Autor Tema: Ella nunca lo harí­a  (Leído 612 veces)

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Ella nunca lo harí­a
« en: Marzo 14, 2008, 02:21:59 pm »
Ella nunca lo harí­a

Seguro que Purita no tardará en encontrarme, siempre me ha salvado de las bromas de Aitor.  Sí­,  no tardará. Porque ya debe de estar muy preocupada por mí­.  A lo mejor hasta está llorando. ¡Pobre Purita!  Me encontrará, sí­.  Lo malo es que esto está tan alto que tengo miedo de caerme, sobre todo en los dí­as de viento.

No, no me he de asustar, Purita me sacará de este apuro.  Igual no me ha encontrado todaví­a porque se ha ido a pasar unos dí­as a casa de la abuela Pura.  ¡La abuela Pura!  También ella se extrañará de no verme, con lo que nos divertimos jugando las tres.  Y el bruto de Aitor no parará de reí­rse, como esa noche que me ató un petardo en la mano y casi me explota.  Hará rabiar a Purita cuando la abuela no los vea, porque sabe que, si la abuela descubre que ha vuelto a jugárnosla, le castigará.  Sí­, le castigará aunque ponga  esa cara de inocente que a mí­ nunca me ha engañado.

Ya me vuelve a caer agua, está lloviendo otra vez.  La lluvia me moja y el sol me deja pegajosas las mejillas.  ¡Hay tanto silencio adentro!  No les oigo desde que Aitor me sacó de mi cuna para subirme aquí­.  Ya hace mucho.  Menos mal que Purita me habí­a puesto mi vestidito de soldado, así­ me siento más valiente y me da menos susto estar así­ pegadita a los cristales para no caerme a la calle. Ya hace mucho, ya, por eso ya no han de tardar, ya no tardarán, ya no... Y la abuela Pura habrá hecho confesar a Aitor y Purita vendrá corriendo a cogerme y me llenará de besos y me lavará la cara y el pelo y me pondrá el vestidito de princesa y jugaremos a los cuentos con el amigo peluche...  Sí­, sí­, sí­, ya no tardarán, aunque ahora la lluvia me moje y el sol me esté dejando las mejillas pegajosas.

¡Por fin! ¡Se oyen voces!  Ya han vuelto.  ¡Sabí­a que volverí­an!   No escucho a Purita... ni a su mamá... tampoco escucho al gamberro de Aitor... ni al papá de los dos.  ¡Las voces se alejan!  Sí­, se están marchando y no me ven detrás de estos cristales tan sucios, aquí­, pegadita a ellos para no caer de esta ventana.  Ahora oigo pitos allá abajo, en la calle...  y no se escuchan los coches.  Tengo miedo aunque vaya vestida de soldado.   ¡Oigo ruido! ¡Mucho ruido!  Las paredes tiemblan, no paran de temblar.  ¡Se rompen! ¡Se están rompiendo!  Las paredes caen y yo también me estoy cayendo... Y caigo, y caigo, y caigo, y caigo...