Autor Tema: Los efectos del amor  (Leído 767 veces)

yonodio

  • Visitante
Los efectos del amor
« en: Marzo 12, 2007, 08:52:38 a.m. »
De:

http://www.tendencias21.net/El-cuidado-materno-provoca-cambios-geneticos-favorables-para-el-bebe_a1433.html


El cuidado materno provoca cambios genéticos favorables para el bebé
Un nuevo estudio confirma la capacidad del entorno para modificar los genes

Una investigación realizada en el campo de la epigenética (que estudia los cambios reversibles del ADN) con ratas de laboratorio, ha descubierto que las crí­as de estos animales modifican ciertos genes en función de la cantidad de cuidados maternales que reciban. A mayor cantidad de atenciones, más capacidad de respuesta al estrés desarrollan. Este cambio en el ADN, que se debe a una alteración de la expresión de un gen que dirige la respuesta del cerebro al estrés, se mantiene además a largo plazo, llegando a pasarse a generaciones posteriores de ratas. La investigación confirma que la impronta genética no tiene una connotación tan determinista, sino que puede estar alterada por las experiencias vitales posteriores al nacimiento. Yaiza Martí­nez.


El cuidado materno provoca cambios genéticos favorables para el bebé
Una buena dosis de amor maternal puede alterar el código genético de los recién nacidos, provocando que sean menos miedosos y sufran menos ansiedad en épocas posteriores de su vida, señala una investigación realizada por cientí­ficos de la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá.

Los resultados del estudio, dirigido por el especialista Moshe Szyf, de dicha universidad, sugieren que la huella genética impresa en nuestros cuerpos antes de nacer puede modificarse, permitiéndonos adaptarnos más rápidamente a un mundo cambiante.

Según señala al respecto el diario británico The Guardian, la confirmación de estos resultados podrí­a derivarse en una nueva compresión de los efectos de la educación y de las experiencias vitales en el desarrollo posterior de una serie de enfermedades, como la obesidad, la diabetes o la depresión.

Efectos del amor

Una serie de experimentos con ratas recién nacidas criadas por madres que dedicaban diversas cantidades de tiempo a lamerlas y asearlas, demostraron que los cuidados más intensos tení­an un efecto calmante en las recién nacidas, gracias a que alteraban en ellas la expresión de un gen que dirige la respuesta del cerebro ante el estrés.

Esta modificación genética provoca que haya más receptores de estrés en un área del cerebro situada en el lóbulo temporal, el hipocampo, que forma parte del sistema lí­mbico. Estos receptores actúan en conjunto para reducir las respuestas del cuerpo ante las situaciones estresantes. Pruebas posteriores sugirieron además que los cambios genéticos tuvieron una larga duración e incluso pasaron a las generaciones siguientes.

La investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista The Journal of Neuroscience, es la más reciente realizada en el campo de la epigenética.

Cambios estables y duraderos

Este término (del griego epi, en o sobre) hace referencia a los cambios reversibles de ADN que hace que unos genes se expresen o no dependiendo de condiciones exteriores. La capa epigenética de la información del ADN resulta crucial para el desarrollo y el crecimiento y puede afectar a la salud. De hecho, las llamadas “epimutaciones” pueden dar origen a enfermedades como la esquizofrenia.

Los cambios en esta capa genética (las otras dos capas del ADN son los genes codificadores de proteí­nas y los genes no codificadores), tal y como ha demostrado el estudio, vinieron propiciadas por el entorno social de las crí­as, que puede modificar por tanto los genes de una manera muy estable.

Esto tendrí­a enormes implicaciones para el ser humano, porque un cambio de ambiente en los primeros estadios de la vida podrí­a provocar una reprogramación de su genoma, produciendo efectos positivos o negativos a largo plazo.

Como explica al respecto en un comunicado la universidad McGill, tradicionalmente se ha creí­do que la predisposición genética era una cuestión rí­gida y que la herencia de ADN de los progenitores, para bien o para mal, era inalterable.

Memoria a largo plazo

Este mismo artí­culo señala que el profesor Moshe Szyf ha estudiado durante los últimos 30 años las posibles modificaciones del ADN derivadas del medioambiente, probando que aunque el ADN mantiene en cierta medida sus leyes, su exposición a ciertos factores externos, como toxinas y nutrientes, puede precipitar las reacciones quí­micas de nuestro cuerpo, alterando de manera permanente la forma en que los genes reaccionan.

Estas modificaciones permanentes y derivadas del entorno se han visto, por ejemplo, en bebés nacidos varias generaciones después de la Segunda Guerra Mundial. En aquella época, las madres alemanas desnutridas dieron a luz a bebés de bajo peso, cuyos descendientes, varias décadas después, siguieron naciendo de bajo peso, a pesar de que la guerra y los racionamientos de alimentos hací­a tiempo que habí­an terminado.

La clave, según Szyf, está en llegar a ser capaces de controlar qué activamos y qué desactivamos de la información que contiene nuestro ADN. Por ejemplo, si la exposición al medioambiente puede producir un cambio quí­mico en los genes que resulte en una enfermedad, tal vez los investigadores puedan manipular farmacológicamente el mismo mecanismo para invertir el proceso y evitar que la enfermedad aparezca.


Sábado 10 Marzo 2007
Yaiza Martí­nez


Written by Yaiza Martí­nez on Sábado 10 Marzo 2007

anantic

  • Becario
  • *
  • Mensajes: 1555
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #1 en: Marzo 12, 2007, 05:10:44 p.m. »
Las pulseras de pedida del Segundo Imperio:



La madre de Manet con la suya puesta:


La señora Auguste Manet, h. 1863. Boston, Isabella Stewart Gardner Museum.

Olimpia con una puesta:

Olimpia, 1867.

La camarera del Folies-Bergí¨re con una también:

Un bar en el Folies-Bergí¨re, 1881-82. Londres, Home House Trustees.

(modifico para poner cronologí­a, que no para aclarar)



« Última modificación: Marzo 19, 2007, 11:46:41 p.m. por anantic »

Belial

  • Visitante
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #2 en: Marzo 12, 2007, 09:39:45 p.m. »
Luego vino Bismarck y le puso la pulsera a Napoleón III en el escroto...

Andresito

  • Visitante
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #3 en: Marzo 12, 2007, 10:02:30 p.m. »
La famosa pulsera de Sedán...

Casio

  • Visitante
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #4 en: Marzo 12, 2007, 10:12:35 p.m. »
Es muy interesante como el determinismo de la genética, moda "cientifica",  se tambalea. A pesar de la insistencia del origen genetico de la esquizofrenia yo opino que lo decisivo son las relalaciones con el sujeto todopoderoso para el crio que es la madre.

Luego el niño tiene que buscar una pulserita para hacerse con alguna mujer que esté en el mercado.Pero la primera pulserita, la de la mamá.

Hale.

anantic

  • Becario
  • *
  • Mensajes: 1555
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #5 en: Marzo 12, 2007, 10:31:02 p.m. »
Pues se parecen en algo. Me la localizó en Francia un anticuario de Pamplona y fuí­ a por ella. Entusiasmada. Pero no valen para solteras, tú. Si me la pongo y consigo cerrarla con una mano... luego con una mano no soy capaz de quitármela por el cierre que tiene. Necesitarí­a a alguien no ya para que me pidiera, sino para poder usarla. Esas pulseras son para casadas. Sin duda.

Casio

  • Visitante
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #6 en: Marzo 12, 2007, 10:37:56 p.m. »
Pues Olympia no tiene ojos de casada. Ni de tener chulo.

El Carrao de palmarito

  • Semiprofesional
  • *
  • Mensajes: 950
  • Sabana que tanto quiero...
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #7 en: Marzo 12, 2007, 10:53:05 p.m. »
Pero en que se relaciona los efectos del amor con las pulceras ?

Dios, sera que estoy perdiendo capacidad de razocinio?


¿Que tiene que ver el culo con las pestañas?
"Yo soy como el espinito, que en la sabana florea, le doy aroma al que pasa y espino al que me menea."

NubeBlanca

  • Visitante
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #8 en: Marzo 12, 2007, 11:06:36 p.m. »

anantic

  • Becario
  • *
  • Mensajes: 1555
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #9 en: Marzo 19, 2007, 11:42:30 p.m. »
Pero en que se relaciona los efectos del amor con las pulceras ?


   â€œProméteme una cosa, no dejes que me metan nunca en un museo a trozos, al menos sin protestar. ¿Me ves en el Luxemburgo con un solo lienzo, Olimpia o el Pí¨re Lathuille? No estarí­a entero, y yo quiero permanecer entero” Estas palabras de Manet a su amigo Antonin Proust, ya al final de su vida, son reveladoras, exactas y… premonitoriamente trágicas de ese deseo del artista, no conseguido, de permanecer entero, en su obra, y en su cuerpo. El elegante Manet, el dandy parisino, el hombre bello y seductor, murió a los pocos dí­as de que le amputaran una pierna: “Un dí­a, la parte inferior de su pierna izquierda, una parte de su cuerpo ya enferma y debilitada por la parálisis, se halló completamente muerta. La amputación se hizo necesaria” y “al dí­a siguiente, después de la operación, estaba muy abatido. Fue la última vez que lo vi vivo” Contaba Antonin Proust en sus recuerdos que publicó  por primera vez en 1897  y que nos proporcionan el testimonio más directo de la vida y opiniones de Manet.

        Efectivamente, para un creador de su dimensión, es difí­cil disfrutar de su obra si no se maneja completa su producción. Sus pinturas reviven el silencio y la quietud de la contemplación y desvelan sus secretos después de mucho tiempo. Él sabí­a mejor que nadie cómo era su pintura y lo que decí­a en ella. La obra de Manet, en la sucesión cronológica de sus cuadros, en la variedad de sus temas, que reaparecen en sus estampas, en sus dibujos, y en los ligeros apuntes de sus carnets, tienen la trabazón de las grandes novelas de los escritores del s. XIX, de Balzac, Victor Hugo, o Zola, este último, moderno y realista, amigo y defensor de Manet. En aquellas, como en las obras de éste, los personajes de la primera parte reaparecen en la segunda y sus vidas continúan, a voluntad del novelista, hasta el final de sus dí­as, acompañados de sus calles, de sus muebles, trajes y objetos favoritos, fieles a sus amores y a sus ideas, rodeados de su mundo cambiante. Él mismo habí­a comenzado, en 1867, con esa forma “masiva” de mostrar su pintura y sus estampas. Sus sucesivos ateliers (estudios), cumplieron también con esa misión, cuando se le negaba año tras año el espacio oficial del Salón. Amigos, crí­ticos y público interesado, tuvieron acceso al ámbito en que el artista pintaba diariamente, rodeado de la mayor parte de su obra, que tan difí­cil le resultaba vender. Al año siguiente de su muerte, en 1884, sus amigos, encabezados por Proust, organizaron una exposición de su pintura en la prestigiosa École des Beaux-Arts. Contra viento y marea y doblegando aún muchas voluntades oficiales y conservadoras, la exposición fue un empeño de sus amigos, como un triunfo póstumo. Pero el triunfo y el reconocimiento general, no será hasta 1983, con la monumental retrospectiva organizada en Parí­s y Nueva York, que será lo que le catapulte a estar en los primeros puestos del artists rank.
       Manet está por encima de los que han sido sólo buenos pintores, de excelente factura, pero que no alcanzaron a crear con sus obras un universo individual. Su universo personal es gratificante por su materia y su luz. Cautiva su originalidad, su sentido del humor, su admiración por el mundo femenino. En su obra como conjunto, se pueden rastrear personajes bajo "disfraces" sucesivos. Del mismo modo que hace con sus modelos, que aparecen y reaparecen una y otra vez en contextos diferentes, con los objetos hace lo mismo. Se convierte casi en un juego descubrir en cuadros diferentes, incluso de años alejados entre sí­, las mismas cosas. ¿Tení­an esos objetos usados por Manet un significado í­ntimo, privado? Ahora sí­ estoy hablando de las "pulceras", y del espejo de Nana, del velador de mármol, de los limones pelados, los sombreros, las flores, el abanico rojo… como enigmas personales, un juego privado del que, tal vez, ni sus amigos más í­ntimos conocí­an su significado. “Son las cosas en las que sueño” le decí­a a su amigo Baudelaire en una de sus cartas desde el Chí¢teau de Vassé un 16 de septiembre de 1865.


Más putitas con la pulsera de su madre:


La dama de los abanicos, Nina de Callias. 1873-74. Parí­s, Musí¨e D´Orsay.


Nana. 1876-77. Nueva York, The Solomon R. Guggenheim Museum.

Nicotin

  • Jenio Suvnormal
  • Residente
  • *
  • Mensajes: 8509
  • ¡Yo te niego el Nidus!
    • pH
Re: Los efectos del amor
« Respuesta #10 en: Marzo 19, 2007, 11:44:43 p.m. »
Vaya, que la madre cuide al bebé es bueno para el bebé.

Lo que avanza la ciencia.
Citar
Pitita Ridruejo dice:
el otro dí­a ví­ a un tipo con un perro, y lo vi 5 minutos escasos, y dijo lo mí­nimo, pero yo digo: chalao.