Autor Tema: El gran embrutecimiento.  (Leído 144227 veces)

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #15 en: Julio 27, 2014, 01:09:03 p.m. »
¿Cómo no te voy a querer?


El niño entra en la casa a lo Cristiano Ronaldo regateando en velocidad a todos los familiares que se agolpan en el pasillo para dirigirse a la habitación donde está el ordenador. Si por desventura está apagado irá al salón del televisor y de no estar encendido entonces ya sí­ saludará con desgana a sus parientes.

Al chico le gusta el fútbol, de hecho sólo quiere el ordenador para los videojuegos balompédicos y la tele para ver el canal Real Madrid, lo prefiere a los dibujos. Cómo podrá suponerse es del Madrid como los son su padre y su abuelo, por suerte dirí­a yo, ya que cada vez que no gana agarra unos berrinches de cuidado, bueno que digo para suscitar su llantina basta con que a los blancos les hagan algún gol aunque vayan ganando por goleada. Menos mal que no se hizo del Racing de Santander.

Con amoroso enconamiento su abuelo le inculca lo malos que son los catalanes y los del Barí§a -no queda muy claro si los unos son malos por ser del otro o viceversa- Leo Messi en particular, es un tramposo que nunca ha ganado nada y al que habrí­a que anular todos sus goles. Es peor el abuelo que el nieto.

Con tanta devoción por el deporte rey, que menos que apuntarle a una de esas escuelitas de fútbol, dónde como dice el Turu Flores[1] son peores los padres que los niños y como explica Quique Setién[2] les enseñan fundamentos tácticos pero no les permiten tirar un regate.

No le tienen en el primer equipo, es demasiado individualista, piscinero en cuanto pierde la pelota y se empecina en lanzar él las faltas agarrando el balón y no dándoselo ni al árbitro. Así­ que de ocho equipos de su edad le meten en el séptimo junto con otros diez chavalines más entusiastas que hábiles y así­ puede lucirse él solito en los partidos amistosos, en los oficiales suelen perder por goleadas.

Nada le atrae salvo el fútbol, nadie le importa salvo que pueda camelarle para jugar al fútbol (real o virtual), inapetente en la mesa, rezongando en el cole -uno de esos privados bilingí¼es, gran dispendio en educación, para luego oí­r que la mayor diversión de los chavalines consiste en tirarse la comida los unos a los otros-.

Incluso con el fútbol por medio, progresa por la vida con una actitud entre autista y chulesca. Tratamos de decirnos que no es mal chico, sólo que es muy independiente y ante la menor contrariedad pierde los nervios (que le dé por desobedecer, bueno y pase, pero lo de insultar a su madre yo la verdad no lo veo).

Quizá estemos criando a un futuro campeón.

Y si no cuaja siempre puede ingresar en el PP.


[1]

[2] http://deportes.elpais.com/deportes/2013/11/28/actualidad/1385671689_974581.html

Baku

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #16 en: Julio 27, 2014, 01:29:07 p.m. »
No dices la edad del chaval, pero mi experiencia es que muy pronto los chavales empiezan a ver quien es un chupón y un mal compañero. En cualquier caso tiene dos opciones, o es muy muy bueno o lo acabará pasando mal vagando de equipo en equipo.

Las normas de vestuario surgen de forma natural (nadie las impone) y muy pronto. Recuerdo que en el paso de prebenjamí­n a benjamí­n el chulito del equipo (les sacaba más de un palmo a todos los demás) entro en el vestuario diciendo a los demás si preferí­an que un chico del equipo, el más flojito, se fuera para que entrara uno del b que era muy bueno, todos le dijeron que querí­an que se quedara su amigo y alguno incluso llegó a decir que mejor que se fuera él.
It's very difficult todo esto.

Carson_

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #17 en: Julio 27, 2014, 03:15:36 p.m. »
El gran embrutecimiento es el tí­tulo de uno de los últimos subcapí­tulos de "La montaña mágica" un libro que no se pudo publicar hasta 1924 después de trece años de trabajo por parte de su autor Thomas Mann, un hombre de buena familia y profundamente conservador que en el trascurso de su vida, al igual que le pasara a Tólstoi, a base de reflexionar sobre la condición humana terminaron derivando hacia posiciones izquierdistas, lo que en el caso del alemán le llevó a tener problemas tanto con los nazis como con los estadounidenses y de ambos paí­ses se tuvo que exiliar..

Soy muy Thomas Mann, de siempre, aunque lleve décadas “olvidado”. Doktor Faustus es uno de mis libros preferidos. No se lo recomendarí­a a nadie. La montaña mágica lo leí­ dos veces. Recuerdo un artí­culo de Gabriel Garcí­a Márquez en el que comentaba que sólo conocí­a a una persona que lo hubiera releí­do. Somos dos al menos. Gabo fue un entusiasta de Thomas Mann, más de una vez reconoció que se inspiró en Los Buddenbrook para Cien años de soledad.
 
Pero es que además me apasiona la historia familiar, como los Panero pero en germánico y todaví­a con más punta. La sombra de Thomas Mann es ancha y alargada. Su hermano, Heinrich Mann fue el autor de El ángel azul, sí­, la novela que fue llevada al cine por Sternbeng y que catapultó a Marlene Dietrich. Klaus, su hijo homosexual, escribió entre otras cosas Mefistófeles. Yo ahí­ veo un complejo de Edipo invertido si fuera freudiana. En las notas del padre, cuando Klaus se suicida, no se advierten pesar, ni conmiseración, siquiera rabia. Lees a alguien más bien descontento por la pusilanimidad del hijo.

Erika, otra de las hijas de Thomas Mann, también homosexual, regentó un cabaret en la Alemania nazi. Se casó con el poeta W. H. Auden para poder pedir la ciudadaní­a británica. Auden era amigo de Christopher Isherwood, quien escribió Adiós a Berlí­n que inspiró la peli Cabaret… Tiras de la hebra y te sale hasta el médico fumador de  Bob Fosse.

Toda esta parrafada para concluir que Thomas Mann nunca se decantó a la izquierda, ni Jorge Luis Borges, dos especí­menes a su bola: qué fastidio de realidad. 
« Última modificación: Julio 27, 2014, 03:19:01 p.m. por Carson_ »

yonnon

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #18 en: Julio 27, 2014, 03:18:15 p.m. »
El gran embrutecimiento es el tí­tulo de uno de los últimos subcapí­tulos de "La montaña mágica" un libro que no se pudo publicar hasta 1924 después de trece años de trabajo por parte de su autor Thomas Mann, un hombre de buena familia y profundamente conservador que en el trascurso de su vida, al igual que le pasara a Tólstoi, a base de reflexionar sobre la condición humana terminaron derivando hacia posiciones izquierdistas, lo que en el caso del alemán le llevó a tener problemas tanto con los nazis como con los estadounidenses y de ambos paí­ses se tuvo que exiliar..

Soy muy Thomas Mann, de siempre, aunque lleve décadas “olvidado”. Doktor Faustus es uno de mis libros preferidos. No se lo recomendarí­a a nadie. La montaña mágica lo leí­ dos veces. Recuerdo un artí­culo de Gabriel Garcí­a Márquez en el que comentaba que sólo conocí­a a una persona que lo hubiera releí­do. Somos dos al menos. Gabo fue un entusiasta de Thomas Mann, más de una vez reconoció que se inspiró en Los Buddenbrook para
 
Pero es que además me apasiona la historia familiar, como los Panero pero en germánico y todaví­a con más punta. La sombra de Thomas Mann es ancha y alargada. Su hermano, Heinrich Mann fue el autor de El ángel azul, sí­, la novela que fue llevada al cine por Sternbeng y que catapultó a Marlene Dietrich. Klaus, su hijo homosexual, escribió entre otras cosas Mefistófeles. Yo ahí­ veo un complejo de Edipo invertido si fuera freudiana. En las notas del padre, cuando Klaus se suicida, no se advierten pesar, ni conmiseración, siquiera rabia. Lees a alguien más bien descontento por la pusilanimidad del hijo.

Erika, otra de las hijas de Thomas Mann, también homosexual, regentó un cabaret en la Alemania nazi. Se casó con el poeta W. H. Auden para poder pedir la ciudadaní­a británica. Auden era amigo de Christopher Isherwood, quien escribió Adiós a Berlí­n que inspiró la peli Cabaret… Tiras de la hebra y te sale hasta el médico fumador de  Bob Fosse.

Toda esta parrafada para concluir que Thomas Mann nunca se decantó a la izquierda, ni Jorge Luis Borges, dos especí­menes a su bola: qué fastidio de realidad. 


que miedo das


cuando quieras nos enchufamos a absenta

Carson_

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #19 en: Julio 27, 2014, 05:23:37 p.m. »
Yonnon, dí­a y hora.

Ahí­ te cuento sobre Muerte en Venecia que adaptó Visconti. El profesor es él.

« Última modificación: Julio 27, 2014, 05:38:27 p.m. por Carson_ »

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #20 en: Julio 27, 2014, 06:40:12 p.m. »
No dices la edad del chaval, pero mi experiencia es que muy pronto los chavales empiezan a ver quien es un chupón y un mal compañero. En cualquier caso tiene dos opciones, o es muy muy bueno o lo acabará pasando mal vagando de equipo en equipo.

Las normas de vestuario surgen de forma natural (nadie las impone) y muy pronto. Recuerdo que en el paso de prebenjamí­n a benjamí­n el chulito del equipo (les sacaba más de un palmo a todos los demás) entro en el vestuario diciendo a los demás si preferí­an que un chico del equipo, el más flojito, se fuera para que entrara uno del b que era muy bueno, todos le dijeron que querí­an que se quedara su amigo y alguno incluso llegó a decir que mejor que se fuera él.

Diez. Y yo lo que me temo es precisamente eso. Ese enfurruñarse cuando los demás no hacen lo que él quiere y dar la espalda al grupo y acuclillarse como un monito expulsado de la manada.

Soy muy Thomas Mann, de siempre, aunque lleve décadas “olvidado”. Doktor Faustus es uno de mis libros preferidos. No se lo recomendarí­a a nadie. La montaña mágica lo leí­ dos veces. Recuerdo un artí­culo de Gabriel Garcí­a Márquez en el que comentaba que sólo conocí­a a una persona que lo hubiera releí­do. Somos dos al menos. Gabo fue un entusiasta de Thomas Mann, más de una vez reconoció que se inspiró en Los Buddenbrook para
 
Pero es que además me apasiona la historia familiar, como los Panero pero en germánico y todaví­a con más punta. La sombra de Thomas Mann es ancha y alargada. Su hermano, Heinrich Mann fue el autor de El ángel azul, sí­, la novela que fue llevada al cine por Sternbeng y que catapultó a Marlene Dietrich. Klaus, su hijo homosexual, escribió entre otras cosas Mefistófeles. Yo ahí­ veo un complejo de Edipo invertido si fuera freudiana. En las notas del padre, cuando Klaus se suicida, no se advierten pesar, ni conmiseración, siquiera rabia. Lees a alguien más bien descontento por la pusilanimidad del hijo.

Erika, otra de las hijas de Thomas Mann, también homosexual, regentó un cabaret en la Alemania nazi. Se casó con el poeta W. H. Auden para poder pedir la ciudadaní­a británica. Auden era amigo de Christopher Isherwood, quien escribió Adiós a Berlí­n que inspiró la peli Cabaret… Tiras de la hebra y te sale hasta el médico fumador de  Bob Fosse.

Toda esta parrafada para concluir que Thomas Mann nunca se decantó a la izquierda, ni Jorge Luis Borges, dos especí­menes a su bola: qué fastidio de realidad.

En el capí­tulo de chismorreos se te olvido señalar las pulsiones homosexuales del autor, reconocidas en petit-comite, y que por su último libro llegó a ser acusado de pederasta. Tampoco señalas que Erika y Klaus, amén de ser sus dos hijos favoritos, estaban muy unidos entre sí­ y que el Mefisto de Klaus reconocidamente es un retrato de su cuñado el primer marido de Erika, Gustaf Grí¼ndgens.

Toda esta parrafada para decir que no sé qué tienen que ver las preferencias sexuales con las tendencias polí­ticas.

El FBI investigó a Thomas Mann entre 1927 y 1955. Acá su expediente de cien páginas:

https://web.archive.org/web/20040626174307/http://foia.fbi.gov/thommann/thommann1.pdf

Son unos paranoicos pero recopilan informaciones que le sitúan defendiendo a la República Española, siendo miembro de cómites claramente formados por comunistas, visitando la zona soviética de Alemania -dónde estaba su Lí¼beck natal- y alabando a las autoridades tí­tere del régimen, y en suma desestimando que se le conceda la ciudadania estadounidense por ser un filocomunista implicado en actividades antiamericanas.

Thomas Mann negó siempre ser un comunista, pero adviertase en el informe la cantidad de textos suyos recopilados defendiendo a los soviéticos y criticando la democracia americana. Y otro buen montón de textos ajenos tildándole de pomposo, oscuro, inmoral (¿?), y sobre todo comunista. Te ayudará a entender por qué también tuvo que exiliarse de los EE. UU.

¿Qué decí­as de la realidad?

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #21 en: Septiembre 07, 2014, 09:45:02 p.m. »
Tragedia de los comunes.

Yo querí­a perder unos quilos, bajar de los noventa, no más. Pensé de que productos abusaba y me recaté del alcohol y del pan.


Pero hete aquí­ que te hete, ¡ay!, que los daños colaterales (si tal se pueden llamar) me hace hablar con más soltura, sin trabucarme ni vacilar, pero me han secado el cerebro. Sin imaginación, sin ideas, en blanco. No soy capaz de escribir nada interesante. 
 
1.- Todos los gatos muertos.

Esa ha sido la primera novedad cuando he llegado al pueblo.

Los gatos locales disponí­an de gran territorio; las casas de sus amos como cubil y todas las de los emigrados y veraneantes como zonas de caza y paso. Tení­amos de habituales convidados a los mininos de los vecinos, hijos de mil padres (los felinos, no las personas), entre ellos una gata moteada de negro, naranja y blanco cuyo dueño aseguraba que llevaba con él más de veinte años, viejí­sima y lenta como era aún traí­a pequeñas camadas de apenas dos cachorros al mundo.

Los gigantescos y temibles mastines de los pastores y los sabuesos de frágil cuello y enormes orejotas caí­das de los cazadores estaban tan acostumbrados a su omnipresencia que ni se molestaban en asustarlos. Así­ que su único predador natural era la garduña del sotobosque que rodea al pueblo y aún ésta con ser feroz, solo atacaba a las crí­as. Hasta ahora.

Un vecino molesto con el desparpajo gatuno a la hora de pasearse por casa ajena, no ha tenido otra ocurrencia que llenar el patio de su casa con carne picada de casquerí­a envenenada con estricnina, para que los gatos una vez comidos se fueran a morir bien lejos. Y oye, está en su casa y puede hacer en ella lo que quiera, son las ventajas (¿?) de la libertad.

2.- La paella comunal.

En pueblos del norte de Palencia y a mediados de agosto se celebra la feria del cangrejo. Extinguida que fue la especie autóctona unos treinta años ha, se repoblaron el Pisuerga y sus subsidiarios con el cangrejo americano, un pequeño blindado articulado de grueso caparazón y magras carnes, brazos como Popeye y patitas de alambre que no obstante le permiten montarse expediciones por tierra firme.

Adquiere tras su cocción un rojo bermellón intenso y una rigidez de cigala. Embebidas sus carnes en la salsa vegetal, aceitosa y ligeramente picante de las grandes cazuelas, el mismo caldo en los que los sumerges enteros, son un plato muy solicitado. Aunque menos que la tradicional paella, o arroz caldoso con cangrejo de rí­o para no suscitar la irritación de los levantinos.

Es el caso que en O*** celebraban sus fiestas con una de estas "paellas" para todo el vecindario, en plan comida comunal con gigantescos recipientes donde prepararlas, hectolitros de agua, decalitros de aceite, quilos y quilos de arroz, canastas enteras de cangrejos, decenas de panes de a quilo  y cajas de tintos del Duero. Tableros de patas desmontables y bancos corridos, los paisanos sólo tení­an que llevar plato, vaso y cuberterí­a.

Principiaron algunos por apartarse de las mesas comunales recién servidos para comer por su cuenta. Siguieron otros la escalada separatista llevándose los platos humeantes a su casa para no ver a los demás... A la final la comisión de fiestas que se pasaba la mañana preparando la "paella", montando el comedor y sirviéndola a sus vecinos se quedaba sola para fregar y recoger el tingladillo. Y para peor los veraneantes, exigentes, les metí­an prisa para comer a su hora, que para eso pagaban.

Total que para estar así­, dejó de hacerse la "paella". Este año han tratado de volver a ponerla en marcha. Lo primero que han hecho los emprendedores con iniciativa es pedir una subvención al Ayuntamiento y otra a la Diputación palentina. Lo siguiente contratar a un profesional de la materia un afable anciano que viviendo de las rentas que le proporcionan el restaurante que posee en Santander cerca del puerto pesquero y una granja de ganado vacuno y equino en Maliaño, gusta de sacarse unos dinerillos practicando su afición favorita: preparar paellas para cientos de comensales o bocadillos de decenas de metros de largo.

http://www.paellasgigantesvicente.com/

3.- Soldadores vizcaitarras.

Tras el desmantelamiento del emporio siderúrgico estatal en la rí­a del Nervión las pequeñas empresas asociadas supieron salir adelante imitando el modo de vida de los antiguos chamarileros que iban de aldea en aldea reparando los calderos de bronce o trocándolos por ollas de aluminio. Los cualificados trabajadores del metal norteños diéronse a la vida transhumante en función de los intereses de la megacorporación para la que trabajaran. Así­ fabricantes de moldes de vehí­culos hasta entonces empleados por la estatal SEAT pasaron a fabricar esos mismos moldes para las factorí­as de la Audi-Volkswagen en Dortmund o Sao Paulo. Quienes trabajaban subcontratados en las refinerí­as de Cartagena y Puertollano pasaron a hacerlo en Bizerta, Orán o Argel. Quien se empleaba en centrales hidroeléctricas o nucleares en suelo patrio pasó a realizar esas mismas labores para la Alston en Gran Bretaña, Alemania, Suiza o Italia.

Es el caso que una petrolera noruega necesita reponer sus tubos de embarque, pequeños oleoductos submarinos que llevan el petróleo de las plataformas marinas a las boyas de carga donde llenan sus depósitos los naví­os petroleros. Por razones de seguridad, y más en el tempestuoso Mar del Norte, no se permite que los  megabuques se acerquen a menos de media milla de la plataforma extractora. Las tuberí­as han de resistir bajo el agua marina los embates del oleaje sin tener fugas y por motivos comprensibles las partes más sufridas son las soldaduras entre los diferentes codones de no más de cuarenta y cinco grados de torsión que son necesarios para cubrir el trayecto.

El dinero no representa problema alguno para los noruegos y están dispuestos a hacer (y pagar a buen precio) las pruebas en seco que sean necesarias hasta contratar al equipo de soldadores de la empresa vasca. Un equipo de expertos se ha desplazado desde Escandinavia para realizarlas. La empresa no sólo ha dispuesto lo mejor de su personal sino que abrumada por la cantidad de trabajo puntual está dispuesta a contratar a brigadas enteras de soldadores. Hasta sesenta candidatos llegan a ser probados a lo largo de una jornada de trabajo; las pruebas, ocioso es repetirlo, son severí­simas.

Una de las primeras cosas que notan los veteranos es lo chapuceros que son los jóvenes soldadores, por lo general procedentes del sector de la construcción, cada juntura es un pegote de metal fundido que además de su mal aspecto ni siquiera garantiza que no haya microfugas.

Esto es lo que trae una Formación Profesional competitiva y eficaz volcada con la electrónica e informática (éllos) o administrativos y peluquerí­a (éllas), que ya nadie opta por las viejas profesiones industriales de delineantes, soldadores o torneros.

Breve interludio musical que no viene a cuenta pero va.


4.- El gentilhombre liberal, breve e incompleto manual de urbanidad para el siglo XXI.

Sea tu lema "¡Charlie no hace surf!" y muestra tu independencia evitando las tareas comunes. No el trabajar, ojo, sino el hacer lo mismo que hacen los demás. Si hay que levantar una pared, ponte a limpiar el coche; ¿toca limpieza general?, ordena tus trastos viejos en mitad del salón. Ya terminaron con la labor: Ve detrás remozando lo que hicieron pues seguro que no es de tu gusto.
 
Si en la mesa alguna comida escaseara pí­dela para ti, no es óbice si no te gusta, lo importante es quitársela a los demás; mas como siempre hay algún retrogrado cristiano o izquierdista dispuesto a compartir, en el mismo momento que álguien diga -"te cedo la mí­a", responde con presteza -"pues ya no la quiero".

Ante todo los principios. No dejes que te amilanen las caras de circunstancias de los demás. Al contrario, ¡ésas  miradas aviesas son tu mayor triunfo!, la prueba de que no eres uno más del rebaño. ¿No te encanta el olor a victoria a cualquier hora?



5.- Frasier has left the building.

La única tienda del pueblo es un bar. Esto es España. Y como lo es, a lo largo de los noventa resurgieron los Familiares de la Inquisición prestos a denunciar las faltas ajenas. Habí­a que echar al corrupto. Acabar con la corrupción.
Era tenedor de libros (custodio del cofrecillo más bien) el antiguo "alcalde"  del pueblo, edil que lo fue con Franco, con la UCD, con el PSOE y el PRC y lo hubiera sido del PP de no ser por los familiares de la Inquisición que, puros de corazón, no toleraban tanto veletismo polí­tico o por mejor decir no soportaban a nadie que tuviera algo que ver siquiera de refilón con los socialistas.

Así­ que porfiaron y porfiaron siendo la base de la acusación que el í­nclito habí­a apañado terrenos del común en beneficio propio, cosa que hemos hecho todos los vecinos pero sólo él ha sido desprestigiado por ello.
 Y dijéronnos con voz ahuecada -"¿Si ha sido capaz de quedarse con tal huerto, cómo no va a haberse robado el dinero de la cantina? Ya conocéis el razonamiento: Si veo porno ¿cómo no voy a ser pederasta?, si fumo tabaco, ¿cómo no voy a fumar crack?, si digo que el capitalismo especulativo nos lleva a la ruina ¿cómo no voy a poner coches-bomba y pegar tiros en la nuca?

Así­ pues entre broncas de taberna los justos y buenos depusieron al tirano y eligieron un triunvirato de personas de orden, de los de toda la vida entre el hastí­o de los no implicados. Habí­a llegado la paz al boliche. Lástima que durara tan poco. Ahora los triunviros están enfrentados entre sí­ lanzándose acusaciones mutuas de corrupción. Y la verdad, traen unos vinos que no hay quien los beba pero que son los favoritos de cada uno de éllos por su precio.

6.- Reverendo Padre, yo me acuso...



De quedar como un señor al ofrecer a cualquier mujer con la que quiero convivir el compartir las labores de casa, siendo que cuando vivo sólo las hago yo por completo. Es justo señalar que ninguna me ha dicho -"Oye, oye, no. Que yo vengo acá para follarte (si eso te sube el ego) pero de cocinar, planchar, limpiar y hacer la compra te encargas tú como hasta ahora."

De pasar un mal rato en la farmacia cuando tengo que pedir un NuvaRing para élla. Qué sofoco.

De considerar de un modo inconsciente que todos los enfados femeninos son por motivos sentimentales. Soy incapaz de plantearme en primer término que una mujer puede estar cabreada por un atasco de tráfico, o el transporte público en hora punta, o la cola del centro comercial, o un mal dí­a en la oficina.

De no ser capaz de escuchar a una mujer sin interrumpirla. Con los hombres me limito a desconectar cuando no me interesa y escuchar atento si me importa.

De pensar que cuando cuentan sus problemas esperan que yo se los solucione como si fuera el Búho Nocturno salvando a su chica del Doctor Manhattan y Ozymandias (exactamente ésa es la imagen).  Ni se me pasa por la cabeza que sus batallitas sean en plan "yo que le iba a contar lo de Garcí­a, y de cómo le he parado los pies".


Creo, padre, que trato a las mujeres como si fueran niñas pequeñas. En mi descargo diré que los falsos malotes también eligen a chicas de menos edad y éstas a su vez los escogen por creerse que son más expertos sin plantearse que si están libres (éllos) es porque todas las chicas de su generación (de éllos) han pasado de sus respectivos traseros.
Perdóneme padre, pero entiendo que si los jóvenes y las jóvenes tienen esos comportamientos desinhibidos en las fiestas es debido a que su precariedad laboral los hace estar hoy aquí­ y mañana allá. Por la misma razón éllas se sacan fotos para poder mantener a distancia una remedo de relación estable.

¿Padre, he pecado?


ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #22 en: Noviembre 29, 2014, 08:17:31 p.m. »
Érase una vez que se era un matrimonio italoamericano con dos hijos a cuestas y otro por venir. El joven padre se ganaba la vida como contratista de obras al sur de Filadelfia, en lo que ya eran comunidades del vecino estado de Nueva Jersey al otro lado del rí­o Delaware con respecto a la señorial ciudad, por especificar más entre Sewell y Turnersville. La madre trajo al mundo a la primera de otras cuatro niñas y otro niño más que tendrí­a la pareja; era un 9 de marzo de 1958 y a la recién nacida la bautizaron con el mismo nombre que su madre, Clorinda.

Profundamente católicos -más tarde cuando Clorinda fue famosa comentó medio en serio medio en broma que en realidad sus padres sólo habí­an hecho el amor unas ocho veces en todo su matrimonio- dieron a sus hijos una educación basada en partes iguales en el esfuerzo y la religiosidad. La abigarrada chiquillerí­a competí­a por la atención de sus padres a base de destacar en sus respectivos colegios obviamente católicos por sus buenas notas y mejores conductas. Como primera entre sus hermanas, Clorinda se resentí­a de la escasa atención que obtení­a, del ruido que metí­an sus hermanitas y de tener que ser su guardiana y ejemplo en el colegio. Pero las monjas adoraban a aquella chica larguirucha, empollona y seriota, tanto como ella se desfogaba de aquella disciplina estricta y los horribles uniformes oscuros jugando al baloncesto con una muy poco femenina ferocidad reboteadora, amén de fumar a escondidas lo que le costó la expulsión del baile de graduación.

Su buen expediente académico propició su ingreso en el Rosemont College, la sección femenina de la católica Universidad de Villanova (Pensilvania). Rodeada de hispanas ricas -a las que detestaba- deseosas de parecer wasp, peliteñidas, maquilladas en tonos pastel, con descocados vestidos de colores, a Clorinda le entró el tí­pico prurito knickerbocker de vestir de oscuro (élla que odiaba los uniformes) y sin maquillar. Pero se ganó un puesto en las representaciones teatrales justo por su contención, su falta de aspavientos y una voz ya moldeada por el tabaco pero oscura y poderosa. Para más distinguirse de aquellas buscanovios, y como es propio de una enseñanza católica se hizo devota de Nietzsche y de Marx; aspiraba ya en plan gran dama del Este a ser la versión femenina del gran abogado laboralista Clarence Darrow.

http://en.wikipedia.org/wiki/Clarence_Darrow

Gran disgusto causó a sus padres la sorpresa de que tras graduarse en 1980 en ciencias polí­ticas, habí­a preferido matricularse  en la prestigiosa Circle in the Square Professional Theater School en Mahattan. Todo el dinero ahorrado para la Universidad se fue en pagar las clases y compartir un apartamento en el vecino barrio portuario de Hell's Kitchen con otro aprendiz de actor llamado Bruce Willis, así­ que se buscó un trabajo nocturno de camarera en el Kamikaze night-club y consiguió otro para su compañero de piso. Es acá cuando empieza a mostrar sus dotes de controladora al tener que parar las avanzadas de los clientes del bar y lo hace de una manera católica, encarando al pesado de turno y preguntándole con su voz grave si no tiene cosa mejor que hacer en la vida que andar emborrachándose hasta las tantas. A pesar de esos malos ratos, la capillitas se confiesa culpable de inducir a beber a aquellos pobres desdichados, y de sentirse más o menos reconfortada al pensar en el trabajo como una "labor social", aliviar la soledad pasajera de sus bebedores.

La enseñanza dio sus frutos en 1985 cuando consiguió el primer papel protagonista en una pelí­cula para adolescentes "Vision Quest" en el que interpretaba a una mujer madura que seduce al deportista estrella de instituto Matthew Modine.



Repitió el papel de desvirgadora de niñatos guapitos de cara en "Gotcha!" otra comedia adolescente de espí­as rodada en Europa.



Y ese mismo y fructí­fero año pilló un papel de secundaria en "After Hours" de Martin Scorsese, que en aquel entonces se dedicaba a experimentar géneros con desigual fortuna, aún no se habí­a especializado en rodar pelí­culas sobre el ascenso y caí­da de un bribón. A más, era vilipendiado a conciencia por haber rodado "La última tentación de Cristo", así­ que a pesar de ser una muy buena pelí­cula, nadie la cita entre lo mejor de la obra del director.

Este auspicioso comienzo cinematográfico de nuestra Clorinda, que ya se hací­a llamar Linda Fiorentino respetando el apellido paterno, se vino al traste al año siguiente. Ya habí­a dado muestras de "rareza" dejando plantados a productores y periodistas en las promociones de pelí­culas. Como buena "primogénita" era una chica tí­mida que encubrí­a esa falencia aparentando ser una tí­a dura, pero en el mundillo se empezó a ganar fama de difí­cil. No ayudó mucho su relación con el guionista e intelectual John Byrum, un hombre doce años mayor que la convenció para embarcarse en el proyecto de rodar un biopic de la infortunada musa de Andy Warhol y Bob Dylan, Edie Sedgwick:

http://es.wikipedia.org/wiki/Edie_Sedgwick

Ésta es una de las canciones que Dylan le dedicó y con mucho la más hiriente, pues refleja la propia vida de la musa desde su época de chica bien que se mete a modelo hasta su desdichado final por culpa de la necia droga (la traducción es mejorable en mi humilde opinión).


Pero al caso, por seguir las directrices de su marido, pero también por qué no decirlo por su pose de gran dama del Este, rechazó el papel de coprotagonista de Tom Cruise en "Top Gun". No querí­a volver a hacer de Miss Robinson. Es la mayor metedura de pata de toda su carrera. Era una de esas pelí­culas hechas a mayor lucimiento del guaperas de turno en donde la actriz principal termina siendo la más elogiada. Pensad en Julia Roberts con Richard Gere en "Pretty Woman"; o Demi Moore con Patrick Swayze en "Ghost" o como el pagafantas de Michael Douglas lanzó a la fama a Kathleen Turner, Glenn Close y Sharon Stone.

Pero élla no, con esa mezcla de altivez y rudeza propia de los tí­midos lo mismo soltaba un "Teens aren't just interested in getting laid down. I won't believe that's all they're interested in. I have four younger sisters and they are sick of being shown how they are supposed to react in bed"  (que anticipaba las modernas comedias adolescentes a lo "American Pie") que se plantaba con un aún más preciso y grosero "I go out with men, not boys". Total, que rechazó el papel y para más escarnio el proyecto conjunto nunca salió adelante, de hecho Byrum apenas ha rodado cuatro pelí­culas intrascendentes. Aunque enchufó a su mujercita como protagonista en un episodio que rodó para la serie televisiva "Alfred Hitchcock presents". La pareja se divorció en 1993 aunque quedaron en buenos términos, después de todo Linda se avino a hacer un cameo para una pelí­cula de su ex . Éso sí­ nunca más se quiso volver a casar.

Y gran parte de la causa final del divorcio fueron los tres años en blanco que se chupó nuestra protagonista. No volvió  a actuar hasta 1988, en "The moderns" una pelí­cula que reflejaba la vida de los intelectuales estadounidenses en el Parí­s de la Belle Époque. Éxito asegurado, al menos en la crí­tica, pero fiasco en taquilla para lo que se suponí­a un buen reparto y un presupuesto abultado.



Ese mismo año empezó su descenso a los infiernos. Siguió optando a papeles protagonistas, pero élla, la católica señoritinga del Este, rodó esos thriller eróticos donde el guaperas de turno se ve asediado por una viuda negra hasta que al final recupera la cordura y la manda a paseo. Lo más bajo en lo que puede caer una actriz que se precie y eso incluyendo su profesionalidad. Esas pelí­culas destinadas a solteros exigentes que no se conforman con cualquier mujer, motivo por el cual tienen que verles las tetas por televisión a las tantas de la mañana, suelen estar protagonizadas por playmates rubitas de prietas y rotundas curvas. Pese a no dar el "physique-du-rí´le" Linda Fiorentino no puso objeciones a desnudarse sin tapujos. Y todo empezó con "Wildfire".

Se puede aducir que sus siguientes proyectos fueron un biopic del mafioso fundador de Las Vegas, Bugsy Siegel, para TV, la miniserie "The Neon Empire" o incluso una comedia indie de lujoso reparto, Kevin Bacon, John Malkovich, Joe Mantegna, Tom Waitts, Jamie Lee Curtis y ella misma en "Queen's Logic". E incluso el enésimo intento de revitalizar la carrera de un ya fondón John Travolta como bailarí­n en "Shout".

No es una dirección de youtube válida
Pamemas, de ahí­ en adelante rodó porno thrillers. "Strangers", "Chain of Desire", "Acting on impulse"... El único papel que se salí­a de la norma fue "Beyond the Law" la tí­pica producción para la tele de historia basada en hechos reales sobre un agente del FBI que se introduce en una banda de moteros. Pero con deciros que compartí­a reparto con los muy echados a perder Charlie Sheen y Michael Madsen os hacéis una idea del despropósito. Y sin embargo y por muchas burlas que se hagan del bala perdida de Charlie Sheen "beyond the law" es una pelí­cula muy digna, muy por encima de cualquier telefilme al uso.



Y eso dio lugar a que su productora y exhibidora, la hoy celebérrima cadena de pago HBO que a mediados de los noventa se limitaba a echar pelí­culas de tetas y culos (en homenaje a sus inicios sus hoy reputadas series incluyen una amplia ración de carne) encomendó a John Dahl el enésimo suspense subidito de tono. John Dahl no vale para mucho, de hecho se ha reciclado como  director de episodios en series famosas, "Dexter",  "Galáctica", "True Blood",  "Vampire Chronicles", "Californication", "The Americans", "The Bridge", "Breaking Bad", "Justified", "Homeland", "Falling Skies", "Shameless", "Person of Interest".

Pero en el año 1994 "The Last Seduction" arrasó, siendo como era un guión imposible suspendida la incredulidad en la actuación de Linda Fiorentino, nominada incluso al Óscar, aunque cuando el buen jurado vió el lamentable curriculum de la actriz se echó para atrás aduciendo que la pelí­cula se habí­a estrenado en TV antes que en salas de cine. No obstante y antes de continuar con la segunda parte que es la más interesante acá os cuelgo la pelí­cula entera en la esperanza de que la disfrutéis:


Notad que en la costa este de Estados Unidos no pronuncian la letra T, así­ que Manhattan suena "Manáan". Notad también como Woody Allen ha plagiado descaradamente en "Blue Jasmine" el "¿a quién hay que chupársela para que me sirvan un cóctel?" Para que veáis que el mamading no se lo inventaron el último verano.

zruspa

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #23 en: Noviembre 29, 2014, 09:26:25 p.m. »
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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #24 en: Diciembre 01, 2014, 08:56:01 p.m. »
No me he leí­do el hilo. Pero buscando, leyendo, haciendo oreja, me he acordado de un titular de Rodrigo Fresán. Algo como que cada vez hay más gente que quiere ser escritor pero le jode ponerse a escribir. Muy fan. Del diagnóstico.
Las apariencias empañan

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #25 en: Diciembre 25, 2014, 08:13:49 p.m. »
"La gente como yo es desdichada en esta vida y en la otra."
Wozzeck. Alban Berg, 1922.

-"¿Tú crees en Dios, Jose?" -me pregunta el africano.
-"No digo que no." -contesto prudente.
-"Yo sólo creo en lo que veo" - responde Tomás sin que le pregunten.
-"¡Ah! pero es que yo veo a Dios"- replica el africano - "¿Tú también ves a Dios, Jose?"
-"Y, no he tenido el gusto, que yo sepa."
-"Pero aún así­ crees en Dios."
-"No digo que no."

No digo que no, es mi modo de decirte que no creo en Dios pero no te lo digo por si acaso, que no corren buenos tiempos para la dialectica si eres un individuo aislado de la opinión dominante.


-"¿Ví­steis EL partido?" -nos pregunta otro de los repartidores, del Madrid, obviamente.
-"Y, no"
-"Es que a mí­ el fútbol..."
Vista nuestra común renuencia nos dice el hombre, dolido -"Oye que yo soy del Madrid, pero no soy como los de ahora."

Y es que "los de ahora" han hecho del equipo el emblema de los esPPañoles de bien emprendedores y liberales, audaces y decididos. Yo suelo pensar que no son seguidores del Madrid sino de Florentino el Magní­fico, auténtica estrella e í­dolo del conjunto. Así­ que, dado el maximalismo joseantoniano de la fanaticada, ya no podemos hablar de fútbol: O eres del Floren Team o eres antimadridista y por consiguente, antiespañol. No caben medias tintas. Hasta los de Aleti se someten a la nueva España y toda la fiereza competitiva que sacan a relucir contra el Barí§a se transforma en amorosa dejación cada vez que juegan contra el opulento vecino, que sabe que tiene en éllos seis puntos regalados de antemano todas las temporadas.

Y sin embargo los propios guardas de Prosegur, allí­ presentes en la conversación, nos explican que el peor de sus destinos es precisamente el coliseo merengue, de cuya seguridad se encargan. Nadie quiere ir allí­. Y la empresa, que tiene que prestar el servicio, recurre a coacciones para obligarles a echar horas en el Santiago Bernabéu. Lo que más temen es los dí­as que hay partido. Es asombroso, porque los espectadores son gente pudiente y con estudios, las entradas son bastante caras. Y los socios que yo conozco, de los de chalet adosado, vehí­culos alemanes de alta gama, partidas de golf los fines de semana y vacaciones en selectas playas extranjeras. Pues dicen los de Prosegur, que tendrán que ver de todo en sus destinos cotidianos, que los aficionados madridistas les tratan peor que a los perros. Acaban quemados.

Bien es cierto que estos socios mí­os son de los que decí­an que en cuanto Rajoy llegara al poder sacarí­a una nueva ley del suelo y saldrí­amos de la crisis; de los que te tildaban de tonto por no invertir cinco mil eurillos en acciones de Bankia (a cinco euros la acción) que al dí­a siguiente de salir a Bolsa se desplomaron hasta un euro; de los que se refocilan con la buena marcha del paí­s porque tras tres años Bankia ha vuelto a dar paga de beneficios a sus directores de sucursales; en fin, que de deshaucios, embargos, preferentes y tarjetas black, mejor no les hables. No hay tal cosa.

Sienten un odio cerval por Rodrí­guez Zapatero que no solo no iba al fútbol sino que a peor era del Barí§a. Y qué decir de Felipe González, que preguntado al efecto respondió con un evasivo "soy del Betis" que la prensa se encargó de restregarle por la cara porque tampoco se le veí­a por el estadio cuando habí­a partido. Bien que procuran evitar esta inquina Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba dejándose ver por el palco del Bernabéu tantas veces como haga falta, aunque el cántabro sea más de atletismo y el gallego de ciclismo.


-"We are the logistics men." -exclama triunfal el ordenanza, se vuelve hacia mi -"¿Qué tal el inglés, caballero?"
-"Eh, bueno. Algo leo. Pero no muy bien" -respondo mientras pienso "se dice delivery men. No logistics, delivery."
-"¿No se te da bien el inglés?"
-"No, no mucho".

¿A ver, ENNAS, por qué lo haces? ¿Por qué? Acá no se está hablando de la funesta trí­ada, polí­tica-religión-fútbol. Te están preguntando si sabes algo que en realidad sabes y vas y te cohibes. Como siempre que estás ante gente más joven, por otra parte. Recuerda que antaño te gustaba contar las cosas que sabí­as y las que ibas aprendiendo. Una actitud infantil si se quiere. Pero si madurar consiste en guardarte lo que sabes para tí­ y no compartirlo, pues maldita sea tu madurez, porque es una actitud bien triste.

Ya sabes lo que es vivir en Mordor. Su mentalidad de cortesanos que se creen por encima del resto. ¿Hasta tal punto te afecta?

Sospechas que cuando se da una subvención -por ejemplo becas alimentarias en los colegios- los primeros que las trincan son los propios funcionarios. Ni se plantean que esas ayudas sean para familias carenciadas y no para administrativos fijos en plantilla con un buen sueldo. Y si se lo reprochas se cabrean, es perfectamente legal y tienen el mismo derecho que todos, faltarí­a más. Si éllos no se cortan, ¿por qué tienes que avergonzarte tu por su actitud?

Conoces por una trabajadora del departamento de inspección de grandes fortunas del Ministerio de Hacienda -que contaba con un solo inspector- que en cuanto Rajoy ascendió a la presidencia se nombraron diez nuevos inspectores, todos ancianos a punto de jubilarse como premio a su carrera, para que les quedara la jubilación máxima. Y que no se van, pese a que no hacen nada, porque la jubilación máxima estará muy bien, pero allí­ cobran siete mil euros mensuales por ir a echarse partidas de dominó. Literalmente. De hecho la única inspección que montaron fue cuando uno de éllos se enfadó con un compañero de partida y paralizó a todo el departamento para investigarle y demostrar que apenas tení­a unos cien mil euros. Pueden dormir tranquilas las grandes fortunas de España, salvo que les cabréen al dominó, claro. No puedes hacer nada para evitar esta situación así­ que ¿para qué pasar un mal rato pensando en élla?

Intuyes que cuando el dedocráticamente electo virrey dijo que no abrirí­a los comedores sociales en Navidad no lo dijo por crueldad sino por interesado cálculo polí­tico. Los arruinados no van a votar al PP, pero los trabajadores sociales agradecerán pasar las fiestas en casa sin trabajar. Pero es que es esta, y otras tantas como esta donde a los señoritos de derechas les da la risa cuando oyen que hay niños pobres en España, o abandonan el pleno para no escuchar a sus padres. Y sí­, es humillante vivir en un paí­s con gente así­, pero qué puedes cambiar, ¿qué? Nada.

Y el hecho de que te indignes no implica que tengas dignidad, no te solaces con un juego de palabras. No compres el discurso de Valerie en "V de vedetta", ni esa pulgada te queda. Bien dice íngel Cappa que el sistema funciona por eso hay que cambiarlo...

http://www.eldiario.es/contrapoder/sistema_capitalista-pobreza-vulneracion_de_derechos_humanos_6_336026406.html

... pero estás inserto en el engranaje de ese sistema y bien atenazado por el miedo que la democracia y el capitalismo -esos grandes valores- te han inculcado. La libertad solo se ejerce pisoteando a otros. En el capitalismo, como en su superestructura el deporte, sólo puede ganar uno, a los demás nos queda fracasar y arruinarnos. La democracia sólo es funcional si la gran mayorí­a de la población no puede participar en élla, y por éso siempre ha sido un sistema abiertamente imperialista necesitado como está de nuevos enemigos que la justifiquen y a los que sojuzgar. Y los españoles hacen del dinero el principio y medida de todas las cosas, incluso en el ámbito cultural.

La bondad, la urbanidad, el civismo, la empatí­a, la educación no sirven en este mundo. Asúmelo.

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #26 en: Febrero 01, 2015, 05:59:29 p.m. »
Lorena Dorado.

I - Huntington Beach.



Durante mucho tiempo California fue la frontera norte del Imperio Español en las Américas, nada habí­a en élla que interesara a los virreyes gobernadores de Nueva España. Allá viví­an pueblos de recolectores-cazadores cuyo mayor animal doméstico era el perro y su principal alimento las bellotas. Apenas conseguí­an las misiones jesuitas en su labores evangelizadoras convencer a los europeos de asentarse en la zona. No se fundaron localidades costeras pese a que la ruta de tornaviaje del Galeón de Manila alcanzaba la costa norteamericana un poco al sur de la Bahí­a de San Francisco y de ahí­ viraba hacia el sur siguiendo la lí­nea de costa hasta el puerto de Acapulco. Pero todo esto iba a cambiar.

En tiempos de Carlos III se decidió emprender el que serí­a último proceso colonizador español en el Nuevo Mundo. Siendo el cuadragésimo sexto virrey de Nueva España el noble sevillano Antonio Marí­a de Bucareli y Ursúa, Henestrosa y Lasso de la Vega (1766-1779), en nombre de Su Majestad encomendó a la recién llegada Compañí­a Franca de Voluntarios Catalanes -un regimiento de infanterí­a ligera de montaña- una expedición por tierra y mar a lo largo de la costa del Pací­fico Norte. Dos causas y un objetivo tení­a esta disposición. Las causa interna era reemplazar en las misiones a los expulsados jesuitas por franciscanos. En la externa, el imperio tení­a obligación de hacer acto efectivo de presencia ante las expediciones inglesas de James Cook y el desembarco de rusos en Alaska. Y así­ el objetivo no podí­a ser otro que la fundación de pueblas, presidios, misiones y fuertes a lo largo de la costa del Pací­fico norteamericano.

De este modo el 24 de marzo de 1769 el noble aragonés Gaspar de Portolá de Rovira, gobernador de las Californias, dió orden de partir a los tres naví­os y la vanguardia terrestre al mando del capitán Fernando Rivera y Moncada, asistido por el ingeniero y cartógrafo Miguel Costansó y el cronista fray Juan Crespí­ a quienes debemos el relato de la gesta. El propio Portolá estaba al mando del grueso del grupo expedicionario, entre los que viajaba fray Juní­pero Serra, que alabó las instrucciones de tener contactos pací­ficos con los aborí­genes que pudieran encontrarse en aras de obtener suministros y ayuda en su largo avance hacia el norte, tan largo como fuera preciso pues la idea era encontrarse con los destacamentos rusos para que no se internaran más en América.

Fueron los buques los primeros en arribar a San Diego a principios de abril y allí­ establecieron la primera ciudad de California, pero lo hicieron en tan mal estado de salud que ni siquiera la llegada de las dos columnas terrestres pudo evitar sus muchas bajas por escorbuto. Así­ las cosas, Portolá no tuvo otra que seguir por tierra rumbo norte hasta descubrir la Bahí­a de San Francisco. Ulteriores expediciones se mandarí­an más al norte fundado fuertes en la isla de Nootka al noroeste de la isla de Vancouver y en la bahí­a Bucareli frente a las costas de Alaska.

El voluntario catalán, Pere Fagés El Oso, cuyo mérito habí­a sido descubrir la ruta costera de los indios que es la actual Ruta 101 estadounidense (de importancia en este relato como luego se verá) quedó al mando de la zona para gran disgusto de fray Juní­pero, pues entregó grandes lotes de tierras a sus acólitos a costa de las misiones franciscanas. Uno de los beneficiarios fue un mulato llamado Miguel Nieto agraciado con ciento sesenta y siete mil acres un poco al sur de la recién fundada Puebla de Los íngeles.



Y fue en la franja costera de aquel formidable Rancho Los Nietos, una mí­nima parte de su extensión, donde el magnate de los ferrocarriles Henry E. Huntington invirtió en la venta de terrenos a bajo precio. Es en aquellos tiempos cuando se empezó a construir el espolón que hoy es el edificio emblemático de la ciudad que hoy lleva su nombre.



Grande debió ser el alborozo de los afortunados compradores cuando se descubrió petróleo a principios del siglo XX, pues esa pasó a ser la principal fuente de riqueza de la villa hasta que se construyó la factorí­a de la MacDonnell-Douglas para partes de los cohetes Saturn IV-B y Saturn V dentro del Programa Apollo. Este enlace a un set de fotos permite apreciar desde la ubicación de la factorí­a a los vehí­culos fabricados para la NASA, explicadas cada una en la pestaña "caption":

http://www2.ocregister.com/multimedia/boeing/photohistory.swf

Junto a este desarrollo casi ejemplar del crecimiento del capitalismo productivo estadounidense, de los ferrocarriles al petróleo y de ahí­ a la era espacial, fue desarrollándose una industria turí­stica en sus quince quilómetros tendidos de playa batida por el poderoso océano. De hecho a los aproximadamente doscientos mil lugareños les gusta considerarse la capital del surf.



Este cuento va a empezar a finales de la década de los sesenta, cuando los hombres grises aún no se atreví­an a salir de sus oscuras covachas universitarias para invadir nuestro planeta con sus iracundas diatribas contra todo el que se opusiera a la eficacia, la eficiencia, la competitividad y el individualismo. Cuando California evocaba el sueño americano, no un estado quebrado, y sus playas florecí­an de pequeños negocios privados y respeto al prójimo y a las normas comunes.

Por si alguien no viera claras las diferencias entre el capitalismo de aquellos tiempos y el que nos ha impuesto la Escuela de Chicago, acá va un ví­deo sobre lo que los turistas de Huntington Beach entienden hoy dí­a por diversión:


Como comprobó Marí­a Antonieta si la gente no tiene ni para comprar pan reí­rse de éllos diciéndoles que consuman pasteles puede suscitar su indignación.


II - Mechas californianas.


Lorenzo Mendoza era un veterano de Corea que habiendo aprendido el oficio de mecánico en la guerra, a la vuelta habí­a encontrado empleo en el concesionario que Harley-Davidson tení­a en Cerritos tras la gran huelga de 1969 motivada por los despidos masivos en las factorí­as que efectuaron sus nuevos propietarios. A la veterana compañí­a motociclista no le iba bien, su calidad habí­a bajado y era incapaz de competir con las Honda, Kawasaki, Suzuki y Yamaha, más poderosas y modernas pero sobre todo con menor consumo y precio. Así­ que mientras los directivos de Harley-Davidson andaban piándole al gobierno para que reimplantara el impuesto del 40% sobre las motos de importación que tanto les habí­a favorecido tras la II Guerra Mundial (y que el gobierno de Reagan aprobarí­a en 1980), Larry Mendoza creyó más conveniente montar otro negocio como salvavidas para cuando vinieran mal dadas.

Es el caso que estaba en relaciones con la señora Dorado viuda y madre en la vida de seis hijos, residente en Whittier dentro de los lí­mites del antiguo rancho Los Nietos. La familia Dorado era propietaria de una heladerí­a en la playa de los perros. No de esas lujosas italianas con bandejas de helados de leche, sino una caseta de helados de hielo coloreados, barras de fí¼rst pí¼ckler para cortar en porciones que se sirven entre dos cuadrados de barquillo, flashes, chucherí­as, dulces, un calentador de agua eléctrico para hacerse el café y otros usos (pues no faltaba la joven madre que acudí­a preguntando si podí­a descongelar el potito o calentar el biberón de su bebé) y alguna que otra lata de cerveza hábilmente camufladas para consumo personal del dueño y sus amigotes si decidí­an pasarse por allí­.

 Atendí­an el negocio la esposa de Larry y la hermana de élla, no era una vida fácil, no era una vida dura, nada hay de heroico en cuanto se va a contar. Él madrugaba para cumplir con el turno de mañana, la madre y la hermana llevaban a sus respectivos hijos a sus colegios antes de abrir la heladerí­a. Al terminar la jornada Larry volví­a a la carrera en su moto, cogí­a la ranchera familiar y hací­a recolección de crí­os para poner rumbo a la heladerí­a de la playa. Allá ayudaba él tanto como estorbaban los peques, así­ que alguna de las dos mujeres se tomaba la tarde libre para tenerlos correteando por las arenas.

Así­ iba creciendo la protagonista del relato, Lorena, cuando no era más que otra de tantas niñas como definió con ternura David Foster Wallace, "todo coletas, naricitas como botones y boquitas de fresa". Algo regordeta -siempre tendrá problemas de sobrepeso por su afición a picotear entre horas- y de de un carácter dulce (de lo que se come se crí­a, ¿no?) y amistoso que no perderá con la edad. Adorando a su totémico padrastro y su laissez faire a la hora de sobrellevar a dieciséis crí­os entre Mendozas y Dorados.

Pero claro esa calma masculina, ese dejarlo estar no eran lo mas indicado para hacer de Lorraine la mejor de las estudiantes, antes lo contrario, por su afición a la cálida y húmeda molicie playera su clase favorita era educación fí­sica. Un buen trimestre el profesor imbuido de espí­ritu olí­mpico y por variar la rutina del atletismo, football (lacrosse para la chicas), baloncesto y béisbol (softball para éllas), decidió incluir deportes inusuales en las prácticas. Una de esas pruebas raras era la lucha grecorromana, los gallitos del instituto se pusieron a éllo con entusiasmo mientras las chicas hací­an corro y miraban de soslayo como si no fuera con éllas la cosa. Pero una vez que hubieron concluido los chicos, el profesor se dirigió a las alumnas y les pidió que se emparejaran. Era su turno.

Las pobres chavalas se miraban entre sí­, poní­an caras de circunstancias, resoplaban alguna risita nerviosa... Posiblemente todas pensaban que era ridí­culo, que las chicas no luchan, pero eran otros tiempos y los niños no replicaban a sus mayores, así­ que obedecieron. El primer movimiento de Lorena fue agacharse sin flexionar las piernas, doblando el torso y tratar de coger las piernas de su oponente para atraerla hacia sí­. En puridad usaba la misma mecánica que cuando tratas de levantar un bebé en brazos, sólo que aplicado a otra persona de su tamaño el resultado fue que las dos se pegaron un tampanazo contra la colchoneta; por suerte para su amor propio Lorena quedó encima de su rival.


Fuera del instituto Lorena estaba integrada en el entorno de la cultura la playa, y ansiosa por convertirse en una "auténtica" chica de California. Compartir el mismo hard rock angelino tan grato a los oí­dos de surferos y moteros. Disfrutar de fiestas en torno a la hoguera durante las cortas noches de verano.  El desparpajo y lozaní­a de la juventud, la vida activa entre los chicos de la playa, sus pocas ganas de recluirse para estudiar y aún menos de encadenarse a un trabajo, el pelo teñido de rubio desde la adolescencia en contraste con su piel morena natural, todo eso la va a ayudar a conseguirlo. No es un bellezón, pero es resultona.

un mecánico que habí­a encontrado empleo en el concesionario que Harley-Davidson tení­a en Cerritos tras la gran huelga de 1969 motivada por los despidos masivos en las factorí­as que efectuaron sus nuevos propietarios. A la veterana compañí­a motociclista no le iba bien, su calidad habí­a bajado y era incapaz de competir con las Honda, Kawasaki, Suzuki y Yamaha, más poderosas y modernas pero sobre todo con menor consumo y precio. Así­ que mientras los directivos de Harley-Davidson andaban piándole al gobierno para que reimplantara el impuesto del 40% sobre las motos de importación que tanto les habí­a favorecido tras la II Guerra Mundial (y que el gobierno de Reagan aprobarí­a en 1980), Jaime Dorado creyó más conveniente montar otro negocio como salvavidas para cuando vinieran mal dadas.Si el narrador que esto escribe tuviera algo de talento pudiera venir ahora su paso a la vida adulta y cómo se inició en ella. Pero me temo que no tengo mano ni sensibilidad para contar los primeros pasos de una mujer, de los cambios de su cuerpo y de su gusto, de sus inseguridades y sus humores, de su primer amor o su primera vez.

A cambio de la falta de romanticismo de literatura para chicas, os contaré sus primeros atrevimientos junto con sus amigas del alma. Incitadas por élla, para hacerse las mayores sin renunciar a ser jóvenes, con más miedo que vergí¼enza, se apuntaron a concursos de belleza playeros, ya sabéis, de ésos en bikini o camisetas mojadas  para que aúllen los muchachotes. Si no luces tu cuerpo cuando eres joven ¿cuándo lo vas a hacer? y esto vale lo mismo para los hombres, anda que no nos gusta presumir de nuestras hazañas deportivas de jovencitos.

Lorena recuerda de aquello el buen ambiente que habí­a entre las concursantes, ya dije que es una persona muy dulce. Las profesionales del circuito reclutaban a las novatas aficionadas más jaleadas. Y oye, sin dejar de ser una diversión de juventud exhibirse era también una suerte de trabajo sin muchas exigencias mucho más apetecible que cajera de supermercado o chica de la limpieza u oficinista a tiempo parcial, dónde va a parar. Aunque las despreocupadas apariencias engañan, siempre surgen complicaciones en forma de hombres, sean clientes sobones o empresarios abusones, que en el sector del ocio abundan tanto los unos como los otros; y a la larga no tienes futuro en perspectiva.

Creo que ya va siendo hora de que conozcáis a la persona real cuya vida no corresponde exactamente en la realidad a lo que estoy ficcionando.

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ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #27 en: Marzo 01, 2015, 12:20:46 p.m. »

'All your words are but to say: you are a woman, and your part is in the house.'

El Señor de los Anillos es una obra "fundamentalmente católica, de modo inconsciente al principio, pero conscientemente en su revisión" según palabras del propio Tolkien. Para subsumir las viejas tradiciones paganas nórdicas en la nueva religión, proponí­a una relación entre Aragorn -orgulloso representante de la Casa de Elendil, famosa por su inquebrantable devoción a Eru Ilúvatar- y Éowyn un edulcorado trasunto de valquiria en su acepción escandinava, en tanto que sanadora (del anciano guerrero Théoden), consejera (frente a las intrigas de Grimá), guardiana del reino y guerrera.

Pero de algun modo Tolkien vió que esa relación no tení­a futuro. De ahí­ la discusión que mantienen en Dunharrow, con Aragorn recordándole a Éowyn sus deberes y obligaciones mientras ésta respondiéndole en plan contestona, le replica hablándole de la libre elección y la voluntad individual. La escena final de su ruptura, con élla vestida de guerrera pasándole una copa de la que ha bebido antes, alude al tránsito del guerrero al valhalla. Utilizando esa plantilla, Éowyn le está diciendo a Aragorn que se encamina a la muerte y que élla ya está más allá de la vida. De ahí­ que se humille suplicándole en vano que la lleve con él.


'But no living man am I!'

Reforzando el brindis de Dunharrow, Éowyn se expone deliberadamente a la muerte y esto es porque en segunda instancia, Tolkien propuso que muriera en combate y Aragorn guardara luto por élla manteniéndose célibe el resto de sus dí­as. Aunque sea un contrasentido con respecto a la vida real, es consecuente como simbolismo de la vieja religión pagana que desaparece y el vací­o que deja en el nuevo modelo monoteí­sta.

Pero bueno, es Tolkien, que en un primer borrador siempre escribí­a la versión más salvaje y cercana a las sagas paganas que remedaba y luego la iba "cristianizando" y reblandeciendo para hacerlas pasar por cuentos infantiles. Así­ que para salvar la distancia entre Éowyn y Aragorn se inventa un nuevo personaje que sirva de puente entre ambos, Faramir, que en palabras del propio Tolkien es el personaje que más se le parece de la trilogí­a.

Tolkien era un huérfano que fué criado por sacerdotes católicos, como a Faramir le educa Gandalf. Enfermó en el frente del Somme durante la Primera Guerra Mundial. Y, como su trasunto literario, estaba más a gusto entre libros que con un arma en la mano. Incluso el desprecio que sintió por los aristocráticos mandos del ejército británico y su camaraderí­a con sus compañeros de pelotón de clases bajas, se van a ver reflejados en el nuevo romance.


'I wished to be loved by another,' she answered. 'But I desire no man's pity.'

Que no es fácil, pese a que desde un primer momento Faramir-Tolkien deja las cosas claras, sirve a su legí­timo señor Aragorn-cristianismo pero le parece bella Éowyn-tradición pagana. ´Ésta responde desde el despecho y la burla, después de todo qué hace tan noble señor fijándose en una bárbara como élla. Ahí­ es donde la convence, al decirla que no le importa el qué dirán, que la quiere. Hay mucho del verdadero matrimonio de Tolkien pues su esposa real, como Éowyn, también fué una huérfana y como los Tolkien fué repudiada por sus parientes al convertirse al catolicismo. Ese "nosotros dos sólos contra el mundo" del matrimonio Tolkien los vierte en la fantasí­a con el romance de Faramir y Éowyn.

Todas las citas pertenecen a "El retorno del rey":

http://arda.ir/wp-content/uploads/downloads/2012/01/Lord-Of-The-Rings-Part-3-The-Return-Of-The-King-By-J-R-R-Tolkien.pdf

La discusión en Dunharrow está en las páginas 28 a 31, la batalla en los campos de Pelennor entre la 69 y la 72 y el romance en la casa de curación de la 145 a la 150.

http://www.norsemyth.org/2013/02/tolkiens-heathen-feminist-part-one.html
http://www.norsemyth.org/2013/03/tolkiens-heathen-feminist-part-two.html

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #28 en: Mayo 03, 2015, 06:22:47 p.m. »
Mi hermano se quedó en paro, cuarentón y con dos niñas pequeñas. Echamos solicitudes de empleo, pero en principio rechaza cualqueir oferta de trbajo temporal por menos de mil euros. Y no vale decirle que por su edad y circunstancias más le vale aceptar cualquier cosa, que nunca volverá a ser mileurista. Él dice que entre el paro y las ayudas a sus hijas gana más que con los trabajos que se le ofrecen. Bien es cierto que mis padres -jubilados- y yo mismo -sin nadie a mi cargo- le cubrimos parte de la hipoteca y la educación de las peques. Pero aún así­.

Luego viene el expresidente de la UE y dice que el paro en España es culpa de los sudamericanos:

http://larepublica.es/2015/04/19/durao-barroso-no-me-creo-el-paro-juvenil-en-espana-son-centroamericanos-que-quieren-cobrar-el-subsidio/


Un conocido de familia acomodada, con carrera universitaria, harto de los excesos del capitalismo marchó a vivir a una comuna en la provincia de Sevilla. Sus padres están que trinan y tratando de sacarle de allá por medio de abogados. Y es que, veréis, el modo de procurarse el sustento en esa comuna consiste en trasladarse a las cercanas localidades de Carmona, Écija, Marchena y Osuna y ponerse a pedir alimentos a los viandantes a las puertas de los mercados y supermercados.

No veo yo que tiene que ver el anticapitalismo con comer de gorra a costa de la caridad ajena, y menos en una zona que no figura entre las regiones europeas más privilegiadas.


Otro joven conocido, de los muchos que salieron de España a buscarse la vida, se afincó en Londres. No tiene un trabajo remunerado más que de manera esporádica sirviendo copas algún fin de semana. Y aún esto lo hace por el papeleo. Resulta que su ocupación es patearse todas las oficinas gubernamentales, rellenar impresos y aguantar colas e inspecciones. Y aún así­ entre ayudas a la vivienda, al desempleo y demás se levanta ochocientas libras mensuales. Le da para vivir en la carí­sima capital británica sin necesidad de hacer nada por nadie que no sea él mismo.

Luego los malos son los jubilados británicos que vienen a aprovecharse del sistema sanitario español.


Una historieta más, en este caso una chavalina ingeniera industrial con puesto en la factorí­a Renault de Lyon. Preguntada por sus jefes franceses si no le gustarí­a trabajar en Palencia o Valladolid (élla es palentina) sólo pidió que le respetaran su sueldo en Francia para volver. Le dijeron que no, que serí­a un agravio para los trabajadores españoles que cobran la mitad o las tres cuartas partes del sueldo en la casa madre. Y élla dijo que se quedaba en Francia, que allá paga cien euros de alquiler cobrando mil doscientos. Y que en España con seiscientos-ochocientos apenas tiene para vivienda.

En fin, que la gente se busca la vida como puede.

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #29 en: Junio 07, 2015, 08:29:13 p.m. »
En un momento dado se puso de moda ir a Las Ventas. Como comprarse un adosado en cualquier urbanización con campo de golf al que ir a jugar. Personas que no les gustaban los toros o eran antitaurinas se aparecí­an por el coso matritense para hacer ostentación; podí­an permitirse pagar las carí­sismas entradas. De manera invariable, salí­an rezongando contra los del tendido siete. ¿Quién se creí­an que eran esos sabihondos silbalotodo? En principio yo lo atribuí­a al conocido connubio de riqueza e ignorancia. Pequé de superficial. Habí­a algo más profundo.

Hay algo más detrás. No bastaba con hacer acto de presencia por parte de quienes, hasta hace nada, repudiaran la tauromaquia. Además de la asistencia, la corrida a la que acudí­an proclamábanla con aplomo como de las mejorcitas, un momento histórico; y marcharen enhoramala los criticones. No me extraña que José Tomás se niegue a torear ante el adinerado y prepotente público de Las Ventas. Tiene razón, son unos analfabetos secundarios (Hans-Magnus Enzensberger) y no se lo merecen. ¡Ojo! a mí­ no me gustan los toros.


No me solazaré en miserias ajenas. Antes bien las excuso y ¿defiendo? en base a censurar mi propio comportamiento. Yo era de los que disfrutaban por enchufe familiar de un abono prestado -comprado por un estudio de arquitectos- en el Teatro Real. Ya no pueden permití­rselo ¡y gracias! dada la programación de cuchufleta que ha impuesto la gobernanza impuesta a mayor desmedro de la Casa Real (los Bobones(sic) no, ésos no saben de música desde tiempos de Carlos III; mis paisanos los Botí­n-O'Shea). Pero en tanto fuí­ todo lo aplaudí­. A reserva de luego leer la crí­tica y que los expertos me mostraran mi falta de entendederas junto con las fallas de la representación.

Y llegados a este punto y parafraseando a Sherlock Holmes, ¡empieza el juego! ¿Qué nos lleva a ese prurito de no admitir crí­ticas?

Es importante. Podrí­a colocar abundosas citas de cuando algunos osasteis defender el cine taquillero a despecho de que la pelí­cula fuera infumable. Os hago partí­cipes de la opinión emitida por "Vicisitud y sordidez" acerca de que estas grandes superproducciones no se gastan el dinero que dicen haber presupuestado, esos cientos de millones en apariencia invertidos en CGI (¿conocéis de algún programador o diseñador bien pagado?) que en realidad no son más que un truco contable mediante el cuál, si la producción no consigue recuperar el dinero invertido, el gobierno estadounidense cubre las supuestas pérdidas del film. Sí­, el gobierno de EE. UU. subvenciona el cine; el estadounidense, obvio, ¿no? es uno de sus principales productos de exportación.

Pero a mí­ no me interesa, en este momento, discutir las añagazas de las corporaciones para sangrar a los estados a costa de los impuestos del contribuyente. No quiero combatir gigantes-molinos de viento, sino daros una tunda a la puerta del colegio. Bien veo (o creo) que pueda ser la consecuencia de la publicidad; vive a tope; no desperdicies tu tiempo; ¿cómo admitir que te han tomado el pelo? ¡Eres demasiado listo para eso!

¿Por qué lo hacemos? Sé, sé también como cualquiera que la publicidad nos obliga a considerarnos triunfadores y perfectos. ¿Por qué nos negamos a admitir que nos ofrecen bazofia? No digo que la vida sea una mierda, ¡ojo! O al menos, espero que la vuestra no lo sea. Pero me pregunto y os pregunto:

Qué nos lleva a este "buenismo" amargo de defender nuestros actos.

Por qué no somos capaces de admitir errores.

Creémos que negar las decepciones sufridas nos hace superiores a los demás. Nos figuramos que debemos contarles a los demás que cada dí­a de nuestra vida es una maravilla.

¿No es muestra clara de nuestra incapacidad para asumir la fustración?