Autor Tema: Serbia, una, y no cincuenta y una  (Leído 7976 veces)

patillotes

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Re: Gran artí­culo de Miguel Herrero de Miñón
« Respuesta #15 en: Febrero 09, 2007, 11:24:54 a. m. »
...

Izetbegovic fue toda su vida un islamista radical (amén de simpatizante nazi, como su apañero Tudjman, aunque eso ya es lo de menos), su biografí­a lo demuestra, otra cosa es que se le presentara internacionalmente como moderado. Y es precisamente su falta de potencial militar lo que asegura que fue ayudado desde el principio por elementos que ahora son considerados como indeseables (al final, la gran putada no es que se produjera el 11-S, sino que éste no sucediera diez años antes).

...

A un croata eso se le supone de serie.

patillotes

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Re: Gran artí­culo de Miguel Herrero de Miñón
« Respuesta #16 en: Febrero 12, 2007, 10:44:04 a. m. »
Franjo TuÄ‘man luchó contra los nazis en la 2a guerra mundial y fue uno de los generales mas jóvenes del ejercito partisano de Tito.
Con quien compartí­a lugar de origen, la región de Zagorje en Croacia.

Tito tambien era croata. Yo lo decia por la tradicional amistad germano-croata, los ustachas (¿asi?), un conocido mio croata que habla del "señor Hitler" y todo eso.

Bambi

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Re: Gran artí­culo de Miguel Herrero de Miñón
« Respuesta #17 en: Febrero 12, 2007, 02:21:13 p. m. »
¿No es una frase célebre de Tudjman esa de "prefiero a un judí­o, fí­jate tú, antes que a un serbio"?

Gatinho

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Re: Gran artí­culo de Miguel Herrero de Miñón
« Respuesta #18 en: Febrero 12, 2007, 07:16:40 p. m. »
Bueno, Don Federico también era maoí­sta y mí­ralo. Es cierto que Tudjman fue partisano, pero el partido -HDZ, Hrvatska vete a saber qué más- con el que se presentaba era bastante conservador, dicho elegantemente.
Sobre la frase, a saber, no me extrañarí­a, aunque suena mucho a la del negro, negro de Arzallus.

Lo que dice Froilán sobre el apelativo comunista es cierto, a Serbia la llamaban el último enclave comunista de Europa. Lo curioso es que ahora ese honor corresponde, paradójicamente, a la Rusia Blanca.
Hoy, mañana, y siempre... con el Barí§a... en el corazón.

Bambi

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Re: Gran artí­culo de Miguel Herrero de Miñón
« Respuesta #19 en: Mayo 14, 2007, 04:55:04 p. m. »
Cuidado con Kosovo

Dadas las prisas de Washington y Londres, Kosovo -hoy aún formalmente provincia de Serbia, pero realmente protectorado internacional- se puede convertir rápidamente en un nuevo Estado en Europa, pero con el alto riesgo de acabar en un nuevo enfrentamiento, en una partición y en un agujero negro. Para esto la OTAN no hizo una guerra, sino para evitar una limpieza étnica. El Consejo de Seguridad de la ONU va a empezar a negociar una propuesta occidental de resolución que apoye el objetivo, o plataforma, de la "independencia supervisada" por la comunidad internacional que propugna el mediador Martti Ahtisaari. Si Rusia no la veta (lo que resulta improbable, pese a las presiones para que si Moscú no lo aprueba al menos se abstenga), la UE presentará un frente único, y los problemas que se plantean se suavizarán, aunque no desaparecerán. Si Rusia lo veta, el problema puede ser mayúsculo: Pristina anunciará unilateralmente su independencia; americanos y británicos correrán a reconocer el nuevo Estado, y la UE se dividirá. Entonces, según diplomáticos europeos, no hay que excluir que algunos paí­ses, incluida España, retiren las tropas allí­ destacadas en misión de paz para no encontrarse en medio de un enfrentamiento abierto entre serbios y albanokosovares.

El informe de Ahtisaari considera que "las partes no son capaces de llegar a un acuerdo", y hay que acelerar la independencia formal de una Serbia de nuevo radicalizada. "¿Por qué?", preguntaban algunos rusos en el reciente II Foro de Bruselas organizado por el German Marshall Fund y la Fundación Bertelsmann. Pese a las relaciones históricas con el mundo ortodoxo serbio, a Moscú no le importa tanto Kosovo, sino su propia posición en Europa y en el mundo. Rusia está moviendo sus peones, dentro de su nuevo tablero mundial. Aunque así­ sea, Moscú puede esta vez tener razón. "Reconocer a Kosovo sin el Consejo de Seguridad es jugar con el fuego", señaló en Bruselas el que fuera enviado de la ONU para los Balcanes y actual titular sueco de Exteriores, Carl Bildt, que pidió "tiempo", y consideró el de Ahtisaari "un buen plan, sólo que no va a funcionar". Y, efectivamente, tiempo se necesita. La afirmación de Ahtisaari, apoyada por EE UU, de que "la independencia es la única opción para un Kosovo polí­ticamente estable y económicamente viable" no se basa en ningún argumento. Es necesario un compromiso aceptable para todos, aunque tarde en alcanzarse.

Primero se exigió a Kosovo que cumpliera ciertos estándares antes de darle un estatuto definitivo; luego los estándares a la vez que el estatuto; y ahora, casi sin explicación, el estatuto pasa por delante de unos mí­nimos que cumplir para acceder a la independencia. El Kosovo independiente estará regido por bandidos y mafias y dominado por la corrupción, lo que le convertirá en un agujero negro y Estado fallido en medio de Europa, si es que no acaba uniéndose una débil Albania. Es más, con o sin el veto ruso, lo más probable es que los serbios de Kosovo, inseguros ante una posible limpieza étnica en sentido contrario al de 1999, se atrincheren, con tropas serbias preparándose al otro lado de la frontera, y acaben exigiendo, o imponiendo, una partición.

Todo esto no tiene que ver con proyectar los demonios españoles sobre aquello, sino con la realidad de Kosovo, respecto a la cual la comunidad internacional puede estar cometiendo graves errores. El primero es que, aunque Ahtisaari afirme que su plan no sienta precedentes, los crea. Como opinan algunos europeos, la independencia no tiene por qué ser un premio a otorgar automáticamente a los pueblos que han sufrido. Rusia teme que se convierta en precedente para otros casos que le afectan directamente, por no hablar del Kurdistán iraquí­, en su dí­a atacado con armas quí­micas por Sadam Husein. Quizás por eso está Moscú negociando con Moldavia una salida pací­fica a la disputa sobre el Transdniéster, otro agujero negro. Serí­a un ejemplo. En cuanto a Bosnia, no se puede decir que haya sido un éxito. Más bien lo contrario. Con una independencia acelerada, en vez de arreglarse, el problema de Kosovo se puede agravar. aortega@elpais.es


Bambi

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #20 en: Mayo 14, 2007, 06:01:57 p. m. »
Miles de personas salieron a las calles de Belgrado la noche del sábado para celebrar la victoria de la cantante Marija Serifovic, su representante en la 52ª edición del Festival de Eurovisión, celebrada en Helsinki. Serifovic obtuvo el apoyo incondicional del resto de los participantes de la antigua Yugoslavia, como si se hubiesen borrado para la ocasión las huellas de los conflictos que los enfrentaron durante los noventa.

En cualquier caso, el circunstancial aprecio hacia la música de Serbia que mostraron Montenegro, Eslovenia, Macedonia y Croacia no fue distinto del que se observó en el interior de otros dos bloques de paí­ses, como el de los escandinavos y los ex soviéticos. De hecho, los representantes de Ucrania y Rusia completaron la terna de los galardonados.

La imagen de los viejos enemigos apreciando sus respectivas interpretaciones musicales no fue la única paradoja que deparó la noche. Al mismo tiempo que los habitantes de Belgrado salí­an a la calle para festejar el éxito de su intérprete, el Parlamento serbio intentaba dar forma al nuevo Gobierno que se vení­a negociando desde enero, bajo una fuerte presión internacional y con el trasfondo del estatuto de autonomí­a para Kosovo. El éxito de Marija Serifovic en el Festival de Eurovisión despertaba mayor entusiasmo e interés que las arduas negociaciones sobre el futuro polí­tico del paí­s.

Lejos de recurrir a tópicos almibarados sobre la capacidad de la música para unir a los pueblos, algunos de los periodistas que seguí­an el festival recordaron la realidad de lo que se vivió en Helsinki. No se sabe si esta solidaridad musical augura mejores tiempos polí­ticos y diplomáticos; lo que sí­ hizo fue poner en entredicho este ya rancio festival.


Gatinho

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #21 en: Julio 22, 2007, 02:00:15 p. m. »
(1/7/2001)

EL MACHO SERBIO CONTRA EL ORGULLO 'GAY'

La primera manifestación de homosexuales celebrada en Yugoslavia duró tres minutos: fue salvajemente disuelta por jóvenes ultras

RUBEN AMON. Enviado especial

BELGRADO.- El orgullo gay se consume agónicamente entre las lágrimas y la sangre de Maja. Un agente de policí­a trata de consolarla inútilmente al pie de una escalera, pero la escena provoca carcajadas entre los machotes del lugar.
Son ellos quienes le han dado una paliza. Quienes han pataleado a decenas de «maricones» en el asfalto de Belgrado. Quienes invocan el honor de Serbia para libarse de la maldición homosexual. «Pues eso, a base de hostias», como dice orgullosamente un especimen viril de 15 años.

Era la primera vez en la historia que los homosexuales serbios osaban manifestarse públicamente. Quizá porque corren vientos democráticos (¿?). O quizá porque el civismo de un paí­s se mide en términos de respeto ajeno, como señalan inútilmente las pancartas descoyuntadas.

Yugoslavia está muy lejos de Europa. Sobre todo, después de ayer, cuando la fiesta del orgullo gay, inocente, modesta, pobretona, se ha convertido en la excusa de una cacerí­a al maricón, en la gran venganza del macho serbio.

La policí­a podí­a haber intervenido de manera inmediata, pero transcurrió una hora interminable, brutal, hasta que las fuerzas antidisturbios comenzaron a cargar contra los machotes. Habí­a ultras, skin-heads, estudiantes, chetniks, incluso popes ortodoxos de guantes blancos.

Por ejemplo, el padre Gavrilov, o el doctor Gavrilov, como él mismo precisa estúpidamente. No importa el egocentrismo del tipo. Importa su «homilí­a»: «He venido hasta la plaza para mostrar la oposición de la Iglesia al fenómeno homosexual, que atenta contra la naturaleza humana».

Demonización

Serí­a peligroso interpretar la guerrilla urbana de ayer como la provocación caprichosa de un puñado de ultras. Pues no. Resulta que la moral serbia demoniza la homosexualidad y la considera un motivo propagatorio del sida, más o menos como si los manifestanes , ¿un centenar?, hubieran salido a las calles para extender una epidemia catastrófica.

«A por ellos», gritaba fuera de sí­ un paramilitar barbudo y grotesco. «A por ellos», respondí­a el coro de machos nada más divisar un grupillo de homosexuales indefensos. Les pegaron, les escupieron, les insultaron. Y les hubieran arrancado la cabeza si no llega a escucharse el jaleo redentor de unos cuantos disparos lanzados al aire.

Era la policí­a. Tarde, torpe, distante. Muchos agentes se hubieran alistado en las filas de los represores, pero disimularon la tentación alejándose de las zonas de refriega. ¿Cuantos puñetazos le han dado a Maja?

«Estamos hartos de vivir en las catacumbas», señalaba ayer un homosexual vestido de «paisano». «Vivimos nuestra identidad sexual como si fuéramos apestados. Nos persiguen, nos pegan, nos machacan. Y no me refiero al dí­a de hoy, sino a las experiencias cotidianas», añade el muchacho.

La manifestación gay se habí­a programado a las tres de la tarde y finalizó exactamente tres minutos después. Fue el tiempo que necesitaron los matones, cerca de un millar, para correr a palos a un pelotón de los homosexuales, incluidos adolescentes, universitarias y chicos con bandera blanca.

«No queremos a estos putos en Serbia. Nosotros somos machos de verdad y no consentimos que estos mariconazos vengan a contagiar nuestra sangre», precisaba ayer a voces un prodigio de la intelectualidad nacionalista.

El dí­a del orgullo gay se ha convertido en el dí­a del gran macho serbio. Tanto, que los mocetones concentrados en las calles de Belgrado se despojaron de las camisas para exhibir los músculos de acero y mostrar los tatuajes de Arkan.

El difunto genocida serbio se hubiera enorgullecido de los muchachotes, sobre todo porque han aplastado al enemigo sin utilizar armas de fuego ni despeinarse el cerebro. Han bastado los puños, los palos, «los cojones», como dicen algunos ultras del club de fútbol Estrella Roja.

Costumbre nacional

A falta de «putos» y de «maricones», de nuevo escondidos en las catacumbas, los machotes se entretuvieron con la policí­a. Es una costumbre nacional, una tradición urbana serbia, a fuerza de represiones y de prohibiciones.

Menos mal que existen tipos como Pedrag. El viejito debe haber cumplido los 70 años, pero tuvo el valor de proteger a una adolescente lesbiana cuando los cazadores estaban a punto de devorarla a guantazos. «Coge este taxi y vete», le dice mientras entrega el dinero al conductor.

El gesto hubiera valido una medalla en cualquier paí­s civilizado. Aquí­ no. Aquí­, al contrario, le ha servido a Pedrag para ganarse los insultos y las reprobaciones de unos cuantos adultos alistados en la cola de un autobús.

«¿Por qué ayudas a esos maricones? ¿No ves que van a degenerar nuestra raza? ¿No te das cuenta de que nuestros hijos pueden contagiarse de alguna enfermedad rara?», le dicen y le repiten hasta conseguir atormentarlo.

El balance moral de la jornada está hecho. Queda pendiente el balance policial y sanitario. El jefe de la Policí­a de Belgrado, Bosko Buha, informó a la radio B-92 de que habí­an sido arrestadas varias decenas de personas y de que varios agentes resultaron heridos al ser alcanzados por las piedras lanzadas por los ultras. Según fuentes hospitalarias citadas por la emisora, hay al menos dos civiles y seis policí­as heridos.

Los ultras fueron detenidos en vehí­culos blindados. Los otros, «los putos», «los maricones», se recuperan en un ambulatorio. O lloran como Maja al pie de una escalera. Orgullosamente.
Hoy, mañana, y siempre... con el Barí§a... en el corazón.

Fernández

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #22 en: Julio 23, 2007, 06:25:25 p. m. »
Bueno, no es que en Zagreb las marchas hayan sido pací­ficas y rodeadas por el espontáneo aplauso de los transeúntes:
Citar
Saturday's gay Pride event in Croatia was marred by violence, leading to eight arrests in the capital city of Zagreb. It's not the first time that Croatia's LGBT community has fought fierce opposition to peaceful demonstrations of pride.
Protected by riot police, a few hundred marchers braved a barrage of verbal abuse from rubbernecking bystanders and volleys of tear-gas canisters.
Neo-Nazis rallied at the western side of Zrinjevac Park, yelling, "Go to Serbia," "Kill the Serb," "Fags to concentration camps," "Heil Hitler," "Sieg heil," "Die," and "We are Aryan."
http://www.planetout.com/news/election/article.html?2007/07/09/4
Otro dí­a perfecto.

Gatinho

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #23 en: Julio 25, 2007, 10:54:57 p. m. »
Yugoslavia era una gran nación, snif.
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Pornosawez

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #24 en: Julio 26, 2007, 06:55:22 p. m. »
(1/7/2001)

EL MACHO SERBIO CONTRA EL ORGULLO 'GAY'

La primera manifestación de homosexuales celebrada en Yugoslavia duró tres minutos: fue salvajemente disuelta por jóvenes ultras

RUBEN AMON. Enviado especial

BELGRADO.- El orgullo gay se consume agónicamente entre las lágrimas y la sangre de Maja. Un agente de policí­a trata de consolarla inútilmente al pie de una escalera, pero la escena provoca carcajadas entre los machotes del lugar.
Son ellos quienes le han dado una paliza. Quienes han pataleado a decenas de «maricones» en el asfalto de Belgrado. Quienes invocan el honor de Serbia para libarse de la maldición homosexual. «Pues eso, a base de hostias», como dice orgullosamente un especimen viril de 15 años.

Era la primera vez en la historia que los homosexuales serbios osaban manifestarse públicamente. Quizá porque corren vientos democráticos (¿?). O quizá porque el civismo de un paí­s se mide en términos de respeto ajeno, como señalan inútilmente las pancartas descoyuntadas.

Yugoslavia está muy lejos de Europa. Sobre todo, después de ayer, cuando la fiesta del orgullo gay, inocente, modesta, pobretona, se ha convertido en la excusa de una cacerí­a al maricón, en la gran venganza del macho serbio.

La policí­a podí­a haber intervenido de manera inmediata, pero transcurrió una hora interminable, brutal, hasta que las fuerzas antidisturbios comenzaron a cargar contra los machotes. Habí­a ultras, skin-heads, estudiantes, chetniks, incluso popes ortodoxos de guantes blancos.

Por ejemplo, el padre Gavrilov, o el doctor Gavrilov, como él mismo precisa estúpidamente. No importa el egocentrismo del tipo. Importa su «homilí­a»: «He venido hasta la plaza para mostrar la oposición de la Iglesia al fenómeno homosexual, que atenta contra la naturaleza humana».

Demonización

Serí­a peligroso interpretar la guerrilla urbana de ayer como la provocación caprichosa de un puñado de ultras. Pues no. Resulta que la moral serbia demoniza la homosexualidad y la considera un motivo propagatorio del sida, más o menos como si los manifestanes , ¿un centenar?, hubieran salido a las calles para extender una epidemia catastrófica.

«A por ellos», gritaba fuera de sí­ un paramilitar barbudo y grotesco. «A por ellos», respondí­a el coro de machos nada más divisar un grupillo de homosexuales indefensos. Les pegaron, les escupieron, les insultaron. Y les hubieran arrancado la cabeza si no llega a escucharse el jaleo redentor de unos cuantos disparos lanzados al aire.

Era la policí­a. Tarde, torpe, distante. Muchos agentes se hubieran alistado en las filas de los represores, pero disimularon la tentación alejándose de las zonas de refriega. ¿Cuantos puñetazos le han dado a Maja?

«Estamos hartos de vivir en las catacumbas», señalaba ayer un homosexual vestido de «paisano». «Vivimos nuestra identidad sexual como si fuéramos apestados. Nos persiguen, nos pegan, nos machacan. Y no me refiero al dí­a de hoy, sino a las experiencias cotidianas», añade el muchacho.

La manifestación gay se habí­a programado a las tres de la tarde y finalizó exactamente tres minutos después. Fue el tiempo que necesitaron los matones, cerca de un millar, para correr a palos a un pelotón de los homosexuales, incluidos adolescentes, universitarias y chicos con bandera blanca.

«No queremos a estos putos en Serbia. Nosotros somos machos de verdad y no consentimos que estos mariconazos vengan a contagiar nuestra sangre», precisaba ayer a voces un prodigio de la intelectualidad nacionalista.

El dí­a del orgullo gay se ha convertido en el dí­a del gran macho serbio. Tanto, que los mocetones concentrados en las calles de Belgrado se despojaron de las camisas para exhibir los músculos de acero y mostrar los tatuajes de Arkan.

El difunto genocida serbio se hubiera enorgullecido de los muchachotes, sobre todo porque han aplastado al enemigo sin utilizar armas de fuego ni despeinarse el cerebro. Han bastado los puños, los palos, «los cojones», como dicen algunos ultras del club de fútbol Estrella Roja.

Costumbre nacional

A falta de «putos» y de «maricones», de nuevo escondidos en las catacumbas, los machotes se entretuvieron con la policí­a. Es una costumbre nacional, una tradición urbana serbia, a fuerza de represiones y de prohibiciones.

Menos mal que existen tipos como Pedrag. El viejito debe haber cumplido los 70 años, pero tuvo el valor de proteger a una adolescente lesbiana cuando los cazadores estaban a punto de devorarla a guantazos. «Coge este taxi y vete», le dice mientras entrega el dinero al conductor.

El gesto hubiera valido una medalla en cualquier paí­s civilizado. Aquí­ no. Aquí­, al contrario, le ha servido a Pedrag para ganarse los insultos y las reprobaciones de unos cuantos adultos alistados en la cola de un autobús.

«¿Por qué ayudas a esos maricones? ¿No ves que van a degenerar nuestra raza? ¿No te das cuenta de que nuestros hijos pueden contagiarse de alguna enfermedad rara?», le dicen y le repiten hasta conseguir atormentarlo.

El balance moral de la jornada está hecho. Queda pendiente el balance policial y sanitario. El jefe de la Policí­a de Belgrado, Bosko Buha, informó a la radio B-92 de que habí­an sido arrestadas varias decenas de personas y de que varios agentes resultaron heridos al ser alcanzados por las piedras lanzadas por los ultras. Según fuentes hospitalarias citadas por la emisora, hay al menos dos civiles y seis policí­as heridos.

Los ultras fueron detenidos en vehí­culos blindados. Los otros, «los putos», «los maricones», se recuperan en un ambulatorio. O lloran como Maja al pie de una escalera. Orgullosamente.

El Orgullo Gay en España es un poco al revés.
"España es el paí­s donde más fácilmente se puede hacer uno rico"

Carlos Solchaga

Gatinho

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #25 en: Agosto 05, 2007, 05:55:43 p. m. »
LA TIGRESA VIUDA DE LOS BALCANES
 
LOS BOMBARDEOS aliados sobre Belgrado no han aplacado la sed de pólvora y riqueza de los señores de la guerra serbios. Svetlana Velickovic, detenida por el asesinato del primer ministro Djindjic, representa el poder que mantiene la mafia posMilosevic
 
RUBÉN AMON. Belgrado

Las secuelas de la guerra y la incertidumbre balcánica se han llevado por delante al primer ministro serbio Zoran Djindjic, asesinado a tiros en las calles de Belgrado igual que sucedió hace dos años con el genocida Zeljko Raznatovic, Arkan.
Ambas muertes conducen al domicilio grotesco y ampuloso de Svetlana Velickovic, viuda negra de Arkan y cómplice del asesinato de Djindjc. Al menos, las fuerzas especiales de la policí­a irrumpieron en su domicilio el pasado lunes como si se tratara de una superterrorista, una mafiosa o una traficante de armas.

La acusan de haber financiado al camionero que intentó embestir el coche de Djindjic el 21 de febrero -un tal Dejan Milenkovic- y de haber cobijado a los principales jerarcas del clan de Zemun, sobrenombre de la red clandestina a quien el maltrecho Gobierno serbio atribuye el crimen del 12 de marzo.

El espectacular arresto representa un cambio inesperado en la biografí­a de la viuda negra. Precisamente ahora, que la diva del llamado turbofolk -ritmos sincopados, influjo oriental, formas rockeras, espí­ritu gitano- habí­a reaparecido en los escenarios de culto nacionalista y lideraba nuevamente las clasificaciones discográficas.

Y es que Svtetlana Velickovic o Raznatovic, alias Ceca, se avino a guardar el luto del marido hasta que sintió la llamada racial del estadio. Más de 80.000 personas acudieron el pasado mes de agosto al concierto de la reaparición y despidieron a la heroí­na con gritos estremecedores: «Arkan, Arkan, Arkan», «Kosovo, Kosovo, Kosovo», coreaban los ultras serbios y los tifosi irredentos del Estrella Roja en el pequeño Maracaná, como si aún resonaran los tambores de la guerra.

El viejo nacionalismo resucitaba mientras la treintañera Ceca moví­a las caderas, meneaba el siliconado pectoral y balbuceaba el texto de las canciones al borde del éxtasis, casi siempre envuelta en un vestido dorado de soubrette faraónica. El delirio se reprodujo cuando Ceca desempolvó aquella canción martilleante de una mujer cornuda que venga a muerte la traición de su marido y que exalta la violencia como una forma de catarsis, más allá de los parentescos y de las amistades.

Quizá entonces Zoran Djindjic comprendió que las reformas europeí­stas, los discursos contra la vieja guardia y la captura de Milosevic no habí­an obrado el cambio de mentalidad que se presumí­a tras la caí­da de Slobo en octubre de 2000. Que los bombardeos aliados sobre Belgrado habí­an parado la locura genocida del Hitler de los Balcanes pero no la sed de pólvora y riqueza de los señores de la guerra serbios.

Casi dos años después, ahí­ estaban los matones de Arkan sobre el escenario y los milicianos sin oficio en el césped. Solo las canciones de Ceca podí­an resucitar el heroí­smo patriótico, aproximar fantasmagóricamente el sueño de la Gran Serbia mientras la República Federal de Yugoslavia languidecí­a.

Y es que la viuda del tigre se habí­a convertido históricamente en la banda sonora del genocidio. Muchas de sus canciones alentaron las campañas paramilitares de Bosnia y Croacia, incluso acompañaron el viaje de los kosovares deportados hacia Albania cuando los aviones de la OTAN iniciaron los bombardeos (1999).

Un año después, Zeljko Raznatovic Arkan fallecí­a en las puertas del hotel Intercontinental ajusticiado como un perro. El crimen cainita se atribuyó al hijo de Milosevic, de acuerdo con un móvil de corte preventivo, pero la mujer de Slobo prometió a la señora Raznatovic que el viejo dictador nada tení­a que ver.

El caso es que el tigre Arkan, asesinado a los 47 años, tení­a la costumbre de descalificar a Slobo delante de los periodistas extranjeros. Especialmente cuando se paseaba entre los vestí­bulos del Hotel Hyatt de Belgrado, siempre flanqueado por una docena de gorilas y acompañado por la exuberante Ceca.

La pareja se conoció en 1993 al compás de los bombardeos de Bosnia.Arkan, dos veces casado y padre de siete hijos, querí­a intimar con la diva del turbofolk y agradecerle el respaldo patriótico de los conciertos, pero quedó decepcionado con las sensaciones del primer mano a mano. Era demasiado flaca, 48 kilos. Demasiado frágil para aspirar a convertirse en la mujer exuberante de un buen padrino.

Fue entonces cuando Ceca decidió transformarse en la tigresa, cuando se convirtió en la campeona nacional de Body-building y cuando adquirió el estatus del sí­mbolo sexual nacionalista: labios carnosos, melena larga, senos pronunciados, aspecto hortera, fí­sico escultural, unos puñados de intervenciones quirúrgicas

La boda se celebró en 1995 de acuerdo con un ritual grotesco, kitsch, desmedido. Sobre todo porque el novio compareció en el altar vestido de oficial del Ejército monárquico serbio -el atuendo parecí­a un disfraz- y porque se presentó en casa de los padres de Ceca con la dote contante y sonante de una saco de oro.

Así­ rezaba en la vieja tradición serbia, de modo que el caballero Raznatovic cruzó el altar mayor embutido en una casaca principesca, provisto de unas botas de montar y armado de un sable afilado que perteneció a la gloriosa dinastí­a de los Mihajlovic. No es de extrañar que los invitados dispararan salvas de ametralladora y kalashnikov en el trance del beso ni soprende que Arkan desembolsara 700.000 euros para pagar la fiesta. Él era un millonario que consumí­a caviar y champán francés sobre los escombros de un paí­s destruido y arruinado, pero no tuvo reparos en que las cámaras de televisión transmitieran el acontecimiento como si fuera las nupcias de un rey serbio.

«Porque se lo merecí­a», según declaraba Ceca a un diario belgradense unos dí­as después de la muerte. «Nadie como él arriesgó más por el orgullo serbio ni mantuvo más alto el honor de nuestro Ejército», añadí­a desconsolada la viuda marchita.

En realidad, Arkan, antiguo ladrón de bancos y virtuoso del estraperlo, era el cabecilla de un grupo paramilitar, los Tigres, fundado en 1991 entre los hinchas del Estrella Roja de Belgrado y un buen puñado de superprofesionales militares.

Las criaturas no solo disponí­an de las mejores armas y de la preparación más severa. También tení­an la misión de transformarse en una fuerza de acción intimidatoria, desprovista de escrúpulos, horrible y ejemplarmente cruel.

La idea del Estado étnicamente puro llevó por delante a los croatas de Vukovar (1991) y a los musulmanes de Bijelina (1992). Cinco años después, el señor de la guerra, polí­glota, ortodoxo convicto, maestro en las artes marciales, se presentó en la propia localidad bosnia como candidato a las elecciones, acompañado de Ceca y «desconcertado» por el hecho de que no hubiera musulmanes en el pueblo. Los habí­a exterminado a todos, pero se entretuvo en acariciar la cabeza de los niños y en besar el rostros de las abuelas semidifuntas mientras su foto angelical empapelaba las calles de Bjielina como reclamo electoral de los comicios locales.

Así­ era el marido de la viuda negra. Un actor consumado, un serbio transformista que sentí­a el mismo apego al uniforme militar que a los trajes oscuros de Armani, cuando no decidí­a combinar las prendas de ambas indumentarias.

LUJO HORTERA

El mal gusto de los Raznatovic puede reconocerse hoy con un vistazo a la casa de Ceca. Está ubicada en la mejor zona residencial de Belgrado, Dedinje, pero destaca entre las demás porque se parece a la morada que hubieran soñado Barbie y Ken Brillos.Más o menos como un zigurat de cristales oscuros y de materiales ostentosos, una fortaleza de traficante de armas edulcorada con colores pastel.

Dentro, las paredes de mármol y las estatuillas de bronce se pelean con las alfombras de tigre y con el despliegue de los sí­mbolos nacionalistas. Incluido un retrato del propio Arkan que hubiera servido de reclamo a cualquier pelí­cula patriótica de Silvester Stallone o a cualquier videojuego de adolescentes belicistas.

El fortí­n de Ceca permanece custodiado en manos de los Tigres, sobre todo porque las habitaciones del primer piso alojan la sede de la agrupación polí­tica familiar. Se denomina el Partido de la Unidad Serbia, naturalmente, y produjo una sorpresa inquietante en las primeras elecciones libres de Serbia (diciembre de 2000).

La victoria absoluta fue a parar a manos de Zoran Djindjic, pero las huestes de Ceca reunieron 191.154 votos y consintieron que el fantasma de Arkan conquistara 14 escaños en la investidura del nuevo parlamento democrático.

«No me interesa la polí­tica, pero debo velar por la gente que mantiene intacta la fidelidad a mi marido. Saben que dio la vida por Serbia y todos debemos velar por su memoria. Aunque lo mí­o es cantar y bailar», señalaba la viuda de Arkan horas antes de reaparecer en el estadio del Estrella Roja de Belgrado.

La señora Ceca tiene los ojos grandes, el cabello largo y el aspecto de una chica playboy. Han pasado 20 años desde que cuidara las gallinas y los cerdos en la granja paterna, de modo que la inocencia de antaño ha dado paso a una imagen intimidatoria, agresiva, exuberante, incluso matriarcal.

Así­ la recuerdan los directivos del Atlético de Madrid cuando el equipo de la familia Arkan, el Obilic, visitó el Vicente Calderón con motivo de una eliminatoria de la UEFA en septiembre de 1999.El señor Raznatovic tení­a que haber viajado en representación del equipo serbio, pero la osadí­a hubiera implicado el arresto del monstruo.

Porque ya entonces Arkan figuraba entre los principales inculpados del Tribunal de la Haya. La corte internacional le atribuí­a toda suerte de crí­menes contra la Humanidad y le consideraba un genocida.No importa. Ceca recorrió las calles de Madrid en compañí­a de Pedja Mijatovic y se avino a participar en una cena con los jerarcas del Atleti. No estaba Jesús Gil, pero la dama de Arkan animó el festí­n e interpretó el himno del Obilic mientras los anfitriones le acompañaban con la percusión de cuchillos y tenedores.

Después sobrevino el trance de los discursos y de las oraciones.Ceca se hizo con la palabra para señalar a los presentes que habí­a puesto en marcha la fundación El Tercer Hijo orientada a la procreación de las mujeres serbias. «Sólo así­ conseguiremos repoblar nuestra patria», añadí­a la señora de Raznatovic en aparente estado de éxtasis.

MITO SEXUAL

La viuda negra se ha convertido en el mito sexual de los jóvenes ultras y en el estereotipo de la sponsor girl, sobrenombre de las chicas despampanantes de Belgrado que acompañan a los grandes tipos mafiosos en los bares de moda. Muchos de ellos -cerca de 700- han sido arrestados estos últimos dí­as como presuntos colaboradores del asesinato de Djindjic, pero casi nadie imaginaba que la lista de sospechosos podrí­a salpicar la reputación de Ceca, encarcelada como una delincuente común y obligada a alejarse de sus dos hijos durante al menos 30 dí­as.

Es el periodo cautelar que las autoridades serbias han puesto en marcha amparándose en el estado de excepción vigente desde el pasado 12 de marzo. De momento, el Ministerio del Interior considera que Ceca ha jugado un papel relevante en la trama de la muerte de Djindjic. Dicen que encubrió en su casa a los dos presuntos instigadores del crimen -Milorad Lukovc, el Legionario, ex jefe de operaciones especiales, y el empresario, llamémosle así­, Dusan Spasojevic-, incluso que sabí­a los pormenores del atentado unas horas antes de producirse.

Es posible. Como es probable que los mismos asesinos del primer ministro serbio, asociados al llamado clan de Zemun y unidos en el culto divino de Slobo Milosevic, hayan sido los que se llevaron por delante a su propio marido. La aparente contradicción responde a la lógica de la supervivencia de las mafias balcánicas, emparentadas indivisiblemente con la vieja nomenclatura del régimen de Milosevic y entremezcladas con los servicios de espionaje y de acción militar.

Arkan fue ejecutado porque podí­a transformarse en un peligroso acusador de Slobo y porque hací­a la competencia a los negocios corruptos de Marko Milosevic, desterrado en paradero desconocido, mientras que Djindjic aspiraba a desmantelar el crimen organizado.Incluidos los subterfugios de poder y de intimidación que habitan entre las paredes de la casa de Ceca, la barbie de todas las serbias, la viuda de todos los tigres.

«MUY FLACA». Cuando el genocida Arkan la conoció en 1993, bajo los bombardeos de Bosnia, quedó decepcionado: era demasiado flaca para ser la musa de un lí­der. Hoy luce labios carnosos y pechos siliconados. En su último concierto reunió a 80.000 personas que corearon el nombre de su marido.

Hoy, mañana, y siempre... con el Barí§a... en el corazón.

Gatinho

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #26 en: Agosto 23, 2007, 12:01:16 a. m. »
Hay que bombardear Macedonia ante la amenaza de limpieza étnica (ojo porque en este paí­s, la "minorí­a" albanesa ya es como una cuarta parte de la población, dadles veinte años):


Un portero es apaleado por sus aficionados en Macedonia.

SIMOV FUE AGREDIDO POR SER DE ETNIA SERBIA EN SU PRIMER ENTRENAMIENTO

Unos 20 aficionados del equipo macedonio Shkendia de Tetovo apalearon a su propio portero, supuestamente por el solo hecho de ser de etnia serbia, según informó el diario serbio Kurir. Los seguidores de Shkendia, que pertenecen a la minorí­a albanesa, agredieron a Simov durante su primer entrenamiento con este equipo.

Simov incurrió en la ira de los albaneses por su gesto en la final de la Copa macedonia del 2006 entre Shkendia y Makedonija, cuando al recibir la medalla por la victoria alzó la mano y mostró tres dedos, el sí­mbolo de guerra serbio.

Además, el guardameta defendió en el pasado los colores del Obilic de Belgrado, propiedad del asesinado Zeljko Raznjatovic (alias Arkan), miembro de un temible grupo paramilitar serbio acusado de crí­menes de guerra durante el conflicto de la ex Yugoslavia. Tetovo se encuentra en la región occidental macedonia colindante con Albania, cuya mayorí­a de la población es de etnia albanesa.

http://www.marca.com/edicion/marca/futbol/internacional/es/desarrollo/1016646.html
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Fernández

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #27 en: Agosto 23, 2007, 10:53:40 p. m. »
Estos albaneses son una puta plaga.

Otro dí­a perfecto.

Panzerfaust

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #28 en: Agosto 24, 2007, 09:06:06 a. m. »
La Gran Albania. Hay gente a la que no le deberí­an dejar salir de la montaña. Con Soleyman viví­amos mejor...

belzebu

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Re: Serbia, una, y no cincuenta y una
« Respuesta #29 en: Agosto 24, 2007, 02:48:25 p. m. »
¿Cada chalet que asalta un albanokosovar cuenta para la Gran Albania?