Autor Tema: Esperar  (Leído 500 veces)

lorenz

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Esperar
« en: Mayo 16, 2007, 03:38:40 pm »
Esperar …
“Tener esperanza de conseguir lo que se desea”

“Se abre un hueco de la academia”…
 es el enunciado que retumba en estos momentos en mi cabeza, es lo que me queda del fin de una sesión de análisis donde el sentimiento de renuncia es abordado. La renuncia invade mi cuerpo en forma de desánimo y nostalgia, a partir de la marca del recuerdo, de la efervescencia de las emociones producidas al contacto de un otro que estableció la entrada de la existencia de la compañí­a, produciendo la despedida de la representación, de la carencia de lo inhabitado y de la inexistencia –entendido esto como un cambio de posición subjetiva, el viraje de una vida entre sombras a una vida entre los vivientes-, dejando atrás a los libros y la pretensión a un saber como parejas ideales.

El pensamiento y las palabras…
es para mi la lucha entre la idea y la representación, la abstracción y la materialización, lo etéreo y lo concreto, es el poder de la ilusión libre e indomable que corre en la fantasí­a sin horizontes del mundo de mis ideas, que muere y se congela una vez que se realiza la conversión de la lengua, y un forcejo que es el acto de la pronunciación al referirlas al otro. El pensamiento es como un interminable juego de piezas de construcción en el que tengo oportunidad de armar y desarmar a mi antojo las imágenes, las actos y los discursos mentales, pero una vez que doy el salto de hablar, de comunicarlas, quedan fijas por el marco del tiempo y el espacio en el que fueron pronunciadas y a la vez resultan indeterminadas por los diferentes y diversos giros lingí¼í­sticos que puede darle el que escucha. Mi relación con el pensamiento se disipa al infinito, ya que se establece en formas múltiples y variadas, haciéndome difí­cil la tarea de la decisión, haciéndome imposible la tarea de la afirmación y la apuesta por una opción, con la cual estarí­a obligado a renunciar a las otras.

Aclaro que este complejo juego de múltiples opciones me resulta en definitiva divertido. El malestar se posa cuando no puedo definir y precisar cosas para las cuales me urge la premura y la angustia, sentimiento que no se juega con cualquier cosa, con cualquier evento o situación, sino que por el contrario, aparece frente a incertidumbres determinadas y especí­ficas en mi vida. Hoy por ejemplo, frente a la reacomodación al lugar de una nueva soledad –nueva porque no puede ser como la de antes, el otro ha quedado introducido, el otro existe, ya no puede desaparecer de la memoria corporal, lo visceral reclama presencias- y allí­ aparece el enigma.

Pienso, pienso y pienso y no logro un acomodo, hablo, hablo y hablo y no logro precisar(me), el lenguaje esta roto, es insuficiente, no puedo transmitir(me), no puedo captar(me), la angustia queda fuera del discurso hablado-pronunciable, pero se instala en la piel.

En definitiva el pensamiento y las palabras son instrumentos imperfectos, pero son herramientas de vida, no puedo prescindir de ellos.

La literatura y la escritura…
la narrativa es el continente de lo humano, es lugar sin reglas para explorar lo que somos, es el arte de la expresión donde se representan los sentimientos, las luchas interiores,  las oscuridades y pesadumbres de los hombres, es como una llave que engrana en el seguro de la caja de Pandora, de donde pueden salir todas las desgracias humanas, lo complejo y lo absurdo, así­ como conseguir las claves de la fantasí­a, los sueños y la esperanza.

Ahora en estos tiempos me siento como muchos de los personajes descritos por los escritores, referidos a personajes confusos, contradictorios, impulsivos, atormentados y luchando entre las altas mareas de mis emociones, allí­ en medio de un mar picado y muy turbio, sin salvavidas y sin faro cerca, sin señales para conseguir el camino de retorno, de refugio, de descanso y salvación; sé que no moriré pero no logro desprenderme de los puntos de agoní­a, en los que siento que me pierdo en la desesperanza y la anhedonia.

En medio de la aparente y la real desorientación, las letras me calman, tanto las que consigo en otros –entiéndase Lacan, Foucault, Baudrillard, así­ como, Faulkner y Millás- y las que consigo en mí­, en algún sentido cuando logro sentarme a escribir –no siempre puedo, ya sea por miedo o falta de tiempo- es como si el papel blanco pusiera lí­mite a mis emociones y a la hemorragia de mis pensamientos y de mis palabras, deteniéndose –aunque sea momentáneamente.

En definitiva escribir puede ordenar, escribir puede tener efectos terapéuticos… la literatura puede representar reencontrarse con uno mismo, es la apuesta a descubrirse desde otra mirada y otras palabras.

El amor y la soledad…
estos puntos están í­ntimamente hilados con los argumentos planteados anteriormente –el pensamiento, las palabras, la literatura-, el amor y la soledad son un juego, entendido juego como la unión de dos o más cosas que permite que una se mueva en relación con la(s) otra(s); el amor es compañí­a, la soledad ausencia. En ambas se experimenta tristezas y alegrí­as, ganancias y pérdidas, sacrificios y beneficios, son lugares dinámicos e impredecibles.

En mi historia la soledad ha ocupado un mayor espacio, es más, con ella me sostení­a, era la identificación que modelaba y orientaba un gran numero de actuaciones; ahora bien, las contingencias nos asaltan y pueden producir efectos inimaginables en un abrir y cerrar de ojos, dejándonos frente a panoramas y referencias nuevas que desplazan, que reemplazan a las anteriores y allí­ resta la paradoja y la tarea forzosa de crear otros referentes, otros horizontes de interpretación.

La experiencia del amor me tocó, la soledad se quiebra, en tal sentido el punto que me planteo en estos momentos es desde donde esperar… lo nuevo:
“Permanecer en sitio adonde se cree que ha de ir alguien o en donde se presume que ha de ocurrir algo”

El azar y el tiempo…
es cierto que muchas cosas se suceden de manera imprevista y sin causa aparente y uno se ve allí­ inmerso sin poder precisar cómo ha llegado hasta ese lugar, esa escena; y es sólo en el transcurrir de nuestra historia que todo lo fortuito irá tomando forma y algún sentido, ya que en un momento determinado podemos tener la impresión de orden y estructura que después de un gesto, un acto, una palabra, se trastoca, y así­ su sentido y las dimensiones de la perspectiva cambian radicalmente y no podemos ver hacia dónde, en qué coordenadas, en qué espacio empezamos a habitar.

La esperanza y la incertidumbre son los restos de dicho movimiento, en estos momentos en que siento que la incertidumbre gana espacio, me veo necesitado de esperanza para continuar e imaginar en la posibilidad –sí­, una mera posibilidad- en que las cosas pueden ir cambiando a favor de mí­; está demás decir que no creo en eso de que si obras bien te irá bien, y que conforme actúes consecuentemente recibirás proporcionalmente el fruto de tu esfuerzo, ¡no!, hay algo de esa fórmula popular que no funciona, ciertamente creo que conforme actúes obtendrás determinadas cosas pero eso no se corresponde con un bien necesariamente, en definitiva lo que quiero decir es que eso no es ley, por el contrario, hay mucho de arbitrariedad en el destino de los hombres y allí­ creo que se posa una parte de la dificultad de la existencia.
   
Nuevamente surge en mí­ en estos tiempos de renuncia la noción de tiempo y la espera, en tal sentido me planteo desde dónde esperar, y no perder la esperanza en medio de un panorama para mi tan gris:
“Creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable” (?!)

Como punto final me resta decir que entiendo y vivo la experiencia de lo indeterminado, sé que no hay modo de predecir el futuro, que somos caos y que no podemos dar cuenta por adelantado de nuestros actos, que lo que nos resta es vivir con lo que tenemos y ser capaces de ir construyendo en el tiempo lo que más se aproxime a nuestros sueños, a esa visión borrosa y lejana que llamamos deseo; pero –y lamento no poder evitar este pero- en mí­, en estos momentos la angustia se instala desde la espera…