Autor Tema: Apuntes biológicos sobre el Autoengaño.  (Leído 22856 veces)

ENNAS

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Re: Apuntes biológicos sobre el Autoengaño.
« Respuesta #180 en: Septiembre 21, 2014, 05:33:45 p. m. »
La autocomplacencia del espectador

"I want to convince you that irony, poker-faced silence, and fear of ridicule are distinctive of those features of contemporary U.S. culture (of which cutting-edge fiction is a part) that enjoy any significant relation to the television whose weird pretty hand has my generation by the throat. I'm going to argue that irony and ridicule are entertaining and effective, and that at the same time they are agents of a great despair and stasis in U.S. culture, and that for aspiring fictionists they pose terrifically vexing problems.

My two big premises are that, on the one hand, a certain subgenre of pop-conscious postmodern fiction, written mostly by young Americans, has lately arisen and made a real attempt to transfigure a world of and for appearance, mass appeal, and television; and that, on the other hand, televisual culture has somehow evolved to a point where it seems invulnerable to any such transfiguring assault. TV, in other words, has become able to capture and neutralize any attempt to change or even protest the attitudes of passive unease and cynicism TV requires of Audience in order to be commercially and psychologically viable at doses of several hours per day."

E unibus pluram. David Foster Wallace, 1993.

http://www.openculture.com/2012/02/23_free_essays_stories_by_david_foster_wallace_available_on_the_web.html
http://tetw.org/David_Foster_Wallace

"Las series más previsibles, tópicas, cuadriculadas y repetitivas son las que más éxito tienen. No es que la audiencia tenga mal gusto, que también pudiera ser, sino que nuestro cerebro tiende a abrazar lo que reconoce como familiar, rechazando lo anómalo. Esta idea entra en conflicto con lo anteriormente expuesto, es decir, que la amí­gdala solo reacciona ante lo inesperado. Así­ que la estructura narrativa debe bascular entre lo inesperado y lo esperado, porque lo que resulta demasiado inesperado o extraño tampoco resulta atractivo para el cerebro medio."
Sergio Parra: http://www.yorokobu.es/por-que-nos-gustan-las-series-dramaticas-de-tv-repletas-de-cliffhangers/

"¿Qué descubrieron los nuevos estudios de mercado? Que no todos los espectadores «valen» lo mismo desde un punto de vista publicitario. Que, por ejemplo, anunciar un producto relativamente caro a un público formado por niños, por ancianos con escaso poder adquisitivo o por familias con presupuesto ajustado no es lo mismo que anunciarlo ante profesionales de entre veinticinco y cincuenta años, quienes efectivamente disponen de dinero para comprar ese producto. Además, esos profesionales suelen disponer de más dinero cuanto más cualificados están en su trabajo, lo cual tiene una alta correlación con su nivel cultural. Dado que un anunciante quiere que los espectadores compren su producto y no solamente que lo conozcan, empezaron a analizar las audiencias de las series de televisión con otros ojos."
Emilio de Gorgot: http://www.jotdown.es/2014/09/por-que-vivimos-una-edad-de-oro-de-las-series/

Bueno después de ver estas opiniones autorizadas -mejor si leémos los artí­culos enteros- hagámonos unas preguntitas incómodas.


1.- ¿Nos cuesta concentrarnos en un tema en concreto?

Dada la abundante oferta de información y entretenimiento que tenemos, semejante a una máquina lanzapelotas, estamos condenados a devolverlas como buenamente podamos sin poder elaborar una estrategia más planificada o a largo plazo. Tenemos buenos reflejos pero nos cuesta reflexionar.

Así­, nos desvivimos por las novedades de moda, a veces quizá encontramos relaciones subtextuales en los movimientos artí­sticos, pero en general nos irrita que se analice a fondo la oferta cultural, más que nada porque nos hace quedar como tontos. Así­ que como reacción antiintelectual presumimos de la zafiedad de nuestros gustos como muestra de elección personal. Cuando esas apetencias libremente aceptadas en realidad nos han sido implantadas.

Pensamos con nuestro cerebro de reptil.

2.- ¿Las series "de calidad" y los reality-show se retroalimentan?

Podrí­a parecer que hay una televisión de pago para los bien situados y televisión generalista para quien no se puede permitir otra cosa. No serí­a muy distinto de la elitización de los espectáculos deportivos con entradas caras para turistas y retransmisiones de pago para ganancia del sector hostelero. Los aficionados de clase baja han sido expulsados del gran circo y confinada su presencia a los bares con conexión premium, o en caso de enfrentamientos internacionales a patrióticas quedadas ante pantallas gigantes.

Sin embargo por imitación de los gustos de la clase alta, a una mayor exposición a temas escabrosos de los programas de calidad so capa de su difusión controlada, responden los programas cutres con mayor permisividad ante los excesos de sus concursantes. Surge así­ una "carrera armamentí­stica" pues los productores de lujo tienen que retorcer hasta lo irreal sus propuestas en busca de imágenes cada vez más impactantes y a su vez la telebasura les sigue a la carrera para no perder a su audiencia.

Ni unos ni otros miran por el espectador, velan por su cuota de mercado. Y están dispuestos cometer todas las bajezas por conservarnos. No nos dan lo que queremos ver, nos embuten lo que éllos creen que necesitamos para que los engranajes del consumismo no se gripen.

3.- ¿Las pelí­culas sin pretensiones generan frustración?

Pensadlo. Todas esos directores que defienden su obra con el manido "sólo busco entretener". Todas esas pelí­culas de todos los géneros todos los viernes del año cuyo argumento es que puedes conseguir todo lo que te propongas: salvar al mundo, conseguir tu pareja ideal, ganarle un pleito a una multinacional, ser campeón deportivo o el más respetado de tu instituto. Sabemos que es ficción, pero ficción sólo en la forma, en la historia en sí­. El mensaje subliminal de estas pelí­culas de "simple esparcimiento" es que si quisieras no estarí­as como estás. Que eres un fracasado. Y lo peor es que te jactes de que se rí­an de tí­.

Es como si te dieran el timo de la estampita y tu sentido del ridí­culo te llevara a presentarlo como una gran inversión. Qué digo, cuantos de vosotros no tendréis una hipoteca a treinta años por una segunda residencia u habréis aceptado canjear vuestros ahorros por acciones preferentes que en la vida podréis cobrar. Y lo habréis hecho sacando pecho, ¿verdad aguilillas?

Ojo, a todos nos pueden engañar. Mala leche. Pero lo lógico es enfadarse, no adoptar una pose de tipo duro que sabe lo que se hace.

4.- ¿De verdad os da la impresión de que vivimos en el mejor de los mundos posibles?

Edad de Oro de la tele, mejor Mundial de la Historia, cada edición de la Vuelta Ciclista a España es la más espectacular de todos los tiempos, por no hablar de la docena y media de partidos del siglo por temporada. Vivimos nuestra vida a través de las lentes de nuestras pantallas que nos informan de nuestros gustos y opiniones. Hemos puesto a profesionales de la información como enlaces entre la vida real y nosotros. Ante tanto videoclip no es de extrañar que el contí­nuo de la vida se nos haga desesperanzador. No me des nada profundo por favor, mejor mandémonos wassap.

Cerebro de reptil decí­a lí­neas más arriba. Mejor memoria de pez. Cerebro de reptil con memoria de pez, sí­. Los reptilianos y los profundos no es que estén entre nosotros, ¡es que somos nosotros!



No me hagáis caso a mí­ (¡ni se os ocurra!) pero si al pobre David Foster Wallace. Leedle; ved su dolor por un paí­s que se desploma entre frases ingeniosas, sarcásticas y lapidarias; notad su compasión por la alienación de sus compatriotas aplastados por una cultura ultracompetitiva; compartid su lamento por la falta de civismo, de urbanidad, de solidaridad... por la pérdida de la humanidad en suma. Y sobre todo, dejad de imitar todo lo que venga de EE.UU.

Putas y barcos

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Re: Apuntes biológicos sobre el Autoengaño.
« Respuesta #181 en: Septiembre 30, 2014, 05:44:34 p. m. »
Cerebro de reptil con memoria de pez

Follar, follar, follar.