Autor Tema: La sanidad así­ no es sostenible  (Leído 75079 veces)

kim

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2070 en: Septiembre 05, 2019, 09:57:18 p. m. »
Pues yo, a mi ya avanzadísima edad, me acuerdo como si hubiera sido ayer a pesar de que lo pasé con cinco añitos. Que lo mismo tiene que ver que me pasé todo un verano en cama porque encadené el sarampión con la escarlatina y una estupenda varicela. Siempre he sido muy organizada yo para mis cosas. Que venga a hablarme cualquiera de granos y picores, que venga.
Perdona si te he dado la impresión de que me importa lo que dices.

Je suis Charlie, pero solo la puntita.

Baku

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2071 en: Septiembre 05, 2019, 10:06:55 p. m. »
De qué si no te ibas a acordar de nada le lo que te pase a los cinco años. Eso es optimizar el sufrimiento. Bien.

Yo apenas me acuerdo del sarampión, sólo de que lo pasé en Ávila y me tenían que sacar de debajo de la cama cuando el hijoputa del practicante venía con sus banderillas. De mi varicela, ya con conocimiento, de toneladas de talco esparcidas y de la varicela de mi hijo de una noche en vela dando friegas de alcohol y sobredosis de apiretal, con la ayuda de mi hermano que para eso estaba en su casa, para bajar los más de 41ºC.
It's very difficult todo esto.

zruspa

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2072 en: Septiembre 06, 2019, 08:37:51 a. m. »
Abro este hilo para ver si estáis hablando de Rosalía, y ahora me pica todo.

Ayer vacunaron de esto al jr, si lo llego a saber pido compartir chuta.

Glatts

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2073 en: Octubre 15, 2019, 04:39:36 p. m. »
Sanitarios asesinos en serie

La Criminología los denomina 'ángeles de la muerte'. Son aquellas personas que se dedican a la profesión sanitaria, por lo que su día a día consiste en cuidar y salvar la vida a la gente, pero que terminan aprovechando su entorno laboral y sus conocimientos médicos para matar al mayor número posible de personas. Estos 'lobos con piel de cordero' han sido estudiados profusamente por la Psicología y los expertos criminales. Son sujetos como Harold Shipman, médico británico que asesinó a más de 200 personas. O como Joan Vila, el celador de la residencia de Olot, que mató a 11 ancianos suministrándoles lejía y otras sustancias y llegando a torturar a alguno de ellos.

Como el suyo, hay decenas de casos de 'ángeles de la muerte' que utilizan su posición de poder para matar. Redacción Médica ha contactado con la jurista y criminóloga Paz Velasco de la Fuente, conocedora de diversos casos y que ha dedicado varias publicaciones a su estudio, para que arroje algo de claridad sobre la mente de estos asesinos en serie de bata blanca y estetoscopio.

¿Qué lleva a un profesional de la sanidad, a alguien cuyo trabajo es salvar vidas, a convertirse en un asesino en serie?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que hay dos tipos de ‘ángeles de la muerte’. Las causas cambian si hablamos de un tipo u otro. El doctor Harold Shipman, por ejemplo, sería del tipo de asesinos que, aun teniendo vocación médica, presentan un interés patológico por el poder que da decidir sobre la vida y la muerte. Hay 'ángeles de la muerte' que actúan en base a ese interés, al poder que tienen para decidir sobre la vida y la muerte de otra persona.

Luego tenemos otros sujetos, en su mayoría enfermeras, que desarrollan patologías criminales después de varios años de trabajo, tras haber sufrido el síndrome del burnout. Tanto unos, como otros, utilizan sus conocimientos profesionales para matar.

La primera causa se da sobre todo en mujeres y consiste en llevar a las víctimas a un punto cercano a la muerte para, posteriormente, salvarlas y aparecer como buenísimas profesionales. Lo hacen para ganarse el reconocimiento de terceros. Es la forma que tienen de demostrar lo buenas profesionales que son. Estos casos se dan más entre mujeres enfermeras. Un caso paradigmático es el de la enfermera Genene Jones, en Texas, que hacía esto con muchos pacientes y terminó acusada de la muerte de varios de ellos.

Una segunda causa es el llamado homicidio por compasión. Son personas que alegan que deciden acabar con la vida de un paciente para terminar con un sufrimiento y dolor innecesario. Se les conoce como asesinos misioneros. Es la causa que alegó Joan Vila, el celador de Olot. Aunque luego se demostró que estaba alejadísimo de haber matado por compasión.

La tercera razón está relacionada con el control que pueden ejercer estas personas sobre otras, el poder que tienen sobre su vida y el cuarto caso es el de personas que sienten un placer sádico en matar. Hay pocos casos registrados para esta última razón.

¿Qué pasa por la mente de estos profesionales sanitarios? ¿Estamos hablando de enfermos mentales?

En algunos casos sí, pero en la mayoría no son enfermos mentales. Tenemos, por ejemplo, el caso de una enfermera de Gran Bretaña que asesinó a varios bebés y se le diagnosticó el síndrome de Munchausen por poderes. Sin embargo, no hay muchos casos de este tipo.

Por lo general, estamos ante personas con algún trastorno de la personalidad, un trastorno antisocial muy fuerte con rasgos psicopáticos que les llegan a hacer disfrutar del asesinato. El asesino de Olot afirma que sentía un subidón de adrenalina al matar y ello le llevó a una adicción. Algunos matan por lucro, como un conocido sanitario que mató a 139 personas porque ganaba 60 dólares cada vez que avisaba a la funeraria. Son sujetos que muestran gran falta de empatía, rasgos narcisistas, frialdad… No obstante, se tarda bastante tiempo en descubrir a un 'ángel de la muerte'.

¿Cuál es el perfil de estos asesinos?

El perfil mayoritario es el de mujeres enfermeras que trabajan en hospitales. Son jóvenes, tienen entre los 25 y los 30 años (en el caso de los hombres suelen tener entre 35 y 40). Son organizadas, socialmente integradas, mantienen una buena relación con compañeros. Matan en el lugar de trabajo y utilizan sus conocimientos para ello.  Consiguen ganarse la confianza de los pacientes. Trabajan fines de semana y en horarios nocturnos. Desde fuera, estamos ante personas trabajadoras de las que es difícil sospechar.

¿Qué indicadores pueden darnos una pista de que nuestro compañero del hospital es un ‘ángel de la muerte’?

Es muy difícil descubrirlas porque son personas perfectamente integradas en su ámbito laboral y social. Sí que existen una serie de indicadores que nos pueden dar una pista de que estamos ante este tipo de personas; predicen cuándo va a morir un paciente y aciertan; prefieren los turnos nocturnos, días festivos y fines de semana; intentan evitar que otros sanitarios supervisen al paciente al que atienden; les gusta hablar sobre la muerte y hacen comentarios jocosos al respecto; durante su turno de trabajo hay un índice más alto de mortalidad; buscan llamar la atención de compañeros y superiores poniendo al límite a una víctima y luego salvándola... Es recomendable que los hospitales revisen el currículo de los sanitarios que contratan porque este tipo de personas presentan una movilidad muy alta, se trasladan mucho de un hospital a otro.

¿Hay alguna forma de prevenir que estas personas lleguen a la sanidad?

Los test psicológicos no sirven para este tipo de personas. Pasan totalmente desapercibidas, son trabajadores abnegados, cumplen su horario y tratan muy bien a los pacientes. Hay casos en los que presentan algún tipo de adicción pero no es habitual. La movilidad geográfica alta es un indicativo clave, por lo que habría que estudiar el motivo de tales traslados o estar atentos ante personas que pidan insistentemente el turno de noche, festivos o fines de semana (piden estos turnos porque hay mucho menos personal médico y enfermero).

¿Se puede ‘curar’ un asesino de este tipo?

Es muy complicado porque la gran mayoría siente la necesidad de matar. Entre los que no, como Harold Shipman, sigue siendo complicado. Estamos ante asesinos múltiples sistemáticos, personas que matan a más de 2 pacientes y se tarda mucho tiempo en descubrir.

Entre médicos y enfermeros, ¿qué profesionales son más tendentes a cometer asesinatos?

Los enfermeros y auxiliares tienden más a cometer asesinatos que los médicos.

De los asesinatos cometidos por 'ángeles de la muerte', ¿cuál consideras más llamativo?

Me ha llamado la atención bastante el de una italiana que después de asesinar a sus pacientes se hacía selfies con ellos y los titulaba ‘A vida o muerte’. Para darte un dato histórico me impresionó mucho la historia de una enfermera inglesa que asesinó a 400 bebés en una institución llamada 'baby farm'. Son centros en los que las madres dejaban a los bebés para que cuidasen de ellos y los recuperaban cuando podían. Estamos hablando de la época victoriana (siglo XVIII). Esta mujer utilizaba un jarabe para los niños, compuesto de opio y heroína, que era legal en la época y se indicaba para tranquilizarles y que no lloraran. Abusó de su uso provocando la muerte de cientos de bebés. Nunca se la juzgó por homicidio, sino por negligencia.

https://www.redaccionmedica.com/la-revista/noticias/medicos-y-enfermeros-asesinos-en-serie-asi-funciona-su-mente-criminal-3089

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2074 en: Octubre 15, 2019, 04:51:56 p. m. »
redacción medica no es el confidencial digital ni el español, pero debe tener becarios del sitio, sino no sentiende
Esto no es una pipa, esto es una PP2000

Glatts

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2075 en: Octubre 27, 2019, 10:05:15 a. m. »
https://sespas.es/wp-content/uploads/2019/10/Posicionamento-SESPAS-negocio-de-los-juegos-de-azar.pdf

Los  juegos  de  azar  suponen  una  gran  carga  de  daño  para  las personas y la sociedad.

No estamos ante un problema limitado a unas personas concretas, sino ante una amenaza para la salud pública.

Hay   condicionantes   políticos   y   comerciales   que   generan   el perjuicio   que   sufren   las   comunidades   y   la   sociedad   en   su conjunto.

SESPAS  propone  que, además  de  respuestas  apropiadas  a  las personas  que  desarrollan  adicción  se  aborde  el  problema  con políticas  regulatorias  y  se  monitorice  la  oferta  del  juego  y  los daños producidos.

Las  administraciones  deben  regular  la  publicidad,  las  estrategias promocionales y las características que producen adicción en los juegos.  Así  mismo,  se  debería  limitar  la  oportunidad  de  jugar dinero   mediante   normas   que   reduzcan   la   disponibilidad   y   la accesibilidad del juego, tanto presencial como no presencial.

La  proliferación  de  juegos  de  azar  en  muchos  países  está  impulsada  por  el desarrollo  comercial  de  nuevos  productos  orientados  a  un  consumo  masivo continuo  y  rápido.  Es  el  caso  de  los  cambios  en  las  máquinas  electrónicas  de juego y del desarrollo de nuevas tecnologías de apuestas que utilizan internet y teléfonos  móviles.  En  España,  la  Ley  13/2011  de  regulación  del  juego  ha mostrado sus limitaciones para controlar los graves riesgos que este problema en  expansión  plantea  a  la  sociedad  y  a  la  salud  pública:  su  contenido  en materia  de  protección  de  los  consumidores  y  sobre  juego  responsable  es  de carácter  declarativo,  y  no  se  ha  desarrollado  el  reglamento  relativo  a  la publicidad,   patrocinio   y   promoción   de   las   actividades   de   juego.   Algunas Comunidades Autónomas han adoptadoregulaciones para reducir la oferta de juego presencial, o su concentración, con efectividad diversa; en algunos casos lo han hecho recientemente para responder a una proliferación desbocada. Lo cierto es que las administraciones públicas parecen actualmente muy influidas por  esta  industria,  tal  vez  por  aportar  una  contribución  (por  modesta  que  sea actualmente)   a   sus   ingresos   fiscales.   Y,   sin   embargo,   los   expedientes sancionadores  por  incumplimientos  de  la  normativa  en  este  sector  tienen cuantías no desdeñables.

El  juego  patológico  es  un  trastorno  adictivo  clasificado  en  la  misma  categoría que  las  drogodependencias  o  el  alcoholismo  del  manual  de  diagnóstico  de  la American  Psychiatric  Association  (APA)  DSM-5.  Para  definir  el  trastorno  de juego como un trastorno adictivo la APA explicita que “los comportamientos de juego  patológico  activan  los  sistemas  de  recompensa  de  manera  semejante  a las drogas de abuso y (...) éste produce síntomas conductuales similares a los de  los  trastornos  por  consumo  de  sustancias”.  En  los  últimos  años  no  ha habido cambio conceptual alguno con respecto al juego patológico más allá de su   creciente   percepción   social   como   problema.   Como   otros   trastornos adictivos,  el  juego  patológico  no  afecta  solo  a  la  persona  que  lo  padece,  sino también  a  las  de  su  entorno  cercano.  Además,  las  personas  en  situación socioeconómica más desfavorable son más vulnerables.

La  respuesta  a  su  impacto  negativo  se  ha  concentrado  en  general  en  ofrecer intervenciones  de  tratamiento  individuales.  Reconociendo  suvalor  para  las personas  afectadas,  un  enfoque  de  salud  pública  para  los  juegos  de  azar debería   basarse   en   una   amplia   gama   de   estrategias   para   abordar   las implicaciones más amplias de la expansión de los juegos de azar.

La  prevención  de  la  adicción  al  juego  es  incompatible  con  una  promoción intensiva  de  su  práctica.  Esto  hace  muy  necesarias  las  políticas  regulatorias por  las  administraciones,  pues  los  agentes  promotores  del  juego  basan  sus beneficios  empresariales  en  conseguir  un  consumo  elevado.  Hoy  día son visibles  las  tenaces  resistencias  contra  nuevas  legislaciones  en  materia  de juego  de  perspectiva  preventiva,  como  ocurre  con  respecto  al  alcohol  y  el alcoholismo,  y  como  había  sucedido  en  el  pasado  con  el  tabaco.  Es  probable que  se  requiera  actuar  sobre  los  determinantes  políticos  para  aumentar  la responsabilidad  de  los  gobiernos  y  reducir  los  conflictos  de  intereses  que influyen en como gestionan el entorno de los juegos de azar.

El  abordaje  integral,  además  de  una  respuesta  apropiada  de  ayuda  a  las personas que desarrollan un problema de adicción, requiere la implantación de actuaciones de salud pública. Su objetivo es prevenir la aparición de la adicción al juego, pero también facilitar el control por las personas que ya padecen este trastorno. Entre ellas, proponemos:
•Una mayor regulación de la publicidad y las estrategias promocionales del juego   y   las   apuestas,   para   disminuir   su   presencia   y   cobertura, especialmente en canales que llegan a los menores de edad.
•Una  regulación  que  reduzca  la oportunidad  de  jugar,  cuyas  variables  más relevantes son disminuir la disponibilidad y la accesibilidad del juego, tanto presencial  como  no  presencial.  La  efectividad  de  estas  medidas  está  bien demostrada.
•Una  regulación  de  las  características  estructurales  de  los  propios  juegos, con el objetivo de disminuir su potencial adictivo.
•Una  monitorización  sistemática  y  estratificada  de  la  oferta  de  juego,  de  su promoción  y  de  las  cifras  del  juego,  así  como  del  problema  del  juego patológico.

Para  poder  progresar en  esta  dirección  se  precisa  una  acción  concertada desde diversos sectores, libre de las influencias de la industria del juego, cuyo objetivo principal de maximizar sus beneficios es fundamentalmente contrario a cualquier regulación efectiva.

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Re:La sanidad así­ no es sostenible
« Respuesta #2076 en: Octubre 27, 2019, 05:48:50 p. m. »
Sanitarios asesinos en serie

La Criminología los denomina 'ángeles de la muerte'. Son aquellas personas que se dedican a la profesión sanitaria, por lo que su día a día consiste en cuidar y salvar la vida a la gente, pero que terminan aprovechando su entorno laboral y sus conocimientos médicos para matar al mayor número posible de personas. Estos 'lobos con piel de cordero' han sido estudiados profusamente por la Psicología y los expertos criminales. Son sujetos como Harold Shipman, médico británico que asesinó a más de 200 personas. O como Joan Vila, el celador de la residencia de Olot, que mató a 11 ancianos suministrándoles lejía y otras sustancias y llegando a torturar a alguno de ellos.

Como el suyo, hay decenas de casos de 'ángeles de la muerte' que utilizan su posición de poder para matar. Redacción Médica ha contactado con la jurista y criminóloga Paz Velasco de la Fuente, conocedora de diversos casos y que ha dedicado varias publicaciones a su estudio, para que arroje algo de claridad sobre la mente de estos asesinos en serie de bata blanca y estetoscopio.

¿Qué lleva a un profesional de la sanidad, a alguien cuyo trabajo es salvar vidas, a convertirse en un asesino en serie?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que hay dos tipos de ‘ángeles de la muerte’. Las causas cambian si hablamos de un tipo u otro. El doctor Harold Shipman, por ejemplo, sería del tipo de asesinos que, aun teniendo vocación médica, presentan un interés patológico por el poder que da decidir sobre la vida y la muerte. Hay 'ángeles de la muerte' que actúan en base a ese interés, al poder que tienen para decidir sobre la vida y la muerte de otra persona.

Luego tenemos otros sujetos, en su mayoría enfermeras, que desarrollan patologías criminales después de varios años de trabajo, tras haber sufrido el síndrome del burnout. Tanto unos, como otros, utilizan sus conocimientos profesionales para matar.

La primera causa se da sobre todo en mujeres y consiste en llevar a las víctimas a un punto cercano a la muerte para, posteriormente, salvarlas y aparecer como buenísimas profesionales. Lo hacen para ganarse el reconocimiento de terceros. Es la forma que tienen de demostrar lo buenas profesionales que son. Estos casos se dan más entre mujeres enfermeras. Un caso paradigmático es el de la enfermera Genene Jones, en Texas, que hacía esto con muchos pacientes y terminó acusada de la muerte de varios de ellos.

Una segunda causa es el llamado homicidio por compasión. Son personas que alegan que deciden acabar con la vida de un paciente para terminar con un sufrimiento y dolor innecesario. Se les conoce como asesinos misioneros. Es la causa que alegó Joan Vila, el celador de Olot. Aunque luego se demostró que estaba alejadísimo de haber matado por compasión.

La tercera razón está relacionada con el control que pueden ejercer estas personas sobre otras, el poder que tienen sobre su vida y el cuarto caso es el de personas que sienten un placer sádico en matar. Hay pocos casos registrados para esta última razón.

¿Qué pasa por la mente de estos profesionales sanitarios? ¿Estamos hablando de enfermos mentales?

En algunos casos sí, pero en la mayoría no son enfermos mentales. Tenemos, por ejemplo, el caso de una enfermera de Gran Bretaña que asesinó a varios bebés y se le diagnosticó el síndrome de Munchausen por poderes. Sin embargo, no hay muchos casos de este tipo.

Por lo general, estamos ante personas con algún trastorno de la personalidad, un trastorno antisocial muy fuerte con rasgos psicopáticos que les llegan a hacer disfrutar del asesinato. El asesino de Olot afirma que sentía un subidón de adrenalina al matar y ello le llevó a una adicción. Algunos matan por lucro, como un conocido sanitario que mató a 139 personas porque ganaba 60 dólares cada vez que avisaba a la funeraria. Son sujetos que muestran gran falta de empatía, rasgos narcisistas, frialdad… No obstante, se tarda bastante tiempo en descubrir a un 'ángel de la muerte'.

¿Cuál es el perfil de estos asesinos?

El perfil mayoritario es el de mujeres enfermeras que trabajan en hospitales. Son jóvenes, tienen entre los 25 y los 30 años (en el caso de los hombres suelen tener entre 35 y 40). Son organizadas, socialmente integradas, mantienen una buena relación con compañeros. Matan en el lugar de trabajo y utilizan sus conocimientos para ello.  Consiguen ganarse la confianza de los pacientes. Trabajan fines de semana y en horarios nocturnos. Desde fuera, estamos ante personas trabajadoras de las que es difícil sospechar.

¿Qué indicadores pueden darnos una pista de que nuestro compañero del hospital es un ‘ángel de la muerte’?

Es muy difícil descubrirlas porque son personas perfectamente integradas en su ámbito laboral y social. Sí que existen una serie de indicadores que nos pueden dar una pista de que estamos ante este tipo de personas; predicen cuándo va a morir un paciente y aciertan; prefieren los turnos nocturnos, días festivos y fines de semana; intentan evitar que otros sanitarios supervisen al paciente al que atienden; les gusta hablar sobre la muerte y hacen comentarios jocosos al respecto; durante su turno de trabajo hay un índice más alto de mortalidad; buscan llamar la atención de compañeros y superiores poniendo al límite a una víctima y luego salvándola... Es recomendable que los hospitales revisen el currículo de los sanitarios que contratan porque este tipo de personas presentan una movilidad muy alta, se trasladan mucho de un hospital a otro.

¿Hay alguna forma de prevenir que estas personas lleguen a la sanidad?

Los test psicológicos no sirven para este tipo de personas. Pasan totalmente desapercibidas, son trabajadores abnegados, cumplen su horario y tratan muy bien a los pacientes. Hay casos en los que presentan algún tipo de adicción pero no es habitual. La movilidad geográfica alta es un indicativo clave, por lo que habría que estudiar el motivo de tales traslados o estar atentos ante personas que pidan insistentemente el turno de noche, festivos o fines de semana (piden estos turnos porque hay mucho menos personal médico y enfermero).

¿Se puede ‘curar’ un asesino de este tipo?

Es muy complicado porque la gran mayoría siente la necesidad de matar. Entre los que no, como Harold Shipman, sigue siendo complicado. Estamos ante asesinos múltiples sistemáticos, personas que matan a más de 2 pacientes y se tarda mucho tiempo en descubrir.

Entre médicos y enfermeros, ¿qué profesionales son más tendentes a cometer asesinatos?

Los enfermeros y auxiliares tienden más a cometer asesinatos que los médicos.

De los asesinatos cometidos por 'ángeles de la muerte', ¿cuál consideras más llamativo?

Me ha llamado la atención bastante el de una italiana que después de asesinar a sus pacientes se hacía selfies con ellos y los titulaba ‘A vida o muerte’. Para darte un dato histórico me impresionó mucho la historia de una enfermera inglesa que asesinó a 400 bebés en una institución llamada 'baby farm'. Son centros en los que las madres dejaban a los bebés para que cuidasen de ellos y los recuperaban cuando podían. Estamos hablando de la época victoriana (siglo XVIII). Esta mujer utilizaba un jarabe para los niños, compuesto de opio y heroína, que era legal en la época y se indicaba para tranquilizarles y que no lloraran. Abusó de su uso provocando la muerte de cientos de bebés. Nunca se la juzgó por homicidio, sino por negligencia.

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