercado de trabajo, dispuesta a vivir en guetos, sostenidos por ayudas públicas, La crisis económica es la quiebra de muchas de estas contradicciones y ofrece, en su tremendo dramatismo, posibilidades de transformaciones de un modelo inviable, marcado por la hipertrofia polí­tica y burocrática, y la expoliación de las clases medias.
    El término ‘musulmanes’ utilizado en los estudios demográficos precisa algunas matizaciones obvias. Los musulmanes no constituyen una unidad homogénea, o mucho menos de lo aparente. Existe una enconada y muy virulenta división entre suní­es y chí­ies, según la opción originaria por la monarquí­a electiva, los primeros o la hereditaria, los segundos. Por supuesto, las diferencias nacionales son muy intensas, por ejemplo entre marroquí­es y argelinos. Turcos y árabes se odian. Los integristas consideran a la inmensa mayorí­a de los musulmanes como apóstatas. No ha habido gentes más dadas a la inestabilidad polí­tica y a la guerra civil que los musulmanes.
   Por de pronto, el islamismo implica un fuerte componente racial, no demasiado conocido. El pueblo elegido propiamente son los descendientes de Ismael, los árabes, siendo el resto, musulmanes de segunda. El idioma santo, en el único en el que puede leerse, aprenderse y recitarse de memoria El Corán es el árabe.
    Las dificultades para la estabilidad polí­tica y la convivencia humana son extremas porque incapaz de establecer el islamismo diferencias entre el Estado y la religión, y siendo Alá absoluto detentador del poder, la capacidad para establecer éste en el terreno humano sobre alguna base mí­nimamente firme son escasas, por no decir nulas. De manera constante las poblaciones musulmanas han tendido a la tiraní­a y a formas autoritarias de gobierno, que han dado lugar a constantes explosiones de violencia. De hecho, el islamismo ni tan siquiera ha conseguido superar las formas tribales de organización.
 
La pujanza islámica, puro espejismo
    El dinamismo demográfico o la visión imperialista que se desprende de la cita de Gadafi no han de confundirse con una pujanza islámica. Podrí­a decirse que es precisamente el mundo musulmán el que vive una decadencia muy acusada. Desde los años veinte del siglo pasado carece de califa. Es un mundo depresivo y atenazado por intensos complejos, que percibe la superioridad de Occidente de manera angustiosa.
   La ausencia de califa es de una gravedad extrema y el suicidio personal de los terroristas implica simbólicamente el suicidio colectivo, una forma muy intensa de nihilismo y depresión colectiva, cuanto menos en algunos grupos, de forma que los integristas consideran esa situación de vací­o el fruto de la culpa del alejamiento religioso y la apostasí­a de los gobiernos y de las poblaciones musulmanas. El integrismo implica una guerra civil interna.
   Las sociedades musulmanas son conscientes de que, desde hace siglos, han vivido en el anquilosamiento y no han aportado nada en el campo de los descubrimientos cientí­ficos, algo que, sin duda, es consecuencia de las tendencias ultraconservadoras y fosilizantes del islamismo, cuya ortodoxia llevarí­a a la prohibición de todo libro que no sea El Corán y que, desde hace siglos, ha condenado la teologí­a y la filosofí­a, el raciocinio en general, de forma que la enseñanza en las escuelas coránicas o madrasas es, básicamente, un lavado de cerebro: la repetición cansina y recurrente de unos textos que no pueden glosarse, ni debatirse.
   También es notorio que las sociedades musulmanas tienen una escasa relevancia económica, fuera de las reservas petrolí­feras que se encuentran en el subsuelo desértico de algunas de las naciones islámicas. No siempre fueron desiertos sus territorios. El Norte de ífrica -Egipto y Túnez- era el granero del Imperio Romano. El vergel de Israel está rodeado de extensos territorios yermos. La misma riqueza del petróleo no ha producido tejidos industriales, ni economí­as fuertes, aunque sí­ algunas de las mayores acumulaciones personales de riqueza del planeta. Sin el consumo occidental del petróleo, las naciones musulmanas decaerí­an rápidamente y no podrí­an sostener, ni mí­nimamente, sus actuales niveles de población.
   De hecho, es preciso insistir en que esos cincuenta millones de musulmanes que viven en Europa han tenido que marcharse de sus naciones porque carecí­an de posibilidades de salir adelante. Su misma supervivencia depende del mantenimiento de los valores occidentales de libertad que han dado lugar a la libre empresa –hoy tan mediatizada en la decadente Europa intervencionista y burocratizada- y al despliegue económico, con sus adelantos técnicos y altos estándares de calidad de vida.


Dado que en este foro no hay un hilo especialmente dedicado al tema del Islam he pensado en abrirlo para que cada cual pueda expresar lo que piensa de ello.

Ya se que para algunos personajes, este será el hilo donde lanzar sapos y culebras cuando lo encuentren conveniente, pero bueno, es lo que hay, cada cual piensa de su manera.


Por otro lado es interesante ver, en el texto del spoiler, cuales son a juicio del autor, las causas no ya de la pujanza demográfica islámica, sino del descenso en picado de la europea, solo resaltar esta frase :

Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.

En fin. Por mi parte solo señalar que he estado en bastantes paises islamicos, que en ninguno he tenido el mas minimo problema y que he sido tratado con una hospitalidad que ya me gustaria encontrar en otras partes. Ahora bien, si vas alla, tienes que adaptarte a su forma de vida, a sus costumbres y a su cultura, que es lo único que yo les pido a ellos y a todos los que aqui vienen en busca de una vida mejor que la que tienen en sus lugares de origen, que si vienen aqui se adapten a nuestar forma de vida, que no pretendan que seamos nosotros quienes debamos cambiar nustra forma de vida para adaptarnos a la suya y si esta no les gusta, pues el mundo es muy grande y nadie les obliga a quedarse.


Venga. Ya pueden entrar a saco a destripar.



In God we trust (sometimes, some pictures: http://www.areopago.eu/index.php?topic=888.msg574445#msg574445 )... (C) Extineo

Glate

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Re: El Islam
« Respuesta #1 en: Marzo 30, 2010, 08:50:16 pm »
Sí­, hombre, ahora que empieza el Bayern-Manchester.

JM

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Re: El Islam
« Respuesta #2 en: Marzo 30, 2010, 08:53:38 pm »
 :D

Elegí­ un mal momento para postear ...


In God we trust (sometimes, some pictures: http://www.areopago.eu/index.php?topic=888.msg574445#msg574445 )... (C) Extineo

Imparable

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Re: El Islam
« Respuesta #3 en: Marzo 30, 2010, 09:37:04 pm »
Citar
También la secularización y descristianización del viejo Continente.

No creo que esto sea un problema. Precisamente deberí­a ser uno de los principales puntos a defender en la lucha contra la islamización de Europa. Llevamos más de 200 años alejándonos de la Iglesia y de la intervención de la Religión en asuntos de Estado. Esto ha funcionado bien durante mucho tiempo. De hecho, ha sido más positivo que negativo durante casi 200 de los 220 años que llevamos de mundo contemporáneo. El problema es que el vací­o dejado por la religión no se ha defendido, sino que el desdén por el cristianismo ha derivado en desdén por despreciar también a las otras religiones. Los soviéticos, nazis, masones y algunas otras ideologí­as entendieron la necesidad de plantar cara a las religiones tradicionales y lo hicieron. Pero en el mundo actual es cada vez más complicado tomar medidas contra la expansión del Islam mientras cada dí­a se pretende facilitar tomarlas contra la perpetuación del cristianismo en cualquiera de sus formas.

problemaS

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Re: El Islam
« Respuesta #4 en: Marzo 30, 2010, 10:00:07 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

EURABIA NO ES POSIBLE
Spoiler: mostrar

Redacción Ocio  |  12/02/2010
El alto í­ndice demográfico en Europa de las comunidades musulmanas —con frecuencia organizadas en barrios islamizados—, las continuas amenazas integristas a la libertad de expresión y los salvajes atentados de terrorismo indiscriminado aterrorizan a las sociedades europeas y sitúan el islamismo como problema grave.

La ceguera a la que han sido sometidas las poblaciones por sus clases polí­ticas y por la dictadura de la estupidez polí­ticamente correcta se ha convertido en un caballo de Troya de la pretensión de convertir Europa en Eurabia. Los ciudadanos europeos ya no están dispuestos a seguir las consignas, ni a dejarse atenazar por descalificaciones. Ven el peligro y quieren saber. ¿Encuentran los terroristas sentido a sus terribles atentados en El Corán? La respuesta afirmativa precisa pocos matices. La islámica no es una religión, o en todo caso es una religión de odio, que en su texto canónico hace de continuo apologí­a del crimen y el genocidio. La libertad religiosa no ampara lo que se predica en las mezquitas. Además, la integración de los musulmanes ha resultado un completo fracaso en toda Europa. ¿Es por culpa de la xenofobia de los europeos, como de continuo dicen los polí­ticos y los intelectualoides a sueldo? Es difí­cil concebir una mentalidad más xenófoba y racista que la islámica. Ha llegado la hora de defender la civilización occidental, la única, basada en la libertad y en la dignidad personal de hombres y mujeres, y de hacerlo con la verdad por delante, con argumentos racionales y con información abundante y fidedigna. Para cumplir ese objetivo se publica «Islam, visión crí­tica ». Su lectura le resultará esclarecedora y no le dejará indiferente.

Islam, Visión crí­tica
 Enrique de Diego
Rambla


Alarmante demografí­a
Los datos demográficos europeos resultan, ciertamente, alarmantes respecto a la posibilidad de un cambio poblacional que haga a Europa irreconocible en un futuro próximo. El dirigente libio Gadafi ha afirmado que “hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de cincuenta millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.
    Las previsiones del gobierno alemán apuntan a que los cincuenta y dos millones de musulmanes que habitan en Europa pueden duplicarse en pocas décadas. Francia tiene una tasa de natalidad del 1,8, mientras las familias musulmanas francesas multiplican la tasa hasta llegar al 8,1, En el Sur de Francia, ya hay tantas mezquitas como iglesias católicas. El 30% de los jóvenes menores de 30 años que viven en la zona septentrional de Francia son musulmanes. En ciudades como Niza, Marsella o Parí­s se eleva al 45%. En 2027 uno de cada cinco franceses será musulmán.
   En los últimos treinta años, la población musulmana de Gran Bretaña ha crecido desde los 82.000 a los dos millones y medio de musulmanes. El incremento ha sido de 30 veces el número inicial. En Reino Unido se cuentan más de 1.000 mezquitas.
   En Holanda, el 50% de los recién nacidos son musulmanes y en sólo 15 años la mitad de la población holandesa será musulmana. En Bélgica, el 25% de su población ya es musulmana y el 50% de los recién nacidos. En Rusia hay más de 23 millones de musulmanes lo que significa que uno de cada cinco rusos es musulmán. Con esta progresión, el 40% del ejército ruso será islámico en pocos años.
   Se conjugan, pues, dos fenómenos: el decaimiento demográfico de los cristianos europeos, con el dinamismo de los musulmanes. El primero ha venido marcado por la extensión del hedonismo, por la desestructuración de las familias y por la extensión de la cultura de la muerte, con fuertes incrementos del aborto. Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.
   La exaltación del éxito profesional en detrimento de los valores familiares, la incorporación masiva al mercado de trabajo de las mujeres, sin plasmación de opciones reales de conciliación familiar, han actuado como vectores a favor de la espectacular caí­da de la natalidad.
   El mismo modelo europeo denominado de Estado de bienestar, con alta intervención del Estado en la vida de las personas y fuerte expoliación de las clases medias, conjugado con intensos entramados de cultura de la subvención, ha favorecido los dos fenómeno contrapuestos. el de la caí­da demográfica de los occidentales y el del incremento de la de los islámicos. En el primer caso, el valor hijo se ha disparado exponencialmente, pues, con frecuencia, las familias responsables se ven obligadas a acudir a centros educativos o sanitarios privados, de alto coste, al tiempo que la presión fiscal no ha hecho otra cosa que subir, de modo que esos fondos sirven para financiar, mediante subvenciones, el incremento demográfico de los musulmanes, que entran dentro de los baremos establecidos por las clases polí­ticas para ser beneficiarios de las ayudas estatales. Los europeos, en total contrasentido, están financiando la expansión islámica.
   De hecho, la oferta de sanidad y educación gratuitas es el más poderoso efecto llamada para una inmigración no relacionada con el mercado de trabajo, dispuesta a vivir en guetos, sostenidos por ayudas públicas, La crisis económica es la quiebra de muchas de estas contradicciones y ofrece, en su tremendo dramatismo, posibilidades de transformaciones de un modelo inviable, marcado por la hipertrofia polí­tica y burocrática, y la expoliación de las clases medias.
    El término ‘musulmanes’ utilizado en los estudios demográficos precisa algunas matizaciones obvias. Los musulmanes no constituyen una unidad homogénea, o mucho menos de lo aparente. Existe una enconada y muy virulenta división entre suní­es y chí­ies, según la opción originaria por la monarquí­a electiva, los primeros o la hereditaria, los segundos. Por supuesto, las diferencias nacionales son muy intensas, por ejemplo entre marroquí­es y argelinos. Turcos y árabes se odian. Los integristas consideran a la inmensa mayorí­a de los musulmanes como apóstatas. No ha habido gentes más dadas a la inestabilidad polí­tica y a la guerra civil que los musulmanes.
   Por de pronto, el islamismo implica un fuerte componente racial, no demasiado conocido. El pueblo elegido propiamente son los descendientes de Ismael, los árabes, siendo el resto, musulmanes de segunda. El idioma santo, en el único en el que puede leerse, aprenderse y recitarse de memoria El Corán es el árabe.
    Las dificultades para la estabilidad polí­tica y la convivencia humana son extremas porque incapaz de establecer el islamismo diferencias entre el Estado y la religión, y siendo Alá absoluto detentador del poder, la capacidad para establecer éste en el terreno humano sobre alguna base mí­nimamente firme son escasas, por no decir nulas. De manera constante las poblaciones musulmanas han tendido a la tiraní­a y a formas autoritarias de gobierno, que han dado lugar a constantes explosiones de violencia. De hecho, el islamismo ni tan siquiera ha conseguido superar las formas tribales de organización.
 
La pujanza islámica, puro espejismo
    El dinamismo demográfico o la visión imperialista que se desprende de la cita de Gadafi no han de confundirse con una pujanza islámica. Podrí­a decirse que es precisamente el mundo musulmán el que vive una decadencia muy acusada. Desde los años veinte del siglo pasado carece de califa. Es un mundo depresivo y atenazado por intensos complejos, que percibe la superioridad de Occidente de manera angustiosa.
   La ausencia de califa es de una gravedad extrema y el suicidio personal de los terroristas implica simbólicamente el suicidio colectivo, una forma muy intensa de nihilismo y depresión colectiva, cuanto menos en algunos grupos, de forma que los integristas consideran esa situación de vací­o el fruto de la culpa del alejamiento religioso y la apostasí­a de los gobiernos y de las poblaciones musulmanas. El integrismo implica una guerra civil interna.
   Las sociedades musulmanas son conscientes de que, desde hace siglos, han vivido en el anquilosamiento y no han aportado nada en el campo de los descubrimientos cientí­ficos, algo que, sin duda, es consecuencia de las tendencias ultraconservadoras y fosilizantes del islamismo, cuya ortodoxia llevarí­a a la prohibición de todo libro que no sea El Corán y que, desde hace siglos, ha condenado la teologí­a y la filosofí­a, el raciocinio en general, de forma que la enseñanza en las escuelas coránicas o madrasas es, básicamente, un lavado de cerebro: la repetición cansina y recurrente de unos textos que no pueden glosarse, ni debatirse.
   También es notorio que las sociedades musulmanas tienen una escasa relevancia económica, fuera de las reservas petrolí­feras que se encuentran en el subsuelo desértico de algunas de las naciones islámicas. No siempre fueron desiertos sus territorios. El Norte de ífrica -Egipto y Túnez- era el granero del Imperio Romano. El vergel de Israel está rodeado de extensos territorios yermos. La misma riqueza del petróleo no ha producido tejidos industriales, ni economí­as fuertes, aunque sí­ algunas de las mayores acumulaciones personales de riqueza del planeta. Sin el consumo occidental del petróleo, las naciones musulmanas decaerí­an rápidamente y no podrí­an sostener, ni mí­nimamente, sus actuales niveles de población.
   De hecho, es preciso insistir en que esos cincuenta millones de musulmanes que viven en Europa han tenido que marcharse de sus naciones porque carecí­an de posibilidades de salir adelante. Su misma supervivencia depende del mantenimiento de los valores occidentales de libertad que han dado lugar a la libre empresa –hoy tan mediatizada en la decadente Europa intervencionista y burocratizada- y al despliegue económico, con sus adelantos técnicos y altos estándares de calidad de vida.


Dado que en este foro no hay un hilo especialmente dedicado al tema del Islam he pensado en abrirlo para que cada cual pueda expresar lo que piensa de ello.

Ya se que para algunos personajes, este será el hilo donde lanzar sapos y culebras cuando lo encuentren conveniente, pero bueno, es lo que hay, cada cual piensa de su manera.

Por otro lado es interesante ver, en el texto del spoiler, cuales son a juicio del autor, las causas no ya de la pujanza demográfica islámica, sino del descenso en picado de la europea, solo resaltar esta frase :

Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.

Qué maní­a con culpar de todo a los ecologistas o al ecologismo, al feminismo radical y a los maricones. Y sin embargo, como siempre el capitalismo destructor de la familia y de la comunidad nunca es culpa de nada.

Por el capital les descolonizamos de mala manera, dejando en el poder a dictadores y sátrapas que accediesen a vendernos baratito su petróleo, por el capital necesitamos en Europa una nueva subclase proletaria y por eso vinieron en masa.

30 de marzo, Dí­a del Capitalismo Tiene la Culpa de (Casi) Todo. Y no es broma.
No vemos las cosas como son, sino como somos.

kim

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Re: El Islam
« Respuesta #5 en: Marzo 30, 2010, 10:08:07 pm »
No he sido capaz de leer más allá de esa especie de presentación del resto del artí­culo y con eso ya he tenido bastante.

¿De dónde has sacado eso, Willy? Por esquivarlo, más que nada.
Perdona si te he dado la impresión de que me importa lo que dices.

Je suis Charlie, pero solo la puntita.

Bestiajez

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Re: El Islam
« Respuesta #6 en: Marzo 30, 2010, 10:23:07 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

En fin. Por mi parte solo señalar que he estado en bastantes paises islamicos, que en ninguno he tenido el mas minimo problema y que he sido tratado con una hospitalidad que ya me gustaria encontrar en otras partes. Ahora bien, si vas alla, tienes que adaptarte a su forma de vida, a sus costumbres y a su cultura, que es lo único que yo les pido a ellos y a todos los que aqui vienen en busca de una vida mejor que la que tienen en sus lugares de origen, que si vienen aqui se adapten a nuestar forma de vida, que no pretendan que seamos nosotros quienes debamos cambiar nustra forma de vida para adaptarnos a la suya y si esta no les gusta, pues el mundo es muy grande y nadie les obliga a quedarse.


Venga. Ya pueden entrar a saco a destripar.


Una vez que los aceptas, si tienes que cambiar tu modo de vida porque ellos no van a dejar su religión. La apostasí­a en el Islam implica condena a muerte.











Bestiajez

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Re: El Islam
« Respuesta #7 en: Marzo 30, 2010, 10:28:39 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

EURABIA NO ES POSIBLE
Spoiler: mostrar

Redacción Ocio  |  12/02/2010
El alto í­ndice demográfico en Europa de las comunidades musulmanas —con frecuencia organizadas en barrios islamizados—, las continuas amenazas integristas a la libertad de expresión y los salvajes atentados de terrorismo indiscriminado aterrorizan a las sociedades europeas y sitúan el islamismo como problema grave.

La ceguera a la que han sido sometidas las poblaciones por sus clases polí­ticas y por la dictadura de la estupidez polí­ticamente correcta se ha convertido en un caballo de Troya de la pretensión de convertir Europa en Eurabia. Los ciudadanos europeos ya no están dispuestos a seguir las consignas, ni a dejarse atenazar por descalificaciones. Ven el peligro y quieren saber. ¿Encuentran los terroristas sentido a sus terribles atentados en El Corán? La respuesta afirmativa precisa pocos matices. La islámica no es una religión, o en todo caso es una religión de odio, que en su texto canónico hace de continuo apologí­a del crimen y el genocidio. La libertad religiosa no ampara lo que se predica en las mezquitas. Además, la integración de los musulmanes ha resultado un completo fracaso en toda Europa. ¿Es por culpa de la xenofobia de los europeos, como de continuo dicen los polí­ticos y los intelectualoides a sueldo? Es difí­cil concebir una mentalidad más xenófoba y racista que la islámica. Ha llegado la hora de defender la civilización occidental, la única, basada en la libertad y en la dignidad personal de hombres y mujeres, y de hacerlo con la verdad por delante, con argumentos racionales y con información abundante y fidedigna. Para cumplir ese objetivo se publica «Islam, visión crí­tica ». Su lectura le resultará esclarecedora y no le dejará indiferente.

Islam, Visión crí­tica
 Enrique de Diego
Rambla


Alarmante demografí­a
Los datos demográficos europeos resultan, ciertamente, alarmantes respecto a la posibilidad de un cambio poblacional que haga a Europa irreconocible en un futuro próximo. El dirigente libio Gadafi ha afirmado que “hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de cincuenta millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.
    Las previsiones del gobierno alemán apuntan a que los cincuenta y dos millones de musulmanes que habitan en Europa pueden duplicarse en pocas décadas. Francia tiene una tasa de natalidad del 1,8, mientras las familias musulmanas francesas multiplican la tasa hasta llegar al 8,1, En el Sur de Francia, ya hay tantas mezquitas como iglesias católicas. El 30% de los jóvenes menores de 30 años que viven en la zona septentrional de Francia son musulmanes. En ciudades como Niza, Marsella o Parí­s se eleva al 45%. En 2027 uno de cada cinco franceses será musulmán.
   En los últimos treinta años, la población musulmana de Gran Bretaña ha crecido desde los 82.000 a los dos millones y medio de musulmanes. El incremento ha sido de 30 veces el número inicial. En Reino Unido se cuentan más de 1.000 mezquitas.
   En Holanda, el 50% de los recién nacidos son musulmanes y en sólo 15 años la mitad de la población holandesa será musulmana. En Bélgica, el 25% de su población ya es musulmana y el 50% de los recién nacidos. En Rusia hay más de 23 millones de musulmanes lo que significa que uno de cada cinco rusos es musulmán. Con esta progresión, el 40% del ejército ruso será islámico en pocos años.
   Se conjugan, pues, dos fenómenos: el decaimiento demográfico de los cristianos europeos, con el dinamismo de los musulmanes. El primero ha venido marcado por la extensión del hedonismo, por la desestructuración de las familias y por la extensión de la cultura de la muerte, con fuertes incrementos del aborto. Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.
   La exaltación del éxito profesional en detrimento de los valores familiares, la incorporación masiva al mercado de trabajo de las mujeres, sin plasmación de opciones reales de conciliación familiar, han actuado como vectores a favor de la espectacular caí­da de la natalidad.
   El mismo modelo europeo denominado de Estado de bienestar, con alta intervención del Estado en la vida de las personas y fuerte expoliación de las clases medias, conjugado con intensos entramados de cultura de la subvención, ha favorecido los dos fenómeno contrapuestos. el de la caí­da demográfica de los occidentales y el del incremento de la de los islámicos. En el primer caso, el valor hijo se ha disparado exponencialmente, pues, con frecuencia, las familias responsables se ven obligadas a acudir a centros educativos o sanitarios privados, de alto coste, al tiempo que la presión fiscal no ha hecho otra cosa que subir, de modo que esos fondos sirven para financiar, mediante subvenciones, el incremento demográfico de los musulmanes, que entran dentro de los baremos establecidos por las clases polí­ticas para ser beneficiarios de las ayudas estatales. Los europeos, en total contrasentido, están financiando la expansión islámica.
   De hecho, la oferta de sanidad y educación gratuitas es el más poderoso efecto llamada para una inmigración no relacionada con el mercado de trabajo, dispuesta a vivir en guetos, sostenidos por ayudas públicas, La crisis económica es la quiebra de muchas de estas contradicciones y ofrece, en su tremendo dramatismo, posibilidades de transformaciones de un modelo inviable, marcado por la hipertrofia polí­tica y burocrática, y la expoliación de las clases medias.
    El término ‘musulmanes’ utilizado en los estudios demográficos precisa algunas matizaciones obvias. Los musulmanes no constituyen una unidad homogénea, o mucho menos de lo aparente. Existe una enconada y muy virulenta división entre suní­es y chí­ies, según la opción originaria por la monarquí­a electiva, los primeros o la hereditaria, los segundos. Por supuesto, las diferencias nacionales son muy intensas, por ejemplo entre marroquí­es y argelinos. Turcos y árabes se odian. Los integristas consideran a la inmensa mayorí­a de los musulmanes como apóstatas. No ha habido gentes más dadas a la inestabilidad polí­tica y a la guerra civil que los musulmanes.
   Por de pronto, el islamismo implica un fuerte componente racial, no demasiado conocido. El pueblo elegido propiamente son los descendientes de Ismael, los árabes, siendo el resto, musulmanes de segunda. El idioma santo, en el único en el que puede leerse, aprenderse y recitarse de memoria El Corán es el árabe.
    Las dificultades para la estabilidad polí­tica y la convivencia humana son extremas porque incapaz de establecer el islamismo diferencias entre el Estado y la religión, y siendo Alá absoluto detentador del poder, la capacidad para establecer éste en el terreno humano sobre alguna base mí­nimamente firme son escasas, por no decir nulas. De manera constante las poblaciones musulmanas han tendido a la tiraní­a y a formas autoritarias de gobierno, que han dado lugar a constantes explosiones de violencia. De hecho, el islamismo ni tan siquiera ha conseguido superar las formas tribales de organización.
 
La pujanza islámica, puro espejismo
    El dinamismo demográfico o la visión imperialista que se desprende de la cita de Gadafi no han de confundirse con una pujanza islámica. Podrí­a decirse que es precisamente el mundo musulmán el que vive una decadencia muy acusada. Desde los años veinte del siglo pasado carece de califa. Es un mundo depresivo y atenazado por intensos complejos, que percibe la superioridad de Occidente de manera angustiosa.
   La ausencia de califa es de una gravedad extrema y el suicidio personal de los terroristas implica simbólicamente el suicidio colectivo, una forma muy intensa de nihilismo y depresión colectiva, cuanto menos en algunos grupos, de forma que los integristas consideran esa situación de vací­o el fruto de la culpa del alejamiento religioso y la apostasí­a de los gobiernos y de las poblaciones musulmanas. El integrismo implica una guerra civil interna.
   Las sociedades musulmanas son conscientes de que, desde hace siglos, han vivido en el anquilosamiento y no han aportado nada en el campo de los descubrimientos cientí­ficos, algo que, sin duda, es consecuencia de las tendencias ultraconservadoras y fosilizantes del islamismo, cuya ortodoxia llevarí­a a la prohibición de todo libro que no sea El Corán y que, desde hace siglos, ha condenado la teologí­a y la filosofí­a, el raciocinio en general, de forma que la enseñanza en las escuelas coránicas o madrasas es, básicamente, un lavado de cerebro: la repetición cansina y recurrente de unos textos que no pueden glosarse, ni debatirse.
   También es notorio que las sociedades musulmanas tienen una escasa relevancia económica, fuera de las reservas petrolí­feras que se encuentran en el subsuelo desértico de algunas de las naciones islámicas. No siempre fueron desiertos sus territorios. El Norte de ífrica -Egipto y Túnez- era el granero del Imperio Romano. El vergel de Israel está rodeado de extensos territorios yermos. La misma riqueza del petróleo no ha producido tejidos industriales, ni economí­as fuertes, aunque sí­ algunas de las mayores acumulaciones personales de riqueza del planeta. Sin el consumo occidental del petróleo, las naciones musulmanas decaerí­an rápidamente y no podrí­an sostener, ni mí­nimamente, sus actuales niveles de población.
   De hecho, es preciso insistir en que esos cincuenta millones de musulmanes que viven en Europa han tenido que marcharse de sus naciones porque carecí­an de posibilidades de salir adelante. Su misma supervivencia depende del mantenimiento de los valores occidentales de libertad que han dado lugar a la libre empresa –hoy tan mediatizada en la decadente Europa intervencionista y burocratizada- y al despliegue económico, con sus adelantos técnicos y altos estándares de calidad de vida.


Dado que en este foro no hay un hilo especialmente dedicado al tema del Islam he pensado en abrirlo para que cada cual pueda expresar lo que piensa de ello.

Ya se que para algunos personajes, este será el hilo donde lanzar sapos y culebras cuando lo encuentren conveniente, pero bueno, es lo que hay, cada cual piensa de su manera.

Por otro lado es interesante ver, en el texto del spoiler, cuales son a juicio del autor, las causas no ya de la pujanza demográfica islámica, sino del descenso en picado de la europea, solo resaltar esta frase :

Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.

Qué maní­a con culpar de todo a los ecologistas o al ecologismo, al feminismo radical y a los maricones. Y sin embargo, como siempre el capitalismo destructor de la familia y de la comunidad nunca es culpa de nada.

Por el capital les descolonizamos de mala manera, dejando en el poder a dictadores y sátrapas que accediesen a vendernos baratito su petróleo, por el capital necesitamos en Europa una nueva subclase proletaria y por eso vinieron en masa.

30 de marzo, Dí­a del Capitalismo Tiene la Culpa de (Casi) Todo. Y no es broma.

Acabemos con el capitalismo y volvamos a vivir como cazadores recolectores en los bosques.

Abajo la civilizacion!


Zimm...

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Re: El Islam
« Respuesta #8 en: Marzo 30, 2010, 10:35:04 pm »
El artí­culo ese viene a contar su rollito, me parece a mí­. Sinceramente, dado el tono, hasta desconfí­o de los datos demográficos que ofrece, al menos de cómo los presenta. Por cierto, prefiero el capitalismo antes que cualquier religión.
I found it in the street/ At first I did not see/ Lying at my feet/ A trampled rose

Glate

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Re: El Islam
« Respuesta #9 en: Marzo 30, 2010, 10:41:47 pm »

Dan

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Re: El Islam
« Respuesta #10 en: Marzo 30, 2010, 10:42:34 pm »
¿Capitalismo o salvajismo, Gonzo?

Imparable

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Re: El Islam
« Respuesta #11 en: Marzo 30, 2010, 10:44:03 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

EURABIA NO ES POSIBLE
Spoiler: mostrar

Redacción Ocio  |  12/02/2010
El alto í­ndice demográfico en Europa de las comunidades musulmanas —con frecuencia organizadas en barrios islamizados—, las continuas amenazas integristas a la libertad de expresión y los salvajes atentados de terrorismo indiscriminado aterrorizan a las sociedades europeas y sitúan el islamismo como problema grave.

La ceguera a la que han sido sometidas las poblaciones por sus clases polí­ticas y por la dictadura de la estupidez polí­ticamente correcta se ha convertido en un caballo de Troya de la pretensión de convertir Europa en Eurabia. Los ciudadanos europeos ya no están dispuestos a seguir las consignas, ni a dejarse atenazar por descalificaciones. Ven el peligro y quieren saber. ¿Encuentran los terroristas sentido a sus terribles atentados en El Corán? La respuesta afirmativa precisa pocos matices. La islámica no es una religión, o en todo caso es una religión de odio, que en su texto canónico hace de continuo apologí­a del crimen y el genocidio. La libertad religiosa no ampara lo que se predica en las mezquitas. Además, la integración de los musulmanes ha resultado un completo fracaso en toda Europa. ¿Es por culpa de la xenofobia de los europeos, como de continuo dicen los polí­ticos y los intelectualoides a sueldo? Es difí­cil concebir una mentalidad más xenófoba y racista que la islámica. Ha llegado la hora de defender la civilización occidental, la única, basada en la libertad y en la dignidad personal de hombres y mujeres, y de hacerlo con la verdad por delante, con argumentos racionales y con información abundante y fidedigna. Para cumplir ese objetivo se publica «Islam, visión crí­tica ». Su lectura le resultará esclarecedora y no le dejará indiferente.

Islam, Visión crí­tica
 Enrique de Diego
Rambla


Alarmante demografí­a
Los datos demográficos europeos resultan, ciertamente, alarmantes respecto a la posibilidad de un cambio poblacional que haga a Europa irreconocible en un futuro próximo. El dirigente libio Gadafi ha afirmado que “hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de cincuenta millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.
    Las previsiones del gobierno alemán apuntan a que los cincuenta y dos millones de musulmanes que habitan en Europa pueden duplicarse en pocas décadas. Francia tiene una tasa de natalidad del 1,8, mientras las familias musulmanas francesas multiplican la tasa hasta llegar al 8,1, En el Sur de Francia, ya hay tantas mezquitas como iglesias católicas. El 30% de los jóvenes menores de 30 años que viven en la zona septentrional de Francia son musulmanes. En ciudades como Niza, Marsella o Parí­s se eleva al 45%. En 2027 uno de cada cinco franceses será musulmán.
   En los últimos treinta años, la población musulmana de Gran Bretaña ha crecido desde los 82.000 a los dos millones y medio de musulmanes. El incremento ha sido de 30 veces el número inicial. En Reino Unido se cuentan más de 1.000 mezquitas.
   En Holanda, el 50% de los recién nacidos son musulmanes y en sólo 15 años la mitad de la población holandesa será musulmana. En Bélgica, el 25% de su población ya es musulmana y el 50% de los recién nacidos. En Rusia hay más de 23 millones de musulmanes lo que significa que uno de cada cinco rusos es musulmán. Con esta progresión, el 40% del ejército ruso será islámico en pocos años.
   Se conjugan, pues, dos fenómenos: el decaimiento demográfico de los cristianos europeos, con el dinamismo de los musulmanes. El primero ha venido marcado por la extensión del hedonismo, por la desestructuración de las familias y por la extensión de la cultura de la muerte, con fuertes incrementos del aborto. Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.
   La exaltación del éxito profesional en detrimento de los valores familiares, la incorporación masiva al mercado de trabajo de las mujeres, sin plasmación de opciones reales de conciliación familiar, han actuado como vectores a favor de la espectacular caí­da de la natalidad.
   El mismo modelo europeo denominado de Estado de bienestar, con alta intervención del Estado en la vida de las personas y fuerte expoliación de las clases medias, conjugado con intensos entramados de cultura de la subvención, ha favorecido los dos fenómeno contrapuestos. el de la caí­da demográfica de los occidentales y el del incremento de la de los islámicos. En el primer caso, el valor hijo se ha disparado exponencialmente, pues, con frecuencia, las familias responsables se ven obligadas a acudir a centros educativos o sanitarios privados, de alto coste, al tiempo que la presión fiscal no ha hecho otra cosa que subir, de modo que esos fondos sirven para financiar, mediante subvenciones, el incremento demográfico de los musulmanes, que entran dentro de los baremos establecidos por las clases polí­ticas para ser beneficiarios de las ayudas estatales. Los europeos, en total contrasentido, están financiando la expansión islámica.
   De hecho, la oferta de sanidad y educación gratuitas es el más poderoso efecto llamada para una inmigración no relacionada con el mercado de trabajo, dispuesta a vivir en guetos, sostenidos por ayudas públicas, La crisis económica es la quiebra de muchas de estas contradicciones y ofrece, en su tremendo dramatismo, posibilidades de transformaciones de un modelo inviable, marcado por la hipertrofia polí­tica y burocrática, y la expoliación de las clases medias.
    El término ‘musulmanes’ utilizado en los estudios demográficos precisa algunas matizaciones obvias. Los musulmanes no constituyen una unidad homogénea, o mucho menos de lo aparente. Existe una enconada y muy virulenta división entre suní­es y chí­ies, según la opción originaria por la monarquí­a electiva, los primeros o la hereditaria, los segundos. Por supuesto, las diferencias nacionales son muy intensas, por ejemplo entre marroquí­es y argelinos. Turcos y árabes se odian. Los integristas consideran a la inmensa mayorí­a de los musulmanes como apóstatas. No ha habido gentes más dadas a la inestabilidad polí­tica y a la guerra civil que los musulmanes.
   Por de pronto, el islamismo implica un fuerte componente racial, no demasiado conocido. El pueblo elegido propiamente son los descendientes de Ismael, los árabes, siendo el resto, musulmanes de segunda. El idioma santo, en el único en el que puede leerse, aprenderse y recitarse de memoria El Corán es el árabe.
    Las dificultades para la estabilidad polí­tica y la convivencia humana son extremas porque incapaz de establecer el islamismo diferencias entre el Estado y la religión, y siendo Alá absoluto detentador del poder, la capacidad para establecer éste en el terreno humano sobre alguna base mí­nimamente firme son escasas, por no decir nulas. De manera constante las poblaciones musulmanas han tendido a la tiraní­a y a formas autoritarias de gobierno, que han dado lugar a constantes explosiones de violencia. De hecho, el islamismo ni tan siquiera ha conseguido superar las formas tribales de organización.
 
La pujanza islámica, puro espejismo
    El dinamismo demográfico o la visión imperialista que se desprende de la cita de Gadafi no han de confundirse con una pujanza islámica. Podrí­a decirse que es precisamente el mundo musulmán el que vive una decadencia muy acusada. Desde los años veinte del siglo pasado carece de califa. Es un mundo depresivo y atenazado por intensos complejos, que percibe la superioridad de Occidente de manera angustiosa.
   La ausencia de califa es de una gravedad extrema y el suicidio personal de los terroristas implica simbólicamente el suicidio colectivo, una forma muy intensa de nihilismo y depresión colectiva, cuanto menos en algunos grupos, de forma que los integristas consideran esa situación de vací­o el fruto de la culpa del alejamiento religioso y la apostasí­a de los gobiernos y de las poblaciones musulmanas. El integrismo implica una guerra civil interna.
   Las sociedades musulmanas son conscientes de que, desde hace siglos, han vivido en el anquilosamiento y no han aportado nada en el campo de los descubrimientos cientí­ficos, algo que, sin duda, es consecuencia de las tendencias ultraconservadoras y fosilizantes del islamismo, cuya ortodoxia llevarí­a a la prohibición de todo libro que no sea El Corán y que, desde hace siglos, ha condenado la teologí­a y la filosofí­a, el raciocinio en general, de forma que la enseñanza en las escuelas coránicas o madrasas es, básicamente, un lavado de cerebro: la repetición cansina y recurrente de unos textos que no pueden glosarse, ni debatirse.
   También es notorio que las sociedades musulmanas tienen una escasa relevancia económica, fuera de las reservas petrolí­feras que se encuentran en el subsuelo desértico de algunas de las naciones islámicas. No siempre fueron desiertos sus territorios. El Norte de ífrica -Egipto y Túnez- era el granero del Imperio Romano. El vergel de Israel está rodeado de extensos territorios yermos. La misma riqueza del petróleo no ha producido tejidos industriales, ni economí­as fuertes, aunque sí­ algunas de las mayores acumulaciones personales de riqueza del planeta. Sin el consumo occidental del petróleo, las naciones musulmanas decaerí­an rápidamente y no podrí­an sostener, ni mí­nimamente, sus actuales niveles de población.
   De hecho, es preciso insistir en que esos cincuenta millones de musulmanes que viven en Europa han tenido que marcharse de sus naciones porque carecí­an de posibilidades de salir adelante. Su misma supervivencia depende del mantenimiento de los valores occidentales de libertad que han dado lugar a la libre empresa –hoy tan mediatizada en la decadente Europa intervencionista y burocratizada- y al despliegue económico, con sus adelantos técnicos y altos estándares de calidad de vida.


Dado que en este foro no hay un hilo especialmente dedicado al tema del Islam he pensado en abrirlo para que cada cual pueda expresar lo que piensa de ello.

Ya se que para algunos personajes, este será el hilo donde lanzar sapos y culebras cuando lo encuentren conveniente, pero bueno, es lo que hay, cada cual piensa de su manera.

Por otro lado es interesante ver, en el texto del spoiler, cuales son a juicio del autor, las causas no ya de la pujanza demográfica islámica, sino del descenso en picado de la europea, solo resaltar esta frase :

Es decir, Occidente tiene problemas propios, un proceso autodestructivo, propio de etapas de decadencia. A esa disolución, uno de cuyos efectos colaterales es, sin duda, la grave crisis económica que padecemos, han contribuido diferentes pseudoideologí­as como el feminismo radical, el ecologismo deprimente o la promoción agresiva de la homosexualidad. También la secularización y descristianización del viejo Continente.

Qué maní­a con culpar de todo a los ecologistas o al ecologismo, al feminismo radical y a los maricones. Y sin embargo, como siempre el capitalismo destructor de la familia y de la comunidad nunca es culpa de nada.

Por el capital les descolonizamos de mala manera, dejando en el poder a dictadores y sátrapas que accediesen a vendernos baratito su petróleo, por el capital necesitamos en Europa una nueva subclase proletaria y por eso vinieron en masa.

30 de marzo, Dí­a del Capitalismo Tiene la Culpa de (Casi) Todo. Y no es broma.


Eso también lo mencionan en el artí­culo. Que la baja demografí­a europea es culpa del modo de vida capitalista que incompatibiliza familia y el binomio dinero/trabajo. Aunque las feminazis ahí­ también han puesto su granito de arena, que llevan años vendiendo que si una tí­a se queda preñada y pare más de una criatura esa mujer es una infeliz ví­ctima del machismo etc. en la más pura lí­nea de las discusiones de La Vida de Brian.
También se menciona en el artí­culo que la incompatibilidad entre la compleja sociedad europea y el primitivo modo de vida musulmán es lo que hace imposible lo de la islamización, cuando eso está más que traí­do por los pelos. Como si un grupo de salvajes con sus propios ideales y jerarquí­a aislados de la mayorí­a de la sociedad que les rodea nunca hubieran llevado a cabo una revolución que desbaratara totalmente el Estado en que habitaban.

JM

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Re: El Islam
« Respuesta #12 en: Marzo 30, 2010, 11:37:28 pm »
A raiz de un comentario de Imparable, me ha dado por husmear por la web, que se dice, se habla, se comenta, acerca de la pujanza demográfica islamista, y me he encontrado la perla que ( ojo al ladrillo ) que espoileo debajo.

En fin. Por mi parte solo señalar que he estado en bastantes paises islamicos, que en ninguno he tenido el mas minimo problema y que he sido tratado con una hospitalidad que ya me gustaria encontrar en otras partes. Ahora bien, si vas alla, tienes que adaptarte a su forma de vida, a sus costumbres y a su cultura, que es lo único que yo les pido a ellos y a todos los que aqui vienen en busca de una vida mejor que la que tienen en sus lugares de origen, que si vienen aqui se adapten a nuestar forma de vida, que no pretendan que seamos nosotros quienes debamos cambiar nustra forma de vida para adaptarnos a la suya y si esta no les gusta, pues el mundo es muy grande y nadie les obliga a quedarse.


Venga. Ya pueden entrar a saco a destripar.


Una vez que los aceptas, si tienes que cambiar tu modo de vida porque ellos no van a dejar su religión. La apostasí­a en el Islam implica condena a muerte.


Bueno, por mi pueden seguir creyendo en Ala o en el Gran Manitú si les place, pero las reglas deben de ser las mismas para todos. Si somos un estado laico lo somos para todo y para todos.
In God we trust (sometimes, some pictures: http://www.areopago.eu/index.php?topic=888.msg574445#msg574445 )... (C) Extineo

Imparable

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Re: El Islam
« Respuesta #13 en: Marzo 31, 2010, 12:23:29 am »
Ese es el clásico pensamiento del europeo medio. Del que es entre poco y nada religioso y piensa "bah, total para echar 4 rezos da igual el nombre siempre que sepan donde están". Algo así­ piensan los masones, que se han creado también una religión genérica. El problema es que para un musulmán venido de morolandia o criado en un geto que funciona como una colonia, el asunto es más complejo: nuestras costumbres les parecen absolutamente extranjeras y la tolerancia, que para un europeo es buena fe e incluso condescendencia, es para ellos un triunfo, un derecho propio de su civilización que arrebatan a nuestra cultura. Y la corrección polí­tica es su mayor aliada. Nos autodestruimos, nos avergonzamos de ser mejores y estamos dispuestos a ceder: carteles en arabe en sus barrios, muecines llamando a oración mientras que en muchas iglesias ya no se tocan campanas, y dentro de poco nos encontraremos que las profesoras y compañeras de clase no pueden ir en minifalda a un instituto con colonos árabes porque les ofende. Y luego nosotros entendemos y aceptamos de buena gana que al ir a sus pozos de mierda ultrarreligiosa que llaman paí­s hemos de aceptar sus costumbres, y entrar en sus templos descalzos, y acompañar a las mujeres occidentales porque si andan solas por la calle es que son unas putas que hay que ejecutar.
Si por mí­ fuera prohibí­a toda expresión religiosa de raí­z, que esa es la tendencia natural de Europa. Pero si ya hay expresiones religiosas autóctonas públicas, con un arcaicismo social ya llega, no tenemos por qué aguantar costumbres arcaicas aliení­genas.
Dicho de otro modo: si son legales las corridas de toros ¿entonces hay que hacer legal también la caza del zorro?

Bestiajez

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Re: El Islam
« Respuesta #14 en: Marzo 31, 2010, 12:28:21 am »
¿Capitalismo o salvajismo, Gonzo?

Antes capitalismo salvaje que cualquier invento que pudieran montar el hippie independentista y sus colegas.

Pero vaya, sin dudar ni un segundo.