Autor Tema: Aquellos tiempos en los que España era Andalucí­a  (Leído 422 veces)

Baal

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Aquellos tiempos en los que España era Andalucí­a
« en: Marzo 27, 2006, 11:56:09 a.m. »
Sacado del diario de sevilla

 sevilla. La última década ha supuesto para Andalucí­a un importrante salto en lo que a convergencia con las economí­as de su entorno se refiere. El tirón del consumo privado (alentado por los bajos tipos de interés) y el boom del sector de la construcción han sido los grandes protagonistas de un avance del PIB que ha llegado a duplicar las medias europea y española, con tasas que en algunos ejercicios superaron el 5 por ciento. Pese a este dinamismo, cuya solidez algunos cuestionan porque los tipos empiezan a subir y el mercado de la vivienda a desacelerarse, la comunidad andaluza aún se encuentra entre las que Bruselas denomina como regiones Objetivo 1 (su renta no alcanza el 75 por ciento de la comunitaria) y está a un abismo de la riqueza –en términos relativos– que ostentaba a principios del siglo XIX.

Así­ se desprende de Estadí­sticas históricas de Españala, publicación de la Fundación BBVA, donde las cifras perfilan a una Andalucí­a que en el año 1802 aportaba el 25,7 por ciento de lo que producí­a la economí­a nacional, frente al 8,3 o el 2,7 de Cataluña y Madrid, autonomí­as hoy de referencia. Rogelio Velasco, catedrático de Análisis Económico, explica que la proyección de la región en aquella época responde a varias circunstancias. La primera, y quizás la más significativa, es que la agricultura era el sector dominante en la estructura del PIB nacional, y los recursos de los que disponí­a la comunidad andaluza facilitaron que se conviertiera en una potencia dentro de ese ámbito. También influyeron su población (duplicaba a la de otras zonas del paí­s), la intensidad de la actividad comercial del Puerto de Cádiz con América, la industria y el comercio malagueños o la minerí­a almeriense.

No es de extrañar, por tanto, que el PIB per cápita andaluz representara el 142,7 por ciento de la media nacional, la cota más alta del paí­s, después de Baleares, que suponí­a un 144,4. En la actualidad, nuestro peso en la economí­a española no llega al 14 por ciento (13,6) y el PIB per cápita está en torno al 74 por ciento del nacional, según datos de Caixa Catalunya y Funcas. ¿Qué ha ocurrido para que en este periplo de algo más de dos siglos hayamos perdido tantos puntos? José Ignacio Rufino, profesor de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla, señala, grosso modo, que la estructura de la economí­a española ha cambiado –la agricultura ya sólo pesa un 4 por ciento–, que la fase industrial por la que pasaron muchas comunidades autónomas no cuajó aquí­ y que los sectores de valor añadido se distribuyeron por otras zonas, en algunos casos gracias al apoyo de determinados gobiernos y en otros por iniciativa propia.

En relación con esto último, y a modo de curiosidad, Velasco recordaba en un artí­culo reciente que el atraso que tení­an a mediados del XIX las industrias textil y siderúrgica de Cataluña y el Paí­s Vasco se compensó con una elevada protección aduanera para defenderlas de la competencia británica. El cierre de nuestras fronteras a los productos de ese paí­s dio lugar, a la postre, al cierre de las fábricas de fundición de Manuel Agustí­n Heredia en Málaga, pues ya no pudo importar carbón para sus altos hornos. En esa época (1841), la fortuna de este empresario era de las más importantes de España.

A partir de esa fecha, y al compás de la decadencia de la industria andaluza, la renta de las familias y la aportación de la región al PIB nacional cayeron en picado. En este proceso, 1930 marcó un punto de inflexión o, más bien, de estabilización. De acuerdo con las propias cifras y con la explicación de Joaquí­n Aurioles, profesor de la Universidad de Málaga, poco más arriba o poco más abajo, Andalucí­a se ha mantenido desde entonces prácticamente igual en lo que a su aportación a la economí­a española y a PIB per cápita sobre la media se refiere. La peor etapa que vivió la región se dio entre la década de los 30 y la de los 60, con la Guerra Civil en medio y la emigración de 2 millones de andaluces.

Aurioles subraya que no se puede decir que la comunidad autónoma empezase a converger de verdad hasta 1997. Las polí­ticas de solidaridad territorial del Estado, las transferencias de fondos europeos y un mayor dinamismo de la economí­a han contribuido a ello. En la actualidad, el 7,3 por ciento del PIB andaluz procede del sector primario, el 2,5 del energético, un 10 por ciento de la industria y el 8,5 de la construcción. Un informe de Caixa Catalunya apunta que en los últimos 4 años el peso de Andalucí­a en la economí­a nacional ha subido 3 décimas, hasta el 13,6 por ciento.