Autor Tema: Hasta las bolas.  (Leído 18998 veces)

ENNAS

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #30 en: Julio 08, 2012, 12:55:50 p.m. »

Safet SuÅ¡ić nació en la ciudad de Zavidovići (Bosnia) en 1955. Su hermano mayor Sead, que jugaba de delantero, habí­a sido captado por uno de los dos equipos de la capital bosnia, los granate del Sarajevo, mientras que él tení­a que conformarse con jugar de siete en el equipo de la poderosa compañí­a maderera Krivaja. No fue hasta los diecisiete años que el mismo Sarajevo se fijó en él; para entonces su hermano ya jugaba en el Estrella Roja de Belgrado.

Safet, al que por su aspecto avejentado y sapiencia futbolera apodaban Papá SuÅ¡ić, acumuló durante diez años honores y distinciones individuales, máximo goleador, internacional con Yugoslavia, mundialista en España'82. Pero no ganó tí­tulo alguno aunque anduvo cerca. Por entonces en Sarajevo el equipo que pitaba eran los también granate del Bosna Sarajevo, el equipo de baloncesto que de la mano de Mirza DelibaÅ¡ić (sit tibi terra levis) se convirtió en el primer equipo yugoslavo que ganaba la Copa de Europa.

Así­ que más allá de buenos puestos, actuaciones discretas en la UEFA y de ganar el tranquilo derbi local a los del Zeljeznicar -literalmente Ferroviarios-, poco más. Encima en el Mundial Yugoslavia cayó en primera fase. Pero SuÅ¡ić ya habí­a cumplido lo veintisiete años reglamentarios para obtener el permiso de jugar en el extranjero. Y habí­a destacado los suficiente como para que un equipo francés se fijara en él, el Paris Saint-Germain.

Era el PSG un equipo artificial, surgido de la voluntad de la alcadí­a de Parí­s cuyos colores luce de tener un equipo profesional dado que los históricos de la capital, los albicelestes del Racing Club France y los verdiblancos del Red Star, no quisieron abandonar el amateurismo. Durante otros diez años antes de retirarse, goles y asistencias prodigó SuÅ¡ić al no menos grande Dominique Rocheteau y entre ambos consiguieron llevar al equipo a ganar la liga del 86.



Luc Nilis nació en la ciudad flamenca de Hasselt en 1967, pronto atrajo la atención de los gigantes de Bruselas, los purpurados del Anderlecht donde formarí­a pareja con su más conocido compañero de generación Enzo Scifo. Pese a sus muchos tí­tulos no serí­a hasta pasado el mundial de Estados Unidos en 1994 que abandonarí­a el paí­s para irse a jugar con el también poderoso PSV Eindhoven, en aquellos años a la sombra del Ajax de Val Gaal.

Allí­ formarí­a célebres duplas con el brasileño Ronaldo -que le tiene por el mejor compañero de delantera con el que haya jugado- y el neerlandés Van Nistelrooij, siempre como segundo delantero con buena pegada en las faltas. Ya mayor intentó juntar algo de dinero en la Premier, pero le lesionaron al tercer partido.



Vassilis Hatzipanagis nació en Tashkent (Uzbequistán) en 1954, hijo de una familia de refugiados polí­ticos griegos. Pronto destacó lo suficiente en el Pankhrator local como para jugar con la CCCP, desgraciadamente en su puesto tení­a una durí­sima competencia, ni más ni menos que el ucranio Oleg Blokhin y no pudo jugar tanto como quisiera.

Por unas cosas y por otras se le autorizó a volver a la tierra de sus padres, pero se le obligó a jugar en el modestí­simo Iraklis de Salónica y no se le consintió ser seleccionado por Grecia. Con los albiazules apenas ganó tí­tulos aunque si el cariño y reconocimiento de la Hélade toda. Ni siquiera fue capaz de oscurecer al gran equipo local los "bizantinos" del PAOK -que junto al AEK de Atenas son los dos equipos de exiliados de Constantinopla- y tuvo que conformarse con rivalizar con el Aris.

Así­ que el pobre Hatzipanagis, entre que no ganó nada y además era griego, alguno supondrá que no debí­a ser muy bueno.



Preben Elkjí¦r-Larsen nació en la capital danesa en 1957. No serí­a hasta los veinte años que, gracias a la convocatoria para la selección, atrajera la atención del un poderoso equipo alemán, el Colonia, donde su estilo juerguista y mujeriego y el ser un fumador impenitente le llevaron al ostracismo absoluto. Malvendido al Lokeren, arribó con otro escandinavo, el islandés Gudjohnsen y ambos vikingos sacaron provecho de la sapiencia de los veteranos polacos Liblianski y Lato afincados en el modesto club belga.

ídolo de la grada blanquiamarilla durante cinco años, Elkjí¦r-Larsen siguió siendo un habitual de la dinamita danesa, ahí­ con Morten Olsen, Soren Lerby, Frank Arnesen, John Lauridsen y Alan Simonsen. "Bajito" entre los daneses -apenas metro ochenta- su corpulencia y por qué no decirlo su estilo bronco y marrullero eran apreciados en aquella selección de exquisitos.

A los veintisiete años durante la Eurocopa de Francia'84, donde formarí­a pareja con el adolescente Michael Laudrup, consiguió un contrato para jugar en el calcio. Tratábase del modesto Verona, que ahora hay que decir Hellas Verona para no confundirlo con el Chievo. Manda narices que la cuidad del turismo romeojulietense tenga dos equipos en primera y Turí­n haya llegado a no tener ninguno entre la quiebra del Torino y el descenso de la Juventus.

Con los auirazules logró lo que parecí­a imposible, el año que arribaron a Italia Rummenigge o Sócrates Brasileiro (sit tibi terra levis) pero sobre todo Maradona, el Verona ganó el scudetto y nuestro gran danés el centro del altar de todo seguidor del Hellas que se precie.


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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #31 en: Marzo 18, 2013, 08:20:43 p.m. »
Hoy hablaremos de uruguashos a contracorriente, al menos desde el punto de vista español donde conocemos al vistoso Peñarol pero no al anodino Nacional. Donde, suponemos, que por su pobreza o falta de estudios, todos los futboleros exitosos son de derechas por simple egoí­smo o ignorancia. Y preferimos sentimentalmente a supuestos zurditos habladores que mezclan el fútbol con la cuestión social.

Dos tipos honestos y decentes, os gusten sus ideas o no (a mí­ no que soy anarka). Ambos de Nacional. Ambos jugaron en España, de hecho hay más, ambos jugaron en el desaparecido Logroñés, y el defensa coincidió con mi í­dolo Quique Setién. Creo que ni da hablar de su extensa y exitosa carrera futbolí­stica. No escribiré panegí­ricos que vosotros mismos podéis encontrar en internet. No os buscaré ví­deos de Youtube con sus mejores jugadas.

Os pondré un par de videí­tos donde explican su versión del sentido de la vida.

Rubén Sosa



Segundo delantero con mucha clase y descuidado fí­sico, por desgracia recordado como camarillero, que nunca destacó a máximo nivel, siendo su mayor baldón el penal que falló en el empate a cero entre españoles y uruguayos en el mundial de Italia'90.




Hugo de León



Defensa recio y noble, que alternó idolatrí­as como puntal de dos campeones de América -en Gremio de Porto Alegre (1983) y en su querido Nacional de Montevideo (1988) con pasos patéticos por River Plate o Logroñés.


Dan

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #32 en: Marzo 18, 2013, 09:56:32 p.m. »
Precisamente esta mañana he leí­do una entrevista (de hoy) a Rubén Sosa en el Periódico de Aragón:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/deportes/ruben-sosa-ganar-esa-copa-del-86-fue-como-ganar-campeonato-del-mundo-_839418.html

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #33 en: Diciembre 29, 2013, 05:03:19 p.m. »
"Ya no hay gabarra, oé; ya no hay gabarra, eó; ya no hay gabarra, oo ee; no hay gabarra oé oé" celebraba el fin de temporada la muchachada colchonera, Atlético de Madrid terminó el curso del ochenta y cinco satisfecho, con una Copa del Rey ganada a su casa madre, Athletic de Bilbao y una victoria por 0-4 en el Bernabéu como mejor recuerdo de la liga.
 
El equipo de Luis Aragonés era un bloque que salí­a casi de memoria, con una defensa áspera en la que eran fijos Tomás, Ruiz y Arteche (sit tibi terra levis), un centro de campo con el pulmón Julio Prieto, el armador palentino Chus Landáburu, un todoterreno en banda izquierda, Quique Ramos y una suerte de antecesor de Iniesta de aquella época, Roberto Simón Marina,  y en la delantera la dupla formada por un oriundo argentino,  el negro Cabrera y el mexicano Hugo Sánchez. Justamente éste se convirtió el culebrón  del verano con su interminable traspaso al Real Madrid.

Hugo habí­a llegado en el ochenta y uno avalado por su fama de gran estrella del balompié azteca, esperando repetir el buen rendimiento del brasileño Dirceu Guimarí£es (sit tibi terra levis) que también procedí­a del paí­s centroamericano.  No hubo tal, allá donde el extremo zurdo brasilero poní­a elegancia en el manejo, Sánchez mostraba tosquedad con el balón en los pies; si Dirceu era un caballero que jamás recibió una amonestación, el mexicano marrullero era sancionado con frecuencia; en fin, donde el uno deleitaba con maravillosos lanzamientos de falta, el otro se pasó sus cuatro primeros meses sin anotar un gol y mostrando claros desconceptos a la hora de rematar por alto, como situarse para los saques de esquina en la raya de gol o salirse del área chica en los centros de sus compañeros.

Lo pasó bastante mal el pobre Hugo, las silbatinas eran contí­nuas, los gritos de "tronco" y "paquete" brotaban de las gargantas en cuanto tocaba un balón, se planteó muy seriamente el devolverle a México, pero el Calcio abrió sus puertas a los jugadores extranjeros y allá que se fue el idolatrado Dirceu. Así­, para bien o para mal, al Aleti no le quedó otra que seguir bancando al manito y éste de a poco se asentó trocando la suspicacia en admiración.

Con todo la afición no lamentó mucho su marcha y dedicó el verano a ilusionarse con sus nuevos refuerzos extranjeros, el delantero uruguayo Polilla Da Silva, de gran rendimiento goleador en el Valladolid y el arquero campeón del mundo Pato Fillol con el que se esperaba atajar la maldición que aquejaba a la porterí­a rojiblanca desde el gol de Schwarzenbeck. Para mi pesar, menos entusiasmo suscitaba la contratación de mi í­dolo, Quique Setién, de Racing de Santander... que si vení­a a cubrir un posición que ya estaba cubierta (la lí­nea de centrocampistas era lo mejor del Aleti), que si se habí­a pagado demasiado por álguien que a lo peor terminaba de suplente (48 millones de las antiguas pesetas)...


Acá siendo aún juvenil junto a el paraguayo Giménez y Marcos que también se irí­a al Aleti y de ahí­ al Barí§a

"Setién, selección" se convirtió prontamente en el nuevo grito de guerra de la parroquia atlética ante el sorprendente (para éllos) buen rendimiento del santanderino.

Quique era un mediapunta de buen pie no muy rápido, lo que en un equipo modesto implica ser motejado de pechofrí­o, dos fracturas de ligamento y otra de tibia y peroné le ganaron también fama de frágil, pese a tener buen disparo rara vez lanzaba faltas pues preferí­a aprovechar su envergadura para acudir a rematar de cabeza.

http://www.renaldinhos.com/2008/07/quique-setin.html

Como todos los genios que tienen la mala suerte de darse a conocer en un equipo chico, solí­a tener unas relaciones conflictivas con entrenadores y directivos y no terminaba de adaptarse al fútbol profesional, no se aborregaba ahormaba a las servidumbres que impone la sociedad a sus "ejemplares" deportistas. De ahí­ que no le guste el fútbol moderno.

Y como pequeña distracción, a falta de playstation tení­a y tiene el ajedrez, al punto de llegar a jugar unas simultáneas contra el maestro soviético Anatoli Kárpov en Autol (La Rioja española) cuando jugaba en el desaparecido Logroñés.

http://deportes.elpais.com/deportes/2013/11/28/actualidad/1385671689_974581.html

La Federación escuchó los reclamos del pueblo (?) y Quique Setién fue convocado para el Mundial, aunque sólo jugó en tres amistosos de preparación. Ya en México dijo cuatro frescas sobre la actitud cortijera del séquito de directivos que acompañaban a la expedición y éstos -como buenos dirigentes españoles incapaces de aguantar ni la más mí­nima- le acusaron de ir requebrando a las mujeres de los jugadores daneses que compartí­an hotel con los españoles y le vetaron para siempre de la Roja.

Pero antes de llegar a éso está la Recopa del 86, a la que  Atlético accedí­a como campeón de la Copa del Rey como se recordará.

"A Lyon, chin pom, a Lyon, chin pom; el Aleti va a Lyon, chin pom." atronaba la afición camino de la sede central de la Renault, aunque para llegar al sorprendente final en el Stade Gerland nunca las tuvieron todas consigo.

De entrada les cayó en suerte, en desgracia más bien, Celtic de Glasgow el primer equipo británico en ganar la Copa de Europa. Los verdiblancos contaban con la nueva figura del futbol escocés, el delanterito Mo Johnstone que estaba amargando la clasificación de España para el Mundial, su fuerte también era el centro del campo, con el cierre Aitken, el cerebro McStay y el llegador McClair y bajo palos tení­an al irlandés "San" Paddy Bonner.

Un empate a uno en el Calderón, gol de Quique Setién, hizo que más de uno diera por perdida la campaña europea. Pero en lo que se convertirí­a en una constante rojiblanca, ganaron 1 a 2 en el Celtic Park con un nuevo gol de Setién y otro de su tocayo Ramos.


El modesto campeón galés Bangor City fue la eliminatoria más sencilla, un 0-2 en la célebre población universitaria con goles de Da Silva y nuevamente Quique Setién, máximos goleadores colchoneros en la competencia, antes de la media hora hicieron que, pese a las lesiones de Fillol y nuestro héroe el pase estuviera garantizado. El trámite de la vuelta se lí­quido por la mí­nima gracias al gol de Landáburu.


Brava parada aguardaba al Aleti en cuartos en el Pequeño Maracaná contra el Estrella Roja, que en pleno proceso de reconstrucción presentaba como figuras a los hermanos Mirko y Bosko Djurovski y el temperamental Mrkela, pero el verdadero talento de los rojiblancos serbios era su armador Milan Jankovic, cuyo traspaso al Real Madrid les permitió contratar a Savicevic y Pancev.

Los todaví­a yugoslavos trataron de enrarecer el ambiente desde el precalentamiento yendo a entrenar a la porterí­a donde estaban los españoles para amedrentarlos, solo Fillol se quedó allá aguantando los empujones. Pero el ardid se les volvió en contra y los que terminaron desquiciados fueron éllos que durante el partido no sólo se estrellaron una y otra vez contra el arquero argentino sino que descuidaron la marca de tal manera que Da Silva les hizo los dos goles que tuvo el partido.

A la vuelta en el Manzanares un tempranero gol de Marina terminó con las pocas esperanzas que tuvieran aunque por pundonor consiguieran el empate.


El equipo pobretón de la multinacional farmacéutica Bayer, el Uerdingen (los buenos son los de Leverkusen) fue el rival en semis. Los celestes contaban con el defensa libre internacional Herget -que lo era por la negativa de su colega muniqués Augenthaler a jugar con la mannschaft- los hermanos Friedhelm y Wolfgang Funkel y el delantero islandés Gudmunsson. Un magro gol de Julio Prieto llevaron de renta los colchoneros, pero volvieron a ganar como visitantes haciendo pleno por 2 a 3 con goles de Rubio, Cabrera y de nuevo Julio Prieto.


Y así­ llegamos a la final en Francia, con ambientazo en las gradas porque el rival Dinamo de Kiev como buen club soviético no trae seguidores. Los ucranios cuentan con el veterano Blokhí­n como estrella y varios mundialistas del ochenta y dos: Bal, Demianenko, Baltacha, Bessonov y Evtushenko. Sólo con éso son un equipo bastante respetable.

Pero además Lobanovsky ha aprovechado su cargo de seleccionador soviético para atraer al Dinamo a todos los jóvenes talentos de otros equipos cercanos. Así­ los, Kutznesov, Rats, Litovschenko, Yakovenko,  Yaremtchuk, Zavarov, Protassov y Belanov se disponen a asombrar al mundo con su juego maravilloso...


ENNAS

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #34 en: Julio 13, 2014, 08:08:53 p.m. »
Alboreaba el quattrocento. La desintegración de los dos imperios romanos -el legí­timo de oriente que los cismáticos llamamos bizantino y el fraudulento Sacro Imperio- era una realidad innegable que habí­a propiciado un maremágnum de distintos señorí­os que señoreaban entre poco y menos. La costa dálmata del Adriático estaba en manos de ciudades-estado vasallas de la Serení­sima República de Venecia.

En esas estábamos cuando un pequeño señor serbio, Stjepan Vukčić Kosača, se hartó de servir al pusilánime de su rey y señor que no sólo habí­a pactado vasallaje con los pujantes otomanos sino que que para más escarnio andaba en negociaciones con el Sumo Pontí­fice para renegar de la verdadera fe a cambio de tropas para combatir al turco. Nuestro prócer por contra decidió ofrecer su vasallaje al más bruto que encontrara con la esperanza de que en compensación le enviaran tropas con las que emanciparse de su rey principalmente y luego ya si eso de los muslimes.

Tal era la fama que habí­an ganado Roger de Flor y sus almogávares un siglo antes, que la célebre maldición griega "así­ te alcance la venganza de los catalanes" se habí­a extendido por todos los Balcanes, por lo que que en principio Stjepan ofreció su vasallaje a Alfonso V de Aragón y ante su falta de interés al Káiser Federico III de Habsburgo que le hizo el mismo caso, o sea ninguno. No obstante tal trasiego diplomático hizo que nuestro terrateniente tuviera que presentar sus credenciales con un tí­tulo adecuado, y pareciéndole de poco lustre y elegancia su eslavo Vojvoda y no queriendo utilizar el latino Dux para que nadie lo acusara de amigo de los venecianos tan odiados por el Papa y los catalanes, se agarró al tí­tulo equivalente alemán de Herzog. Y herzog por aquí­, herzog por allá, a aquella región montañosa junto a la costa dálmata por encima de Montenegro se la conoce como Hercegovina.

¿De qué viví­an los lugareños? de las explotaciones mineras de bauxita (a dí­a de hoy la industria del aluminio sigue siendo la principal riqueza de la zona) cuyas remesas eran esperadas con avidez por la flota veneciana en el puerto de Ragusa (hoy Dubrovnik). Pero, ¡ay!, habí­a un problema para llegar a las montañas era preciso cruzar el Neretva, el tí­pico rí­o costero mediterráneo que lo mismo es una rambla seca a finales de verano que una temible fuerza de la naturaleza durante el deshielo primaveral.

Fue de este modo que unos avispados emprendedores erigieron un poderoso puente de madera sobre el rí­o. Y para "amortizar gastos" sendas barbacanas a cada orilla, de tal modo que quién quisiera cruzar el rí­o con sus mercaderí­as no les quedara otra que pagar el pontazgo. Por si alguno no capta la construcción, como Las Gemelas de los Frey en Juego de Tronos. Fina, fina les quedó la obra, tanto que los otomanos la conservaron y a su alrededor construyeron una ciudad con el nombre del propio edificio, Puente Viejo que le decí­an en eslavo, Mos Stari.

Los turcómanos edificaron Móstar como cualquier otra ciudad oriental, con dos barrios diferenciados, uno dedicado al comercio e industria de manufacturas y otro residencial. En plan Satán es mi señor, ahora ve y haz burla de Niemeyer o Le Corbussier. Mas vino el sultán de la Sublime Puerta de paso por la zona camino de asediar Viena y vió que la idea era buena pero mejorable. Y dispuso el simpar Solimán el Magní­fico que los mejores ingenieros de su invicto ejército reedificaran el puente en piedra.



Solimán el Magní­fico, es que se te llena la boca. Bueno en la foto además de su puente podéis ver el inmenso muro rocoso de las primeras estribaciones del Monte Velež. Justamente acá empieza el fútbol pues es la conjunción de los nombres del monte y la ciudad con los que compite el equipo rojo representativo del lugar. Dicen del FK Velež Mostar que su época de oro fueron los setenta cuando aportaron a la selección al goleador Vahid Halilhodzic (hoy seleccionador de Argelia) que junto con los también bosnios Safet Susic y Zlatko Vujovic, ambos sarajevitas el uno musulmán y el otro católico formaron la delantera plavi en el mundial de España.

Pero en realidad más popular sonará a los españoles el Vélez Móstar de finales de los ochenta donde su máxima estrella y goleador era el extremo izquierdo Semir Tuce, que escoltado por Pedrag Juric, Ivica Barbaric y Anel Karabeg cosiguió el último tí­tulo de la institución, la copa Yugoslava del 1986 así­ como un tercer puesto tras los colosos belgradenses Partizán y Estrella Roja, en una liga mancillada por el escándalo de los amaños de partidos en la última jornada. Un nuevo escándalo, la anulación de las sanciones por los amaños, permitió al Partizán volver a ganar en los despachos la liga de 1987 con nuestros rojillos escoltándoles como segundos una liga que en el campo habí­an ganado los macedonios del Vardar Skopje. Otro tercer puesto tras el derbi eterno, esta vez ganó Estrella Roja y escoltó Partizán, fue el colofón de la última gran época de Vélez Móstar que traspasó a Barbaric, Juric y Karabeg al Burgos, un equipo de nuevos ricos que recién habí­an ascendido a la segunda división A española y que gracias a nuestros mostarenses quedaron campeones de la misma en el 1989 y equipo revelación de primera al año siguiente, luego el equipo castellano morirí­a de éxito.

Creí­a el Vélez Móstar y no creí­a mal que sus nuevos valores ya suficientemente fogueados podí­an cubrir las ausencias, el centrocampista Sergej Barbarez, pero sobre todo su pareja de arietes el serbio Vlado Gudelj y el bosnio Meho Kodro. Una nueva final de copa, esta vez perdida, en 1989 el año de su última participación en competiciones europeas parecí­a corroborar la impresión. Luego todo el paí­s se fue al carajo.



No quiero meterme con el tema de la Guerra de los Balcanes, pero si hacer un inciso para explicar que una de las causas aducidas fue la pérdida de capacidad productiva de la economí­a yugoslava a lo largo de los años 70. Quizá me equivoque, es una idea personal, pero como en occidente los yugoslavos intentaron compensar la economí­a priorizando el sector servicios, lo que explicarí­a sobre todo que muchos jóvenes vieran en la práctica deportiva un medio seguro de asegurarse su subsistencia, pensad en la hornada de veinteañeros que deslumbraron en fútbol, baloncesto o balonmano en los años noventa. Sustituyeron la economí­a productiva por la especulativa con los resultados que hoy en dí­a en occidente conocemos y cuyo ejemplo deberí­amos temer pues llevamos su misma derrota hacia el desastre.

Volvemos a nuestra pareja de nueves, Gudelj y Kodro, dos tí­picos unidelanteros del bloque comunista. Grandotes y fuertes como osos, al igual que los plantí­grados tras su engañosa apariencia pesada eran peligrosamente veloces. El delantero moderno tal y como le conocemos tan poderoso fí­sicamente como veloz (Ronaldo, Weah, Henry, Drogbá, Rooney) surgió en el Este de Europa.

Gudelj, el más tosco, pronto recibió ofertas del antes mentado Burgos para que formara dupla con Kodro, pero éste ya estudiaba ofertas mejores del Nantes y la Real Sociedad. Al final el serbio recaló en un Celta de Vigo que penaba en los últimos lugares de la segunda A y se convirtió en máximo goleador al paso que subí­a al equipo gallego a primera, donde siguió ejerciendo sus buenos oficios de hombre diana durante varias temporadas. Una final de copa del Rey perdida ante el Zaragoza en 1994 y la clasificación para competiciones europeas en 1998 señalan el buen hacer de uno de los mayores goleadores de la entidad celeste.


http://historiadoceltadevigo.net/index.php?option=com_content&view=article&id=652:vlado-gudelj&catid=126:entrevistas-ex-xogadores&Itemid=398

Kodro, otro jornalero del área con buen juego aéreo y duros zapatazos, recaló con los txuri-urdiñ y les surtió a goles. Menos centrado, alternaba largas sequí­as con orgí­as goleadoras. Mucho más afectado por la guerra, deambulaba como alma en pena por los partidos.

Primera de tres partes que podéis seguir en Youtube.
Es muy bonito de verdad el cariño que profesan los txuri-urdiñ a sus antiguas estrellas, como suben entrevistas y ví­deos de éllos.
Buscad los de López Ufarte o Aldridge.


http://m.noticiasdegipuzkoa.com/2012/08/13/la-real/el-mensajero-de-kodro-en-la-guerra

Aún así­ consiguió que se fijara en él el Barí§a para reconstruir el equipo en 1995. Un gran error, aunque comprensible, no era más que una cabezonerí­a de Cruijff, que rezongando contra el entorno, esta vez sin razón, le prefirió sobre Davor Suker e hizo que los culés desembolsaran setecientos millones de pesetas por él (al año siguiente el Madrid pagó por el traspaso de Suker seiscientos millones).

Una pequeña curiosidad, un enfrentamiento entre la Real de Kodro y el Celta de Gudelj.


El año del doblete del Aleti, fue un año horrible para los blaugrana, faltos de todo, con apenas cinco defensas y el propio Kodro como único delantero, Figo en su primera temporada y Prosinecki y Hagi ostracisados al banquillo. El único consuelo culé residí­a en que al Madrid le iba todaví­a peor, llegando al punto de destituir a Valdano.

Encontradas sensaciones habí­a en el Camp Nou ante la visita merengue. Diez jornadas sin marcar llevaba el deprimido Kodro, algo más de paciencia se mostraba con Figo extremo con poco gol pero que llevaba dieciocho partidos sin mojar. A once puntos, once del lí­der el Atlético de Madrid. Abiertamente se hablaba de ultimatúm a Cruijff. O victoria o cese.

 Y el equipo dirigido eventualmente por el anciano Arsenio Iglesias dió en el Camp Nou una lección de fútbol al Barí§a. Al menos en la primera parte se los merendaron, el argentino Redondo fue dueño y señor, el tridente Laudrup, Raúl, Zamorano infartaba las gradas en cada avance. Y ojo que no eran las tí­picas arreadas blancas, no. Buen juego, triangulaciones, busquedas de espacio, el Madrid parecí­a el Brasil del 82. Y el Barí§a, Nueva Zelanda. Con prehistóricos marcajes al hombre y voleones a la grada para minimizar la goleada que se les vení­a encima y el árbitro haciéndose el longui ante los penales que se cometí­an en el área local.

Mmmm, antes de que alguno me salte a la yugular, que sepáis que soy del Barí§a y además estuve allí­.

El indignado público barcelonista llegó a corear por mofa y befa la marcha triunfal de Aí­da, el tarareo favorito de su ácrima némesis de la capital, por mucho que Guardiola, más pendiente de marcar a Redondo que otra cosa, afirmara lo contrario en el tí­pico ejercicio de populismo tribunero. Y en éstas andaban cuando en una jugada aislada Kodro anotó el gol que evitó que el Camp Nou saltara en llamas. Un Madrid tan elegante como frágil se vino abajo en la segunda parte. El Barcelona obtuvo la más injusta de sus victorias y además por "goleada" 3-0 habiendo sido netamente inferior. Hasta Núñez aplaudí­a desganado el postrer gol de Kodro que le impedí­a despedir a Cruijff.


¿Y mientras el Vélez? Pues la ciudad se dividió entre los croatas en la parte oeste, más cercana a la costa y los musulmanes en el este. El estadio de Vélez Móstar para unas veinte mil personas quedó en manos croatas y no permiten que juegen los rojos en él. En su lugar se han montado la historia lacrimógena del Zrinjski, un equipo al que Tito hizo desaparecer, muestra dicen éllos de lo mucho que los comunistas odiaban al buen pueblo croata.

Bien contemos la otra parte de la historia. Sí­, es cierto que el Zrinjski fue disuelto porque fue de los pocos equipos que se avinieron a jugar en la liga germano-italo-croata del efí­mero régimen tí­tere de los ustacha. No me cebaré en las maldades de los colaboracionistas, muchos de éllos prelados de la Santa Madre Iglesia católica apostólica y romana,
pero que conste que hasta los más curtidos genocidas nazis salí­an espantados de lo que allí­ veí­an. Una sóla palabra buscad: Jasenovac.

Si os digo que los comunistas de Tito "sólo" persiguieron a los colaboracionistas. Esto darí­a lugar a vergonzosos episodios de venganza, principalmente contra las mujeres, no muy distintos de los que hubo en Italia, Francia o los Paises Bajos, por poner naciones occidentales. Pero Tito nunca persigió a los croatas, de hecho era lugar común que era seguidor del Hadjuk Splitz el gran equipo de fútbol dálmata.

Por no hablar del baloncesto donde los croatas arrollaban con sus Sibenka Sibenik, Zadar, Jugoplastika Splitz o Cibona de Zagreb, frente a la magra oposición de la sección de baloncesto del Ejército, el Partizán. De hecho, el primer equipo yugoslavo que gano la Copa de Europa fueron los bermellones del Bosna Sarajevo claro que contaban, afortunados éllos, con el inigualable Mirza Delibasic (sit tibi terra levis). Afortunados éllos y los que le vimos en el Real Madrid, porque él si que era un genio del baloncesto.

En suma que el recreado Zrijsnki, se quedó con el estadio de Móstar, con las ayudas y subvenciones y con el aporte de famosos como Luka Modric que disputó algunas pachangas con éllos para recaudar fondos. Hacen honor a su vituperable pasado con actitudes ultraderechistas.

Mientras el Vélez Móstar es visto como el equipo del pasado y dirán algunos que no menos criticable régimen comunista (al parecer ahora que son capitalistas viven mucho peor, pero bueno) donde lo mismo jugaban serbios, que croatas, que bosnios, una abominación al parecer malvadí­sima y horrible. Se han tenido que hacer un estadio, que consiste en graderí­as móviles con tubos y tablones como las de los equipos de instituto de las pelí­culas americanas. No entran ni siete mil personas. No pintan nada en la liga bosnia.

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #35 en: Febrero 15, 2015, 01:30:21 p.m. »
Competitividad, excelencia y meritocracia.

Modernas consignas por las que se justifica que un par de futbolistas perciban un millón de euros al mes mientras el grueso de los profesionales no saben si, con un poco de suerte, lograrán cobrar parte de sus modestos emolumentos al final de temporada. Para que esto suceda, claro, hay que elevar a la categorí­a de mito al deportista triunfador y exacerbar sus méritos para distinguirle de posibles rivales al puesto: La glotonerí­a de los números y las estadí­sticas, que un falso cientifismo nos lleva a confundir con baremos de calidad.

1.- Cuenta la leyenda que en el año 83 el joven Drazen Petrovic llevó a la modesta Sibenka Sibenik a ganar la liga yugoslava, pero que una cacicada de la federación les quitó el tí­tulo para dárselo al Bosna de Sarajevo. Se enmarca el suceso dentro del proceso de construcción nacional de los oprimidos croatas frente a los malvados yugoslavos.

Lamento decir que el partido lo iba ganando el Bosna por un punto, Petrovic se jugó el último tiro sobre la bocina y... falló (atentos al detalle que se repetirá mucho). Por fortuna para él el árbitro se inventó una falta a su persona y se le permitió tirar dos tiros libres. El propio entrenador de la Sibenka le pidió al joven escolta que fallara a propósito para evitar incidentes. Pero Drazen era un ganador. La federación tomo cartas en el asunto, suspendió el partido y obligó a repetirlo en cancha neutral. Los dálmatas no se presentaron.


2.- Narra la leyenda que en el año 85 el veinteañero Petrovic batió el record de anotación de Yugoslavia colando 112 puntos al Olimpia de Ljubljana

Lamento señalar que el equipo esloveno no habí­a inscrito a sus jugadores profesionales y, obligado a jugar, llevó a los juveniles. De hecho la prensa yugoslava acogió la hazaña con frialdad, incluso utilizaron la expresión "bufonada" para describir la gesta. Su ex-entrenador, ahora al frente del Zadar que ganarí­a la liga ese año, propuso a su plantilla batir el record de Drazen en una fácil eliminatoria resuelta contra un equipo chipriota y éstos en principio se negaron. Al final el decimosegundo jugador de la plantilla, un tal Babic, se avino a hacer de palomero y subió el record a 144 puntos.

3.- En el año 86 la Cibona de Zagreb ganó su segunda Copa de Europa consecutiva ante el Zalguiris de Kaunas en un partido que enfrentaba a las dos estrellas emergentes del baloncesto europeo y que todos recuredan por la expulsion del pí­vot lituano Arvydas Sabonis por agresión.

Lamento precisar que Sabonis fué expulsado a diez minutos del final y aún así­ fue el máximo anotador y reboteador del partido con 27 puntos y 14 rebotes. Por parte croata los máximos anotadores fueron Cjveticanin y Usic. ¿Petrovic? 4 de 10 en tiros de dos y 2 de 5 en triples.

http://www.linguasport.com/baloncesto/internacional/clubes/c1/c1_e.htm

4.- La Yugoslavia de Petrovic y su camarilla de la Cibona era un quiero y no puedo. Durante seis años sufrieron decepción tras decepción. Hasta que aparecieron los ases de los dos grandes del baloncesto yugoslavo, por este orden, la Jugoplástika de Splitz y el Partizán de Belgrado. Para cuando Petrovic ganó su primer tí­tulo con la selección era el año 89 y ya jugaba en el Real Madrid, donde Fernando Martí­n se quejaba y con razón de que se le permitiera jugarse los últimos balones.

Lamento informar que Petrovic era un grandí­simo anotador y amigo de las provocaciones en victorias amplias, pero en partidos de marcador ajustado bajaba muchí­simo sus prestaciones. Correr y tirar era su lema. Y sufrí­a ante defensas bien montadas. Fallaba mucho bajo presión.

5.- Se fué a la NBA como estrella y el entrenador de los Portland Trail Blazers finalistas en 1990 y 1992 le tení­a como sexto hombre y expecialista en tiros triples. Reclamó más minutos en los despachos y los consigió: Contra los Detroit Pistons, el entrenador le alineó como titular.

Lamento decir que falló los cinco tiros que intentó y el entrenador le sustituyó a los cuatro minutos de juego.

5.- Las célebres olimipiadas de Barcelona fueron el summun de la propaganda baloncestí­stica. el Dream Team, la Croacia de Petrovic, Kukoc y Radja y la Lituania de Marchulonis y Sabonis coparon titulares y medallas.

Lamento recordar que Lituania fué segunda ante los restos del Imperio Soviético en la fase preliminar. Y que Croacia eliminó en semifinales al equipo de los Vetra, Bazdarevich, Tijonenko, Volkov y Belostenny gracias a las habituales prestaciones de sus armas secretas: los hermanos arbitrovic.

6.- Pese a mejorar en minutos y juego en los New Jersey Nets, Petrovic seguia quejándose de que no le dejaban jugarse los tiros decisivos. Grande fue su disgusto llegado el momento de la renovación cuando se enteró de que los Nets querí­an renovarle a la baja.

Lamento comunicar que Drazen afirmó que su aventura NBA terminaba ahí­ y que al año siguiente volverí­a a Europa, en concreto al Panathinaikos.

7.- A la larga de toda aquella hornada de talentos previa a la caida del muro, el escolta lituano Marchulonis, el alero croata Kukoc y el pí­vot serbio Divac fueron los que más años pasaron en la NBA. El resto, Volkov, Petrovic, Radja, Djordjevic, Danilovic, todos se volvieron antes de los cinco años. Eso los que lo intentaron.

8.- No niego el talento de Petrovic y por extensión de los balcánicos, pero todos sabemos como ganaron los yugoslavos el europeo del 1995 contra Lituania o los mundiales del 2002 contra Argentina, gracias al talento de los hermanos arbitrovic. En cuanto a Croacia, aparte de 92, poco. Casi es más fiable la Rusia de Babkov, Mikhailov y los hermanos Bazdarevich.


Coda.- Lo siento, se me olvidó, deberí­a preparar antes los escritos largos en vez de escribirlos conforme tecleo.

En 1992 Drazen Petrovic acudió al All-Star de la NBA pero sólo al concurso de triples. Especialidad en la que se dispone de 20 balones y hay que lanzarles en un tiempo determinado. Pasó con solvencia la ronda preliminar, pero en los enfrentamientos directos entre los cuatro finalistas acabó último con 8 puntos.

Lamento mostrar como aún así­, aunque los datos me den la razón en cuanto al tembleque del "Mozart de Sibenik", el peor registro jamás habido corresponde al gran Michael Jordan con apenas 5 conversiones en una ronda preliminar. De ahí­ en más "air" Jordan no se molestó en ir a concurso y delegó en sus conmilitones Craig Hodges, 3 victorias en ocho participaciones, pero que, ¡ojo! eso le iguala con el legendario Larry Bird (3 de 3) y Steve Kerr (2 victorias en cuatro participaciones).

http://www.nba.com/history/allstar/shootout_results_1980s.html
« Última modificación: Febrero 15, 2015, 03:18:02 p.m. por ENNAS como usuario. »

Kamarada Garvey

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #36 en: Abril 15, 2015, 09:50:59 p.m. »
Hay veces que escribir es como un mal parto. Estoy en uno de esos.

¡Estoy hasta las pelotas de este post!

NO PUEDO MíS!

me estoy desahogando, sorry. Es que me está costando un huevo el puto post y tengo que llegar a 6.000 caracteres y no PUEDO MíS!!!!

grrrr

Von Scrott

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #37 en: Abril 15, 2015, 10:20:34 p.m. »

Los desahogos, en el general.

O se abre uno un blog.
los niggas de guetto son bastante parecidos a los gitanos, que ninguno es comunista porque en la bandera salen herramientas.

Kamarada Garvey

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #38 en: Abril 15, 2015, 10:23:16 p.m. »
ah pensé que era al revés

ok

Von Scrott

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #39 en: Abril 15, 2015, 10:38:36 p.m. »


A mi personalmente me importa una puta mierda, porque yo creo en el areópago primigenio y ácrata en el que el común de los mortales escribí­a lo que se le poní­a en la punta del nabo y consecuentemente el resto lo poní­a a parir y no el areópago compartimentado, pero si esto es lo que hay,  me parece una total falta de respeto que el amigo  Ennas se curre un mensaje del copón para que a continuación venga alguien sin venir a cuento a contarnos por enésima vez que su gato está triste y putamente azul.
los niggas de guetto son bastante parecidos a los gitanos, que ninguno es comunista porque en la bandera salen herramientas.

Kamarada Garvey

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #40 en: Abril 15, 2015, 11:01:19 p.m. »
Que si, que okey y que sorry.

Leí­ solo el tí­tulo del hilo ("hasta las bolas") y pensé que era un hilo de despotricar. Vení­a tan quemada que ni leí­ el post de Ennas.

Mis disculpas a Ennas también.

ENNAS

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #41 en: Abril 19, 2015, 06:50:51 p.m. »
Esta es la historia de dos moscovitas que a su manera fueron los padres del fútbol sóvietico, el mayor como fundador, jugador, entrenador y directivo del equipo más popular (un poco el Santiago Bernabéu ruso) y el otro jugador y entrenador de gran influencia en el fútbol moderno.

Debido al inmenso tamaño del paí­s y a los acontecimientos allá sucedidos poca organización deportiva hubo a nivel nacional, cada ciudad tení­a competiciones para equipos formados por trabajadores locales. Incluso los grandes organismos, el Ejército Rojo, la Policí­a o las Juventudes Comunistas preferí­an fundar distintas franquicias en cada ciudad, llamadas CSKA, Dinamo o Burevestnik, según la supraorganización del Partido a la que pertenecieran.

A nivel local las distintas factorí­as y los trabajadores sindicados formaban sus equipos, al menos al principio, luego las autoridades prefirieron redistribuir a estos equipos sectoriales conforme a su capricho. Un sólo equipo surgirí­a por iniciativa privada, la del famoso capitán de las selecciones de fútbol y hockey sobre hielo Nikolái Pétrovich Stárostin que juntó a un equipo de tenderos, patrocinado por los comerciantes de carne y que jugaba en terrenos de manufactureros del algodón. Al ser un equipo de nadie, pasó a ser el equipo de todos los que no se afiliaban al régimen. Por guardar las formas, pero a la vez como desafí­o al poder, el equipo se llamó Spartak en homenaje a la revuelta espartaquista en Alemania, que a su vez tomaba el nombre del célebre gladiador tracio Espartaco.

En unas competiciones coperas dominadas con mano férrea por el equipo de la policí­a, el Dinamo de Moscú, nuestro popular Spartak se convirtió en la oposición deportiva durante las primeras grandes purgas. Un hecho vital para la creación de la primera liga soviética consistió la gira de la selección vasca "Euzkadi" por la U.R.S.S. apabullando a varios Dinamos y perdiendo sólo uno de los nueve partidos que jugó, justo ante el Spartak.


El equipo de los Stárostin se convirtió en el gran dominador en enconada rivalidad con el Dinamo y como suele suceder en los regí­mes comunistas, los deportistas y dirigentes espartaquistas empezaron a ser objetivos de la temible NKVD. Sucedí­a que su malfamado director, Lavrentii Beria era, amén el presidente honorario de todos los Dinamo y seguidor asiduo del de Moscú, exjugador del Dinamo de su localidad natal Tiflis. Y guardaba memoria de la humillante derrota que le propinaron los cuatro hermanos Stárostin en una visita del Spartak a la capital armenia; Por su parte el í­dolo Nikolái recordaba en sus memorias a Beria como un lateral izquierdo violento y marrullero.

Así­ que en una semifinal de copa entre el Dí­namo de Tiflis y el Spartak de Moscú se desencadenó la tragedia, ganaron los moscovitas y el árbitro fué arrestado y ejecutado y el partido obligado a jugarse de nuevo. En vez de captar el mensaje, el Spartak volvió a ganar y ahí­ ya sí­, Beria, desatado, hizo detener a todos los dirigentes del Spartak. Inventó todo tipo de cargos contra éllos pero al final sólo pudo probar que Nikolái y sus hermanos habí­an utilizado sus influencias para conseguir raciones extra de comida para sus deportistas durante la gran guerra patriótica.

No obstante los Stárostin fueron condenados a penas de diez años en distintos gulags. En una muestra de fatalismo ruso los desdichados se congratularon de su suerte, ser condenados a sólo diez años equivalí­a, en tiempos de las grandes purgas, a un veredicto de inocencia. Nikolái, con gran bonhomí­a, relata en sus memorias como resultó inusitádamente bien tratado en la decena larga de campos de trabajo a los que estuvo destinado; aquellos crueles y despiadados directores del NKVD adoraban el fútbol y poní­an a la leyenda del Spartak a dirigir -ironí­as del destino- a sus respectivos Dinamos. Bendice su buena suerte por éllo contrapioniéndola a todos los demás represaliados, entre éllos alemanes y españoles huidos del nazismo y el franquismo, maltratados sin piedad y ejecutados a la menor oportunidad. ¡Así­ trataba la U.R.S.S. a los refugiados polí­ticos!

Un nuevo e insospechado factor jugó a favor de Nikolái Stárostin. El hijo de Stalin, comandante de la Fuerza Aérea, se convirtió en su protector personal a cambio de que se hiciera cargo del equipo de la aviación. Su estancia en Moscú se puede tildar de desagradable envuelto en la pugna de poder entre el hijo y el favorito del tirano. Varias veces resultó detenido por el NKVD y liberado por los matones del heredero. Suplicó que se le permitiera abandonar la capital, como muestra de buena voluntad se ofreció a entrenar y presidir el Dinamo de la localidad natal de Lenin, Uliánovsk, en las riberas del Volga entre Kazán y Samara. Y y lo consiguió pero el implacable Beria no paró hasta volver a encerrarle en Kazajstán. Allí­ consiguió que el Kairat de Alma Ata se convirtiera en un referente deportivo.

La muerte de Stalin y subsiguiente ejecución de Beria permitieron que a los Stárostin se les restituyeran dignidad y honores. Nikolái volvió a presidir el Spartak, entrenó a la selección soviética y alcanzó el cargo de presidente de la federación de fútbol. Ni un ápice de resentimiento mostró, al contrario agradecí­a a todos los Dinamos -los archienemigos- toda la ayuda que le prestaron y sólo lamentaba la falta de interés polí­tico y cultura general de los jóvenes futbolistas.

¿Os parece si acá hago un alto y en lo que lo léeis voy escribiendo el próximo?

Para saber más, este PDF de Jim Riordan:

https://libcom.org/files/The%20Strange%20Story%20of%20Nikolai%20Starostin,%20Football%20and%20Lavrentii%20Beria.pdf

ENNAS

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #42 en: Abril 19, 2015, 08:17:24 p.m. »
No olvidéis leer el post anterior que es que he escrito dos seguidos en el mismo hilo.

Viktor Alexandrovich Maslov nació diez años después que Nikolái Stárostin, tuvo peor infancia, aunque ambos quedaron huérfanos de padre, y no llegó ni de lejos como deportista a los niveles del í­dolo soviético. Era un centrocampista pulcro pero no muy distinguido en un tiempo de delanteros en el equipo de los trabajadores del metal, más tarde la reorganización stalinista le llevó a militar en el equipo de la factorí­a automovilí­sta Zil -especialista en berlinas de lujo para los jerarcas comunistas y camiones con aspecto de blindado que soportaran la ruda climatologí­a local-.

El Torpedo de Moscú nunca salió del barrio portuario del Moscova y siempre se consideró un equipo de segunda respecto a los cuatro grandes de la capital, Spartak, Dinamo, CSKA y Lokomotiv.  Pero tení­a una cosa especial, una escuelita de fútbol para jóvenes que luego rapiñaban los otros cuatro grandes para sí­. Viktor Maslov fue fundamental para tal cosa, cuando tras la gran guerra patriótica y ya como entrenador jefe del Torpedo valoró más la formación de chavales que los éxitos deportivos, que los hubo. Tan así­ como que renunció a su cargo al frente del equipo para pasar a las distintas filiales de la factoria justo ¡ay! cuando el Torpedo de Moscú reunió a su mejor generación.

Los centrales Ostrovsky y Shustikov, el volante ofensivo Gusarov, los delanteros Ivanov y Metreveli, pero sobre todo el Pelé blanco Eduard Streltsov, todos internacionales, oros olí­mpicos en Sidney'56 y clasificando por primera vez a la U.R.S.S. para un mundial, el de Suecia'58. Pese a éllo el Torpedo, tan talentoso como anárquico, ofrecí­a recitales para no ganar nada. Ahí­ se acordaron de su viejo jugador-entrenador Maslov.

Lejos de ser el tí­pico sargento de hierro, Maslov era dialogante con sus jugadores, supongo que al estilo de la mayeútica socrática conseguí­a convencerles de sus ideas. Un formador más que un entrenador al uso. Su segundo paso por el Torpedo se tradujo en tí­tulos y eso a pesar de que la iniquidad del régimen soviético condenó bajo falsos cargos a la estrella Streltsov a doce años de gulag. Bien pronto dió Maslov con el problema del equipo, faltaba un centrocampista que cimentara tan buenos elementos dispares, una proyección de sí­ mismo en el campo y lo encontró en el fútbol base del Torpedo, Valeri Voronin.

Voronin participó del triunfo soviético en la primera Eurocopa, el mundial de Chile, el subcampeonato contra España y el mundial de Inglaterra. Al contrario que Streltsov, no era un bon vivant ni un mujeriego, justamente por ahí­ llegaron los rumores, rehuí­a a las mujeres y se le veí­a en compañí­a de individuos poco recomendables. Si al delantero se le condenó por su estilo de vida occidental, al centrocampista se le marginó por la fundada sospecha de su homosexualidad. Streltsov volverí­a del gulag como un héroe, incluso la mujer que lo acusó de violación poní­a flores en su tumba. Voronin, tras un accidente de coche que lo retiró del fútbol, resultó asesinado de mala manera.

Para aquellos entonces, principios de los sesenta, el Torpedo se habí­a vuelto a desmbarazar de Viktor Maslov, en el fondo (pensaban) era la calidad de los jugadores lo que hací­a grande al modesto equipo moscovita. Pero Maslov tení­a una trayectoria y una fama y el Dinamo de Kiev terminó confiando en él. Y en esa época, entre 1963 y 1970, Maslov dió lo mejor de sí­ y se anticipó por poquito al fútbol tal y como hoy en dí­a le conocemos. Siguiendo a los entrenadores-divo de la época insistió en las dietas y la preparación fí­sica. Hasta acá nada relevante.

Pero inventó el 4-4-2 que popularizarí­a Inglaterra en su mundial. E inventó el marcaje en zona y la presión en centro del campo que atribuimos al Ajax de Michels. El Dinamo de Kiev se convirtió en el primer equipo no moscovita en ganar la liga de la U.R.S.S. Por cariño y por su avanzada edad, Maskov prefirió volverse por tercera vez al Torpedo. Pero dejó sentadas las bases del equipo ucraniano. Valeri Lobanovski un extremo izquierdo muy descontento con su 4-4-2 resultó ser su mejor sustituto en el banquillo y su heredero Oleg Blokhin uno de los mejores jugadores de los setenta.

En una carrera contrarreloj el Dinamo de Kiev superó en tí­tulos a su homónimo moscovita y al Spartak. Pero lo hizo a mediados de los ochenta, cuando ya era todo distinto. Ni un pero -por calidad futbolí­stica- a aquellos grandes del telón de acero, tal que el Dinamo de Kiev, el Estrella Roja de Belgrado o el Steaua de Bucarest, pero no eran producto de una evolución natural. Eran el intento de las dictaduras comunistas de amoldarse al modo occidental. Esos equipos se formaron en base a fichajes, no multimillonarios pero si forzados por el gobierno, eso sí­ tuvieron buen cuidado de no patrocinar a algún equipo asociado al aparatchik sino a los supuestos outsiders.

Para saber más:

http://www.thehardtackle.com/2013/viktor-maslov-one-of-the-greatest-tactical-minds-to-ever-grace-football/

http://www.footymatters.com/articles/world-leagues/russian-premier-league/russian-icons-valery-voronin-the-tragedy-of-a-man-who-almost-wasnt-there/

¡OJOCUIDAO! Broma machista.

Dicen que los padres de Blokhin eran atletas especialistas en velocidad, de casta le viene su rapidez en el juego:


Lo que no sabréis es que también conocéis a su hija:


Dan

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #43 en: Abril 20, 2015, 12:56:56 a.m. »
Qué grande.

ENNAS

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Re: Hasta las bolas.
« Respuesta #44 en: Septiembre 02, 2015, 03:49:52 p.m. »
Steve Archibald (Glasgow, 1956) parece ser que empezó jugando al fútbol en su barrio de Ferhill. No debí­a desempeñarse con suficiente brillantez como para atraer la atención de los equipos de la ciudad, pero sí­ como para llamar la atención del joven entrenador del East Stirlingshire, Alex Ferguson, allá en la Segunda escocesa (tercera categorí­a profesional). Archibald llegó a jugar un único partido. Ese fué su inicio en el fútbol profesional. Furious Fergie se marcharí­a al histórico St. Mirren, entonces en horas bajas, llevándole hasta la Premier; Archibald volverí­a a los alrededores de Glasgow para jugar de centrocampista en el modesto Clyde un equipo formador de jugadores para otros más importantes.



Corrí­a el año 1978 cuando Alex Ferguson, tras mucho pensárselo, rechazarlo el año anterior y sobre todo ver que no le llegaba una buena oferta de Inglaterra, decidió aceptar entrenar al Aberdeen F.C., sempiterno representante de las Tierras Altas. Un equipo importante, que presumí­a de no haber bajado nunca de la máxima categorí­a, de jugar desde su fundación en 1903 en el mismo estadio de Pittodrie pero que sólo habí­a ganado una Liga y dos Copas en toda su historia. Ya antes de la llegada del futuro Sir, los rojos habí­an hecho una gran inversión contratando al extremo edimburgués Gordon Strachan, pero su menudo fí­sico le llevaba de lesión en lesión; Ferguson por su parte se trajo más jugadores, algunos de sus antiguos clubs y entre éllos Steve Archibald.



Aparte de la explosión de Strachan como gran estrella -y quizá a causa de éllo- Ferguson consideró recolocar a Archibald en la posición de delantero. Y la cosa funcionó lo bastante bien como para que el Aberdeen ganara su segunda liga en 1980, veinticinco años después, remontándole diez puntos de desventaja al Celtic y aventajándolo por uno (en tiempos de dos puntos por victoria) gracias entre otras cosas a dos victorias a domicilio en el Celtic Park (la liga escocesa se juega a doble ronda de ida y vuelta).  Archibald con unos magros doce goles resultó el máximo goleador del equipo, que no de la competición y con eso se ganó el traspaso al opulento Tottenham Hotspurs.

Se perdió la edad dorada del campeón de las Tierras altas, el de la rocosa y brutal defensa de Leighton, McLeish y Miller, los ataques desaforados por las bandas dirigidos por Strachan (hasta el 84 en que fichó por el Manchester United y le sustituyó Bett) y una delantera rápida, móvil e intercambiable entre cuatro jugadores Black, Hewitt, McGhee y Weir. No es que jugaran bien, pero eran sólidos y rápidos. Dos ligas más en 1984 y 1985, cuatro copas 82, 83, 84 y 86 y el momento cumbre de sus vidas cuando ganaron la Recopa del 83 a todo un Real Madrid en el embarrado Ullevi de Goteborg. Con tal alegrí­a recuerdan la gesta que casi ni mencionan que también ganaron la supercopa al Hamburgo. No se han vuelto a ver en semejante tesitura, desde que Ferguson marchó al Manchester United sólo han ganado una copa escocesa.



Mientras en Londres, en el lujoso equipo asociado a los judí­os de la City, Steve Archibald se hací­a un hueco en la delantera como acompañante del nueve tanque de turno Crooks o Falco. Les suministraba balones un centro del campo hiperpoblado por jugadores muy técnicos los argentinos Ardiles y Villa, Hazard, Hoddle, Mabbut, Gary Stevens y el extremo irlandés Calvin. Como es tí­pico de este club londinense, tanto fichaje de campanillas no les convirtió siquiera en el mejor equipo de la capital, pero por lo menos en aquellos entonces se dignaban en ser competitivos y ganar algo, dos copas de Inglaterra seguidas en el 81 y el 82 y la UEFA del 84 al Anderlecht.  El escocés figura como máximo goleador del equipo en tres de las cuatro temporadas que jugó para los de White Hart Lane y de hecho consta como máximo goleador de la liga en el 81. Pero a su estilo, con apenas veinte goles. Era, quizá por sus inicios como centrocampista, más jugador de equipo que goleador. Un Kluivert o un Benzemá pero con poco fí­sico y tendencia a la barriguita cervecera.



Todo esto le valió un puesto, no siempre de titular al lado de la gran figura del fútbol escocés, Kenny Dalglish, en la delantera de la selección del cardo, que viví­a su época más esplendorosa con cinco clasificaciones mundialistas consecutivas de 1974 a 1990. Archibald estuvo en España y saltó como suplente para anotar el quinto gol de Escocia ante la modesta Nueva Zelanda, sufrí­o en el campo el despliegue brasileño que los eliminó por diferencia de goles y jugó el intenso empate contra la U.R.S.S.



A resultas del terremoto Maradona que dejó un rastro de cenizas y amarguras a su paso por Barcelona, la impresentable directiva del Barí§a, falta de criterio como de costumbre, decidió imitar el estilo británico del campeón Athletic de Bilbao. Así­ pues, un valorado y joven técnico inglés pese a su corta carrera, Terry Venables, se hizo cargo de la silla eléctrica que era el banquillo blaugrana. La directiva querí­a emplear el dineral oficial y bajo cuerda recibido del Nápoles por Maradona en fichar un nombre de relumbrón Ví¶ller o preferentemente Hugo Sánchez. Venables se obcecó en traer al no muy conocido Archibald para rechinar de dientes de todo el culerí­o, creo que hasta el dí­a de hoy andan dándose cabezazos contra la pared por no fichar al mexicano.

Y sin embargo, y una vez más en su primera temporada, Archibald se esmeró. Contra todo pronóstico aquel Barcelona oscuro y trabajador se llevó la liga con diez puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid de Hugo, doce sobre el vigente campeón Athletic y el Sporting de Gijón y diecisiete sobre la aún bisoña Quinta del Buitre. El escocés volvió a ser máximo goleador de su equipo con quince goles, a cuatro del pichichi Sánchez.



La segunda temporada, ya en la treintena, ya renqueante, Archibald no la jugó al completo, pero resultó vital para las sufridas pero dulces no-victorias blaugranas en la Copa de Europa. En aquellos tiempos de sorteos puros, mientras el Madrid lograba gestas heroí­cas para ganar en la UEFA y el Atlético se presentaba solvente en la final de la Recopa, un Barí§a gris y sufrido, más italiano que inglés penaba frente a rivales de entidad. En primera ronda frente al Sparta de Praga consiguieron un 1-2 en la capital checa, pero a la vuelta en el Nou Camp a los ocho minutos ya perdí­an 0-1, menos mal que aguantaron el resultado. En segunda ronda el Oporto que serí­a campeón la suigiente campaña perdió 2-0 la ida, pero a la hora de juego ya habí­a enjugado esa diferencia en Das Antas y ahí­ apareció Archibald para colar el gol salvador para una derrota por tres a uno. El vigente campeón Juventus era el siguiente visitante y perdió por sólo 1-0; en el Communale de Turí­n Archibald anotarí­a su último gol para un empate a uno. Las semis Archibald no las jugó, el Barí§a se llevó una paliza en Gotemburgo 3-0 y tuvo que remontar e irse a los penales para pasar a la final.


Ya véis el nivel: dos eliminatorias pasadas por el valor del gol fuera de casa, otra por la mí­nima y la última por penales. No daba, pienso yo con el paso de los años, para la histérica alegrí­a que se desató, que si vamos a ganar de calle, que si tres equipos españoles en las tres finales, que si el Mundial es nuestro y demás. A la larga sólo el Madrid cumplió; el Atleti resultó barrido del mapa por la selección soviética disfrazada de Dí­namo de Kiev y el Barcelona ¡ay, el Barcelona! es que no le entraba nada contra el Steaua de Bucarest. Qué exasperación.  Archibald jugó su último partido para los culés.

Siguiendo con el ambiente deprimente, en el mundial de México la selección escocesa dirigida por Alex Ferguson decí­a adiós a una época "exitosa" si por tal entendemos hacer grandes partidos (y otros horripilantes) y no pasar de la primera fase. Con Furious Fergie, éso cambió, Escocia siguió siendo un equipo de relleno en los ochenta y noventa, pero no volvió a jugar ningún buen partido. 0-1 contra Dinamarca, 1-2 contra Alemania, en el único partido que jugó Archibald y empate a 0 con Uruguay.  Y qué decir del siglo XXI, no se han clasificado para nada y eso que se han rebajado a admitir jugadores ingleses que tengan algún antepasado escocés.



Archibald y Schuster no fueron inscritos por el Barcelona la siguiente temporada, aunque el carácter dócil del escocés le permitió ser reincorporado en sustitución del malhadado Hughes para formar pareja con el goleador Lineker. Al año siguiente ni éso. La directiva del Barí§a, como siempre plagiando éxitos ajenos, dado que triunfaba el Madrid de Beenhakker decidieron traer a otro neerlandés y el resto es historia. Archibald marchó silencioso para jugar con el equipo católico de Edimburgo, el Hibernian, volvió a Barcelona para ayudar al Español a subir a primera en el 90 y prácticamente se retiró en el St. Mirren la temporada siguiente. En 1992 estaba ya tan cascado que no pudo jugar en ningún equipo aunque mató el gusanillo peloteando en competiciones menores de Escocia e Irlanda.



Por contar algo alegre, la figura de aquel Aberdeen, Gordon Strachan, al que habí­amos dejado en el Manchester United en 1984 se reunió con el técnico Alex Ferguson -vital para ambos jugadores- en 1986, tres temporadas después la reconversión del equipo echó a todos los veteranos para apostar por los Fergie Boys. El pequeño Strachan recaló en la división inferior, en el histórico Leeds United, lo ascendió a primera, y con la ayuda de Eric Cantona le hizo ganar una liga al Manchester. Lo que se tuvo que reir ese dí­a el viejito que ya no valí­a. Al año siguiente se fundó la Premiership y lo que vino después ya os lo sabéis.



Steve Archibald, mientras daba sus últimas patadas en el St. Mirren recomendó y gestionó el traspaso de su ex-compañero Ví­ctor Muñoz desde la Sampdoria. Ahí­ empezó su carrera como agente de futbolistas entre Barcelona y las Islas Británicas. Se ofreció como entrenador-jugador para el East Fife escocés y casi lo asciende a primera (la segunda categorí­a escocesa) en 1995. Tras otro parón y estancia en Barcelona, volvió a sus tierras para una aventura que podemos decir ejemplar para explicar el fútbol.

Resulta que el modesto Airdrieonians de la primera escocesa habí­a tenido muy buenas campañas a inicios de los años noventa, cegados por el éxito decidieron construir un estadio más grande y se arruinaron, para el año 2000 estaban en concurso de acreedores y Steve Archibald se hizo cargo de la fianza esperando y prometiendo encontrar socios inversores con una mejora deportiva. La mejora llegó de la mano de los cinco jugadores españoles que se trajo, el equipo casi asciende a la Premier, el estadio estaba hecho, pero ningún inversor apareció. En el 2001 el Airdrieonians dejó de existir.