Autor Tema: Filosofí­a en cinco minutos  (Leído 9827 veces)

ENNAS

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Re:Filosofí­a en cinco minutos
« Respuesta #135 en: Abril 10, 2020, 05:08:30 p. m. »
La palabra "peste" acababa de ser pronunciada por primera vez. En este punto de la narración
que deja a Bernard Rieux detrás de una ventana se permitirá al narrador que justifique la
incertidumbre y la sorpresa del doctor puesto que, con pequeños matices, su reacción fue la
misma que la de la mayor parte de nuestros conciudadanos. Las plagas, en efecto, son una
cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha
habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las
gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban
nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender
también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra
las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es
evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste
siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros
conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho
de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida
del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene
que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan,
y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros
conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y
pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas
eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones.
¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y
las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas.


En este y los siguientes párrafos de la novela "la peste", so capa de la ficción, Albert Camus filosofa sobre el saber contemporáneo.

De un lado de nada nos sirve conocer el problema, sus síntomas y sus antecedentes; el reconocimiento no va a detener la plaga, el que podamos nombrarlos no nos otorga el dominio sobre unos microorganismos que son sordos a nuestras palabras.

Por otro lado incluso si estamos ante una enfermedad tratable, la ciencia sólo es efectiva a una escala muy pequeña. Puede salvar a unos pocos pero ¿y si son cientos, o miles los infectados? Emergen entonces a superficie las carencias del progreso técnico en el que confiábamos, rebasado su cálculo por el imprevisto.