Autor Tema: El Hombre de Tiempo  (Leído 539 veces)

Lapi_0

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El Hombre de Tiempo
« en: Octubre 04, 2006, 10:26:17 am »
16:59...
17:00

El radioreloj de la mesilla de noche se activó y empezó a emitir noticias. En la habitación, entre penumbras, dormí­a la siesta el Hombre del Tiempo. Se dio media vuelta y se tapó la cabeza con la almohada, intentando, en vano, acallar el soniquete del locutor, el cual, esta tarde, parecí­a estar especialmente alterado. Sin abrir los ojos y malhumorado, el Hombre del Tiempo, quiso hacer caso omiso del aparato y dormir un poco más;
pero el dichoso locutor, pesado como él sólo, no cejaba en su empeño y su insidiosa voz consiguió atravesar el plumaje de la almohada y colarse entre sus sueños.

"... y millones de personas están siendo ví­ctimas de los inusitados cambios climáticos que estamos experimentando en las últimas horas. En toda ífrica subsahariana, miles de personas están muriendo congeladas debido al brutal descenso de temperaturas experimentado en esta zona, temperaturas que están alcanzando ya los 25 grados bajo cero y que vienen acompañadas de una descomunal tormenta de nieve. Por el contrario, en las zonas polares, el calor es tropical, y la descongelación glacial empieza a inundar las ciudades costeras del norte de Europa y América. En el resto de Europa...."

- Mierda!

El Hombre del tiempo abrió los ojos y saltó de su cama a la vez, como un resorte.

- Ayyysss! Jodeeeeeerrrrrrr!!!

Las prisas y la oscuridad hicieron que propinara una fenomenal patada a la pata de la cama con su pie descalzo. Salió cojeando, desnudo y maldiciendo de la habitación, pero recorrió el largo pasillo con celeridad: debí­a llegar cuanto antes a su estudio, las noticias eran del todo alarmantes. Al abrir la puerta encontró a su hijo menor de rodillas en el suelo. Jugaba, distraí­do, con el gran globo terráqueo magnético que presidí­a la estancia, cambiando de sitio las innumerables piezas que tenia adosadas. Sin dar tiempo a que se girara, el Hombre del Tiempo estampó una colleja en la nuca del niño.

- PLASSSS!

- Aiiiiii! Jooo papáaaa - se quejó el pequeño mientras se frotaba el cuello-.

- ¿Que jo papá, ni que leches? ¿Cuantas veces te he dicho tu padre que no entres en su estudio?

El Hombre del Tiempo se dio media vuelta y gritó hacia la puerta:

- Mariaaaaaaaaa!!!! ¿Que no oyes las noticiaaaas?? Ven a por el niño antes de que me lo cargue, que ya la ha vuelto a liar, el muy...!