Autor Tema: Los que vivimos, de Ayn Rand.  (Leído 2760 veces)

ENNAS

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Los que vivimos, de Ayn Rand.
« en: Junio 15, 2012, 12:19:50 p.m. »
“Hay dos novelas que pueden cambiar la vida de un chaval de catorce años que se dedique a devorar libros: ‘El señor de los anillos’ y ‘La rebelión de Atlas’. Una es una fantasí­a infantil que, normalmente, suele engendrar una obsesión enfermiza con héroes increí­bles que termina degenerando en una madurez emocionalmente dañada y socialmente inválida, creando un ser incapaz de relacionarse con el mundo real. En la otra novela, por supuesto, hay orcos.”

Cuando le mostré esta gracieta a mi madre no la entendió. En su lugar recordó haberle gustado leer otro libro de Ayn Rand, "Los que vivimos", y no paró hasta encontrarle para que lo leyera yo. Era una edicón de baratillo de la Editorial Planeta 1961, impresa al parecer por el éxito del reestreno del la doble pelí­cula italiana del año 1942 que cuenta la novela.

A su vez vení­a provocado por el exitazo de taquilla de "El Manantial" de la misma autora y protagonizada por la pareja extramatrimonial de Gary Cooper y Patricia Neal. También Planeta habí­a sacado en el 1958 una edición mas cuidada de la novela que mostraba a la pareja de astros cinematográficos en tapa dura.

Parece que en la España franquista del desarrollismo y los tecnócratas del Opus, Ayn Rand tení­a gran aceptación. Recordadlo cuando algunos petimetres de nuestros dí­as, que creen haberla descubierto éllos, se autoimpongan medallas de demócratas y liberales.

¿Y qué es "Los que vivimos"? Según la propia Ayn Rand, lo más parecido a una autobiografí­a que pensaba escribir en su vida. Es también su primera novela, publicada en EE.UU. en 1934.


Efectivamente la protagonista, Kira Argumova, se crí­a entre la burgesí­a de Petrogrado (en el pasado y futuro San Petersburgo, en un futuro pasado Leningrado). Al inicio de la Revolución se trasladan a Crimea esperando que en unos meses pasen los disturbios. Pero pasan cinco años y han de volver arruinados al Sóviet de Petrogrado. La acción va a trascurrir desde este momento hasta la depuración de los trostkistas tras la muerte de Lenin en 1924. Lo que da un poso de credibilidad a las descripciones pues Ayn Rand no abandonó la U.R.S.S. hasta 1926.

Lo primero que hay que decir puede parecer una obviedad, pero... Ayn Rand es una escritora rusa. No tiene la genialidad de un Dostoievsky, un Pushkin, un Tosltoi, ni siquiera se acerca a Nabokov por poner otro ruso que escribe en inglés, pero es rusa hasta los tuétanos.

La misma autora que en "El Manantial" describe imprecisamente una ciudad que, como menciona rascacielos, se supone que es Nueva York, acá se desvive en ofrecer una visión detallista y exhuberante de su ciudad natal. Adora Petrogrado al que nuca volverá. Y nos describe sus noches blancas (San Petersburgo entre marzo y octubre tiene diecinueve horas de luz diurna), la avenida Nevski, el teatro Marinsky, la aguja del Almirantazgo o el puente Anichkov, con un ardor que hace olvidar las tétricas condiciones de vida que padece la protagonista.

Si debe ser verdad que la antigua capital de invierno zarista es una de las ciudades más lindas del mundo. Acá una página turí­stica que muestra estampas de antes de la Revolución. Aparecen iglesias hoy destruidas y el Palacio de Invierno cuando aún no formaba parte de la superestructura del museo Hermitage.

http://www.san-petersburgo.com/antiguo.htm

Kira la protagonista tiene dos imágenes recurrentes en toda la obra de Ayn Rand, construir un puente de aluminio como proyecto de futuro y como recuerdo de la infancia una historia de un vikingo exultante tras una victoria mirando desde un torreón con la espada aún tinta en sangre en una mano y un cuerno de vino en la otra.

Pero ha de realizarse en un ambiente hostil: Viviendas particionadas de cualquier manera para alojar a la ingente población que huye del campo, que siendo habitual operación de especulación urbaní­stica en todos los paí­ses no exime a la autoproclamada Patria del Proletariado. Cartillas de racionamiento que sólo permiten acceder a pan de centeno, mijo para hacer gachas y aceite de linaza, creando un mercado negro de artí­culos de "lujo" tales como la sacarina, la mantequilla y los huevos.

La descripción de aquel Petrogrado bajo el régimen de economí­a de guerra es tétrica, pero como todo puede empeorar os dejo un resumen de lo que fueron los novecientos dí­as.

Con todo Kira se las compone para estudiar ingenierí­a manteniendo su independencia sin ingresar en el Partido ni mezclarse en sus actividades hasta que la expulsan de la Universidad por burguesa y debe ponerse a trabajar en lo que pille, pues tampoco quiere pertenecer a ningún sindicato. En el entreacto universitario ha conocido a dos hombres, Andrei Taganov un antiguo niño obrero que se convierte en héroeoe de la Revolución y alcanza el puesto de comisario polí­tico y el arruinado aristócrata hijo de un almirante zarista fusilado Leo Kovalensky. A ambos aprecia más por su fí­sico y personalidad que por su mayor o menor relevancia social.

Siempre se dice que Ayn Rand escribe personajes simplistas y acartonados, no es el caso. Pese a lo ininteligible de algunos diálogos, esta pareja de tres es muy querible por sus errores y sus miedos. Por su evolución, su degradación más bien, a lo largo de la novela hasta el clí­max de la elección que ha de hacer Kira entre sus dos amantes. Tras lo cual no les ocurren más que desgracias.


La elección. Lo impresionante es la elección. Kira ve como Leo, con el que convive, se convierte en un acaudalado especulador mientras que Andrei, al que ve a escondidas, empieza a creale problemas su pasado trotskista. Andrei la propone entre otras cosas huir del pais, pero cuando ella le pide a Leo que huyan éste le replica que para qué quiere la libertad teniendo dinero a manos llenas. Es uno de entre muchos ejemplos, élla dice amar a Leo y estar con Andrei por lástima. No le gusta que éste último la coloque en un altar. Sin embargo no deja de ver a Andrei, y cada propuesta de éste, Kira la reformula como propia a un Leo que se las rechaza cada vez más desdeñoso.

Y entonces tiene que elegir entre el tipo que lo dejarí­a todo por élla y él que no está dispuesto a renunciar a nada.

Y como soy un aguafiestas ahora voy a hablar del anticomunismo de Ayn Rand:

"[Andrei:] -Ya sé lo que va a decir. Lo que dicen la mayor parte de nuestros enemigos. Porque vosotros admiráis nuestros ideales, pero odiáis nuestros métodos.
[Kira:] -Al contrario: Odio vuestros ideales y admiro vuestros métodos. Si uno cree tener razón no debe aguardar a convencer a millones de estúpidos. Puede obligarles. [...]Usted y yo creemos en la vida. Pero usted desea combatir por ella, matar por ella, tal vez morir por ella si es necesario. Yo me contento con vivirla."


En este tochazo encontraréis reminiscencias de los discursos de los cerdos de "Rebelión en la granja" (sólo que George Orwell aún le faltaban nueve años para escribirla) y a nada que sigáis la historia del movimiento comunista crí­ticas que Mao Tse Tung y el "Che" Guevara no se atreverí­an a hacer hasta treinta años después de "Los que vivimos."

"Andan gritando que el comunismo ha fracasado, que hemos renegado de nuestros principios, que desde la introducción de la Nueva Polí­tica Económica ( N.E.P., 1921) el Partido Comunista ha retrocedido a una nueva forma de capitalismo victorioso que domina a nuestro paí­s. [...] Esos son los gemidos de los débiles y los cobardes que no saben encarar la realidad. [...] ¿Qué signifca que haya en la U.R.S.S. comercios privados? ¿Qué significa el que empleemos los métodos capitalistas de producción? ¿Qué significa el que mantengamos la desigualdad de salarios? ¿Qué significa que haya entre nosotros especuladores desaprensivos y criminales que realicen ganancias fabulosas [...] Hemos tenido que abandonar nuestras bellas teorí­as militantes de comunismo puro [...] Seguiremos todos unidos nuestro programa y no nos dejaremos ablandar por las miserables y lagrimosas dudas y opiniones personales de unos pocos que aún piensan en sí­ mismos y en lo que ellos llaman su conciencia en los términos del individualismo burgués."

Amén de la profecí­a cumplida sobre el régimen soviético, nótese ahí­ escondidita la carta de Valerie en "V de Vendetta". No os extrañe pues esta obra de Alan Moore es una copia burlesca de "La rebelión de Atlas" de Ayn Rand, donde el héroe también se dedica a sabotear lo que aprecia y arruinar la vida de aquéllos cuya colaboración aspira a conseguir para derrocar el totalitarismo.

Tu sacrificio te lleva al triunfo, mesiánico ideal pese a que tanto una como otro se consideran racionalistas. Iluminados que no ilustrados.

[Kira:] "¿Ignoráis que en los mejores de nosotros hay cosas que ninguna mano extraña puede atreverse a tocar? ¿Cosas sagradas por la misma razón -y no por otra- que de éllas puede decirse «ésto es mí­o». [...]¿Ignora usted que en cada uno de nosotros hay algo que no puede tocar ningún Estado, ninguna colectividad, ningún número de millones de hombres?

[Andrei:] "No hay decisión de Partido que pueda matar en un hombre aquello que es capaz de decir "yo". Podéis intentarlo. Es decir, lo habéis intentado; pero ved lo que se saca de éllo. [...] ¿No estaremos castrando la vida en nuestro afán de perpetuarnos? Tenemos que contestar esta pregunta, camaradas, o de lo contrario, la Historia contestará por nosotros ¡y nosotros caeremos agobiados por un peso que nunca más se podrá olvidar!




En resúmen: Posiblemente el mejor libro de su autora, porque lo vivió. Es un libro escrito desde el sentimiento, la nostalgia de un mundo perdido. Sus posteriores novelas al pretender ser más racionales le quedaron impostadas y falsas.

Ayn Rand no es una gran escritora pero al menos acá entronca con todos los tipismos que atribuí­mos a los novelistas rusos. No es sólo San Petersburgo, es la elección de Kira, la intuición de que eliga a quien eliga saldrá perdiendo.


yo

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Re: Los que vivimos, de Ayn Rand.
« Respuesta #1 en: Junio 16, 2012, 12:31:22 p.m. »
El Guardian traí­a hace unos dí­as el artí­culo "confesiones de un objetivista en recuperación" justamente hablando de lo atractivo que el egoismo es para una mente joven y a la vez los daños que esta idea puede hacer en mentes inmaduras:

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/jun/10/confessions-recovering-objectivist-ayn-rand


Una filosofí­a que convierte a los múltimillonarios en ví­ctimas y a sus seguidores en piltrafas:

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/mar/05/new-right-ayn-rand-marx

« Última modificación: Junio 16, 2012, 12:34:06 p.m. por Flip »

ENNAS

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Re: Los que vivimos, de Ayn Rand.
« Respuesta #2 en: Junio 16, 2012, 01:30:49 p.m. »
Leí­do los he y apunto algunos errores.

Rand no procedí­a de una familia próspera, o depende de qué se entienda por tal. Regentaban una botica que el sóviet de Petrogrado les confiscó porque la habí­an abandonado fugándose a Crimea para ponerse al servicio de los Rusos Blancos. Obviamente cuando regresaron, no se la devolvieron.

Su asunción de que la economí­a dirigida es igual a pobreza y hambre se basaba precisamente en sus vivencias entre 1917 y 1926. Ciertamente bajo el comunismo de economí­a de guerra, las cartillas de racionamiento para quién las tuviera y el hambre para los demás (que solí­an ser ex-rusos blancos) eran habituales.

Pero no era por culpa exclusiva del comunismo las carestí­as, aunque sí­ todas las mezquindades que cometí­an contra los que consideraban burgueses.

Rand no emigró, desertó que no es lo mismo en 1926, como muchos Trostkistas (no digo que élla lo fuera, pero evidentemente es otra desencantada del régimen). De hecho se cambió el nombre para intentar evitar que su familia fuera represaliada.

Criticar el pensamiento de Rand porque le fuera la marcha, y que un hombre bien macho la azotara el culete o la esposara al dosel de la cama pues es... éso.

Digamos que Rand tuvo un pequeño éxito con el "Los que vivimos" durante la posguerra por su anticomunismo. Así­ que se lo creyó y en vez de seguir contando folletines con Andreis y Natachas (más la hubiera valido) se creyó una gran intelectual y empezó a ser para élla más importante contarnos sus ideas que escribir una buena novela.

Buena parte de éso se nota en "El Manantial" dónde la pareja protagonista es infumable, pero los secundarios son bastante buenos, el arquitecto envidioso, su amargada hermana, el hipócrita crí­tico de arte y sobre todo el director del periódico un hijoputa-que-en-el-fondo-tiene-buen-corazón.

"La rebelión de Atlas" como no la he leí­do (ni pienso) me tendré que limitar a reenlazar el link que nos dejó Patillotes en otro hilo, que es él que empezó todo ésto:

http://vicisitudysordidez.blogspot.com.es/2012/02/ayn-rand-como-convertir-los-freaks-en.html