Autor Tema: El gran embrutecimiento.  (Leído 144145 veces)

ENNAS

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Re: El gran embrutecimiento.
« Respuesta #30 en: Septiembre 06, 2015, 11:35:35 a.m. »
Nuevo Reino de León.

1.- Los sefarditas del nuevo mundo.


Luis de Carvajal y de la Cueva nació en Tras-os-Montes en 1539 y su niñez la pasó entre Medina del Campo y Benavente. Procedí­a de una familia de cristianos nuevos y al morir su padre su tí­o lo inició en el comercio de esclavos en Cabo Verde. Moviéndose así­ como habí­a nacido, en la raya entre Portugal y España, regresó a la pení­nsula en 1562 siendo comerciante de vinos y trigos en Sevilla donde contrajo matrimonio tres años después con la conversa lisboeta Guiomar Núñez de Ribera en un matrimonio infeliz, que apenas tuvo de matrimonio un par de años.

Arruinados, ese mismo 1567 pasaron al nuevo mundo y vivieron en Panuco, Virreinato de Nueva España de la crí­a de ganado. Luis de Carvajal y de la Cueva sirvió en varias encomiendas para el cuarto virrey Don Martí­n Enrí­quez de Almansa, quizá incluso participó en desalojar a los piratas Francis Drake y John Hawkins de las cercaní­as del puerto de Veracruz (1568). Otras actividades no tan honestas y honorables practicó don Luis; encabezó varias expediciones al norte del llamado Nuevo Reino de León1, y recuperó antiguas costumbres esclavizando a indios nómadas para revenderlos bajo cuerda en mercados clandestinos, o llevarlos él mismo a las minas de plata de Mazapil, San Gregorio y Zacatecas, siempre ávidas de mano de obra, en lo que oficialmente desempeñaba distintos cargos como corregidor, capitán o juez de comisión según se diera el caso y lugar.

Pero su labor de "pacificación" de los indios en la vital ruta de la plata entre Mazapil y Tampico le granjeó la estima del virrey Martí­n Enrí­quez y así­ Luis de Carvajal contó con su recomendación cuando volvió a España en 1578 para solicitar de su Majestad Felipe II los cargos de capitán general y gobernador del Nuevo Reino de León. Y el rey prudente, que no tení­a modo de comprobar cuanto habí­a de cierto en los informes elogiosos, le puso como condición llevar consigo a familias de cristianos viejos para poblar aquellas tierras.

Pero claro en aquellas fechas con la anexión de Portugal muchos judeoconversos deseaban abandonar la Pení­nsula y estaban dispuestos a pagar lo que fuera a capitanes inescrupulosos que hicieran la vista gorda ante la falta de una cédula de cristianos viejos. Y hete acá que Luis de Carvajal llevó a muchos de estos sefardí­es portugueses con sigo, entre ellos y para su desgracia a sus parientes que habí­an vuelto a practicar la Ley de Moisés. Todo esto bajo las barbas del nuevo virrey Don Lorenzo Suárez de Mendoza que llegaba para sustituir al anciano Martí­n Enrí­quez de Almansa que habí­a sido nombrado sexto virrey del Perú.

Y es así­ como a partir de 1580 tenemos a nuestro flamante capitán general y gobernador del Nuevo Reino de León fundando ciudades y asentamientos, "pacificando" y cristianizando indios, aumentando los territorios... En fin una maravilla si le hemos de hacer caso a él. Justamente este último punto se le descosió, pues sus aumentos de tierras eran a costa de las concesiones vecinas y se iniciaron así­ los tí­picos pleitos por un quí­tame allá esa linde, de los que vino a resultar que muchas de las fundaciones de Luis de Carvajal en realidad ya habí­an sido fundadas antes por otros y que las nuevas apenas eran una choza en plan "visite piso piloto" o unas cuantas estacas a lo "próxima promoción de viviendas".

Tampoco ayudaron las revueltas de los pacificados indios, la verdad, ni su cruel represión y venta como esclavos, contraviniendo el mandato del virrey. Lorenzo Suárez de Mendoza, decidido a terminar con la corrupción imperante y los informes exagerados inició proceso contra él en la ciudad de México en 1583. Con Luis de Carvajal en sus horas más bajas su sobrina trató de convertirle al judaí­smo, cosa que él rechazó con gran enojo. Pero para cuando se inició el proceso en 1586 dejó a su sobrino Luis de Carvajal "el mozo", judí­o practicante, al frente del Nuevo Reino de León. Y resultó que "el Mozo" era aún más tiránico que "el Viejo" y los indios se sublevaron, Luis "el Viejo" huyó de México en 1568 pero resultó capturado y puesto en prisión.

Allí­ trató de jugar la baza de denunciar a su familia por sus prácticas judí­as pero le salió mal y su situación empeoró; para 1589 él pasó de la jurisdicción civil a los calabozos de la Inquisición, donde ya se encontraban todos sus parientes. Condenados fueron todos en el auto de fe de 1590 a distintas penas, que Luis "el Viejo" no cumplió por morir al año siguiente y el resto de sus parientes vieron aliviadas y conmutadas por renegar del judaí­smo. Cinco años después en un nuevo auto de fe fueron todos detenidos y ejecutados por relapsos.

Para saber más:
http://sefardies.es/ver_biografias.php?id_biografia=2652
http://gustoporlahistoria.com/2012/04/28/el-nuevo-reino-de-leon-la-familia-carvajal-y-la-inquisicion/
http://zertuchefederico.blogspot.com.es/2010/05/luis-carvajal-y-de-la-cueva.html

1 Unos setecientos mil quilómetros cuadrados de tierra que iban desde Tampico a Corpus Christi (Texas) por la costa caribeña y se adentraban en el interior de manera incierta aunque incluí­an a San Luis del Potosí­, las célebres minas de plata de Zacatecas, es de suponer que las actuales Monterrey, Ciudad Victoria, Reynosa y Nuevo Laredo y ya en Texas San Antonio y Austin.

Hay quién prolonga ese Nuevo Reino de León, antes de que fuera repartido, hasta el puerto de Mazatlán en el Pací­fico lo que añadirí­a Durango, Chihuahua, y el conurbano Ciudad Juárez-El Paso entre México y la frontera de Texas con Nuevo México. Mucho me parece.


2.- La Gran Sacerdotisa de la sangre.

Muchos, muchos años después, 1962, y en la ya provincia mexicana de Nuevo León, los hermanos Cayetano y Santos Hernández huí­an de Monterrey buscando refugio a sus fechorí­as y toparon con una pequeña aldea de cincuenta habitantes dedicados a la agricultura de subsistencia. Allí­ idearon la mayor de sus estafas y ante los pobres labriegos se hicieron pasar como profetas y sacerdotes de los dioses Incas (sic) que habí­an ocultado su fabuloso tesoro en las montañas alrededor de la aldea.

Hay una pelí­cula del año 54 protagonizada por Charlton Heston, "el secreto de los Incas", posiblemente eso influyó tanto para que  los Hernández aludieran a los dioses peruanos como para que los aldeanos lo dieran por bueno. Para conseguir el oro y las joyas de los dioses los aldeanos dieron a los Hernández lo poco que tení­an, pero éstos no conformes con la magra estafa les hicieron limpiar las cuevas de los alrededores de la montaña para usarlas en sus orgí­as "propiciatorias" con las mujeres y hombres del pueblo.

Todo sacrificio es poco a cambio de un tesoro innumerable. Pero eso de las orgí­as y las drogas no terminaba de convencer al humilde campesinado, de modo que a los tres meses ya se hací­an oí­r voces discordantes. ¿Dónde estaba el prometido tesoro? Los Hernández pudieron largarse en ese punto y volver a la carretera pero cegados por el poder se fueron a Ciudad Victoria, pero sólo para contratar a una prostituta de dieciséis años y a su hermano y proxeneta, y regresar a la malhadada aldea con ambos. Fue así­ como entran en la historia Eleazar y Magdalena Solí­s. y la aparición de élla en la cueva espectacular, tras una cortina de humo salió totalmente desnuda proclamándose la diosa azteca Cuatlicue y reclamando satisfacción y obediencia a sus deseos sexuales.

Y ojito con desobedecerla, dos renuentes fueron linchados hasta la muerte. Magdalena Solí­s no estaba muy bien de la cabeza -creí­a con aparente sinceridad ser la reencarnación de Cuatlicue- y le embriagó la sensación de poder como a los Hernández. No la bastaba con las orgí­as pero cualquiera que las desaprobara tení­a que ser inmolado para que élla y sus acólitos bebieran su sangre. No la bastaban las ofrendas de animales y peyote, querí­a mantenerse siempre joven bebiendo sangre humana.

Durante seis horribles semanas del año 1963 el pueblo fue diezmado en ceremonias dionisiacas de sexo y muerte cada vez más elaboradas. Y cuando el joven Sebastián Guerrero reunió el valor para denunciar esta escalada criminal, en Ciudad Victoria nadie le creyó. ¡Un adolescente contándoles una pelí­cula de vampiros! El inspector Luis Martí­nez amablemente le devolvió de vuelta a casa pero ¡ay! le pudo la curiosidad.

Preocupados por la ausencia del inspector, ahora sí­ la policí­a de Ciudad Victoria se allegó a la aldea para investigar y encontraron los cadáveres descuartizados de Guerrero y Martí­nez, pero no pudieron detener a los culpables porque los aldeanos de la secta se atrincheraron en las cuevas de la montaña para defenderles. Resultó precisa la intervención del ejército y para cuando terminó el tiroteo los dos hermanos Hernández estaban muertos. Los Solí­s y doce acólitos fueron apresados. Magdalena y Eleazar sentenciados a cincuenta años de cárcel como lí­deres de la secta, mientras que los campesinos lo fueron a treinta. Lo curioso, para que veamos cómo funciona esto es que todos afirmaban convencidos que Magdalena Solí­s, la Gran Sacerdotisa de la sangre, era una diosa y no fue hasta muchos años después que reconocieron haber sido engañados para participar en crí­menes sanguinarios.

Para saber más:
http://escritoconsangre1.blogspot.com.es/2015/01/magdalena-solis-la-gran-sacerdotisa-de.html
http://murderpedia.org/female.S/s/solis-magdalena.htm